lunes, 8 de septiembre de 2014

Un ciudadano respetuoso de la Ley o faltan luces

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario Ahram Online desgrana cada día las formas en que uno puede ser denunciado y encarcelado en Egipto. El repertorio se va ampliando, como era previsible. La retórica liberal de los inicios se va quedando en una ultraconservadora fuerza que se reviste a partes iguales de un nacionalismo patriotero y de un moralismo cada vez más pazguato. El gobierno egipcio ha parecido encontrar la fórmula: usa el ejército como Mubarak y la moralidad como Morsi y los Hermanos Musulmanes. Así nadie podrá decirle que no ha reunido lo mejor de ambos regímenes. El resultado es este rosario continuo de detenciones casi por cualquier cosa, extendiendo ese deporte que tanto gusta a muchos ciudadanos egipcios bien pensantes: ir a los juzgados a presentar denuncias contra los que ellos consideran deben ser encerrados porque atentan contra la seguridad de la patria, el honor del su presidente (sea el que sea) o desprecian e insultan a la religión. En este abanico recurrente de macro temas para el encarcelamiento, se van desarrollando cada día nuevos casos que la prensa recoge con cierto cansancio.


La "ley anti protestas" generó tantas protestas que las cárceles están hasta arriba. Las huelgas de hambre de los que están dentro y de los que se solidarizan fuera, amigos y familiares, son ya noticia que no sorprende a nadie. Otros han optado por el silencio clamoroso, que es la forma de decir sin palabras que no están de acuerdo con lo que ocurre.
La denuncia se ha convertido en un acto cívico y saludable, ejemplar y profiláctico, característico de aquellas sociedades con un alto sentido del estado. Ahram Online nos cuenta que:

An Egyptian private citizen has filed a legal complaint with the prosecutor-general accusing two local television anchors, Yousry Fouda and Gaber El-Qarmouty, of "inciting the overthrow of the regime,” a crime under Egyptian law.
The two presenters work for satellite channel ONTV, owned by business tycoon and founder of the Free Egyptians Party, Naguib Sawiris.
In his complaint, Mahmoud Abou El-Leil accused Fouda of working for the benefit of the Al-Jazeera network by hosting on his programme "guests that oppose the state", that "criticise President Abdel-Fattah El-Sisi" and that "meddle with the minds of the poor.*


Yousry Fouda es un conocidísimo periodista, cuyas ideas en favor de la revolución del 25 de enero y su crítica a la presidencia de Mohamed Morsi son notorias y están en cualquier hemeroteca. Pero todos los que no bailan el agua oficial son sospechosos (para algunos son ya reos) de alta traición, una de las acusaciones favoritas en este ambiente tan relajado que se está creando y algunos llaman "paz".


Hace dos años, el mismo diario ponderaba mucho la figura y opiniones de Yousry Fouda. El periódico le preguntaba al periodista sobre la "revolución" del 25 de enero, la que sacó a Mubarak del poder y que se daba por perdida bajo el gobierno del islamista Mohamed Morsi, hoy encarcelado:

Is the revolution over?
The revolution is still underway. Revolutions take years and years. We have three main parties in Egypt: the army, Islamists and secular forces, each with their own understanding of where Egypt should go. For the army, the revolution was initially about getting rid of the son (Gamal Mubarak), his mother (Suzanne Mubarak), their cronies, and former Minister of Interior Habib El-Adly. Later on they had to sacrifice the father (Hosni Mubarak) in order to satisfy public demands. Now the military’s main concern remains securing an adequate level of authority and above all its economic interests.
For the Islamists, the revolution was a means to reach the People's Assembly and put their feet on the political landscape. Conversely, the secular liberal forces perceived the revolution as a means to attain justice and accountability.  
Every force flirts with totalitarianism. This pattern flows in cycles and will continue to do so until each realise that Egypt will never lend itself to only one force. Egypt is big enough for everyone.**


Pues parece que no es lo suficientemente grande o que muchos sienten agorafobia política, es decir, el miedo a que la política sea un espacio abierto.. Se entiende por qué han hecho profesión de silencio muchos intelectuales comprometidos con la revolución y la democracia ante la situación actual en la que se encuentran. Lo decimos de nuevo: cada voz que se silencia en Egipto es una pérdida para Egipto, como lo han sido las de Basem Youssef o Alaa Al-Aswany. Por miedo, como protesta o censurados, el silencio no es la vía que lleva a un futuro mejor ni resuelve los problemas del camino.
El ciudadano Mahmoud Abou El-Leil —un ciudadano responsable— no ha podido resistir en su butaca de casa la felonía de que se critiquen los cortes de luz. Cualquiera que mantenga una comunicación con personas en Egipto sabe que se han convertido en una constante interrupción. ¡Lo siento, se fue la luz!, escuchas continuamente. 


Durante la época de Morsi se decía que eran "provocados" para que la gente tuviera miedo y no salieran a protestar, algo que tendría algún sentido si la gente saliera a protestar por las noches. Sigue las declaraciones oficiales de que son atentados y el presidente Al-Sisi hizo de acabar con los cortes de luz un punto esencial de su campaña. Sé de la desesperación de personas en hospitales que se han quedado sin luz, dejando a los pacientes bajo todo tipo de riesgos. La energía del presidente no ha sido bastante energía y los cortes de luz pasan a ser inquietantes en su desafío del orden perfecto que habría de llegar.


Si puedes ser acusado de saboteador y provocar los cortes dinamitando torres del tendido eléctrico, ahora también puedes ser acusado de traidor simplemente por hablar de ello. Esta es la base de la acusación del ciudadano Mahmoud Abou El-Leil:

Abou El-Leil also accused El-Qarnouty of inciting against the state by "criticising its policies and harshly criticising the recent power cuts while failing to criticise the terrorism gangs that work to destroy the country."
A major power outage hit a number of Egyptian cities on Thursday, bringing the Cairo metro to a halt and knocking some local channels off air.
Abou El-Leil also demanded that both presenters’ programmes be banned and that they be referred to investigation by the prosecution.**


Eso de criticar que se vaya la luz en vez de dedicar los esfuerzos al canto y la loa está muy mal visto. Un periodista no puede criticar los apagones; debe dedicar su tiempo a centrarse en los terroristas, término cada vez más amplio y que se extiende a los propios periodistas por mencionar los problemas.
También en la época islamista de Morsi, Egipto se llenó de denunciantes, de ciudadanos respetuosos, que se plantaban en juzgados y comisarías a denunciar a periodistas, cantantes, cómicos y actores, a cualquiera que a ellos les pareciera que atacaba lo más santo. No han cambiado las comisarias, ni los jueces. Solo cambian cíclicamente los denunciados y los denunciantes. En el caso de Yousry Fouda, solo cambian los denunciantes.
Lo más irritante es la hipocresía profunda que todo esto manifiesta, ese baboso respeto de la ley que convierte en buen ciudadano al autor de las denuncias, en un paladín de la comunidad, en mejor egipcio que el resto. Es una muestra más de la intransigencia camuflada de virtud que unos y otros, como bien manifestaba el periodista hoy denunciado, señaló como parte del péndulo egipcio.
Ahram Online nos da otra muestra de los peligros de que haya tanto corte de energía y tan poca luz por los rincones: la detención de siete ciudadanos acusados de homosexualidad y de haber participado en una boda gay.

