Joaquín
Mª Aguirre (UCM)
La
fotografía que ilustra el blog de Economía de María Vega en el diario El Mundo nos muestra a dos albañiles "tocando"
uno de ellos la pala como si fuera una guitarra mientras que el otro marca el
ritmo con un bote de pintura. Un transeúnte, con una bolsa de la
"rebajas", deja caer unas monedas en un casco blanco junto al cartel que han colocado:
"Pa cafelito. Albañiles en paro. Gracias".
En su
artículo, María Vega señala:
Nos hundió en la crisis y ahora parece estar
llamado a sacarnos de la miseria. En un país sin apenas industria, sin consumo
interno y sin financiación para proyectos empresariales, el ladrillo se
perfila, seis años después del estallido de la burbuja, como el único motor
capaz de atraer inversión a la economía real española.
Tras cerrar el peor capítulo de esta crisis
financiera en 2012, España ha vuelto a entrar en el radar de las firmas de
capital riesgo, fondos de inversión y grandes inversores internacionales
dispuestos a inyectar miles de millones de euros allí donde vean una
oportunidad.
Ni el turismo, ni las empresas exportadoras
del país de las que tanto alardea el Gobierno parecen capaces de sacar provecho
a esta nueva coyuntura. Ese dinero fresco que ha devuelto el optimismo a Emilio
Botín quiere aterrizar en España con un destino claro: el sector inmobiliario.*
La
celebración ayer de la compra de acciones de FCC por parte de Bill Gates, que
pasa a convertirse en el segundo accionista con el 6%, parece la confirmación
de lo dicho: nos mandan de nuevo al ladrillo, el nefasto modelo que genera una
falsa ilusión de presente pero nos deja sin futuro. Y digo "falsa"
porque lo que más dejó la anterior euforia fue el endeudamiento generalizado con
un aumento prohibitivo del precio de la vivienda. ¡Qué pena que BillGates, que de esto sabe mucho, no haya invertido en apoyar la industria tecnológica! Pero su conocida filantropía ya tiene beneficiarios. España es, simplemente, una buena inversión y qué mejor que el "ladrillo".
La
lectura de la "oportunidad" —que el dicho pintaba "calva",
probablemente por tirarse excesivamente de los pelos— es diferente para el que
la ofrece y para el que está en condiciones de aprovecharla. Nuestra
"oportunidad", en términos de mercado, es seguir precarizándonos —lo perverso del término se ajusta con lo perverso
de la situación— en una subasta a la baja. Aunque nos guste pensar que
"confían" en nosotros, lo cierto es que esa confianza viene más de su
seguridad en la ganancia que de otra cosa. No invierten porque les
importemos, sino precisamente porque les importamos poco, sin sentimentalismos. El verbo
"importar", en su acepción emocional, no tiene sentido alguno en la
Economía; es el "importe" en lugar del "importar".
Las
señales de recuperación son el signo de que es el momento de recoger las gangas,
que no caerán mucho más los precios, en suma, que es el momento de compran
antes de que los competidores se hagan con lo mejor del paquete nacional. Es
duro pero es así.
Pero la
desmoralización que esto supone proviene, como bien señala, la periodista en su
artículo de la incapacidad nacional para poder cambiar de modelo respecto al
que nos llevó al desastre, la desindustrialización. «La
incapacidad de la clase política y empresarial para encontrar una alternativa
de crecimiento en España deja la recuperación del país en manos de esos
inversores»*, escribe Vega. Más que "en manos", "a los
pies".
Mientras no se perciba la situación en términos de
"proyecto nacional", habrá muy poco que hacer, solo asumir
resignadamente nuestro papel de comparsas en el panorama internacional, aceptar
pasivamente que nuestro país queda convertido definitivamente en un solar
especulativo, con una juventud condenada a un empleo de ínfima calidad, en el
que unos ganan mucho con la especulación y otros viven de la caída de las migajas
necesarias para mantener el negocio en su conjunto.
Nuestra clase política carece de miras, de altura
moral porque ha sido una de las piezas clave en este estado y en lo que el
futuro nos depara. Las cifras del "España va bien" siempre fueron
engañosas porque no miran ni quién "va bien" ni cómo se reparte.
El escándalo de ver aparecer al ex ministro
socialista Narcís Serra en los juzgados para defenderse de la acusación de
"administración desleal" por su papel al frente de Caixa Cataluña es
representativo de una forma de ser y actuar. Dice el ex ministro que la
fijación de unos indecentes sueldos para los directivos de la entidad —todos
ante los tribunales— fueron medidas "leales", "legales" y
"convenientes"**. La "lealtad" era aumentar sus sueldos
escandalosamente mientras la entidad se hundía; "legales" porque los
políticos, compañeros fieles, aprueban normas que les favorecen; y
"convenientes" porque estos inútiles depredadores podrían irse a otra
entidad que les ofreciera mejores sueldos, ¡como si las empresas se mataran por
tener a la escoria que se aburre de la política!
