Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Entre noticias
e imágenes de incendios y de guerras que se recrudecen, siguen saliendo en los
medios los asesinatos de mujeres cometido por sus parejas o ex parejas. Si los
incendios reflejan la dejadez, la falta de previsión y el esfuerzo de tratar de
parar lo que no se ha prevenido, las muertes de mujeres han adquirido también
su propia retórica que muestra solo una parte, pero a la que no se ve solución
alguna.
Los
crímenes machistas son la concreción, la materialización de algo más profundo
situado en el centro de nuestro pensamiento y cultura que sigue siendo
patriarcal. El modelo de pareja sigue viviendo de unos conceptos fuertemente
arraigados en las mentalidades, transmitidos por las propias familias de los
implicados, por el sexismo de los medios, por el arte previo en los que no se
trataba como problemas que resolver socialmente, sino como crisis cuya
resolución se daba sola, es decir, un "final feliz" que se alejaba de
la crudísima realidad.
La
mayor parte de los crímenes machistas se deben a la respuesta de las mujeres al
intentar liberarse del dominio masculino. Han fracasado los remedios de
aceptación que se le proponen a la mujer desde el pensamiento patriarcal y este
se resuelve en violencia ante esa rebeldía de la mujer que reclama criterio y
libertad.
Nuestra
sociedad, por poco que nos guste, sigue siendo machista, una sociedad
jerarquizada en la que se exige obediencia, sumisión cuando las situaciones se
extreman. Entonces surge la violencia, que crece en función de la resistencia
ofrecida.
Van creciendo
los deseos de libertad, pero no crece de la misma manera la resistencia
masculina a perder poder. Constantemente se nos habla de resistencia machista
ante la pérdida de poder.
El poder sexual se distancia de otras formas de poder. Es el poder que les queda a los que no tienen ningún otro poder. No depende del mayor o menor dinero disponible, ni de la fuerza física. El agresor, el dominador se siente asistido por una fuerza de la naturaleza que implica el control de la mujer. En algunas culturas esto se formalizado en determinadas leyes que especifican las formas y derechos de hombres y mujeres estableciendo las diferencias desde la escritura. En otras, como la nuestra, no lanzamos a proclamar la igualdad de derechos, pero esto es solo un deseo cuando estalla la violencia que refleja la desigualdad real.
Esto hace
muy difícil abordar el problema real. Como en los incendios, muy poca
prevención y cuando se actúa ya es demasiado tarde.
En RTVE.es
se nos vuelve a hablar de otro caso, uno más, de violencia contra la mujer ante
los hijos y se nos habla de los datos de estos meses últimos:
Junio y julio han sido meses trágicos para las
víctimas de violencia de género. Nueve mujeres han sido asesinadas
presuntamente a manos de sus parejas en España en el inicio del verano, uno
de los periodos que más muertes acumulan en este ámbito. De ellas, siete
convivían con su agresor; y en cuatro de los casos estaban en fase de
ruptura.
Son las cifras arrojadas este martes por el Comité de
Crisis del Ministerio de Igualdad, convocado para analizar el repunte de
asesinatos de las últimas semanas, y en el que ha recomendado replantear
medidas, implicar más a los entornos — tan solo en uno de los casos había
una denuncia previa— y dar a conocer a las autoridades cualquier indicio,
según fuentes del departamento liderado por la ministra Ana Redondo.
El dato se acerca, asimismo, a los dados hace meses en el último informe del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial. El documento recogía que el 80% de las 49 mujeres asesinadas en 2025 convivían con su agresor.*
Lo único que repiten mecánicamente los medios es que las llamadas
telefónicas indicadas no dejan huella en la factura. Solo Antena3 introduce con
sus presentadores unos mensajes más contundentes de forma periódica.
Que siete de las nueve víctimas señaladas hayan estado conviviendo con sus presuntos
asesinos nos ofrece una imagen de la realidad que han vivido de terrible final,
la muerte. Estamos hablando de procesos que terminan en asesinatos, ¿pero qué ocurría
anteriormente, que ocurre en aquellos casos en los que por miedo no se produce
una resistencia?
Los asesinatos son la punta del iceberg de la violencia en el seno de
familias o parejas. Es allí y durante mucho tiempo donde se desarrollan los
dramas personales, aquellos que acaban con el crimen de aquellos a los que se
decía amar.
Podemos considerar que existe un clima de tensión social destructivo, un
clima que acaba trasladándose al hogar y a la pareja. Los crímenes machistas
nos revelan que estamos en una profunda crisis, que necesitamos ser conscientes
de la realidad de las relaciones y de la resistencia patriarcal al cambio por
muchas leyes y discursos que hagamos. Hace falta algo más, empezando por
combatir las ideas de superioridad y dominio masculinos que siguen presentes en
todos los estratos de la sociedad.
De otra forma solo nos quedaran las condenas a posteriori y dar el número
de teléfono, pese a que las datos nos confirman que solo una pequeña parte de
las víctimas había denunciado y que les sirvió de poco.
Un falso sentido de la privacidad nos impide entrar a explicar las causas, a intentar comprender para prevenir. Nos limitamos a establecer estadísticas, a hablar de "picos de violencia" como si fuera una noticia del tiempo, a decir si había denuncias previas o no. Poco más. Es una distorsión sociológica que nos permite creer que hay alguien pendiente.
Hay que ir más allá. Hay que ir a cómo producir y sostener el cambio social y cultural profundo que requerimos más allá de las lamentaciones. El patriarcado resiste pese a nuestra retórica de la igualdad. No basta con decir que no avisan de la violencia que sufren. Hay que ir a por qué no lo hacen, a cómo la dependencia crea un sentido equivocado de la convivencia, a las presiones familiares, etc.
— "Siete de las nueve asesinadas en junio y julio en casos de
violencia de género convivían con su agresor" RTVE.es 20/07/2026
https://www.rtve.es/noticias/20260728/asesinadas-junio-julio-violencia-genero-convivian-agresor/17172219.shtml






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