Egypt's top prosecutor ordered Saturday seven men detained and physically examined over accusations of "debauchery," a charge often leveled at gays, after a video emerged of a same-sex wedding party, the state news agency reported.
A statement from the prosecutor's office said the suspects are also accused of broadcasting footage that "violates public decency," ordering them detained for four days and urging investigators to refer them to trial swiftly "to protect social values and mete out justice."
In Egypt, consensual same-sex relations are not explicitly prohibited, but other laws have been used to imprison gay men in recent years, including "debauchery" or "shameless public acts."
In April, four men were convicted and sentenced to eight years in prison for debauchery after holding parties that involved homosexual acts where women's clothing and makeup were found.***


En el caso que se cita de los detenidos en abril, también se les practicaron "exámenes médicos". Como explicaba Ahram Online en aquellas fechas: «Those accused of homosexuality are often forced to undergo medical tests to establish they are "habitual" gays, a practice rights groups have decried as abusive.»**** Los mismos humillantes exámenes médicos que se hacía a las chicas manifestantes durante las acampadas en la Plaza de Tahrir durante la "Revolución del 25 de enero" para determinar si seguían siendo "vírgenes" durante la revolución, se practica con las personas detenidas por homosexualidad. Es una práctica más de humillación personal y social.
La tercera noticia, de la que se deberían preocupar realmente a todos, con la que abre Ahram Online, es el aumento del analfabetismo en Egipto:

Egypt's illiteracy rates increased in 2013 according to figures issued Sunday by the Central Agency for Public Mobilisation and Statistics (CAPMAS).
In 2013, illiteracy rates reached 25.9 percent, with 17.2 million illiterate Egyptians, while in 2012 the rate was 24.9 percent with 16.1 million Egyptians unable to read or write, according to the agency.
From figures in this year's report, 10.9 million women are among the total number of illiterate Egyptians in 2013.
The highest rates of illiteracy are in Upper Egypt, the report highlighted.
The agency also said that the rate of illiteracy among youth, ranging from 15 years, is 29.8 percent, while the rate among the elderly, ranging from 60 years or more, is 64.9 percent. 
Among the highest rates in Upper Egypt cities, according to the report, is Fayoum with 37 percent, followed by Sohag and Minya. 
Egypt's President Abdel-Fattah El-Sisi has promised Egyptians since election in June to fight against poverty, illiteracy, and to enhance educational services.*****


Podemos interpretar de muchas formas esto. No sé si hay otro país en el mundo en el que esté avanzado a pasos agigantados el analfabetismo. Es decir: retroceden los alfabetizados. Esto es lo que debería hacer reflexionar a los egipcios sensatos, un síntoma del desgaste que la ineficacia política está teniendo en la sociedad, lo que realmente están perdiendo. Este es el crimen del que todos son responsables: el aumento de un 1% del analfabetismo en un solo año. Es la batalla que todos pierden.
Podemos echarle también la culpa a los apagones repartidos por todo Egipto diciendo que impiden leer y estudiar, que todo forma parte de una conspiración o cualquier otra explicación convincente que se nos ocurriera. Afortunadamente, solucionarlo formaba parte del programa electoral del presidente y nada quedará sin cumplir. Por supuesto.
Y si por alguna extraña circunstancia, esto sucediese, espero que no se le ocurra a nadie denunciar o expresar en los medios que el analfabetismo aumenta, no vaya a haber algunos ciudadanos respetuosos de la ley que maten al mensajero acusándolo de estar aliado con Estados Unidos, Qatar, Al-Jazeera o el estado de Israel, de impiedad o ¡vaya usted a saber! 
De todas las frustraciones de la revolución desperdiciada, esta es la más grave de todas, la imperdonable, para la que no hay excusa alguna ni perdón. La ignorancia es el caldo de cultivo de la intransigencia y de la manipulación. Ningún mal se curará si aumenta el analfabetismo. Es el verdadero "apagón".


Pero estoy seguro que a ningún buen ciudadano respetuoso de las leyes humanas y divinas se le ocurrirá presentar ninguna denuncia por ofender a la patria, por traicionarla dejando que aumente el número de analfabetos en un país como su amado Egipto, cuna de civilizaciones. Incluso habrá alguno que piense que se vive mejor, más tranquilo, cerrando programas de televisión y periódicos, deteniendo libros en las aduanas, como tuvimos ocasión de comentar aquí hace un par de días. Habrá —sí— quien piense se vive mejor en un silencio roto solo por algún abrumador y justificado aplauso.
A ver si se arregla pronto lo de los apagones porque está claro que hacen falta más luces en Egipto.

* "Legal complaint filed against Egyptian TV presenters for 'inciting overthrow of govt'" Ahram Online 6/07/2014 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/110085/Egypt/Politics-/Legal-complaint-filed-against-Egyptian-TV-presente.aspx
** "Legal complaint filed against Egyptian TV presenters for 'inciting overthrow of govt'" Ahram Online 6/09/2014 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/110085/Egypt/Politics-/Legal-complaint-filed-against-Egyptian-TV-presente.aspx
*** "Egypt's revolution through the eyes of Yosri Fouda" Ahram Online 02/08/2012 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/0/49229/Egypt/0/Egypts-revolution-through-the-eyes-of-Yosri-Fouda.aspx
**** "Egypt court sentences four gays to prison" 08/04/2014 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/0/98551/Egypt/0/Egypt-court-sentences-four-gays-to-prison.aspx

