domingo, 4 de diciembre de 2016

Putin y el universo autoritario

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
The New York Times le dedica un interesante artículo — "Extremists Turn to a Leader to Protect Western Values: Vladimir Putin"* — a algo ya conocido, pero no por ello demasiado entendido en sus orígenes e influencias: la admiración de la extrema derecha mundial por la Rusia de Vladimir Putin. No son los únicos admiradores. 
En el mundo árabe, Putin le ha estado ganando la partida a la administración de Obama que ha sido incapaz de entender lo que estaba ocurriendo debajo de sus zapatos. John Kerry ha tratado de apagar fuegos allí donde ha podido, pero no ha sido suficiente como para evitar el ascenso de Rusia en muchos escenarios.
El cambio ideológico hacia el populismo, los ultranacionalismos religiosos, proteccionismo, etc. solo se entiende con el ascenso de Rusia, a la que Obama cometió el error de considerar una "potencia regional". Rusia ha aparecido allí donde se canalizaban los odios contra los Estados Unidos (p.ej. Oriente Medio, Filipinas, Turquí), aunque fueran socios o aliados. En Europa, los partidos ultraderechistas y nacionalistas no ocultan su fascinación por Putin y el modelo ruso, aunque no se entienda muy bien cómo funciona.
Rusia está recomponiendo lo que se derrumbó tras la Guerra Fría con unas características particulares. En primer lugar se está aprovechando de algo que hemos tratado aquí en ocasiones: el antiamericanismo creciente. Estados Unidos se ha equivocado en gran medida en el planteamiento de lo que suponía ser el "guardián de la mazmorra". Y ha conseguido que se le responsabilice —con razón o sin ella— de cuantas desgracias han ocurrido en el mundo desde hace varias décadas, especialmente de las crisis económicas.

Los Estados Unidos han sido incapaces de convencer al mundo de ser buenos gendarmes y, algo peor, de que sus poderes no están en declive. De Samuel P. Huntington en adelante, nadie duda de la decadencia del imperio americano. Ya sea real o no, lo importante es lo que se cree porque en función de ello se actúa. Hasta Trump ha usado el argumento de la decadencia achacándosela a los demócratas.
La admiración por Putin y lo que representa entra también en la imagen que este ha sabido fabricar o que otros se quieren imaginar. Los admiradores europeos de Putin, por ejemplo, ven en él el nacionalismo que se ha ido diluyendo (piensan) con la Unión Europea. Putin tiende la mano a los que pueden ayudar a debilitar a sus enemigos. Y la Unión Europea tiene diversos contenciosos con Rusia, especialmente en lo relativo a su política de fuerza en países como Ucrania, por la que la Unión mantiene sanciones que la afectan. La política de divide y vencerás tiene varias estrategias, según la proximidad del país. En los países claramente occidentales, como Gran Bretaña o Francia, pilares de la Unión, Putin ha apoyado a sus admiradores confesos, que no han tenido reparo en hacerle todo tipo de guiños. 
En el caso de Marine LePen, la publicación de economía Bloomberg señalaba en febrero de este año:

Marine Le Pen’s National Front party is reaching out to Russian banks for the 25 million euros ($27.7 million) it needs to bankroll its 2017 presidential campaign, the party’s treasurer Wallerand de Saint Just said.
“I will look for funds where I know I might get them,” Saint Just said in a telephone interview. “I found some financing there in 2014, so yes I am going to try again.”
The anti-euro, anti-immigration party, whose loan requests are turned down by French banks, borrowed nearly 10 million euros from the First Czech Russian Bank in 2014 to finance its campaigns, Saint Just said.  Although the party failed to gain control of any French region in the most recent elections in December, it still got 6.8 million votes, exceeding its previous record of 6.4 million set 2012.
In December 2014, Marine Le Pen justified tapping funds from a Russian bank, saying she was “constrained” by the fact that she failed to find a lender in any other country. In May, she visited Moscow and met with the Duma Speaker Sergei Naryshkin.
Marine Le Pen made her candidacy for the 2017 French presidential election official on TF1 television on Feb. 8.**


La financiación desde Rusia de la campaña de alguien abiertamente antieuropea, de alguien que llama al desmembramiento de Europa, es una inversión barata para Putin. No es nada en comparación con lo que las sanciones le hacen perder diariamente. Herir mortalmente a Europa desde Francia tras las ayudas a sus amigos del brexit británico es una estrategia buena que merece ese pequeño aporte a la campaña.
Quien habla de Francia y de Reino Unido habla de toda Europa, en donde los partidos de la ultraderecha nacionalista forman un equipo claro para destrozar la Unión desde dentro.
La otra estrategia es la que está practicando con los países que anteriormente permanecían a la órbita soviética y que buscaron en Europa la protección frente a las aspiraciones rusas. En estos países, Putin apoya abiertamente a los dirigentes que siguen políticas "prorrusas" y que se niegan, por ejemplo, a cumplir las sanciones contra Rusia. Como beneficio tienen la posibilidad de jugar a dos bazas, la comunitaria y los beneficios de tener a Rusia cerca y realizar negocios de exportación e importación.


La debilidad europea tras la crisis económica ha dejado claro que mientras las cosas van bien, el europeísmo es fácilmente expandido. Cuando las cosas no van tan bien, es fácil echarle la culpa a Europa por lo que ocurre. En estas circunstancias es fácil recurrir a banderines de enganche para el nacionalismo. El final es convertir en caballo de Troya a los países que pidieron su admisión en la Unión y que ahora, con tibios gobernantes, juegan a presionar a Europa con Rusia y aprovechar los beneficios dobles.
Lo primero que hizo el gobierno de Syriza fue irse a hablar con Putin. Era su forma de demostrar su desafío a Europa. En el caso griego, las aguas han vuelto a su cauce, pero Amanecer Dorado, el partido nazi griego, sigue jugando sus bazas contra Europa a través del acercamiento a Putin.


El debate ha llegado a su máxima expresión con el papel jugado por Rusia en la campaña presidencial norteamericana, con la victoria final de Donald Trump. Las intervenciones de Rusia han tenido un fuerte eco, entre otras cosas porque el propio candidato jugó con su presencia en sus mensajes. Trump invocó directamente a Rusia para sacar a la luz los correos de Hillary Clinton en la Secretaría de Estado, un tema que ha tenido una presencia decisiva y que ha estado perfectamente medido en el tiempo, con la ayuda consciente o no del Director del FBI.
Los llamamientos tras la elección a cambiar el mundo, unidos Trump y Putin, no deja de ser un escenario grotesco y solo explicable desde la personalidad egocéntrica de Trump y la astucia de Putin. Putin ya ha conseguido gran parte de lo que quería y estas llamadas y promesas de encuentros son solo parte del espectáculo.
Como señalamos al inicio, The New York Times publica un detallado artículo sobre los admiradores norteamericanos de Putin, empezando por el propio futuro presidente de los Estados Unidos:

As the founder of the Traditionalist Worker Party, an American group that aims to preserve the privileged place of whiteness in Western civilization and fight “anti-Christian degeneracy,” Matthew Heimbach knows whom he envisions as the ideal ruler: the Russian president, Vladimir V. Putin.
“Russia is our biggest inspiration,” Mr. Heimbach said. “I see President Putin as the leader of the free world.”
Throughout the presidential campaign, Donald J. Trump mystified many on the left and in the foreign policy establishment with his praise for Mr. Putin and his criticism of the Obama administration’s efforts to isolate and punish Russia for its actions in Crimea and eastern Ukraine. But what seemed inexplicable when Mr. Trump first expressed his admiration for the Russian leader seems, in retrospect, to have been a shrewd dog whistle to a small but highly motivated part of his base.
For Mr. Heimbach is far from alone in his esteem for Mr. Putin. Throughout the collection of white ethnocentrists, nationalists, populists and neo-Nazis that has taken root on both sides of the Atlantic, Mr. Putin is widely revered as a kind of white knight: a symbol of strength, racial purity and traditional Christian values in a world under threat from Islam, immigrants and rootless cosmopolitan elites.
“I’ve always seen Russia as the guardian at the gate, as the easternmost outpost of our people,” said Sam Dickson, a white supremacist and former Ku Klux Klan lawyer who frequently speaks at gatherings of the so-called alt-right, a far-right fringe movement that embraces white nationalism and a range of racist and anti-immigrant positions. “They are our barrier to the Oriental invasion of our homeland and the great protector of Christendom. I admire the Russian people. They are the strongest white people on earth.”
Fascination with and, in many cases, adoration of Mr. Putin — or at least a distorted image of him — first took hold among far-right politicians in Europe, many of whom have since developed close relations with their brethren in the United States. Such ties across the Atlantic have helped spread the view of Mr. Putin’s Russia as an ideal model.
“We need a chancellor like Putin, someone who is working for Germany and Europe like Putin works for Russia,” said Udo Voigt, leader of Germany’s National Democratic Party. That far-right group views Chancellor Angela Merkel as a traitor because she opened the door to nearly a million migrants from Syria and elsewhere last year.
“Putin is a symbol for us of what is possible,” Mr. Voigt said.**


Leer esto puede producir perplejidad, incluso podemos creer que se trata de una comedia de política-ficción llevada al absurdo. Sin embargo no lo es tanto y tiene sus explicaciones si entendemos la transformación que la "política" ha sufrido en estas décadas de cambios del mundo.
Creo que es bastante obvio, por lo que tenemos delante en casi todos los países, que se ha producido un cambio en el concepto de política, que ha dejado su formulación ideológica tradicional y se está redefiniendo desde aspectos previos a las ideologías, como son los aspectos tradicionalistas de las culturas.
Cuando el supremacista blanco citado por The New York Times considera a Rusia "el guardián de la puerta" no hace sino repetir el papel vigilante que le asignaban a la "Santa Rusia" como defensora de la verdadera fe cristiana frente a los excesos racionalistas y ateos de Occidente y un Oriente no cristiano. Es la visión clásica se los "eslavófilos" tradicionalistas frente a los "occidentalistas", ilustrados y abiertos a la Ciencia y al progreso.
Que Rusia haya pasado de cantar "La Internacional" a entonar los cantos nacionalistas de la Santa Rusia no deja de ser una ironía de la Historia. El imperialismo ruso aprovechó el internacionalismo soviético para expandirse; ahora el nacionalismo ruso se vuelve a expandir mediante otras fórmulas, pero con el mismo efecto.


Todo ello es posible por el encadenamiento de distintas ideas que se entrelazan y forman un discurso coherente para quien lo sigue. El  nacionalismo  ha cargado contra los Estados Unidos al que se considera responsable de la globalización, y contra Europa, a quien se considera también como una entidad antinacional. Ver a Putin como un líder nacionalista (sin querer ver su faceta imperialista) sirve para formalizar apoyos tan diferentes como los de LePen o Trump, que pasan a compartir una estrategia común. Son los grupos ultraderechistas, racistas y religioso fundamentalistas los que han estado detrás de la elección de Trump.
Para ellos, la medidas de Trump les han sonado más próximas a sus ideales aislacionistas, segregadores y anticientíficos que los de una Hillary Clinton o de los demócratas partidarios de una política más internacionalista. Curiosamente, los demócratas norteamericanos, más próximos siempre a la clase trabajadora, se han dejado arrebatar el discurso de los conservadores republicanos que han vuelto a posturas tradicionalistas olvidándose de que los padres de la criatura fueron precisamente Ronald Reagan y Margaret Thatcher, los propulsores del neoliberalismo y la globalización.


Todas estas paradojas se resuelven en la idea de antimodernidad que está desarrollándose o de neo tradicionalismo. Todo el debate sobre la "posverdad" y su uso de las emociones no es más que el abuso de la religión y del nacionalismo para hacerse con el poder.  Es volver a sistemas en los que se ve a la Ciencia como enemiga de los hombres porque va contra Dios y sus designios.
Erdogan pide a sus seguidores islamistas que tengan hijos siguiendo la voluntad de Dios; Al-Sisi, en Egipto, celebra el aumento de la población en un millón de personas cada seis meses, aunque no tenga para alimentar ni la mitad de las actuales. Los dos se han acercado a Putin y alejado de los Estados Unidos. Putin no les recrimina el incumplimiento de la perversa doctrina de los Derechos Humanos, un "invento occidental" disfrazado de "universalismo", en fin, una forma de acabar con sus tradiciones culturales. Por todas parten surge el mesianismo nacionalista y se visitan santuarios a depositar flores respetuosamente y decir oraciones por los viejos héroes. ¿A quién no le gusta escuchar que su pueblo es el más querido por Dios, sea este el que sea? Los demás son enemigos que intentan apearnos de la Historia. Marine LePen habla bajo la espada de una Juana de Arco dispuesta a defender a la Santa Francia de las invasiones extranjeras mientras su padre, el viejo Jean-Marie, celebra la existencia de epidemias de ébola como forma de limitar la inmigración que amenaza con llenar las calles y plazas de desplazados de las guerras del continente más olvidado.


La Ciencia es también un invento perverso que trata de limitar la producción de los países y hacer que los malvados chinos se apoderen del mundo. De nuevo el "peligro amarillo" vuelve a estar de moda. Ya lo decía el supremacista blanco, antiguo miembro del KKK: Rusia será el freno, como siempre fue, de las invasiones desde Oriente, nos dice.
Como potencia ascendente durante el periodo de la globalización, China pasa a ser el objetivo contra el que claman todos. Los libros en los estantes, las páginas de las revistas, etc. explican cómo los chinos se han "quedado" con nuestros puestos de trabajo. Trump ya ha amenazado diciendo que las empresas que salgan al exterior verán "consecuencias"; no ha explicado cómo, pero pronto lo hará. Acabaremos todos boicoteándonos unos a otros en el nombre de Dios y la Patria.
Una política retrógrada difícilmente podrá sacar a los países del atraso. Los efectos del nacionalismo y del fanatismo religioso los podemos comprobar en Oriente Medio y en Europa. El ascenso de partidos ultranacionalistas populistas, llevados por ideas religiosas excluyentes, xenofóbicos, etc. no es el mejor camino para avanzar en Europa. El fanatismo del Estado Islámico es otra muestra de hasta dónde se puede llegar. No se combate al Estado Islámico con nuevas formas de tradicionalismo religioso y nacionalismo, sino con educación, con ciencia y con democracia, lo valores contrarios a los que están en alza.