No hay mucha diferencia en cómo estos directivos han
gestionado Caixa Cataluña y cómo se gestiona España misma en su totalidad. El
mismo sentido patrimonial e irresponsable de lo público se reparte por nuestra
geografía sin distinción de colores e ideologías. Nuestros políticos se
reparten por las empresas asegurándose buenos sueldos y los vínculos entre el
mundo de las finanzas y empresarial y la clase política en activo. Lo hemos
visto en el caso de la ITV, por no salir de Cataluña, pero lo podemos ver en
muchos otros lugares.
Esto no
se resuelve solo con "primarias" o llenado los partidos de figuras
folclóricas para atraer las miradas. No hay candidato al relevo —en cualquier
partido— que no sea hijo del sistema, hijos privilegiados, por supuesto, como
hemos visto en Andalucía. Los partidos políticos son, hoy por hoy, aguas
estancadas, malolientes. Los espectáculos bochornosos en los juzgados así lo
confirman contradiciendo la voces de aquellos que tratan de justificar a la
mayoría de la clase política. Mi pregunta entonces es: ¿por qué no lo arreglasteis
antes de que se llegara a esta podredumbre? ¿Por qué —políticos, patronal y
sindicatos— consentisteis en que vuestros dirigentes llegaran tan alto y lo
hicieran tan mal? La respuesta es sencilla: estaban bien pagados y fuera el
mundo es muy duro.
Hoy
miran expectantes las cifras de la economía nacional para justificar su labor,
que sigue fallando en la concepción de un proyecto de futuro que ilusione a
alguien, que justifique que al terminar una carrera se pueda pensar en hacer
algo por su país, que puede haber industria, investigación científica, cultura
digna de este nombre, y no un país que se desviste con la esperanza de que su
desnudez avive el deseo de los que pasan.
Hay que apoyar nuestra industria, salir del nefasto modelo del ladrillo porque es la industria la que puede ofrecer el paquete conjunto de progreso en la investigación, empleo y exportación, ofreciendo un verdadero progreso al conjunto de la sociedad. Nos dicen desde 5 Días que el Deutsche Bank habla de la germanización de España frente al afrancesamiento de Alemania y a la españolización de Francia. No es un juego de palabras, sino la conversión del término "españolización" en el peor destino económico que le puede ocurrir a un país europeo.
España se está germanizando, transformándose
-por necesidad y con bastante éxito- en un modelo de crecimiento pobre centrado
en la restauración de la competitividad y la rentabilidad de las empresas, con
la disminución de los costes laborales unitarios y un mayor papel de las
exportaciones en la dinámica de crecimiento.***
Ahora el "ladrillo" vuelve a amenazar con hacernos regresar —¿nos hemos ido?— a una España "españolizada", una tentación política y social que debe resistirse, aunque no se ve la voluntad política, más empeñada en traer Juegos Olímpicos y mega casinos humeantes como modelo de desarrollo. Eso debería terminarse cuanto antes, decidir de una vez por dónde deberían ir nuestros esfuerzos, apoyar los caminos con verdadero futuro y no los cortoplacistas, en definitiva, que sirva de algo esta crisis, que el sufrimiento no sea en balde.
Hemos
perdido el rumbo porque hemos convertido todo en retórica hueca. España se
tiene que encontrar a sí misma para saber cuál es su camino. España, como los chistosos
albañiles en paro de la fotografía, también está tocando esa imaginaria
guitarra a la espera de que a un paseante le haga gracia les dé una monedas para
un cafelito. Se trata de ir tirando.
*
"España se rinde y confía su recuperación al 'ladrillo'" Blog ¡No doy
crédito! - El Mundo 21/10/2013
http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/nodoycredito/2013/10/21/espana-se-rinde-y-confia-su-recuperacion.html
**
"Narcís Serra defiende su gestión como presidente de Caixa Catalunya tras
declarar ante el juez" RTVE 21/10/2013
http://www.rtve.es/noticias/20131021/narcis-serra-defiende-gestion-como-presidente-caixa-catalunya-tras-declarar-ante-juez/771441.shtml
*** "Deutsche Bank asegura que España se
está transformando en Alemania" 5 Días 21/10/2013
http://cincodias.com/cincodias/2013/10/20/economia/1382271443_272494.html
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