***** "Egypt's Illiteracy rates increase in 2013: CAPMAS report" Ahram Online 7/08/2014 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/110142/Egypt/Politics-/Egypts-Illiteracy-rates-increase-in--CAPMAS-report.aspx









domingo, 7 de septiembre de 2014

La otra policía o las barbas de tu vecino

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No es nuevo. La película turco-alemana Al otro lado (Auf der anderen Seite 2007), dirigida por Fatih Akin, ya mostraba la existencia de patrullas islamistas turcas vigilando por las "buenas costumbres" de sus correligionarios al amenazar de muerte a una prostituta turca si no deja su profesión. La escucharon despidiéndose en turco de su cliente y eso les permite detectarla como una infractora. Temerosa de las amenazas, ella acabará casándose con el hombre que era su cliente, un brutal patriarca turco que acabará matándola de un mal golpe. Las patrullas islamistas ejercían de deus ex machina en la narración pero son reflejo de una situación real. La misión del arte es mostrarnos cómo funciona el mundo, no que pensemos que lo que ocurre en una pantalla son ficciones.
Aquí escribí, no hace demasiado tiempo, algo que no tenía nada de ficción. Eran hechos reales ocurridos entre nosotros: una chica árabe a la que escuchan hablando por teléfono y a la que siguen recriminando a voces que no lleve velo o que no entre en una cafetería. No es una película. Ocurre en pleno centro de Madrid, en una de las calles que bajan a la Puerta del Sol. A esa misma chica —a la que han seguido también en la ciudad en la que reside— una mujer le confiesa, pasado cierto tiempo de conocerse, que es marroquí, pero que nadie lo sabe más que su familia. No quiere que nadie interfiera en su vida. Está casada con un español y siempre se puede encontrar con algún "vigilante" que le diga que el islam prohíbe que la mujer se case con un hombre que no sea musulmán y que eso, en algunos países, se paga con la muerte, considerándose "apostasía". El reciente caso de la mujer sudanesa —Miriam Yahya Ibrahim— condenada a muerte por haberse casado con un cristiano ha estado durante meses en las portadas de todos los periódicos del mundo.


Hoy la noticia llega desde el mismo país en el que se produjo la película "Al otro lado", desde Alemania. El diario El Mundo nos lo cuenta bajo el siguiente titular   "Preocupación tras la aparición de una autodenominada 'policía de la sharia' en la ciudad de Wuppertal". La función de esta autoproclamada "policía" no es más que la misma de la película señalada: son los matones de barrio encargados de imponer sus normas, en el nombre de su piedad, a todas las personas que ellos consideran bajo su jurisdicción, es decir, cualquier musulmán. Nos cuenta El Mundo:

Delante de discotecas y bares. Patrullando entre las terrazas de verano. En las piscinas públicas y a la puerta de instalaciones deportivas. Una brigada parapolicial mantiene a raya a los jóvenes musulmanes de Wuppertal y se encarga de que la 'sharia' se cumpla a rajatabla en las calles de esta ciudad alemana. Nada de alcohol, nada de drogas, nada de juegos de azar. Ni tabaco, ni música desenfadada. Y por supuesto nada de prostitución.
"Quieren apartar a los jóvenes del pecado. Si una chica de familia musulmana camina por la calle sin estar suficientemente cubierta la insultan y la mandan a casa. Si ven a un musulmán tomando una cerveza en una terraza lo abroncan públicamente. Usan modales muy agresivos y nadie en la calle se atreve a plantarles cara", denuncia el delegado de Integración de la ciudad, Jürgen Lemmer.
Los miembros de esta 'patrulla' moral islámica visten de negro y llevan puestos chalecos reflectantes en cuya espalda puede leerse "policía de la 'sharia'". Centran su actividad en las calles donde abunda la población musulmana y han creado zonas bajo control de la 'sharia' en ésta y otras ciudades, en las que reparten octavillas prometiendo "limpiar" la "sórdida" vida de barrios como el que rodea la estación central de Wuppertal. Sólo en esta ciudad, las autoridades alemanas calculan que hay unos 1.800 salafistas radicales.*


Cuando los gobiernos empiezan a preguntarse de dónde salen los "yihadistas" que parten para Siria o Irak y lo que ocurrirá cuando regresen, están realizando una especie de hipocresía porque han tenido el problema debajo de las narices hasta que el olor a podrido ya no es soportable.
La presión ejercida sobre la población musulmana en las ciudades ha ido creciendo por parte de todo tipo de personas que se han nombrado "autoridades" y que se creen con el derecho de "corregir" a los demás. Esto, que nos choca, pues hemos desarrollado unas bases de derechos completamente distintas, centradas en la salvaguarda de la individualidad, no se contempla en estas comunidades, en las que la "corrección" —es decir, corregir las conductas desviadas en la comunidad— se considera como una forma de extensión de la "ley". Por decirlo directa y claramente: nadie tiene derecho a ser diferente. La comunidad y su costumbre tienen prioridad absoluta sobre la individualidad, que es vista como una forma peligrosa de desintegración. Es la vigilancia del rebaño por los perros.


Este control de la comunidad se ha utilizado, de forma absolutamente descabellada, por las propias autoridades locales en nombre de una supuesta "multiculturalidad", que no ha hecho sino fortalecer a estos grupos de control. ¿Iban a poner muchas trabas a estos "piadosos" vigilantes que luchan contra las drogas, prostitución, etc.? En muchos lugares se les ha convertido en mediadores.
Analizamos aquí hace unos días el caso de uno de los yihadistas españoles convertido, precisamente por su amable disponibilidad, en mediador cultural. Es decir, eran las mismas autoridades españolas las que le habían concedido un estatus especial permitiéndole tener acceso al control de la población a la que vigilaba. Luego te llevas la sorpresa. Se ha cometido en muchos lugares el error de elevar a imanes y ciudadanos piadosos al nivel de autoridades de la comunidad sin preguntar a la comunidad si querían ser representados o, más importante, si quieren ser considerados una "comunidad".


El ejemplo de la mujer que quería estar totalmente al margen de la comunidad no es un caso extraño. Muchos de los que salen de los países árabes van buscando una alternativa que les permita desarrollar su individualidad puesto que han vivido bajo una permanente dirección y vigilancia de sus comunidades y familias. No nos podemos hacer idea de hasta dónde puede llegar esa presión y control de las personas hasta que empezamos a conocer casos reales.
En el caso de las mujeres es especialmente dura esta presión constante, pues salvo familia que hayan decidido sostener la autonomía a las hijas, estas pueden llegar a vivir dependiendo de los criterios de la familia en lo relativo a estudios, trabajo y matrimonio. La mujer es doble víctima en estos casos pues no se la considera dueña de un destino individual, sino que el suyo está vinculado con el del resto de la familia.
Lo ocurrido en Alemania es muy grave, un paso más. Podemos pensarlo en término "occidentales", diciendo que nadie tiene el derecho a crear unas patrullas "parapoliciales", pero con eso estaríamos equivocándonos una vez más al juzgar las cosas desde un ángulo que no es el que revela lo que ocurre.