La admiración por las figuras autoritarias crece. Deshacerse de los enemigos, manipular los medios, etc. todo forma parte de este nuevo universo autoritario en el que los líderes presumen de ello y son aclamados, admirados por la gente dentro y fuera de sus países. Hay interés en volver al personalismo carismático. Y eso la Historia enseña que no es bueno. No hacen falta guías, sino personas capaces de despertar las responsabilidades de la gente, sus compromiso y su esfuerzo para el bien común. Hay que volver al ideal kantiano ilustrado de autonomía personal y de responsabilidad colectiva. Las masas con un líder carismático son un recuerdo peligroso.
Es bastante preocupante el retroceso de las ideas democráticas que deben ser recuperadas junto con las de solidaridad. Se necesita una nueva Ilustración —democrática, solidaria, igualitaria, con fe en el progreso científico...— frente al nuevo fanatismo emocional que se está desplegando gracias a las frustraciones por la mala gestión de la globalización económica. El futuro que se abre es muy oscuro. 
Hay que aprender de los errores, no recuperar los viejos. Sin embargo...


* "Extremists Turn to a Leader to Protect Western Values: Vladimir Putin" The New York Times 3/12/2016 http://www.nytimes.com/2016/12/03/world/americas/alt-right-vladimir-putin.html

** "Le Pen Party Taps Russian Banks to Fund 2017 Election Campaign" Bloomberg 19/02/2016  https://www.bloomberg.com/news/articles/2016-02-19/le-pen-party-taps-russian-banks-to-fund-2017-election-campaign




sábado, 3 de diciembre de 2016

La post verdad o Su Mentirosa Majestad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Desde que Donald Trump se decidió a participar en la campaña presidencial hay una palabra que aparece en los medios norteamericanos con frecuencia, "post-truth", la post-verdad. Puede que el único beneficio que el mundo saque de esta elección sea la gran cantidad de reflexiones sobre la política en particular (y la condición humana en general) que está produciendo. Cuando la necesidad aprieta, empiezan a verse los fundamentos olvidados.
Si la cuestión de la "verdad" tiene una serie de consideraciones desde la lógica, el conocimiento, etc., que se han tratado de desentrañar, desde la política la dimensión adquiere una serie de características específicas. En las sociedades democráticas, la verdad de lo que se dice es importante porque se entiende que es lo que determina la opinión que finalmente decidirá la elección. Un candidato mentiroso en un palo en la rueda. Puede ser elegido, pero hace comprender que el sistema falla.
Las mentiras de una campaña electoral pueden agruparse en dos grandes bloques: las mentiras sobre lo ya sucedido, es decir, sobre los "hechos" y las mentiras de las "promesas" que no se pueden cumplir o no hay intención de cumplirlas. Los dos tipos de mentiras son los ejes de la campaña, cuyo fin es hacer llegara al electorado una combinación de "hechos" y "promesas".

Las falsedades dichas por boca de Trump o esparcidas por sus seguidores o acólitos han sido sacadas a la luz una y otra vez. Sus afirmaciones sobre si el presidente Obama no era norteamericano de nacimiento o sobre el papel de China en el cambio climático entran de lleno en las mentiras de hechos. Para estas se han desarrollado equipos e instituciones para el "fact checking", es decir, la comprobación la verdad de lo que cada candidato afirma en la campaña. Las promesas son más complicadas a menos que se demuestre que son incumplibles, algo que no es sencillo en ocasiones. En cualquier caso, al final del mandato se suele recoger la información sobre el cumplimiento de las promesas hechas en campaña. Estos dos elementos son necesarios en una democracia para primero tomar las decisiones sobre el voto y posteriormente, al final de la legislatura, comprobar si el elegido ha hecho aquello por lo que fue elegido fiándose de su palabra.
Con Donald Trump, todo esto se complica. ¿Qué pensar de un candidato que ha mentido en una gran cantidad de cosas y que, a pesar de ello, ha sido elegido? Me he contenido de escribir "por ello" y he preferido "a pesar de ello" pues mi fe en la naturaleza humana prefiere vernos como crédulos antes que como malvados. Y aun así, no me salen las cuentas. Trump ha hecho manifestaciones "racistas", "xenófobas", "machistas", contra la libertad de creencia, de expresión, etc. Ha exhibido su dinero, su mal gusto y su ignorancia, Pero pese a todo ello, ha sido elegido. Está bien que la gente establezca hipótesis sobre cómo es posible lo que ha ocurrido para tratar de evitar que vuelva a ocurrir.
La consideración del trumpismo como el reino de la post verdad lleva a la necesidad de reflexionar, analizar, sobre el fenómeno. Los comentaristas han entendido que es necesario intentar explicar esta extraña interacción entre un demagogo y sus seguidores. The Washington Post dedica varios artículos diarios a intentar comprenderlo.


La columnista de política nacional Ruth Marcus escribe un artículo titulado " Welcome to the post-truth presidency" en el que trata de encontrar algunas respuestas o, al menos, caminos por los que transitar ante este nuevo espacio de la política:

Welcome to — brace yourself for — the post-truth presidency.
“Facts are stubborn things,” said John Adams in 1770, defending British soldiers accused in the Boston Massacre, “and whatever may be our wishes, our inclinations, or the dictates of our passion, they cannot alter the state of facts and evidence.”
Or so we thought, until we elected to the presidency a man consistently heedless of truth and impervious to fact-checking.
Oxford Dictionaries last month selected post-truth — “relating to or denoting circumstances in which objective facts are less influential in shaping public opinion than appeals to emotion and personal belief” — as the international word of the year, and for good reason.
The practice of post-truth — untrue assertion piled on untrue assertion — helped get Donald Trump to the White House. The more untruths he told, the more supporters rewarded him for, as they saw it, telling it like it is.
As Politico’s Susan Glasser wrote in a sobering assessment of election coverage for the Brookings Institution, “Even fact-checking perhaps the most untruthful candidate of our lifetime didn’t work; the more news outlets did it, the less the facts resonated.”
Indeed, Hannah Arendt, writing in 1967, presciently explained the basis for this phenomenon: “Since the liar is free to fashion his ‘facts’ to fit the profit and pleasure, or even the mere expectations, of his audience, the chances are that he will be more persuasive than the truth teller.”
So there is no reason to think Trump is about to suddenly truth-up. Indeed, all signs are to the contrary — most glaringly Trump’s chockfull-of-lies tweet that “I won the popular vote if you deduct the millions of people who voted illegally.”*


Lo preocupante, coincidimos con la articulista, es la aceptación de la mentira. Por supuesto, quien la acepta no la acepta como "mentira" sino como una forma del deseo que acaba satisfaciendo los requisitos de aceptación. Creo que es esencial la diferencia entre "mentira" y "promesa" porque cada una de ellas ofrece una dimensión distinta, es decir, satisfacen una parte diferente de la psique del que las acepta.
Quizá ya no vivimos en un mundo de hechos, sino de representaciones sobre representaciones, es decir, ese mundo en el que el parecer es esencial. En un mundo de hechos, nos definimos por nuestras acciones y estas son verificadas. En un mundo de discursos, podemos decir aquellos que otros desean escuchar y desean ver cumplido. Solo debe ser verosímil. Los votantes de Trump deseaban que eso fuera verdad: deseaban que Obama fuera un musulmán infiltrado en la Casa Blanca, deseaban que el padre del senador Ted Cruz hubiera participado en el asesinato de John F. Kennedy, deseaban que el cambio climático fuera una invención de China para frenar su desarrollo. Deseaban al hombre y sus promesas. Y el hombre, Trump, les preparaba el camino para la aceptación final de la gran promesa que casa con su versión de los hechos, es decir, con las mentiras contadas.
En un mundo convertido en espacio de medios, discursos y lectores, estos últimos son coautores del texto que se les propone. No se trata de convencerlos de nada sino de encontrar de qué están ya convencidos. Y repetirlo para que se unan al coro.


