sábado, 30 de junio de 2018

El 30 de junio explicado a todos


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Mientras que salir a celebrar en Egipto el 25 de enero puede acabar con tu vida a manos de las fuerzas de seguridad (como Shaimaa al-Sabbagh, la mártir de las flores) o desaparecer (como Giulio Regeni, reaparecido muerto y torturado), celebrar el día de hoy en Egipto es un acto patriótico de gran celebración. El "30 de junio" se celebra el "no-coup", es decir la toma del poder por parte del Ejército que sacó al islamista Mohamed Morsi del gobierno.
La retórica inicial, que posteriormente se fue consolidando, hermanaba el 25 de enero de 2011 con el 30 de junio de 2013 y lo presentaba como una "corrección" del secuestro de la revolución de la Primavera árabe que hizo caer a Hosni Mubarak en Egipto y a otros dictadores en la zona. La propia constitución egipcia enmendada en 2014 habla en su preámbulo del "25-30" como de un hecho conjunto, interconectado. El 30 de junio, explica la versión oficial, el Ejército egipcio sintió la llamada del pueblo y derrocó al presidente Morsi. A esto se llamó "revolución".
Pero esto no es tan sencillo y queda mucho por contar todavía. Los encarcelamientos del jefe militar Sami Anan y de su compañero de viaje político, el ex auditor general del estado, Isham Geneina, se producen cuando el segundo advierte que Anan —arrestado por presentarse a la campaña presidencial— dispone de documentos sobre las actividades del período centrado en el 30 de junio y posterior. La detención del segundo es fulminante. Esto son los hechos; lo que los documentos —esos u otros— puedan mostrar algún día, es ahora puramente especulativo.


El diario estatal Ahram Online publicó ayer una información masiva—proveniente de Al-Ahram Weekly, convertida en centro ideológico del régimen— a la celebración e interpretación del 30 de junio. Los diversos textos firmados por los más afectos al régimen tienen una antesala explicativa: "Egypt’s 30 June Revolution ended the political ambitions of the Muslim Brotherhood, but an accurate account of the group’s aims and methods is still necessary from the region today to correct widespread Western misunderstanding".
El mensaje es sorprendente porque muestra una vez más la idea central del régimen: nadie les comprende o nadie quiere comprenderles, lo que lleva de la ignorancia a la conspiración. Las quejas y el lamento son una constante de la vida política egipcia, tan dependiente siempre del exterior en todo tipo de ayudas y financiaciones debido a su habitualmente desastrosa gestión. Las autoridades están ya acostumbradas a tapar sus carencias mediante echar la culpa a los demás. Esto tiene un efecto muy destructivo e intencionado: abre una separación entre Egipto y los países occidentales y crea un sentimiento antioccidentalista, responsabilizando a los demás de los problemas propios. Cuando Egipto es criticado, siempre se da por supuesto que esas críticas proceden de instituciones controladas por la Hermandad Musulmana, a la que se le concede un enorme poder por su capacidad infinita de manipulación.
El caso del "30 de junio" es especialmente significativo de esta actitud. La insistencia en que Occidente no entiende el papel de Egipto es una de esos constantes mensajes que se repiten para consumo político interno y responsabilizar a otros de los propios errores, algo habitual en la política egipcia.
Los artículos recogido de Al-Ahram Weekly llevan una introducción y una somera presentación de esta insólita celebración, ya que nunca se había "explicado" con tanta intensidad. La presentación del conjunto de artículos explica los motivos por los que los egipcios deben dar las gracias al régimen que tan bien les interpretó sacando del gobierno a Morsi y a los hermanos:

Five years after the millions-strong grassroots uprising that ousted the Muslim Brotherhood from ruling Egypt along with its president Mohamed Morsi, the country continues to suffer from the strains precipitated by a rebellion against an Islamist organisation that had leveraged itself to power behind a democratic façade while its actual practices during its year in power foreshadowed a form of totalitarianism that would have had disastrous consequences for Egypt.
After the successful overthrow of the nascent Muslim Brotherhood theocracy in the 30 June 2013 Revolution, various Islamist groups vowed revenge against the Egyptian people and their new political authorities.
For months, these sustained a campaign of terrorist attacks across the country in the hope of turning the clock back and forcing the reinstatement of the Muslim Brotherhood regime.
Egypt paid dearly in the face of this onslaught in the form of civilian lives, attacks against Christian churches throughout the country, and sacrifices among the Armed Forces and police.
However, the Egyptian people demonstrated their extraordinary capacity for social cohesion as the political forces finalised the new constitution and prepared for the presidential elections in 2014.
In this special section, Al-Ahram Weekly brings together a variety of articles that combine to form a fuller picture of where Egypt stands today, five years after the grassroots uprising that has been so poorly understood in the West.
The West's sometimes negative image of Egypt, largely generated by the Muslim Brotherhood’s massively funded propaganda and lobbying machinery that operates through a network of interwoven interests with governments and influential circles abroad, is one reason why it has been necessary to offer readers an alternative and deeper view of what has happened in the country in recent years.*


Esta parte introductoria del texto está meticulosamente medida en cada uno de sus párrafos para reforzar las ideas centrales del discurso oficial. A través de estas pocas líneas se puede comprender perfectamente la estrategia que trata de cubrir las carencias y justificar las actuaciones ante el pueblo egipcio y los poco inteligentes y mal informados gobiernos occidentales, que es a los únicos a los que se menciona. Ignoramos si Asia y África entienden bien o solo es un problema "nuestro".
En el primer párrafo se canta a las masas que lo apoyaron frente a la pseudodemocracia de la Hermandad, a la que se califica como "totalitaria" y su objetivo, en el párrafo siguiente, como de "teocracia".  Es cierto, una vez más, que el gobierno de Morsi fue autoritario y que su objetivo fue acelerar la conversión del estado. El ejemplo de lo ocurrido con la Turquía de Erdogan sirve de ejemplo: tras el fracaso en Egipto, Erdogan acelera la concentración de poderes y refuerza su discurso y acciones islamistas subvirtiendo la democracia laica existente. Será difícil sacar del poder a los islamistas turcos. El gobierno de Mursi fue poco democrático. Pero tampoco se puede decir que el de Al-Sisi lo sea. Las iniciales proclamas de democracia que cristalizaron en la constitución enmendada de 2014 se vieron pronto defraudadas.
La versión del gobierno egipcio es siempre que ellos defendieron la democracia frente al totalitarismo islamista. Los hechos muestran lo contrario: la represión aumentó en Egipto. Se hizo contra la Hermandad volviendo a la lucha de décadas, desde Nasser, pero también se hizo contra los demócratas y críticos, que eran quienes se habían levantado inicialmente contra Mubarak. La responsabilidad de que los Hermanos se hicieran con el poder es exclusivamente de los gobiernos de la época de Mubarak que impidieron la creación de partidos e instituciones democráticas dejando a la Hermandad como único grupo fuerte organizado, junto a los salafistas. Fueron ellos los que barrieron en las elecciones democráticas. Es cierto que engañaron a todos presentándose como partidarios de una democracia que nunca pusieron en marcha, pero también es cierto que lo que pidieron no era un "no-coup" sino que abandonara la presidencia del país y convocar nuevas elecciones. Pero la obcecación de Morsi no supo ver su propio fracaso político ni que tenía la serpiente dentro de su gobierno en los papeles del ministro del Interior y de Defensa, que sería quienes organizarían todo para sacarlos del poder.


El apoyo mayoritario de partidos y probablemente pueblo para que se fueran los islamistas pronto se quebró cuando la brutalidad de la represión dejó mil muertos en las calles y miles de encarcelados. Muchos, como Mohamed el Baradei, cogieron la puerta y no regresaron.
Desde entonces, el Ejército egipcio, que es quien controla el país (como siempre) ha hecho lo único que sabe hacer medianamente, controlar el país con mano de hierro. La represión, hemos señalado, es muy superior a la época de Mubarak. Pero hay una consideración importante que hacer: no solo se ha reprimido a los demócratas, sino también a los periodistas (más de 500 bloqueos  de sitios web, y una gran contestación contra las nuevas leyes represoras de la información y amenazantes para los profesionales), artistas, etc. La censura es superior a todo la anterior porque en la época de Mubarak estaban despuntando las redes sociales ("We want Facebook!", era la proclama) y ahora se han intensificado, lo que ha desatado la vigilancia del régimen sobre los usuarios y la idea de hacer un "facebook egipcio".
El régimen del 30 de junio, que hoy se celebra, tiene características propias. Está altamente centrado en Abdel Fattah al-Sisi como figura providencial, salvadora y refugio ante todos los males; tiene unas pretensiones "virtuosas" con las que pretende mantener a los más tradicionalistas dentro de su ámbito, algo poco probable, pues seguirán con su filiación islamista; carece todavía de un partido soporte para canalizar el control local y asegurarse el clientelismo (este aspecto está en marcha después de las elecciones presidenciales recientes); y trata de presentarse como un recurso hacia el futuro ante el pueblo egipcio. En lo internacional, en cambio, casi todo son problemas de enfrentamientos. Ha sido condenado por la mayor parte de la instituciones internacionales, incluido el Parlamento Europeo, por su pisoteo de los Derechos Humanos.