Mientras no se asuma que el camino no son las "comunidades" sino la extensión de los que llamamos "derechos humanos", que son universales, y que son los que muchos vienen buscando alejándose de mundos absolutamente opuestos a esta concepción, el problema del integrismo y del yihadismo seguirá creciendo.
Nos hemos tomado esta cuestión como un problema de "seguridad", imitando el modelo norteamericano implantado tras el 11 de septiembre. Eso implica que buscamos soluciones para evitar que nos agredan, pero no para evitar que agredan a otros, de los que nos desentendemos. El problema está en que al fortalecer a estos integristas que controlan sus propias comunidades, se está evitando que los musulmanes que podrían modificar las condiciones con un aumento de la apertura liberalizando sus sociedades, accediendo de forma abierta a la ciencia y cultura, puedan tener un sitio en sus tierras y fuera de ellas. Es decir, se está dando autorización a los integristas a que controlen sus sociedades (el apoyo dado a los islamista políticos) y se les está facilitando el control aquí de los que huyen de ellos. Es una auténtica tenaza, una ratonera.


Para ello les basta con convertirse en supuestos informadores, mediadores sociales (como en el caso del yihadista español), para tener acceso a todos ellos, organizando como en Alemania una versión de la Policía de la Virtud y de la Prevención del Vicio de Arabia Saudí, de la que hace un par de días dábamos la noticia de que apaleó "erróneamente" a un converso por estar en la cola de las mujeres para pagar. Entrecomillo el "erróneamente" porque las autoridades se disculparon porque estaba junto a su esposa, algo que no imaginaron los diligentes vigilantes de la virtud. Apalear es correcto si estás en la fila equivocada; se disculparon por el error, no por el apaleamiento.
El gran error de las políticas seguidas desde Estados Unidos y otros países occidentales ha sido que para preservar directamente su (nuestra) seguridad, la han aumentado indirectamente la inseguridad al dejar arrinconar a los liberales y laicos que existen en el mundo árabe, prefiriendo apoya a aquellos que nos hacían promesas de tener controlados a los extremistas. Es lo que ha ocurrido con todos los regímenes islamistas surgidos tras las revoluciones árabes. Las revoluciones las hicieron los jóvenes deseosos de libertad, pero el poder acabó finalmente en manos de islamistas apoyados por los Estados Unidos. El caso de Egipto y los Hermanos Musulmanes es paradigmático de esto. El de la Turquía de Erdogan es otro caso en el que una vez conseguido el poder este se utiliza para reislamizar la sociedad. Esta reislamización conlleva siempre el surgimiento de grupos incontrolados que son siempre utilizados para conseguir más apoyo ante el temor de que crezcan, algo que acaba inevitablemente ocurriendo.


Las sociedades árabes están involucionando hacia una islamización que comenzó en los años 70 y 80, precisamente cuando comenzaron los apoyos a países poco dignos de apoyo para evitar la extensión de la revolución iraní. Ahora tenemos la paradoja de que el gobierno iraní puede convertirse en aliado de los Estados Unidos para intentar acabar con los frutos de las estupideces cometidas para evitar que el "mal iraní" se extendiera por el mundo suní. ¿Cabe mayor ironía histórica?

Es la perspectiva de una seguridad miope la que acaba creando el núcleo del problema al amparar y pactar con aquellos a los que se piensa que se podrá controlar. Es lo que se hizo inicialmente con los dictadores de estos países apoyados desde Occidente, que no solo no han permitido aumentar la seguridad, sino que han generado auténtico odio contra los Estados Unidos y, en especial, contra el presidente Obama, al que responsabilizan de ir a dar un famoso discurso a la Universidad de El Cairo prometiendo nuevas libertades y cuyo efecto real fue consolidar las viejas servidumbres frustrando los movimientos liberadores. No creo que en muchos de estos países le perdonen tal fallo estratégico. El resultado aquí fue una contrarrevolución, pero con un aumento del terrorismo, un alejamiento de los Estados Unidos y, para colmo del despropósito, el acercamiento estratégico a la Rusia de Putin, que recolecta todas las manzanas que se alejan del árbol. En uno de las primeras entradas de este blog —que surgió con la Primavera árabe— nos preguntábamos quién temía a la democracia en los países árabes. Y hay muchas respuestas válidas. Es tan difícil que surjan democracias sin demócratas, como fácil que proliferen dictaduras si se apoya a los islamistas o se les deja actuar.
Cuando estos grupos parapoliciales empiezan a proliferar es en momentos en los que ya han pasado las primeras fases y su estado es avanzado. Sin embargo no parece que se den cuenta de la gravedad y de lo que supone. Dicen en El Mundo:

Tras este movimiento está el predicador salafista Sven Lau, un ex bombero alemán convertido al islam suní bajo influencia del imán radical Pierre Vogel y al que la policía alemana considera responsable del reclutamiento de jóvenes para enviar a Siria como combatientes.
Tras unos primeros días de desconcierto en el Ministerio del Interior, 11 miembros de estos grupos de guardianes de la moral musulmana han sido imputados por violación de la ley que garantiza la libertad de reunión, pero no han podido ser detenidos y, desafiando a las autoridades, han vuelto a las calles.
El ministro alemán de Interior, Thomas de Maiziére, no está dispuesto a quedarse de brazos cruzados y ya ha anunciado que estudia las posibilidades legales de prohibir al grupo que, al no estar constituido como asociación ni como organización es susceptible de ser objeto de prohibición.
"Buscaremos la vía legal adecuada. Nadie puede arrogarse el derecho de abusar del buen nombre de la policía alemana", ha dicho el ministro en declaraciones al diario 'Bild'. "No se puede tolerar la imposición de la 'sharia' en suelo alemán".*


¿Cabe mayor número de despropósitos? Los "camisas pardas" del integrismo islámico seguirán campando por las calles de la ciudad mientras que el señor ministro se preocupa por "abusan del buen nombre de la policía alemana", algo que no acabo de entender. Quizá el ministerio se limite a prohibir —ya se han requisado los chalecos fosforescentes— el uso del término "Policía" y todo quede reducido a una cuestión semántica. Lo del "prohibir el grupo" por cuestiones de papeleo legal es otra estupidez más. Estos grupos proliferan por el miedo de aquellos a los que presionan y la cobardía de aquellos que deberían cortarlos de raíz considerándolos organizaciones mafiosas y que atentan contra los derechos humanos. Pero sobre todo se combaten extendiendo el amparo y la protección a todos aquellos que no quieren quedar bajo su imperio. Es necesaria menos retórica y más actuación en el apoyo y amparo de los que no quieren vivir bajo estas dictaduras fascisto-religiosas, que son muchos.
Cada vez que una mujer musulmana va a denunciar a una comisaría o a un servicio social una situación de presión debería recibir una ayuda eficaz para permitirle vivir una vida que esperaba conseguir yendo allí donde los demás la pueden disfrutar en libertad. Mientras no entendamos esto, que esa "policía" representa la represión brutal de las personas, el recordatorio de que no pueden escapar de un destino desde su nacimiento a la tumba; que no tienen derechos individuales y que cuatro matones mafiosos barbudos, pueden amenazarlas o atacarlas mientras lleven un rosario en una de sus manos, no estaremos haciendo nada. Al contrario: será una muestra de debilidad e insolidaridad. Y así la entenderán los perseguidores, que seguirán imponiendo su ley, y los perseguidos que acabarán convencidos de que están solos.