Unos comprueban lo dicho con los hechos; en el caso de Trump es al contrario, se comprueba que las mentiras son coherentes con la promesa final: la solución de todos los problemas que han generado la frustración que han llevado a aceptar al demagogo. No se trata del hecho, de lo que es, sino de lo que queremos que sea. No vivimos en el positivismo del siglo XIX, sino el XXI, el siglo de los discursos mediados. La verdad no es racional o empírica, es repetitiva. Es el poder de los medios: el poder de la gota de agua horadando la piedra. Trump ha recogido la antología de la paranoia reinante y ha lanzado una edición multitudinaria.
Un segundo artículo de The Washington Post sigue la indagación. Esta vez está escrito por Margareth Sullivan y se titula "The post-truth world of the Trump administration is scarier than you think"**. En su comienzo, escribe:

You may think you are prepared for a post-truth world, in which political appeals to emotion count for more than statements of verifiable fact.
But now it’s time to cross another bridge — into a world without facts. Or, more precisely, where facts do not matter a whit.
On live radio Wednesday morning, Scottie Nell Hughes sounded breezy as she drove a stake into the heart of knowable reality:
“There’s no such thing, unfortunately, anymore, of facts,” she declared on “The Diane Rehm Show” on Wednesday.
Hughes, a frequent surrogate for President-elect Donald Trump and a paid commentator for CNN during the campaign, kept on defending that assertion at length, though not with much clarity of expression. Rehm had pressed her about Trump’s recent evidence-free assertion on Twitter that he, not Hillary Clinton, would have won the popular vote if millions of immigrants had not voted illegally.
 (The apparent gen­esis of Trump’s claim was Infowars.com, a site that traffics in conspiracy theories and is run by Alex Jones, who says the 2012 massacre of 20 schoolchildren in Newtown, Conn., was a government-sponsored hoax.)
What matters now, Hughes argued, is not whether his fraud claim is true. No, what matters is who believes it.**


La libertad de expresión es una gran libertad, pero no asegura que cualquier cosa que se diga sea cierta. Es más, muchos consideran que lo que no puede ser probado que es falso es lo mismo que el que sea verdadero. Evidentemente no lo es, pero hay muchos interesados en que así sea, pues les abre el camino hacia la falsedad "improbable". Si yo no puedo demostrar que la masacre de los 20 niños no fue una conspiración del gobierno, para ciertas personas lo convierte en verdad como si pudiera ser probada. Los medios (no solo los norteamericanos) han jugado con estas diferencias nada sutiles pero sí muy rentables, pues es más barato decir que alguien dice que la masacre ha sido una conspiración que intentar confirmarlo antes de anunciarlo. Si se le recrimina al medio por decir que está esparciendo falsedades, el medio se defiende diciendo que él "no dice que eso sea verdad" sino que "dice que hay alguien que lo dice", lo cual es cierto. Esto eleva el mero sensacionalismo, las mentiras infundadas, al plano de las disquisiciones semánticas. Si son denunciados, los jueces dictaminarán que no es delito decir que otros dicen.


De esta forma es como Donald Trump se ha ahorrado millones y millones de dólares en publicidad de sus mentiras, repitiendo viejas mentiras e insinuaciones, etc. que le han dado un fantástico resultado: el que quiere creerlas le da igual la fuente, no entra en sutilezas.
La mentira no se acaba de inventar. No es el primer político que miente, pero quizá sí el primero a cuyos votantes tampoco les preocupa que lo haga. Eso es lo que está desconcertado a todo el mundo. Los analistas repiten eso de los hechos sagrados, etc. pero ya no estamos en el mundo que acepta los hechos, que son referencias, a referencia, a referencias... si es necesario. No le han votado porque le crean, sino porque quieren creerle. Satisface sus necesidades y si les hace sus sueños realidad mejor. El deseo no es racional, no entiende de leyes, enmiendas constitucionales, garantías, etc. Solo entiende de lo que quiere y de cómo conseguirlo. Trump es el que promete satisfacer el deseo futuro y el que libera los traumas del pasado dándoles sentido acorde a sus deseos. Como en un sueño, los que se oponen se transforman en los diablos comunes: Obama en musulmán, Ted Cruz en hijo de un conspirador cubano, Hillary Clinton en una delincuente... A todos ellos les gusta escucharlo. Dan salida a su rabia.
Todos hablan de lo emocional. Es lo que están haciendo los populistas de todo el mundo: crean o escogen enemigos y dirigen las frustraciones comunes hacia ellos. Lo hace Marine LePen; lo han hecho los británicos del Brexit. Y la cuenta crece.
Cuando terminó la campaña británica, se produjo el despertar del sueño, plácido para unos pesadilla para otros. Las mentiras han ido saliendo a la luz y probablemente haya más todavía por salir. Como se ha filtrado, Theresa May no logra realizar un plan de salida posible, probablemente porque todos sean presumiblemente malos vistos objetivamente. Pero se convenció a la gente de que Europa era un freno a la grandeza de Gran Bretaña, como se ha convencido a los norteamericanos que la culpa la tiene Europa, la OTAN, los musulmanes, los hispanos, los liberales, etc.


Lo malo es que no todas las promesas son imposibles. Lo que está haciendo antes de llegar a la Casa Blanca ya empieza a preocupar, dentro y fuera, a muchos. Los políticos honestos en tiempos duro prometían "sangre sudor y lágrimas", sacrificios. Trump no es un político y presume de nos serlo (otro juego de paradojas). No tenía nada que perder y ha llevado su estrategia hasta el final. Ahora necesita algunos hechos entre sus promesas.


Para los medios y las personas que los leen con sentido de la realidad la afirmación en un tuit de Trump sobre millones de votos ilegales como respuesta a la petición de recuento de votos en tres estados en los que ganó por poca diferencia ha sido traumática. Decir que se ha producido un fraude de millones de votos y que él es el ganador del voto popular ha mostrado el peligro de alguien cuyo objetivo era la Casa Blanca, pero ahora tiene en sus manos decisiones que afecta al mundo. ¿Mentirá siempre que algo no le guste? Si la cosa funciona...
Muchos están escandalizados por esta reacción de Trump, pero para esas personas que solo buscan que lo dicho cuadre con sus esquemas mentales, es una "verdad" aceptada. ¿Qué otra cosa se podía esperar de los seguidores de Clinton? Todo les encaja.