En el texto de Ahram Online se habla de "mal entendimiento" de Occidente. En realidad es lo contrario, Occidente ha entendido demasiado bien la retórica de los discursos del régimen. Esto implica que el único "amigo" que le queda (y es difícil saber si realmente lo es) es Donald Trump, un amigo complicado y que se ha aprovechado de la soledad internacional de Abdel Fattah al-Sisi, que coquetea como siempre han hecho los egipcios con la Rusia de Putin, con riesgo de perder la financiación militar y de otro tipo que recibe el país. Los saudíes se cobran todo lo que dan directamente y se han convertido en amos más que socios, por más que el orgullo egipcio lo disfrace de solidaridad. Con los vecinos del sur, la complicación es grande debido a la Presa Renacimiento, que ha abierto conflictos con la administración del agua del Nilo, que Egipto considera propia ignorando los mapas. Con la presa, además, Etiopía se desarrollará fuertemente y ya tiene contratada energía eléctrica con los países de la zona, que no apoyan las pretensiones egipcias.
La insistencia del texto de presentación sobre la "revolución popular", sobre el levantamiento, es un intento de mostrar la cohesión del régimen precisamente en un momento en el que el pueblo egipcio ha sido llevado al límite del sufrimiento por la estrategia brutal de reconstrucción de la economía, un lastre insoportable para cualquier país, fruto del abandono, la rapiña y la mala gestión de décadas de intervencionismo y compadreo económico. La economía egipcia es una farsa subsidiada y amiguista que ha servido para frenar lo único que el pueblo no puede evitar: sentir hambre.
El régimen carece de ideas y de sensibilidad para afrontar una crisis como la creada por la depreciación de la libra, reducida a la mitad por el nuevo cambio, y una inflación del 30%. La reforma fiscal ha sido acusada de centrarse en la clase media  y de proteger el patrimonio de los ricos.
Son muchos los movimientos en este último año por parte del régimen. Ha recrudecido la represión, pero también se perciben tensiones entre los intereses representados por el parlamento y el gobierno, al que sienten alejado y, especialmente, con una política que se limita a seguir las instrucciones de arriba. El movimiento para fabricar una oposición y aparentar una democracia ha sido paralelo a la farsa electoral presidencial, en donde se buscó un candidato "opositor" (declarado admirador de su rival) mientras que se encarcelaba a casi todos los demás aspirantes. Solo se libró el que se retiró, como Mohamed Anwar el-Sadat, quejándose de haber sido sometido a difamaciones. Los demás todavía están detenidos.


Mi modesta opinión es que estos artículos no están hechos para explicar nada a Occidente, sino son una forma de justificación ante el propio pueblo egipcio, frustrado por la situación económica. La situación de crisis exige un esfuerzo recordatorio de porqué los egipcios deben aceptar la situación actual como una especie de "sacrificio" por haberles librado del gran enemigo, la Hermandad Musulmana y, en su conjunto, los islamistas.
La finalidad de estos discursos es, pues, pedagógica y defensiva. Están centrados en reforzar los cimientos del régimen, en recordar las amenazas para garantizar que el discurso del miedo sigue funcionando. Cuando en Egipto se invoca la "unidad", se debe traducir como apoyo a la presidencia y a lo que representa, la personalización de la igualdad creada "ejército-estado-pueblo". Frente a esa "unidad" se encuentran los traidores nacionales y los conspiradores extranjeros, grupo este último variable. Siempre se presenta la unión de los enemigos interiores y de los exteriores. En la versión oficial los gobiernos del mundo despachan cada mañana con los representantes de la Hermandad que les informan sobre cómo castigar a Egipto por su bravura y entereza. Eso se sugiere y eso cala en el pueblo egipcio que no ha acabado nunca de entender porque todos les envidian en la situación tan precaria en que se suelen encontrar. Pero la respuesta les llega del nacionalismo patriotero: los egipcios son únicos. Esa es la idea que permite mantener la cordura en un país que hace agua en una crisis de varias dinastías faraónicas.
Habla el texto introductorio a los artículos didácticos  de la "West's sometimes negative image of Egypt". Se identifica, una vez más, Egipto con su régimen. Pues no a Egipto a quien se critica sino las acciones que se realizan.