No es algo que pase ahora en Alemania. Es algo que pasa todos los días allí, en Francia, Inglaterra, Suiza o España, por casi todas partes, al intensificarse la propaganda y crecerse. Pasa allí donde se agrupan, donde tratan de estar juntos. Inmediatamente en esa "comunidad" surgen los controladores para recordarles que aunque no cojan el teléfono a las familias, cualquier musulmán puede convertirse en la prolongación de los que los controlan. Todos tienen derecho y obligación a llevarte por el "buen camino", quieras o no porque tú no eres nadie y ellos lo son todo, la "ley" y los "verdugos".
Hace algún tiempo analizamos la sorprendente aplicación de una ley fruto de un acuerdo entre Marruecos y Francia para impedir el matrimonio de una pareja gay, uno de cuyos miembros era de nacionalidad marroquí. Nuestro vecino del sur había conseguido de la liberal Francia que el derecho que tienen sus ciudadanos le fuera negado a quien vivía en su suelo. De esta manera daba igual que hubiera huido de una persecución; el Estado francés se convertía así en brazo ejecutor del marroquí sobre una persona en sus propias tierras. Es como si mañana se firmara un acuerdo con Arabia Saudí o Indonesia para castigar con varas a los detenidos en Francia con nacionalidad de esos países, pongamos por caso.
Parece que la estrategia actual es utilizar a los conversos para estas tareas. Se evitan así algunos problemas de retiradas de permisos de residencia y los instigadores permanecen en segunda línea. Las bolsas de descontento son muchas y es fácil pescar "vigilantes" invistiéndolos de autoridad divina. En el periodo nazi, el ex bombero Sven Lau, organizador de las patrullas, hubiera sido feliz imponiendo el orden por las calles apaleando judíos. Se hubiera considerado igual de virtuoso y bue ciudadano. Ponerse la palabra "policía" en la espalda de su llamativo chaleco no le convierte en "buen ciudadano", ni siquiera buen "musulmán". Solo es una mente totalitaria imponiendo a los otros su forma de ver el mundo. No hay virtud; es un fascista.
Luego nos extrañamos de que se extienda el integrismo y que sea una amenaza para todos. Lo estamos amparando nosotros mismos desprotegiendo a los únicos que pueden oponerse a ellos, allí y aquí. Las alianzas con el diablo siempre acaban mal. Ya no son las barbas del vecino las que se ven; las tienes en casa.




* "Preocupación tras la aparición de una autodenominada 'policía de la sharia' en la ciudad de Wuppertal" El Mundo /09/2014 http://www.elmundo.es/internacional/2014/09/06/540b494d268e3e12198b4576.html




sábado, 6 de septiembre de 2014

Yo también o quién cuida del cuidador

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El artículo más consultado en estos momentos en The New York Times lleva por título "Why Do Doctors Commit Suicide?" y lo firma Pranay Sinha, un médico residente de primer año en el Yale-New Haven Hospital. El título es llamativo e inquietante ya que si hay algo que buscamos en los médicos además de su conocimiento es su estabilidad. La idea de un médico tan perturbado como para quitarse la vida nos intranquiliza: ¿cuánto le importa la vida de sus pacientes si no le importa la suya? ¿Tiene preocupaciones tan intensas que no estará suficientemente centrado en mi caso? En la medida en que el suicidio se ve como una falta de cordura, el hecho de que los médicos se suiciden da que pensar más que si los datos nos los dieran de otras profesiones con las que mantenemos relaciones cotidianas.
Pranay Sinha nos ofrece los datos relativos a la tasa de suicidios en la profesión en los Estados Unidos:

The statistics on physician suicide are frightening: Physicians are more than twice as likely to kill themselves as nonphysicians (and female physicians three times more likely than their male counterparts). Some 400 doctors commit suicide every year. Young physicians at the beginning of their training are particularly vulnerable: In a recent study, 9.4 percent of fourth-year medical students and interns — as first-year residents are called — reported having suicidal thoughts in the previous two weeks.*


Los datos son preocupantes para ambos, profesionales y pacientes. La tesis de Sinha al respecto es el efecto de la conjunción de dos factores: la presión externa que conlleva la formación, con programas de gran intensidad y una gran responsabilidad, por un lado, y por otro el temor a compartir los miedos, las inseguridades naturales ante la tarea que se tiene delante.
La figura del médico se ha convertido en una especie de máscara de fortaleza y seguridad exterior mientras se acumulan miedos, inseguridades, temores y frustraciones en el interior. Por muchos adelantos técnicos y científicos que hayamos hecho, el diagnóstico sigue recayendo en las manos de un médico responsable a los ojos de los demás y de la ley. Los errores de diagnóstico siguen y seguirán existiendo, al margen de los que se puedan producir por negligencias. La medicina no es una ciencia exacta y los médicos no aplican algoritmos. Pero cuando vamos a un médico nos gustaría que fuese así, que su diagnóstico fuera cien por cien acertado, que sus prescripciones fueran absolutamente atinadas, infalibles. Ya no se trata solo de confianza, sino en muchos casos de fe en la profesión como tal y en las manos de quien nos ponemos en particular.


