Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Mientras
el gobierno sigue discutiendo entre ellos, con la oposición y con gobiernos de
fuera, los ceutíes han decidido ponerse manos al asunto ante la inoperancia, la
falta de recursos y soluciones. Pero sus formas de actuación son muy limitadas.
La sensación de abandono, miedo e incertidumbre, pasado un mes lleva a
soluciones drásticas. Los enfrentamientos han llegado a la calle, por lo que es
de temer una desgracia en cualquier momento.
Decir
"una desgracia" es tratar de evitar usar otros términos, porque "desgracias"
ya las hay: las enfermedades con riesgos epidemiológicos, las 16 denuncias por
agresiones sexuales reconocidas, la encerrona al coche con los cuatro militares
agredidos y apedreados o las peleas entre los propios migrantes son también
"desgracias", pero estamos subiendo demasiado el listón con tal de no
llamar a las cosas por su nombre o, peor, tirar de eufemismos para evitar lo
que ya es inevitable.
De poco
sirven ya las negaciones de Grande-Marlaska o de la ministra de Sanidad sobre
si hay "colapso" o no hay colapso. Todo esto ya se ha terminado, pese
a los intentos de pretender normalidad por parte de las autoridades centrales.
La psicosis
invasiva corre el riesgo de trasladarse a otras zonas que, como la costa de
Murcia, está recibiendo llegadas de inmigrantes en naves en sus playas. Parece
que hay una cierta sincronía que sigue aumentando la presión.
Carecemos
de una descripción coherente de quiénes son los que quedan en Ceuta y cuáles
son sus pretensiones una vez establecido que solo van a pasar a la península
los menores (ellas especialmente, por los riesgos mayores) y los 12 detenidos
(por ahora, ya que parece que eran entre 30 y 40) por la agresión a los
militares.
El
gobierno, por su fuera poco, no solo saca pecho en su inoperancia, sino que
ahora defiende a Marruecos. Como sabemos son ya varios los ministros marroquíes
que están considerando héroes a los
que se han saltado la frontera e invadido Ceuta. Son, les dicen al pueblo
marroquí, la avanzadilla del "retorno" de Ceuta y Melilla a la madre
patria.
Tenemos
un número indefinido de migrantes que se han quedado en Ceuta tras la invasión
masiva y tenemos también un número indefinido de menores que nadie reclama.
Marruecos
lo hace con la boca chica, diciendo que ellos
se preocupan por los vivos mientras que España
solo se preocupa por los muertos, frase tópica y propagandística para
referirse a quién se hace cargo de los casi cien ahogados en la operación por
mar.
El
Partido Popular lo está haciendo muy mal, pues ha caído en la trampa de
permitir que el gobierno convierta sus pocas y fallidas acciones en
reivindicaciones moderadas frente a las peticiones del PP y la ultraderecha de
Vox. Son estos últimos los que, como siempre, se benefician del desastre
político de unos y otros, ofreciéndose como "solución firme". Todo
esto desespera a los ceutíes y al resto de los españoles, pero es gasolina para
la ultraderecha, que ha hecho de la inmigración el peligro número uno en su
larga lista. El PSOE lo usa para advertir del peligro que suponen y el PP
pierde a los moderados porque lo ven radicalizado y radicales porque lo ven
cobarde y débil. El gobierno, al que ya critican abiertamente sus aliados,
sigue defendiéndose de críticas, negándolo todo y presentándolo como una
conspiración contra ellos.
No sé
si la defensa de Marruecos —el ministro Bolaños decía que el PP necesita "un curso acelerado de diplomacia básica" si acusa a Marruecos de estar detrás
de la invasión— es la vía más razonable hacia una solución. No sé qué entiende
el ministro Bolaños por "diplomacia" ni por "básica", pero
mucho me temo que le va a costar encontrar una explicación coherente para la
entrada de más 80.000 personas que pasan de un país a otro sin que nadie se lo
impida.
La Policía y el Ejército, llevados allí para transmitir tranquilidad, reclaman a través de sus distintos sindicatos, un protocolo claro de actuación, armas (para defenderse y señal de autoridad, es decir, que les respeten y no les embosquen, acorralen y apedreen). En la medida que esta "crisis" se está convirtiendo en un asunto de orden público no basta con enviar efectivos, sino que les dejen hacer algo y no solo recibir pedradas. A lo mejor los han enviado para reprimir a los ceutíes, desesperados y aburridos, antes de que tomen medidas irreversibles que dejen en evidencia la falta de medidas más allá de las "fotogénicas" por parte del gobierno. Este insiste en que "está tomando medidas", pero estas se deberían traducir en cambios y aquí solo hay empeoramiento. Antes pedían comida y alimentos dignos. Ahora que todo se está crispando, van más allá.
Todo
parece ser fortuito, un cúmulo de casualidades, una falta total de deseo, un
caprichoso giro del destino.
El golpe
de gracia último ha sido el tema de los polideportivos, pensados como
asentamientos de migrantes y que ha hecho desdecirse al gobierno ante las
protestas frontales de los ceutíes. Es solo un ejemplo más —no será el último—
de la improvisación y la falta de "diplomacia interna básica".
La
lucha entre calma y desesperación está llegando al límite. Los ceutíes
están ya en ese punto. Lo que nadie quiere que pase, acabará pasando. Los ceutíes han perdido la confianza en lo que vaya a hacer el gobierno. Van a hacerlo ellos y puede pasar de todo.






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