La difícil situación de los activistas que tratan de mantener la esperanza en que el régimen pueda renovarse alguna vez sin caer en manos de los islamistas y de los militares y lo que tras ellos está a la sombra, no mejora. Muchos de ellos han tirado la toalla ante la situación actual, en la que son presentados por el aparato mediático como conspiradores y delincuentes al servicio de envidiosas potencias extranjeras. Son la esperanza de un país que no cierra heridas y las abre cada día.
Los islamistas son un cáncer en Egipto, voraces y dogmáticos. Engañaron, efectivamente, a todos. La mano tendida de los carteles electorales de Morsi no era más que una ilusión óptico política. Tenían y tienen su bien arropada organización dispuesta a salir a la luz cuando sea necesario y controlan amplías zonas del país donde tienen sus poder social bien asentado. Los islamistas no se fueron; lo hicieron sus líderes, pero la fuerza de su base social (70% de los escaños en el primer parlamento) permanece agazapada y es alimentada por el encierro de liberales, activistas y artistas, gracias al conservadurismo centralizado puesto en marcha por al-Sisi y su ministerio y los jueces. Con ello el régimen está cavando su propia tumba, pues lo que está surgiendo de nuevo es ese partido oficialista al que tan buen partido le sacó Mubarak para poder controlar localmente y asegurarse la fidelidad de los agraciados.
Es difícil que la situación mejore mucho en Egipto en estas condiciones. Seguirá siendo criticada y denunciada —para irritación del gobierno— por parte de las instituciones públicas y privadas. La llegada de Trump —al que no le importa nada Egipto— ha sido un pequeño respiro, pero poco más.
Las iniciativas, como construir escuelas "japonesas" para los hijos de las élites, dado su precio prohibitivo de matrícula, no dejan de ser brindis al sol y experimentos que serán recordados como anécdotas. Las iniciativas para acabar con la sobrepoblación o con el analfabetismo, verdaderos dramas sociales, tampoco van mejor encarrilados. Las órdenes que llegan desde la presidencia dejan pasmados a los soldados rasos que las tienen que poner en práctica.


La glorificación de un momento triste, como fue el 30 de junio de 2013, es un ejemplo de esta actitud retórica que no lleva a ningún lado. El 30 de junio el pueblo había pedido la salida de Mohamed Morsi del gobierno y la realización de nuevas elecciones. El Ejército solo le dio la mitad, la toma del poder. La elecciones que se hicieron primero fueron las presidenciales y solo después de haber diseñado una ley electoral que asegurar el poder, las generales. No solo era el poder lo que se aseguraba, sino la desaparición de la posibilidad de emergencia de partidos. Se creó una fachada electoral para asegurar al presidente y al gobierno el control de la cámara. El resultado está ahí, la pronta repetición de la comedia, con un futuro partido poderoso y otro que haga el número de la oposición.
Cuando se les critique, harán ver que no son comprendidos. Sin embargo, lo que ocurre en Egipto es perfectamente comprensible para todo el planeta, incluidos los egipcios, quienes viven su peculiaridad con resignación, por el momento. Los pinchazos de la crisis acabarán pasando factura si no se da un poco de oxígeno a los egipcios.
No sé si hay salida a todo esto, pero por mi parte yo se la deseo. Prosperidad y libertades que permitan al país mostrar no su excepcionalidad, sino su normalidad, que es lo que necesita. Necesita toda su energía para hacerlo.


* "30 June: Five years on"  Ahram Online 29/06/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/305804/Egypt/Politics-/-June-Five-years-on.aspx






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