Como en casi todo lo que no es exacto, la experiencia es capital. La formación es muy dura para poder garantizar que los que la superen tendrán unas condiciones suficientes como para resolver los casos que les lleguen. Y durante este tiempo esa presión es brutal. Sinha señala que toda la tensión que se acumula —el miedo a fallar, las horas y horas de aprendizaje...— se reprimen causando un profundo desgaste. Eso explicaría esas cifras mayores de suicidios en los médicos jóvenes. Los periodos de formación actuarían como filtros no solo en el sentido profesional sino emocional. Algunos lo dejarán y otros no lo resistirán. Los que pasan por este filtro de tensión podrán desarrollar su profesión, lo que no significa que hayan superado esas tensiones, sino que son capaces de controlarlas. Los que no lo hacen son los reflejados en ese doble de la tasa de suicidios entre médicos.
Pranay Sinha escribe:

This drastic increase in responsibility can and does overwhelm most interns. Despite the support of my supervisors, my first two months were marked by severe fatigue, numerous clinical errors (that were promptly caught by my supervisors), a constant and haunting fear of hurting my patients and an inescapable sense of inadequacy. I kept up a charade of composure and humor to blend in with my talented colleagues, believing that I was struggling alone. Inside, however, I felt as if I would be found out all too soon.
It was over a dinner of Thai food that I finally opened up. One of my most accomplished colleagues in residency had complimented me on my clinical knowledge a couple of times during the meal. Sick of feeling like a charlatan, I told him about the trouble I was having with collecting clinical data and presenting it in an organized way on rounds. I confessed that I did not think I belonged in the program. He listened thoughtfully, and then uttered the three most beautiful words I had ever heard: “Dude, me too!”*

Que las "tres palabras más hermosas" que haya escuchado sean "¡tío, yo también!" nos da cuenta tanto del aislamiento como de la liberación que le supuso encontrarse con otro "mutante", por decirlo así, como él. La tensión, los miedos, etc., que acumulaba no eran solo suyos sino que los encontraba con sus compañeros.


Los datos que baraja Sinha son similares a los ofrecidos por la American Foundation for Suicide Prevention, que tiene un apartado dedicado a los profesionales y estudiantes de Medicina:

Male physicians have a 70% higher suicide rate than males in other professions; female physicians die by suicide at a 400% higher rate than females in other professions.
This educational tool addresses depression and suicide among physicians. Physicians frequently fail to recognize their own depression and that or their colleagues.
Even when they do recognize that they are depressed, many physicians avoid treatment. One tragic result is suicide.**


Llama la atención las diferencias respecto a otras profesiones, pero son también muy llamativas las diferencias entre hombres y mujeres. No se dan explicaciones —al menos, aquí— sobre estas diferencias tan acusadas, pero deberían buscarse. El caso se lo han tomado en serio y nos dan cuenta de dos cortometrajes destinados a la prevención de médicos y de estudiantes de medicina que caen en depresiones que les pueden llevar a suicidarse:

Struggling in Silence: Physician Depression and Suicide is a 17-minute film featuring interviews with doctors who speak candidly about their battles with depression, and medical experts who discuss the factors that frequently prevent physicians from seeking help. Also featured are families that have been touched by a physician’s suicide.
Out of the Silence: Medical Student Depression and Suicide is a 15-minute film sharing the true story of a medical student’s journey through the symptoms, diagnosis, and treatment of a mood disorder. Also addressed is the school’s effort to combat suicide among the nation’s next generation of physicians.**


Todas las profesiones tienen sus responsabilidades: que no se caigan los puentes que construyes, que el avión y el tren lleguen a su destino, que la comida no envenené a nadie, no enseñar mal algo. Pero es cierto que probablemente la Medicina sea allí donde se experimenta en mayor grado, mirando cara a cara a las consecuencias de nuestros errores. Aunque se haya actuado con la mejor intención y el máximo de conocimientos, no hay una garantía total de acertar o de que se responda a los tratamientos tal como se supone que lo harán. Al margen de las negligencias y errores humanos, siempre hay un margen para que las cosas no funcionen como se espera. Y eso lo sabe el médico que tiene un mínimo de sentido de la responsabilidad. Pero la liberación de esos miedos se entiende como una debilidad y no es fácil dar el paso liberador que Pranay Sinha nos cuenta que dio en aquella comida con su colega.
El artículo termina llegando a la siguiente conclusión:

We need to be able to voice these doubts and fears. We need to be able to talk about the sadness of that first death certificate we signed, the mortification at the first incorrect prescription we ordered, the embarrassment of not knowing an answer on rounds that a medical student knew. A medical culture that encourages us to share these vulnerabilities could help us realize that we are not alone and find comfort and increased connection with our peers. It could also make it easier for residents who are at risk to ask for help. And I believe it would make us all better doctors.*

Frente a los que ven inocentemente a los médicos como "señores de la vida y la muerte" y a la medicina como una ciencia exacta, Sinha cree que la forma más sensata es reconocerla en "humana" y ofrecer al médico la posibilidad de dejar de reprimir lo que siente: el miedo ante sus errores, el dolor ante sus pérdidas humanas. La medicina es imperfecta, la formación es dura, los médicos son vulnerables.
Encerrarla en un mundo burocrático, de protocolos y automatismos, de brutal competitividad, añadiendo condiciones económicas restrictivas, etc. no es humanizarla, sino, por el contrario, convertir al médico es una especie de interfaz de un sistema deshumanizado y, en parte, una de sus víctimas, pues en ellos converge toda la presión. Todo ello, además, actúa como un filtro selectivo, creando un perfil profesional y humano. Si repasamos las imágenes promocionales de hospitales y clínicas todas insisten en las sonrisas radiantes, impecables de su personal. La irrealidad de la imagen se impone como una máscara de confianza, tranquilidad y hasta de felicidad garantizada según los campos. Todo eso es igualmente presión para el que se las ve con pacientes, enfermedades y su propia agitación interior. Como ocurre en otras profesiones, se ve atrapada en la promesa que su diseñada imagen proclama.


Hay muchas cosas que criticar en los sistemas sanitarios o incluso en las prácticas de muchos médicos. Pero también hay muchos que como estos que están muriendo en África, lejos de la seguridad, que compartirán sus miedos cuando llegue la noche o durante sus comidas porque será el único consuelo que tendrán ante los riesgos que asumen,  la precariedad de los medios de que disponen y las tasas de mortandad que se manejan. Es allí y en muchos otros lugares del mundo, en donde se trabaja en condiciones precarias, en donde los médicos no necesitan mostrar esa invulnerabilidad de la que habla Sinha y ese "yo también" liberador fluirá con más frecuencia en palabras, en miradas, en gestos. Por eso muchos médicos se reencuentran con su vocación en los lugares más alejados, en las situaciones más dramáticas. Allí no hay tiempo para sonrisas de plástico. Solo la satisfacción de salvar lo que se puede cada día, incluida la propia vida, pequeñas victorias en intensos campos de batalla en los que no hay miedo de mostrarse humanos porque saben que están en el límite Lugares en los que el "yo también" reconfortante sale con menor resistencia.



* Pranay Sinha "Why Do Doctors Commit Suicide?" The New York Times 4/09/2014 http://www.nytimes.com/2014/09/05/opinion/why-do-doctors-commit-suicide.html?

