miércoles, 29 de julio de 2026

9 asesinadas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Entre noticias e imágenes de incendios y de guerras que se recrudecen, siguen saliendo en los medios los asesinatos de mujeres cometido por sus parejas o ex parejas. Si los incendios reflejan la dejadez, la falta de previsión y el esfuerzo de tratar de parar lo que no se ha prevenido, las muertes de mujeres han adquirido también su propia retórica que muestra solo una parte, pero a la que no se ve solución alguna.

Los crímenes machistas son la concreción, la materialización de algo más profundo situado en el centro de nuestro pensamiento y cultura que sigue siendo patriarcal. El modelo de pareja sigue viviendo de unos conceptos fuertemente arraigados en las mentalidades, transmitidos por las propias familias de los implicados, por el sexismo de los medios, por el arte previo en los que no se trataba como problemas que resolver socialmente, sino como crisis cuya resolución se daba sola, es decir, un "final feliz" que se alejaba de la crudísima realidad.

La mayor parte de los crímenes machistas se deben a la respuesta de las mujeres al intentar liberarse del dominio masculino. Han fracasado los remedios de aceptación que se le proponen a la mujer desde el pensamiento patriarcal y este se resuelve en violencia ante esa rebeldía de la mujer que reclama criterio y libertad.

Nuestra sociedad, por poco que nos guste, sigue siendo machista, una sociedad jerarquizada en la que se exige obediencia, sumisión cuando las situaciones se extreman. Entonces surge la violencia, que crece en función de la resistencia ofrecida.

Van creciendo los deseos de libertad, pero no crece de la misma manera la resistencia masculina a perder poder. Constantemente se nos habla de resistencia machista ante la pérdida de poder.

El poder sexual se distancia de otras formas de poder. Es el poder que les queda a los que no tienen ningún otro poder. No depende del mayor o menor dinero disponible, ni de la fuerza física. El agresor, el dominador se siente asistido por una fuerza de la naturaleza que implica el control de la mujer. En algunas culturas esto se formalizado en determinadas leyes que especifican las formas y derechos de hombres y mujeres estableciendo las diferencias desde la escritura. En otras, como la nuestra, no lanzamos a proclamar la igualdad de derechos, pero esto es solo un deseo cuando estalla la violencia que refleja la desigualdad real.

Esto hace muy difícil abordar el problema real. Como en los incendios, muy poca prevención y cuando se actúa ya es demasiado tarde.

En RTVE.es se nos vuelve a hablar de otro caso, uno más, de violencia contra la mujer ante los hijos y se nos habla de los datos de estos meses últimos:

Junio y julio han sido meses trágicos para las víctimas de violencia de género. Nueve mujeres han sido asesinadas presuntamente a manos de sus parejas en España en el inicio del verano, uno de los periodos que más muertes acumulan en este ámbito. De ellas, siete convivían con su agresor; y en cuatro de los casos estaban en fase de ruptura.

Son las cifras arrojadas este martes por el Comité de Crisis del Ministerio de Igualdad, convocado para analizar el repunte de asesinatos de las últimas semanas, y en el que ha recomendado replantear medidas, implicar más a los entornos — tan solo en uno de los casos había una denuncia previa— y dar a conocer a las autoridades cualquier indicio, según fuentes del departamento liderado por la ministra Ana Redondo.

El dato se acerca, asimismo, a los dados hace meses en el último informe del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial. El documento recogía que el 80% de las 49 mujeres asesinadas en 2025 convivían con su agresor.*

Lo único que repiten mecánicamente los medios es que las llamadas telefónicas indicadas no dejan huella en la factura. Solo Antena3 introduce con sus presentadores unos mensajes más contundentes de forma periódica.

Que siete de las nueve víctimas señaladas hayan estado conviviendo con sus presuntos asesinos nos ofrece una imagen de la realidad que han vivido de terrible final, la muerte. Estamos hablando de procesos que terminan en asesinatos, ¿pero qué ocurría anteriormente, que ocurre en aquellos casos en los que por miedo no se produce una resistencia?

Los asesinatos son la punta del iceberg de la violencia en el seno de familias o parejas. Es allí y durante mucho tiempo donde se desarrollan los dramas personales, aquellos que acaban con el crimen de aquellos a los que se decía amar.


Los que rodean a la pareja dicen no percibir nada, cuando hasta no hace mucho la versión es que "eran cosas de la pareja" y que "solo a ellos les incumbía solucionarlo". Se ha mirado hacia otro lado ante los llamados "problemas de pareja" que se mantenían en la sombra mientras que se fingía exteriormente una felicidad inexistente. Es la vergüenza de no ser feliz, un gran miedo y vergüenza en una sociedad que hace del éxito su lema y de la felicidad su objetivo.

Podemos considerar que existe un clima de tensión social destructivo, un clima que acaba trasladándose al hogar y a la pareja. Los crímenes machistas nos revelan que estamos en una profunda crisis, que necesitamos ser conscientes de la realidad de las relaciones y de la resistencia patriarcal al cambio por muchas leyes y discursos que hagamos. Hace falta algo más, empezando por combatir las ideas de superioridad y dominio masculinos que siguen presentes en todos los estratos de la sociedad.

De otra forma solo nos quedaran las condenas a posteriori y dar el número de teléfono, pese a que las datos nos confirman que solo una pequeña parte de las víctimas había denunciado y que les sirvió de poco. 

Un falso sentido de la privacidad nos impide entrar a explicar las causas, a intentar comprender para prevenir. Nos limitamos a establecer estadísticas, a hablar de "picos de violencia" como si fuera una noticia del tiempo, a decir si había denuncias previas o no. Poco más. Es una distorsión sociológica que nos permite creer que hay alguien pendiente.

Hay que ir más allá. Hay que ir a cómo producir y sostener el cambio social y cultural profundo que requerimos más allá de las lamentaciones. El patriarcado resiste pese a nuestra retórica de la igualdad. No basta con decir que no avisan de la violencia que sufren. Hay que ir a por qué no lo hacen, a cómo la dependencia crea un sentido equivocado de la convivencia, a las presiones familiares, etc.

 

— "Siete de las nueve asesinadas en junio y julio en casos de violencia de género convivían con su agresor" RTVE.es 20/07/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260728/asesinadas-junio-julio-violencia-genero-convivian-agresor/17172219.shtml

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