lunes, 1 de junio de 2026

Cantos de inocencia y contundencia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

¿Hasta dónde le puede llevar la estrategia del "acoso" a Pedro Sánchez? ¿Es factible seguir así, amparándose en la conspiración para derribarle por lo buenos que son, en su último giro? ¿Hacia quién se dirige esta línea defensiva?

Son preguntas que surge al hilo de titulares como "Sánchez promete contundencia ante los "infundios" de la "derecha marrullera" y pide tiempo: "Hasta 2027 y más allá"" (RTVR.es 31/05/2026). Con un toque a lo "Buzz Lightyear" en ese grito final, Sánchez trata de convencer de que todo es un "infundio" y mantenerse en el poder, pero ninguna de las dos cosas son fáciles. Estar en el gobierno no depende de él, sino de sus socios que le apoyan y lo demás se le complica cada vez que se conoce un nuevo sumario. No, no lo tiene fácil.

El discurso de Sánchez del que salen estas y otras lindezas se ha producido ante las Juventudes Socialistas. Ha sido un desahogo y un ajuste de cuentas con la oposición. Este doble carácter ha hecho que Sánchez se remonte a Aznar para su análisis comparado del cual ya sabíamos el resultado: todo son infundios.

Frente a ese concepto hay una palabra que se repite con frecuencia: contundencia. Según la teoría expuesta por Sánchez, los humanos somos imperfectos, la instituciones son imperfectas, etc. Lo importante, se repite una y otra vez, es la contundencia con la que se responde. Sinceramente, me parece una extraña justificación.

En primer lugar, compartiendo la idea de la imperfectibilidad de lo humano, el principio de contundencia es más de boquilla que otra cosa. No son los partidos los contundentes, en este caso, el PSOE, pero aplicable a cualquier otro. Es la Justicia la que lleva a los políticos al banquillo. Contundencia sería que el propio partido llevara a sus políticos corruptos a los tribunales, pero no es esto lo que ha ocurrido.

Es la Justicia, es la Policía la que reúne pruebas, elabora informes, etc. y lleva al banquillo a los políticos mientras que sus compañeros de partido muestra sus apoyos y se centran en eso tan socorrido de la "presunción de inocencia", algo que todavía vale para los que llevan unos cuantos meses en la cárcel en espera de juicio y de los que siguen saliendo chanchullos.

Estos discursos se agotaron hace tiempo, pero se sigue hablando de "contundencia". La presunción de inocencia y la contundencia casan mal. O lo uno o lo otro, pero los dos a la vez es difícil.

La estrategia del PP de atacar pero no pedir una moción de censura hasta que los socios no sean "contundentes" bebe de estas incongruencias. ¿Para qué perder el tiempo si se le da al gobierno la posibilidad de utilizar el resultado de la moción para presentarse como "inocente" y "contundente"? La estrategia es pues que llegue lo inevitable, que el fruto madure y caiga. Esto lleva a una preocupación socialista: el deterioro progresivo de la imagen del partido y, con ello, de los votos en unas próximas elecciones, en las que seguro que se les pasará factura.

El "canto de inocencia y contundencia" realizado ante los jóvenes socialistas no es más que un intento desesperado porque haya alguien que se lo crea. Lo que realmente hace daño al PSOE no es solo la corrupción, sino lo alto que ha llegado, su libre desarrollo dentro del partido sin que saltaran las alarmas o, peor, que se mirara para otro lado. Esto no es algo que se ha producido en un pequeño pueblecito de alguna comunidad de la España vaciada. No, esto se ha producido en los más altos niveles del partido. Afecta, además a su presente (Ábalos, Cerdán, Koldo...) y a su pasado (Rodríguez Zapatero); afecta a España y a otros países, como Venezuela.

En este último caso, desconocemos los probables intentos de los servicios secretos de otros países para actuar contra una España muy osada internacionalmente en su debilidad interior. Ya se ha mencionado en ocasiones las aportaciones, sin entrar en detalles, de los fondos en terceros países hacia los que desviaba el dinero.

Todo más complejo de lo que se piensa y con ramificaciones internas y externas que dejan en poca cosa la presunción de inocencia y relativizan la contundencia cuando hablamos de peldaños muy arriba.

La defensa de Sánchez es un  arma de doble filo en cuanto que salgan más datos. La eternidad de los procesos los convierte en una larga agonía. ¿Quedan argumentos?

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