Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Preocupa
la expansión de la xenofobia y del racismo a través de los discurso de odio
crecientes. La larga agonía del sanchismo, enterrado por sus escándalos de
corrupción en todos sus niveles, es aprovechado por algunos para promover e
imponer este tipo de discursos de odio.
Nuestro
drama político es la desaparición intencionada y suicida del centrismo como un
elemento capaza de hacer de la moderación un ejercicio saludable y orientador.
Pero es complicado asistir a un tipo de prácticas en el que la derecha se comió
el centro para que la ultraderecha se la coma ahora a ella, Son los errores
históricos los que han configurado estas formas dejándonos finalmente en esta
tesitura obligados por los pactos necesarios para compensar la debilidad
creciente por un lado y por otro.
Hemos
tratado en diversas ocasiones en estos años algo que se veía venir y cuyos
efectos se notan cada día: con la excusa de la falta de representatividad del
bipartidismo, que se presentó como un mal, como una distorsión de la realidad política con dos grandes partidos, uno a
la derecha y otro a la izquierda.
Desde entonces, los partidos grandes han tenido que someterse al chantaje de los pactos y componendas con partidos más radicales, a derecha e izquierda, que se presentan como "garantes" de que los grandes nos traicionaran a sus votantes. Estos partidos practican una doble política: apoyo y crítica. La primera les permite, con pocos votos, acceder al poder ocupando ministerios, consejería y concejalías; la crítica, les permite robar votos y llevarlos hacia sus posiciones. Con esto, los partidos grandes avanzan en su suicidio grupal; pierden poder y pierden votantes en beneficio de los que nada pierden y solo ganan. Cuando finalmente el barco se hunde, ellos se presentan como los artífices de lo positivo y, especialmente, de ser los responsables de que el grande no cometiera mayores errores e incumplimientos. A derecha e izquierda se ha practicado esto y les ha funcionado.
La extrema derecha ha detectado el valor de los discursos xenófobos en una sociedad en crisis en la que se hace rentable responsabilizar de las crisis al enemigo exterior. Ya sea la nacionalidad o la diferencia de religión (otro factor importante), la extrema derecha presiona para arrastrar a la derecha hacia xenofobia y racismo. Lo usa, además, para acusar de tibieza a la propia derecha, que se ve forzada a radicalizar sus discursos o moverse en la ambigüedad. Así, mientras se le cuela en los gobiernos autonómicos con consejerías desde la que ejercer su xenofobia y se proclama defensora de la "patria", de la que ellos se apropian y proclaman defensores frente a los ataques y tibiezas del resto.
Cada
día leemos sobre cómo se trucan imágenes y palabras, se modifican —con IA o sin
IA— para distribuirse a través de las redes y fortalecer estos discursos. Se
crea así un fondo de relatos, explicaciones, etc. falsos con los que arrastrar
al electorado y crear un clima de violencia hacia el extranjero laboral, distinto del bienvenido extranjero turista, que
viene a gastar. El extranjero laboral,
por el contrario; viene, según estos discurso de odio, a "robarnos puestos
de trabajos", a "arrinconar nuestra religión", a "cambiar
nuestros sanos hábitos", a "violar
a nuestras mujeres", etc.
Los
discursos de odio pasan a ser el tipo de mensaje más eficaz: es llamativo (¡peligro!), apunta a causas
comprensibles (identifica a los peligrosos) y ofrece soluciones (yo lo
soluciono, ¡vótame!)
Hoy son xenófobos y racistas; también machistas. Los enemigos no solo vienen de fuera, sino que los hay que tratan de subvertir los principios "divinos" y "naturales" de la pareja, cada uno con su función: el hombre trabaja, la mujer queda en casa, pare y cuida.
No solo
se odia al extranjero, sino a las feministas y a la diversidad sexual. Estos
discursos crecen, lo que quiere decir que aumentan y se expanden cada vez más.
En la portada del diario El país tenemos hoy dos titulares: "La espiral
xenófoba: así se han endurecido el discurso derechista y el clima social contra
la inmigración"(de Ángel Munárriz) y el editorial "No ceder al marco
extremista". En el primero ya se identifica al PP y a Vox como una voz
conjunta.
Necesitamos
clarificar los principios y eliminar las ambigüedades del panorama político.
España necesita recuperar un centro político, social, de moderación en el que
se imponga el sentido común y se alejen los fantasmas que nos llegan de dentro
y de fuera (esto merece análisis detallado de las conexiones).
Estamos retrocediendo décadas y perdiendo nuestro sentido común y apertura mental, nuestro sentido de la Historia y de nosotros mismos. Hay que trabajar en el sistema educativo, en los medios y reorientar el debate político haciendo políticas inteligentes y un frente común contra los que siembran odio como estrategia.






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