Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En
RTVE.es se nos ofrece una entrevista de interés con el escritor y académico
Philippe Sands centrada en la situación internacional actual y la forma de
enfrentarse a los nuevos desafíos.
A Sands
le preguntan sobre cómo salir del embrollo al que nos ha llevado una guerra (cuentan
también Ucrania y Líbano), el bloqueo de Ormuz, las amenazas a Cuba, a Canadá,
a Groenlandia y sobre eso que se empeñan en llamar "nuevo orden",
aunque sea un "desorden", un caos personalista.
La respuesta del británico es directa y contundente:
Europa debe dirigirse a Trump exactamente como China se ha dirigido a Trump. ¿Nos van a imponer aranceles del 75%? Está bien, te aplicaremos un arancel del 75%. El único idioma que el señor Trump entiende es el lenguaje de la fuerza. Y me gustó mucho la forma en que el primer ministro español le dijo al señor Trump: no se pueden usar las bases militares en España, no se puede sobrevolar el territorio español. Al señor Trump no le gustó. Pero respeta el idioma. Es el único idioma que entiende. Ojo por ojo. Nos vas a atacar, nosotros te atacaremos. No más disculpas, no más hacerse el débil. Europa ha sido muy débil con el señor Trump.
Estados Unidos ha dado la espalda al orden internacional que tanto contribuyó a construir y eso ha dejado un vacío que China está aprovechando para presentarse como el paladín del multilateralismo. ¿Es algo meramente oportunista o se puede confiar en China como el garante de un mundo basado en reglas?
Lo que China puede decir es: nosotros no secuestramos a presidentes y los llevamos a nuestro país para que los juzguen. No atacamos a países extranjeros para librarlos del riesgo de ciertos tipos de armas o reservas de uranio. No actuamos para cerrar los estrechos internacionales, como ha ocurrido con el estrecho de Ormuz. Y es un mensaje muy poderoso si vas a un grupo más pequeño de países y dices: oye, mira, tienes dos opciones, EE.UU. o nuestra forma de hacer las cosas.*
No deja de tener razón Philippe Sands pero, evidentemente, para llegar a esa actitud firme hay que desprenderse antes de una serie de compromisos, intereses y miedos con los que quedamos atenazados.
Por poner un ejemplo sencillo: si la simple mención al cierre de las bases norteamericanas o la reducción del personal militar allí destinado hace surgir las protestas locales de las hamburgueserías de la zona, de los bares de alterne, etc., que las rodean, no vamos a ir a ninguna parte.
Una política de presión sobre Trump implica también sacrificios y nuestras economías no viven de esos principios o, para ser más precisos, solo atienden al beneficio y no es ese el camino elegido. Trump lo sabe porque es la encarnación salvaje de ese principio.
La respuesta general es aceptar todo mientras quede margen de beneficio y siempre pensando en trasladar el gasto al comercio local, que pagará lo que no se venda allí, lo que no nos compren. No hay intereses más allá de los personales y los del sector. Ir más allá es pedir demasiado.
El festival de Eurovisión nos pone un ejemplo frívolo, pero muy claro. Se repite una y otra vez que Israel "paga" por el voto popular, que lo compra descaradamente para su propaganda. Con la excepción de los cuatro países que se han retirado por la presencia de Israel, nadie dice una palabra. No se trata solo de lo que haga en Gaza o Líbano, sino de conocimiento claro de que infringe las normas del concurso. Pero importan más los condicionamientos económicos y las presiones políticas que cualquier otra cosa. Lo que debería ser planteado de forma firma, se queda en nada o, peor, en una exhibición de arbitrariedad y prepotencia descaradas.
Me resisto a creer que estamos ante ese nuevo "orden" internacional que algunos consideran como inevitable, que es una forma de derrotismo, algo que favorece las dictaduras repartidas por el mundo a sabiendas de que basta con ponerse bajo la sombra de Trump o Putin para convertirse en inamovibles.
A lo que nos enfrentamos es a la pérdida de cualquier valor que no se pueda traducir en dinero o poder militar. Basta con señalar los números rojos para que se ceda ante la amenaza. Dice Sands que hablar en su misma lengua a Trump es la única solución, pero eso da mucho miedo a muchos, a casi todos. El aliado que nos cubría ahora nos estrangula usando los lazos creados anteriormente. La dependencia no marca el error de esta reversibilidad que nos atrapa.
Si hay un "nuevo orden" no puede ser cambiar de dependencia, sino avanzar en la independencia. Creo que eso está claro, en la medida en que seamos menos vulnerables podremos estar más tranquilos. La esperanza de una era "post Trump" es solo una ilusión, pues Trump solo es la punta del iceberg de un mundo que se lleva construyendo desde hace tiempo.
* Íñigo Herráiz "Entrevista en TVE: Philippe Sands: "Europa debería tratar a Trump con la misma firmeza que lo hace China"" RTVE.es https://www.rtve.es/noticias/20260516/philippe-sands-europa-deberia-tratar-a-trump-con-misma-firmeza-hace-china/17071641.shtml




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