Algunos comentaristas echan las culpas a los deconstruccionistas, a Derrida, a Foucault, etc. responsabilizándolos por haber complicado la determinación de los "hechos", pero esto es como echarle la culpa a Alfred Einstein del relativismo moral. Muchos confundieron la relatividad con el relativismo, pero eso no era culpa de Einstein. 
Trump pertenece a otra escuela más vieja; no le interesa conocer el poder tras las palabras, sino usar las palabras para conseguir el poder. La post verdad se funda más en el papel de la emociones y las contradicciones constantes del ser humano. Trump las utiliza como las usan hoy los vendedores después de haber abandonado al racional "homo economicus". No estudiemos la razón; estudiemos los miedos, las frustraciones, las envidias, etc. Sepamos cómo utilizarlos, dicen. Y han aprendido bien teniendo en cuenta los resultados. Sus gurús llevan años dentro de las redes sociales comprendiendo cómo se mueven, cómo se multiplican los efectos entre los adictos a las mentiras paranoides. Cuanto más irracional es la oferta, más firme es la adhesión.
Que la palabra "post verdad" (o la "posverdad", como recomiendan los expertos en palabras) haya sido designada como la estrella del año por el Oxford Dictionary es bastante preocupante, pero también interesante. Significa, al menos, que hay alguien que se preocupa por dejar a la vista el tinglado. Las nuevas formas de engaño nos seducen con mejor aparato teórico detrás y mucha práctica. Es más, tratan de que amemos las mentiras (están hechas con todo cariño para nosotros)  y a los mentirosos que nos las hacen llegar.


* Ruth Marcus "Welcome to the post-truth presidency" The Washington Post 2/12/2016 https://www.washingtonpost.com/opinions/welcome-to-the-post-truth-presidency/2016/12/02/baaf630a-b8cd-11e6-b994-f45a208f7a73_story.html?hpid=hp_no-name_opinion-card-f%3Ahomepage%2Fstory&utm_term=.3c10ffe3f463
** Margareth Sullivan "The post-truth world of the Trump administration is scarier than you think" The Washington Post 3/12/2016 https://www.washingtonpost.com/lifestyle/style/the-post-truth-world-of-the-trump-administration-is-scarier-than-you-think/2016/12/02/ebda952a-b897-11e6-b994-f45a208f7a73_story.html?hpid=hp_hp-top-table-main_sullivan-345pm%3Ahomepage%2Fstory&utm_term=.ac6a9e300009





viernes, 2 de diciembre de 2016

Palabras, palabras y más palabras o lost in translation

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En el parlamento egipcio andan bastante revueltos con el informe presentado en Londres hace unos días por Foreign Affairs Committee, de la Casa de los Comunes británica, con el título "‘Political Islam’, and the Muslim Brotherhood Review"*. Como es característico, el Comité ha reunido información, se ha entrevistado con personas, ha escuchado a expertos, etc. antes de sacar a la luz el informe final en el que da cuenta de sus pesquisas, describe el proceso y saca algunas conclusiones y recomendaciones cuyos destinatarios son las autoridades y el parlamento mismo.
En Egipto, como era previsible, no ha gustado nada el resultado del informe. Digo "previsible" porque hace mucho que la visión de Egipto no se corresponde con las interpretaciones del resto del mundo en una gran cantidad de puntos. Pero la culpa de esto la tiene el propio gobierno y parlamento egipcio cuando dicen o hacen cosas que muchos otros no consideran correctas. Entonces reivindican el derecho a hacer lo que quieran, que para eso son egipcios. Pues eso tiene consecuencias finales en las discrepancias sobre el sentido de las cosas y de las palabras dichas.
En los últimos años se produce un trasiego constante de parlamentarios egipcios intentando explicar al mundo que las cosas no son lo que parecen o que lo que dicen debe ser interpretado de otra forma diferente a como se interpretan habitualmente. Así ocurrió con Italia, con el caso de Giulio Regeni. Los italianos siguieron pensando lo mismo. Esta vez ha tocado ir a Londres a explicarles a los parlamentarios británicos cómo deben interpretar los acontecimientos. Ahram Online nos informa:

An Egyptian delegation including 12 MPs affiliated with parliament's foreign affairs committee will visit London Sunday to exchange views with British politicians and MPs on political Islam, the Muslim Brotherhood and relations between Egypt and England.
Dahlia Youssef, head of the Egyptian-British Parliamentary Friendship Association, said in a statement Saturday that the five-day visit to London will begin on Sunday and end Thursday.
“This visit comes upon an invitation from the British House of Commons, whose two delegations visited Cairo and Sharm El-Sheikh over the last three months,” said Youssef.
Youssef also indicated that “the UK House of Commons' release of a report which defends political Islam and the Muslim Brotherhood on 7 November also makes the Egyptian parliamentary delegation's visit to London highly necessary and urgent.”
The Egyptian parliament's foreign affairs committee issued a 10-page report on 19 November in response to the UK parliament's “defence of political Islam.”
Informed sources said Egypt's report entitled “A response to the UK House of Commons Foreign Affairs Committee's report in defence of political Islam and the Muslim Brotherhood” was translated into several European languages.
“We intend to submit this report which rings alarm bells about the danger of the spread of political Islam movements like the Muslim Brotherhood across Western Europe to the European Parliament, the Inter-parliamentary Union, the UK House of Commons, the German Bundestag, and the French National Assembly,” said Youssef.
Youssef said “it is important that European politicians and MPs take a different perspective from a country which has suffered so much from political Islam and its affiliated groups – particularly the Muslim Brotherhood.”**


Evidentemente, la cuestión del "islam político" es compleja y variada en función de los escenarios en los que se presenta. El ascenso internacional del "islam político" se produce tras los atentados del 11 de septiembre en los que se empieza a distinguir el mundo islámico en una parte "fundamentalista" violenta y en otra "no violenta". El laicismo estaba representado, por un lado y de una forma extraña, por los regímenes autoritarios cuyos dictadores habían tenido un enfrentamiento con los fundamentalistas (por usar un término general que abarca muchas diferencias) a los que había reprimido fuertemente; por otro lado, existían otros laicos, con principios democráticos occidentalistas (liberales, socialistas, etc.) que también eran reprimidos por los dictadores de los países.
Los dictadores se enfrentaban tanto a los demócratas que criticaban la falta de libertades como con los fundamentalistas que les acusaban de no ser islámicos en su gobierno. Esta diferencia es esencial para poder entender lo que se produce tras la caída de los dictadores en los países que se ven envueltos en la Primavera árabe, que inicialmente es un petición de libertades de los jóvenes, que se encuentran con unos países corruptos y sin esperanza, y que son desbordados por los islamistas posteriormente.
Los grupos demócratas, a su vez, se encuentran con dos grandes carencias: organizaciones débiles, carentes de orden y contactos, y con enfrentamientos entre ellos. Los mismos dictadores los han azuzado mediante políticas maquiavélicas fomentado su desunión, desprestigiando socialmente a sus líderes y acusándolos de ser agentes de Occidente que, tras las descolonizaciones, no tiene buena prensa, un poder importante en manos de los aparatos estatales.
El fenómeno del islam político que forma también la oposición, en cambio, está organizado, está financiado y tienen respaldo desde determinados países del mundo árabe que exportan sus versiones interesadas del islam. Los que quedan aislados, pues, son los demócratas, los que quieren un modelo de sociedad abierta en la que la religión tenga un papel distinto al que preconizan los islamistas y fundamentalistas radicales.
No se le escapará a nadie que los grupos políticos islámicos no tienen nada que ver con los partidos políticos occidentales. Mientras estos últimos compiten desde ideologías distintas para conseguir el gobierno y suelen tener una constitución donde se recogen los principios aceptados por todos, los grupos islámicos compiten por la interpretación coránica, asumiendo cada uno las posiciones de mayor "pureza", es decir, de una mejor interpretación islámica. Esta "interpretación" es la que busca la mejor adecuación al mensaje inamovible, inalterable, revelado, del Corán.