** "Physician and Medical Student Depression and Suicide" https://www.afsp.org/preventing-suicide/our-education-and-prevention-programs/programs-for-professionals/physician-and-medical-student-depression-and-suicide







viernes, 5 de septiembre de 2014

La saga del carnicero

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No sé cuántas portadas se le han regalado al Estado Islámico con motivo de las decapitaciones de periodistas. No hay duda de que el motivo de la decapitación es filmarla y difundirla al mundo después. Ese es el objetivo de secuestrar periodistas y luego lanzar las imágenes con la seguridad de que van a ser reproducidas con profusión por los medios. De esta manera —tampoco tengo ninguna duda— los propios medios contribuyen a fomentar el secuestro concediendo notoriedad a los asesinos por la elección de sus víctimas. Si dicen que no hay que pagar rescate para que no se convierta en una forma de financiación, ¿por qué se hace lo contrario con las imágenes?
Pero las ventas y la morbosidad que suscitan las imágenes son una tentación para aquellos que se enfrentan a este tipo de situaciones. El debate no es nuevo, pero sí se ha reducido buscando escalas de lo admisible, por decirlo así. Es decir, ¿hasta qué punto se pueden ofrecer imágenes de la barbarie sin ser acusados de a) mal gusto; b) complicidad; c) insensibilidad; y d) sensacionalismo para aumentar las ventas?


Hubo un tiempo en que este debate se hacía explícito y los medios salían justificando sus decisiones, por lo que —al menos— comprendíamos que se habían enfrentado a algún tipo de dilema moral. Hoy no lo he visto. Solo he visto esas llamativas portadas en las que unos hombres arrodillados, vestidos de naranja, esperan a que un hombre vestido de negro les degüelle. Tal como en una saga cinematográfica, el final de una decapitación incluye la promesa de regreso, creando las expectativas para la siguiente entrega de la serie, "El regreso del carnicero". Hasta el asesino ha sido seleccionado, como si se hubiera realizado un "casting", por su acento británico, para tener una audiencia más amplia. El verdugo ex rapero ha seguido en el mundo del espectáculo.
En un mundo en el que la imagen va sustituyendo al texto, en el que estamos rodeados de dispositivos que reclaman nuestra atención de forma cada vez más competitiva, en el que todo nos entra por los ojos y va directamente al estómago con un mínimo esfuerzo mental, la barbarie tiene necesariamente que crecer en espectacularidad. ¿Ha habido algo más espectacular que el horror del 11-S, con imágenes desde todos los ángulos? La extensión a la vida cotidiana de dispositivos de captación de imágenes —teléfonos, cámaras...— y la constante vigilancia instaurada en los escenarios públicos —calles, oficinas, satélites...— no han convertido en mirones impenitentes y han redirigido la acción a su eficacia comunicativa.


El "terror" tiene dos fases nítidas: el hecho en sí y la repercusión buscada. Lo primero queda ya supeditado a lo segundo. Se elige la acción en función de la repercusión. No se trata ya de matar a alguien sino de que ese alguien garantice una distribución posterior del mensaje. En este esquema: un crimen es un mensaje, no un dato. Hay miles de muertos a los que nadie da importancia; se trata de elegir la víctima adecuada. ¿Quién más adecuado que el mensajero?
Desde esta perspectiva, cuanta más difusión se dé a la muerte de los periodistas, más periodistas se ponen en peligro, es decir, en el punto de mira de los terroristas. Los criminales, con su conocimiento de los medios, saben del efecto anestésico de la exposición excesiva, y anuncian —como si fuera un tráiler de la tercera entrega—, que la próxima vez la muerte será de un británico. Dosifican así el interés. Las víctimas son seleccionadas en función de esa programación mediática que les lleva a tener mayores audiencias. Es una macabra programación de la temporada.

Cuando la madre del último periodista asesinado, Steve Sotloff, decidió grabar un vídeo pidiendo misericordia para su hijo secuestrado, el guión-destino ya estaba escrito hace tiempo. Solo hacía falta rodarlo. Los medios recalcaron mucho que la madre miraba directamente al objetivo de la cámara, que era como mirar a los ojos de los terroristas. En un mundo de imágenes y comunicadores es lo que le recomendaron, "mantenga la mirada". 
Expresé mis dudas de que ese mensaje sirviera de algo y que lo que nosotros entendíamos, desde nuestra forma de comunicación, se entendiera justo como lo contrario, como una especie de desafío que muestra la debilidad del enemigo al mandar a las mujeres a conmover al poderoso. Todo texto es lectura y se puede reinterpretar mediante giros interesados. Comenté también el desprecio con el que dirigentes del Estado Islámico habían contestado recientemente a las preguntas sobre sus propias familias, una pregunta absurda para ellos. ¿Qué importan las familias si ellos se están ganando el paraíso? Ellos sienten que cada sacrificio —también han sacrificado a su propias familias— es una muestra de su voluntad inquebrantable y, por ello, de la fuerza de "su verdad" y el "apoyo divino. El vídeo de la apenada madre entró a formar parte del circo mediático.


Ahora la familia de Sotloff amplía el "desafío" mediante un portavoz, un experto que habla perfectamente árabe y que lo primero que ha hecho es retar públicamente al nuevo califa terrorista a debatir sobre el Islam. Con todos mis respetos a la familia y a su dolor, no creo que sea lo más adecuado o, si se prefiere, que sirva de algo. Pero es demasiado "norteamericano" como para no hacerlo. Realmente, ¿esperan que lo haga? Desde casi todas las instituciones del mundo islámico lo están diciendo todos los días —de palabra y por escrito— que el Estado Islámico es una aberración teológica y una monstruosidad inhumana humana. Se emiten fatwas desde las instituciones condenando sus acciones y crímenes, pero no se le ocurre a nadie retar a un debate como si fueran unas primarias al paraíso.