El problema se plantea en la consideración "piadosa" de la política, cuyo gobernante solo obtendrá respaldo de los buenos musulmanes si no se aparta del texto coránico. La divergencia entre los más raciales y los más moderados no se plantea en términos que excedan la aplicación coránica, sino en cómo hacerla realidad. Los salafistas gritaban preguntándose "¿Para qué queremos "constitución" si tenemos el Corán?" cuando arrasaron junto a los Hermanos Musulmanes. Hicieron entonces, desde su mayoría parlamentaria absoluta, una constitución islamista que suscitó el rechazo interno e incluso el internacional al reprocharles que el texto que estaban haciendo recortaba derechos de las minorías religiosas y de las mujeres, entre otros.
El argumento del islam político es que ellos son el "freno" al islam radical. Ese es el principio por el que han crecido y obtuvieron apoyos externos de aquellos que pensaban que estando en el poder y ante la debilidad de las fuerzas democráticas laicas, bastaba con diseñar unos sistemas inicialmente democráticos que ellos respetarían e iniciarían las reformas económicas necesarias, pensando que el fundamentalismo crecía de la pobreza y la corrupción de los regímenes autoritarios. Pero el fundamentalismo no nace desde abajo, sino desde unas élites que manipulan y dirigen para conseguir el poder. Ha sido el abandono en que el pueblo ha estado sumido el que ha permitido el desarrollo del islamismo; son ellos los que han canalizado la frustración ante el fracaso de los regímenes que empezaron las descolonizaciones siendo socialistas, como el nasserismo, para acabar siendo dictaduras en las que unos pocos hacen negocios gracias a las políticas de sobornos y clientelismo.
Del informe británico que tanto ha inquietado a los parlamentarios egipcios, surgen muchas dudas hacia el futuro. A los egipcios les preocupa mucho que no se considere "organización terrorista" a los Hermanos Musulmanes y que se escuchen sus lamentos por haber sido desplazados del poder al que habían sido llevados "democráticamente". Para ellos la coletilla "democráticamente" es esencial porque siguen reivindicando la legitimidad de Morsi y aíslan de esa manera al presidente al-Sisi, que queda convertido en dictador.


El caso del actual régimen egipcio es parecido al de los Hermanos Musulmanes: se proclaman "demócratas" pero no actúan como tales. Si Morsi hubiera gobernado para todos, hubiera hecho una constitución plural y democrática, no habría acabado como acabó. Igualmente, si el presidente Abdel Fattah al-Sisi hubiese seguido realmente la "hoja de ruta" hacia la democracia tampoco habría sobre el gobierno egipcio las críticas que hay actualmente. El gran problema es que intentan llevar adelante las democracias personas que creen realmente en ella, por lo que difícilmente habrá algún día una situación que permita a los egipcios una convivencia real.
Morsi, que fue elegido democráticamente, fabricó con su mayoría absoluta con los salafistas (70% del parlamento) una constitución que dejaba fuera a todo el mundo e imponía un régimen que hacía parecer liberal a los treinta años de gobierno de Mubarak con la Ley de Excepción en la mano. Por el contrario, el régimen salido del golpe elaboró unas enmiendas a la constitución islamista que la convertían en una constitución para todos y bastante aceptable. El problema ahora es que se incumple sistemáticamente con otra ley, la "antiprotestas", y con interpretaciones ultraconservadoras con las que se encarcelan a miles de personas (se han tenido que crear más cárceles). Los efectos de una mala constitución y de una constitución que se incumple pueden llegar a ser muy similares si acabas en la cárcel por lo mismo.
Solo así se puede explicar el sentido de un titular como el de Mada Masr: "Members of Parliament go against constitution to preserve ‘public decency’". Señalan en el artículo:

“If the penalty of incarceration in cases of indecency contradicts the constitution, then the constitution is flawed.” This is how member of Parliament Abul Maaty Mostafa justifies his vote against amending the penalties for indecency in Egypt’s Penal Code during a session on Monday.
The majority of the parliamentary committee for constitutional and legislative affairs voted in line with Mostafa, maintaining the provisions which outline imprisonment as a potential punishment in publishing cases involving indecency, despite the fact this contradicts parts of the constitution.
Article 71 of the 2014 Constitution stipulates: “No custodial sentences may be imposed for crimes committed in publishing or publicity. As for crimes relating to inciting violence, discrimination between citizens or the defamation of individuals, penalties shall be determined by the law.”
Similarly Article 67 outlines: “It is not permitted to raise or file lawsuits to stop or confiscate literary, intellectual or artistic work, or against their creators, except through the public prosecution. No custodial sentences may be imposed for crimes committed by the public display of literary, intellectual or artistic work.” Both articles emphasize that the law shall determine the penalties for crimes pertaining to the incitement of violence, discrimination between citizens or the defamation of individuals.
Monday also saw Mostafa stoke controversy when he described the literary works of Egyptian Nobel laureate Naguib Mahfouz as being “indecent.” He added that if he were still alive today, Mahfouz should be imprisoned.
He stands by his comments, stating during a follow-up interview: “I think that Naguib Mahfouz is a great author, but an indecent one.”***


El despropósito es absoluto. Y algo peor: revela una mentalidad totalitaria repartida por las distintas facciones políticas del espectro. Los mismos que criticaban a los Hermanos Musulmanes y no podían tolerar sus intromisiones, ahora realizan las mismas prácticas de ataques y censuras. Es triste y sorprendente, pero es así. La elección del premio Nobel de Literatura egipcio, Naguib Mahfuz, que fue víctima de atentados islamistas es reveladora. No tiene sitio ni entre unos ni entre otros. Demasiado libre para muchos que disfrutan del ejercicio de la sumisión a lo que les dicen unos y otros. El odio contra Mahfuz no cesa y si pudieran (no es que no lo hayan intentado) quemarían libros y películas hasta hacerle desaparecer de la memoria colectiva. Afortunadamente para otros muchos es una enseña de la libertad posible.

Esto nos demuestra el aislamiento de los liberales, laicos, demócratas, etc. en un universo en el que el ultraconservadurismo sigue avanzando disfrazado de decencia y piedad, de orden social frente a la tendencia al caos que se presume si se modifica algo. Es, como decíamos antes, parte de la competición por ver quién está más cerca de Dios y de una visión "elegida" del pueblo egipcio, dotada de una moral sagrada que revela su inmensa piedad, su unicidad frente a otros.
La constitución que los egipcios se dieron tras modificarla eliminando los elementos más islamistas que habían establecido los Hermanos y salafistas, era una constitución para poner orden social, no para imponer disciplina, lo que explica que se la ignore, pisotee y se desprecie, como señala el arrogante diputado que ya piensa en imponer el paraíso en la mejor tradición salafista. "Si la constitución va contra la decencia está equivocada", dice el iluminado. Por supuesto, la constitución la hacen seres humanos mientras que las normas de la decencia viene insufladas en el alma de cada egipcio honesto, comme il faut. Los piadosos ciudadanos que corren a los juzgados a contar cómo se sienten sin respiración, faltos de aire, cardíacos, etc. por leer una página de una revista o ver unos segundos de vídeo son personajes dignos de Moliere, que persiguen a los que quieren expresar sus ideas o epidermis. La denuncia es una proclama de su piedad al mundo entero.


En esa simple frase se muestra en toda su trágica claridad la inestabilidad, los conflictos, enfrentamientos, represiones, etc. que se padece durante décadas: "yo soy (el depositario de) la verdad". Los demás deben ser eliminados o encerrados como herejes, blasfemos, traidores, etc. En realidad, el régimen de al-Sisi solo ha cambiado de orden predicadora. Como los islamistas, el régimen mantiene un doble lenguaje que se traduce en palabras reformistas y acciones integristas. Incluso la unificación de los sermones de los viernes, que se presenta como una acción contra los fundamentalistas, es una acción autroritaria; no es más que obligar a la gente a escuchar lo que el gobierno quiere que escuche. Se dice que se trata de evitar la unión de la religión y la política y luego se hacen los sermones desde el ministerio. Se dicen unas cosas y se hacen las contrarias, eso es lo que une a islamistas y el régimen actual. Y eso es revelador, pero muy triste porque deja posibilidades a un futuro que puede ser creado por personas que se han acostumbrado a hacer lo contrario de lo que dice o, si se prefiere, a decir cualquier cosa con tal de poder hacer lo que quieren, que se ajustaría más a la realidad del problema.
De todas las cuestiones que se plantean en el informe, las críticas a los islamistas y al gobierno actual (que también se incluyen), la que me ha llamado la atención (no por la novedad) sino por lo que significa puesta en un informe es la que se recoge en el apartado titulado "Transparency of messaging: Arabic and English". En ella se dice:

15. In terms of their messaging, we have seen evidence that some political Islamist groups vary their message to different audiences and, in particular, that they vary content depending on whether the message is in English or Arabic. This is hardly a trait confined to political Islamists alone. But, in some communications, particularly from the Muslim Brotherhood, the English and Arabic messages have proved contradictory. (Paragraph 60)
16. In future, the FCO should take account of this in its dealings with, and analysis of, the Muslim Brotherhood’s communications in different languages in order to assess the sincerity of their public statements. (Paragraph 60)
17. Some statements by the Muslim Brotherhood to us in English gave the impression of reluctance to offer a straight answer to questions, or of playing defensive rhetorical games with fundamental rights. (Paragraph 62)
18. The FCO is correct to judge these groups on the basis of both their words and their actions. The FCO must be provided with sufficient resources to maintain the capabilities—particularly in linguistics training and translation—that are necessary to identify when the messaging of political-Islamist groups diverges between different languages. (Paragraph 62)*


No sé si alguno de los que esto leen recuerda un caso similar en el informe de un comité parlamentario. A Orwell le hubiera encantado. Las preguntas que surgen son si se trata de problemas de traducción o sencillamente forman parte del juego político mentir sistemáticamente sobre las intenciones declaración tras declaración.
Recordemos que el propio comité del parlamento británico ha recibido a dirigentes de los Hermanos Musulmanes para estudiar qué son realmente. ¿Son fiables? A los islamistas (como algunos otros) solo se les puede juzgar por sus objetivos reales no por las declaraciones de cómo van a llegar. Morsi captó millones de votos porque muchos creyeron de buena fe que un candidato militar era volver a la dictadura y que había que dar un margen de confianza a los que siempre habían sido oposición y se manifestaban dispuestos a trabajar por todo Egipto. Cuando se vieron con los votos en las urnas, la cosa cambió radicalmente y empezaron los incidentes sectarios, las censuras, los acosos a las personas, etc. La comunidad internacional se lo dijo, le advirtió que no se podía gobernar de esa manera. No sirvió de nada porque cuando un islamista llega al poder y se siente seguro (justificadamente o no) empieza a actuar para cumplir sus objetivos. El ejemplo más claro, fuera de Egipto, lo tenemos en Recep Tayyip Erdogan y en lo ingenuamente llaman su "deriva autoritaria". Erdogan era y es el principal apoyo de Mohamed Morsi y los Hermanos a los tiene recogidos en Turquía.
La constitución egipcia no está "equivocada". Sencillamente los que quieren seguir controlando la vida de los egipcios utilizan la fuerza de la religión para justificar que eliminan a los que quieren tener vidas más libres, sin vigilancia constante, poder pensar por ellos mismos y no tener que dar explicaciones sobre todo lo que hacen a una "comunidad" que se considera depositaria de verdades universales y eternas.
Sin voluntad de convivencia, sin poder sentarse a debatir un futuro en paz para los egipcios, difícilmente se conseguirá nada que no sea llenar cárceles y comisarías, tener violencia en las calles, hacer desaparecer personas.
De muy poco servirán los viajes a explicar lo malos que son los otros si no se predica con el ejemplo. Que los islamistas mientan está mal; que se ataquen las libertades que la propia constitución egipcia proclama también. Todos proclaman ser absolutamente mejores que los otros, pero solo lo son en términos relativos. Ante esta ausencia de sinceridad, los apoyos exteriores son siempre cautelosos e interesados.
El 27 de agosto de 2013, en pleno conflicto en las calles, la BBC titulaba "Egypt's Muslim Brotherhood under fire over tailored language" y señalaba lo mismo que ahora recoge el informa del Comité del parlamento británico:

A duality in the language used by the Muslim Brotherhood in English and Arabic has emerged as the crisis between the Egyptian government and Muslim Brotherhood continues.
Egyptian media commentators have been increasingly critical of the Muslim Brotherhood's use of double-speak - using a particular language and themes when addressing English-language audiences that starkly contrast with the message they have delivered in Arabic to their supporters.
Peace v 'million martyrs'
When addressing international audiences, the key themes in the Muslim Brotherhood discourse have consistently been that of liberty, democracy and legitimacy. A narrative of victimhood is invoked against the might of the Egyptian army and police. In contrast, the language used by the group's leaders when addressing its supporters in Arabic is laden with emotional Islamist rhetoric, including references to martyrdom and violence.****


Se podrían multiplicar los ejemplos. No sé cuantas veces tienen que ocurrir las cosas para que se comprendan medianamente. Quizá muchas y el olvido haga que la misma piedra se nos ponga en el camino una y otra vez. La cuestión está en saber si ese doblez en el lenguaje es exclusivo de los islamistas o es simplemente la táctica retórica que utilizan todos para conseguir lo que quieren. Por lo que vamos viendo es muy difícil que alguien se escape de esta práctica. 