Pero en un mundo visual programado también están programadas las posibles respuestas familiares. Las imágenes posibles —el repertorio disponible de modos— están ante cada uno de ellos. La negativa oficial de los Estados Unidos a negociar sobre rehenes —no hace falta explicar las consecuencias y vulneraciones que ha tenido históricamente de Irán en adelante— deja el peso de la acción a las familias y a sus asesores y portavoces.
Los Estados Unidos pueden intentar acciones de rescate que funcionan o no. En este caso fracasaron, y las familias asumieron el protagonismo. Oficialmente siempre es mejor decir —también es cuestión de imagen ante la opinión pública— que se ha intentado aunque se haya fracasado, que ser acusados de no haber hecho nada. Esto es lo que ha ocurrido en este caso. Tras la muerte de James Foley, el primer periodista asesinado por los verdugos del EI, se hicieron públicos los intentos fallidos de liberación.
Los tres discursos forman un todo interrelacionado: las series de los criminales —amenazas, ejecuciones y nuevas advertencias—, la de la familia —peticiones de clemencia, desafíos...— y las de los gobiernos —éxitos de las operaciones y justificaciones de los fracasos, advertencias de que se hará justicia—. Estas tres series de discursos se definen conjuntamente, forma un todo complementario, que usa a los medios de comunicación como herramientas de distribución por todo el globo.
El seis de junio tratamos aquí una variante de estos elementos mediáticos, el caso de sargento Bowe Bergdahl, el "sargento perdido" en Afganistán. Se consiguió la liberación. El presidente Obama se hizo fotos con la familia para anunciar en la Casa Blanca que el sargento había sido liberado. Los conflictos comenzaron cuando un discurso, hasta el momento marginal, emergió con toda su fuerza: la denuncia de sus compañeros de que el sargento había desertado durante la noche y en su huida fue atrapado por el enemigo. El discurso del héroe se venía abajo y se volvía contraproducente todo lo hecho. Las largas barbas dejadas por el padre para empatizar con los secuestradores se veían sospechosas y se criticaban agriamente por poco patrióticas. Las redes sociales se organizaban para mostrar que los verdaderos héroes fueron los soldados que se jugaron la vida intentando encontrarlo y los que murieron en el intento. Todos los guiones previstos saltaban por los aires ante el giro inesperado de la historia. Si Hitchcock hizo suyo el tema del "falso culpable" en muchas de sus películas, aquí teníamos el socialmente más demoledor del "falso héroe". 
No solo existe el "caballero oscuro" en Gotham; hay que tener cuidado con el "caballero blanco", porque aquí todo se sabe. Retorcemos las historias de nuestros cómics, pero simplificamos la oscura realidad hasta convertirla en un mal tebeo. El pueblo donde vivía la familia, decorado con fotos y peticiones de regreso, quitaba discretamente de sus puertas, ventanas y escaparates los carteles de alegría ante la perplejidad de lo revelado. El "sargento perdido" se "perdió" de nuevo entre hospitales y tratamientos hasta un momento más adecuado para él y los demás. No creo que nadie le reciba en la Casa Blanca; falló el final esperado.

Me dio una profunda pena ver la grabación de la madre de Steven Sotloff. La familia hace lo que cree que puede ser eficaz en cada caso, asesorados por personas que aciertan más o menos, pero a las que presumo siempre buena voluntad, aunque me equivoque. Pero fuera de esos círculos angustiados brilla la manipulación y el oportunismo descarado que busca sacar su rendimiento mediático o político a situaciones de necesidad trágicas. Es duro para ellas aguantar largas temporadas sin tener muchas posibilidades de acción y tratando de mantener en el candelero mediático los casos de sus hijos soldados o periodistas. En el caso de los militares, hay una institución detrás que tiene a gala que no deja a nadie atrás; pero en el caso de los periodistas —lo comentamos hace un par de días— la cuestión no está tan clara.
Cada portada que se ha dado a los criminales, se vuelve contra los profesionales sobre el terreno —que pasan a ser valiosas piezas de caza que cobrar—, contra los medios que las difunden de esta manera y contra la sociedad que se acostumbra a que le traduzcan visceralmente los conflictos mediante imágenes impactantes. Los titulares de la prensa británica nos dicen que hay decenas de "yihadistas" británico que se fueron a Siria y que se "han desengañado" de la guerra y que ahora quieren "volver" a sus casitas británicas a descansar de la aventura, un poco pesada ya. No creo que esa sea la situación del verdugo carnicero, pero habrá algunos desengañados. Pero para desengañarse hay que estar antes "engañado" y esa responsabilidad es la que hay que buscar, ¿por qué se ha dejado crecer esto sin prevenir algo evidente? Siria se ha dejado pudrirse y de esa podredumbre es de donde ha salido este monstruo del que no será fácil deshacerse porque por muchos yihadistas occidentales que regresen desengañados hay muchos miles más de fanáticos locales y de apoyos de esos fanáticos crecidos a la sombra de políticas nefastas, de errores de comprensión y de abandonos clamorosos.  

El debate sobre la eficacia de esto no debería soslayarse; se deberían realizar encuentros de profesionales y responsables de medios. Pero lo que se mira es el estado de las finanzas y poco más. Los debates y críticas mediáticos que se suscitaron tras los atentados en los Estados Unidos y posteriormente en Europa, con lo atentados de Madrid y Londres, quedaron en nada. Y ahí están ahora las portadas.
Me quedo con la imagen que puse cuando tratamos aquí de la muerte de Sotloff: sonriente, rodeado de banderas sirias y de dos niños que desean poder vivir en una tierra en paz, sin nadie que vaya matando ni decapitando en nombre de ningún Dios o profeta. Dice la familia que Steven amaba el mundo árabe. Ha habido muchas fotografías de ciudadanos sirios y de otros países árabes que has exhibido pancartas mostrando su amor y agradecimiento por su sacrificio por un país que no era el suyo. Pero las imágenes de alguien con una pancarta con un corazón pintado no son lo bastante llamativas para algunos.


Jóvenes libaneses han iniciado una campaña en Twitter (con el hashtag #BurnISISFlag Challenge) quemando las banderas del Estado Islámico para mostrar su repulsa y han invitado a todos los musulmanes que rechazan esto, la inmensa mayoria, a imitarles y distribuir las imágenes. Ha habido otras acciones de repulsa bastante más humillantes, dadas la cantidad de cosas que a la gente se le puede ocurrir hacer con una bandera. Las más beligerantes hasta el momento, por lo que he podido apreciar, las feministas, que ven y sufren en sus carnes los efectos del islamismo político o del yihadismo. A la quema de banderas añaden todo tipo de escarnios para estos carniceros. Usan un lenguaje que entienden perfectamente aquellos a los que va dirigido; no necesitan debates teológicos con ellos. Saben que son inútiles. Por eso, a las imágenes brutales que ellos lanzan, responden con otras que les humillen, aunque sea a costa de jugarse el rechazo familiar y de los bien pensantes locales. Esto es una guerra con muchas aristas y niveles. Aliaa Magda Elmahdy, la feminista egipcia exiliada por su desnudo de protesta en su blog, ha publicado una foto especialmente humillante: desnuda, sangrando, y con una compañera defecando sobre la bandera del EI. Esa mirada sí es desafiante. Solo le queda perder la vida en su lucha. Si quieren sangre, les ha dado sangre. Muchos se han escandalizado por la imagen, pero hay muchas más cosas por las que escandalizarse en el mundo.
La propaganda ha sido siempre una parte importante de las guerras. Pero hoy las guerras son más extrañas y se han convertido en espectáculo desde su planificación meticulosa e interesada. Los medios ya no son meros testigos; son actores y víctimas sus profesionales.
Los carniceros preparan nuevas entregas de su saga sangrienta.