* "‘Political Islam’, and the Muslim Brotherhood Review" House of Commons
Foreign Affairs Committee - Sixth Report of Session 2016–17. Ordered by the House of Commons to be printed 1 November 2016 http://www.publications.parliament.uk/pa/cm201617/cmselect/cmfaff/118/118.pdf
** "Egypt parliamentary delegation to visit London Sunday to warn against 'political Islam'" Ahram Online 26/11/2016 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/250807/Egypt/Politics-/Egypt-parliamentary-delegation-to-visit-London-Sun.aspx
*** "Members of Parliament go against constitution to preserve ‘public decency’" Mada Masr 30/11/2016 

jueves, 1 de diciembre de 2016

El trol jefe

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La futura presidencia norteamericana será una continuación de lo ocurrido en las primarias republicanas y la posterior campaña. No parece que se vaya a cerrar el modelo instaurado por Trump de la provocación y la reacción. La diplomacia o la mesura son estrategias que buscan el apaciguamiento, la relajación de la tensión, mientras que Donald Trump necesita de un clima diferente: el de la crispación. Y se consigue con la provocación constante que hace levantar las voces. Esta reacción refuerza su unión con los que le siguen.
La desesperación expresada desde los medios por su incapacidad de entender el sentido de la constitución norteamericana en cada uno de sus puntos continúa. Donald Trump ha manifestado en repetidas ocasiones (y le funciona) comentarios e ideas que han hecho llevarse las manos a la cabeza, esbozar sonrisas, etc. a los juristas o a las personas medianamente formadas. Pero Trump no se dirige a ellas ni emplea su lógica. La posición que busca es otra.
El editorial de The New York Times, titulado Mr. Trump, Meet the Constitution" parte de ese principio de la ignorancia:

When Donald Trump, hand on the Bible on Jan. 20, swears to preserve, protect and defend the Constitution of the United States, we the people will have good reason to doubt he knows what he’s talking about. Consider what he tweeted out on Tuesday:
“Nobody should be allowed to burn the American flag - if they do, there must be consequences - perhaps loss of citizenship or year in jail!”*

No seré yo quien niegue que Donald Trump sea un ignorante, pero creo que ya hay casos suficientes como para ver cuál es su estrategia o el patrón que se revela en sus actuaciones. Sabiendo que tiene a la mayoría de los medios en su contra, su pretensión es poner en contra de ellos a los ciudadanos. El tuit anterior es un ejemplo de ello.


El diario hace una exposición razonada de cómo "quemar una bandera" está amparado por la primera enmienda. Señala el editorialista "Here’s where we explain what shouldn’t need explaining. Flag-burning is constitutionally protected speech." Pero no es eso lo que le importa a Trump, sino obligar a que sus oponente se encuentren defendiendo "causas impopulares". Defender a los que queman las banderas de su propio país es un ejercicio mental que lleva a considerar lo racional por encima de lo emocional, como lo es oponerse la pena de muerte para un asesino en serie o un terrorista. Es un ejercicio intelectual que es lo opuesto a lo que Trump busca proponer.
Con casos como este o como la expulsión de personas por su religión, Donald Trump se ha limitado a dar voz a lo que muchas personas, que no hacen esa abstracción necesaria, desean. La aparición de Trump ha puesto de manifiesto que la constitución americana, por ejemplo, con sus valores y equilibrios, con sus principios jurídicos, etc. está por debajo de las formas intuitivas con las que mucha gente encuadra a su propio país.
La América de la Constitución representa una forma de pensamiento y de identificación diferente a la que Trump encarna y a la que apela. La bandera representa a los Estados Unidos, la Constitución, en cambio, le da sentido. La bandera es emocional; la constitución es racional. Estamos asistiendo al ascenso de los valores emocionales frente a los racionales. Lo inteligente es evitar la disolución del vínculo, es decir, que lo emocional surja precisamente al lado de lo racional. Es la diferencia entre el amor a la patria (emocional) y el estar orgulloso (racionalmente) de tu país por lo que hace (que implica por dejar de estarlo). El primero se basa en lo puramente emocional, acrítico, mientras que el segundo centra el orgullo en los valores que el país representa a través, entre otras cosas, de su constitución, que es contrato de convivencia. La ceguera emocional nacionalista disculpa los excesos, justifica todo en ese "amor" patriotero. La idea de "hacer a América grande nuevo" no explica demasiado; apela a un sentimiento y después señala con el dedo a los enemigos: los inmigrantes, la globalización, los tratados, etc. Y eso es lo único que necesita porque no tiene que explicar, solo señalar. Eso es lo que ha hecho Trump con su tuit, señalar. Ha encontrado en su caza un nuevo objetivo: los quemadores de banderas. Se suman a los inmigrantes, a los de otras religiones, etc., igualmente señalados.


Con estas acciones, Donald Trump no pretende tener la razón, sino tener a más personas a su lado manteniendo el vínculo que les identifica como "neoamericanos", como americanos emocionales surgidos del populismo nacionalista que Trump ha unificado. Necesita mantener abiertos los canales y hacer circular por ellos este tipo de mensajes con la doble función de alimentar a sus seguidores y de mantener la brecha con los medios que le atacan, verdadera fuerza de Trump. De esta forma redirige las iras hacia los medios que le critican. Sus seguidores se mantienen activos en la idea de que su ira es necesaria contra los "falsos americanos", es decir, los que sostienen posturas contrarias a ellos y defienden a inmigrantes, musulmanes (de cualquier religión no "cristiana"), minorías étnicas, delincuentes, etc.
El editorial se cierra con una serie de observaciones sobre su propia actitud ante el futuro presidente, pero también señalando el papel que este está jugando:

But we don’t have the luxury of merely mocking someone who is now as powerful as Mr. Trump. Before you tune him out, remember what the right-wing propaganda site Breitbart was celebrating on Tuesday — that Mr. Trump’s social-media presence allows him to get his message to millions, bypassing “corporate media.” He has more than 16 million Twitter followers. With Twitter, Facebook and Instagram, he can feed lies and ignorance directly to 36 million people.
He tweets, he posts, he incites. He trolls. He commands a global platform and will soon be America’s commander in chief. But it has to be said, and said again: This is not normal. It demeans the presidency.*


Combatir a Trump requiere de nuevas estrategias que anulen los elementos emocionales. No será fácil. Tiene razón el diario en la cuestión final, la degradación de la presidencia. La presidencia es un elemento más de la racionalidad que Trump necesita convertir en emocional. Eso es lo que The New York Times ha percibido. Pero si la estrategia sigue en la misma dirección, Trump —del que siempre se esperaba tras cada victoria se racionalizara y equilibrara— no hará tal cosa nunca. Y eso es lo que muestran sus conductas tras la elección.
" But it has to be said, and said again: This is not normal", señala el editorialista. Es un buen comienzo para empezar a contrarrestar los esfuerzos de Trump por llevar al país hacia un hundimiento de los que han sido sus valores constitucionales en nombre del país. Uno puede envolverse en la bandera, pero no en la Constitución; la bandera sale en las fotos, la Constitución hay leerla y razonar desde ella.
Probablemente pueda hacerlo, pero no le interesa. Le favorece actuar de trol en la transformación de un "país" en una "red social". Es su terreno.




* "Mr. Trump, Meet the Constitution" The New York Times 29/11/2016 http://www.nytimes.com/2016/11/29/opinion/mr-trump-meet-the-constitution.html