lunes, 4 de febrero de 2019

La crisis mediática y el algoritmo culpable

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario El País publica un reportaje firmado por Jaime Rubio Hancock con el titular "La nueva prensa digital se enfrenta a su primera gran crisis". El texto comienza de manera directa dándonos los efectos de la crisis anunciada en cuanto a la prensa digital dirigida a los jóvenes, con el cierre de Eslang y Buzzfeed España y "un ERE de Playground que afectará a casi la mitad de sus redactores en Madrid y Barcelona"*.
La palabra "crisis" tiene muchos niveles de aplicación y uno procura reservarla para las etapas finales en donde se tiene que expresar como "gran crisis", como ocurre con el titular. Esto se debe a que la "crisis" tiende a ser un estado permanente de supervivencia, mientras que la "gran crisis" muestra la agonía irreversible a la que se ha llegado.
La palabra crisis está presente en el mundo de la comunicación periodística desde mediados de los años 90. Es en esa época cuando los medios se abren a regañadientes al mundo digital con la publicación de los primeros periódicos online. Unos lo hicieron por querer ser modernos; otros porque no tenían más remedio. Pero desde entonces se ha tenido la sensación fundada de que todo estaba cambiando. Y cuando las cosas cambian se producen las crisis.
El problema ha dejado de ser la crisis en sí y se ha desplazado al enlace entre las crisis sucesivas. Aquí no hay una crisis de la "adolescencia" que se resuelve tras unos cuantos granos y gamberradas; aquí hay un estado de alteración hormonal continuo que no tiende a estabilizarse y que cuando parece que está controlado vuelve a emerger con virulencia. El mundo digital es el de la eterna juventud y eso no es tan bueno como suena.
El espacio de la información se modifica con la entrada de cada nuevo medio, que pasa a competir con los de su "especie" (un periódico con otros periódicos, por ejemplo) y con todas las demás especie (un tipo de medio con los demás tipos de medios). No empeñamos en clasificar los medios, cuando lo realmente importante son la necesidades, mayores o menores, de información que los receptores globales necesitan. Es como el que necesita vitamina C en su organismo. Da igual que lo obtenga de limones, naranjas o mandarinas o cualquier otro elemento que la contenga.


El problema surge además cuando es casi imposible diferenciar los medios gracias al proceso de convergencia digital, es decir, la disolución entre las diferencias entre ellos. Si entro en la página de cualquier "periódico" me doy cuenta de que la "etiqueta" periódico ya no relevante, sino que puede contener textos escritos, podcast, vídeos, etc. Es decir, el "periódico" es ahora televisión y radio, además de incorporar por ejemplo elementos interactivos en la información y participativos a través de los foros, chats, etc.
No hablemos ya de la globalización de los medios. Puedo acceder a los medios de cualquier país del mundo salvo que este quiera cerrarse y solo permitir el paso a sus abonados. Pero si lo hace, se tiene a su alcance todo tipo de alternativas abiertas que hacen que nos olvidemos pronto de la existencia del que ha decidido cerrarse.
Quizá recordemos que en España se firmaron dos alianzas. La primera era para tratar de que los medio se cerraran al público general y solo admitieran entradas de pago. Como era previsible, fue un fracaso. Las tarifas publicitarias se desplomaron al caer los visitantes que pronto tuvieron alternativas en español fuera y dentro de nuestras fronteras. La segunda decisión era contradictoria, pero no se supo ver. Intentar cobrarle a Google las visitas que ellos reenviaban a los medios. La decisión era tan disparatada que Google acepto encantado prescindir de los medios que no aceptaban que les llegaran visitas desde los buscadores. Para ellos, la eficacia aumentaba ya que aquellos que recibían visitas sin problemas eran más visitados. Si se aprende de los errores, deberíamos ser muy sabios. Pero no lo somos.
El problema de esta gran crisis ya no tiene una paternidad clara, pero sí algunos sospechosos, que no es muy costosa la sospecha. Dice Rubio Hancock en el reportaje:


El primer sospechoso de estos despidos es el algoritmo de Facebook, que a partir de enero del año pasado dio prioridad a los contenidos personales frente a las noticias. Las redes sociales proporcionaban el 22% del tráfico de los medios de comunicación estadounidenses, según recogía Forbes antes de este cambio. La cifra era más elevada para algunos medios digitales, como Vice (48%) y Buzzfeed (38%), y se quedaba en torno al 10% para medios tradicionales como The New York Times y The Washington Post.
La dependencia del algoritmo no es nueva. Hasta ahora, Facebook incluso daba directrices a los medios acerca de qué contenidos tendrían mejor resultado en su plataforma. Por eso durante un tiempo veíamos muchos vídeos y ahora aparecen mucho menos.
Julio Alonso, fundador y director de Weblogs SL, explica que algunos medios han dependido en exceso de Facebook “y de los ingresos de publicidad derivados del volumen de usuarios”. También recuerda que es un riesgo depender de Facebook (y Google), ya que estas empresas tienen sus propios intereses, que no tienen por qué coincidir con las de los medios.
Pero el cambio en el algoritmo no es el único factor que explica estos movimientos en las empresas. “Buzzfeed España no ha cerrado por Facebook -afirma Marcos Chamizo, codirector del medio durante su última etapa-. Teníamos el mismo tráfico que hace seis meses o un año, al estar en varias plataformas”. De hecho, cuenta que les funcionaba mejor Twitter que esta red social.



A lo mejor estamos tan dentro del problema que no lo vemos. Desde hace tiempo, la palabra "algoritmo" es la principal sospechosa de los crímenes cometidos en el mundo digital. Es una cortina de humo; el problema real es la interacción de los medios y su jerarquización como parte de una red dentro del sistema. El algoritmo no es más que el programa que prioriza un tipo de información respecto a otros posibles.
La realidad es que los medios digitales tienen una segunda convergencia, un espacio de manifestación, que es la red de redes. No es lo mismo ir a un quiosco a comprar un periódico que entrar en ese periódico digital. La mayor parte de los "accesos" se realizan a través de terceros programas, que son los que redirigen y filtran la visibilidad. El problema del algoritmo es que si Facebook, como se señala, decide que solo se vean los medios que empiezan por la letra "A", el resto de los medios tendrán difícil ser vistos. El poder es el poder de hacer visible y de dar acceso o redirigir. Eso es lo que hacen Facebook y Google o cualquier otra gran concentración de usuarios y de los que controlan el paso.
Un pequeño cambio en el algoritmo de Facebook dando prioridad a unos contenidos sobre otros y ¡puff! se desmorona todo lo construido por unos y emergen nuevos beneficiados por el cambio. Como Facebook y Google experimentan de vez en cuando tratando de mejorar sus resultados —los que les benefician— la inestabilidad está asegurada para todos los que dependen de ellos. Y en el universo digital de la redes solo hay una verdad: tu dios juguetón es aquel que tiene tu destino en sus manos. Si se resfría y estornuda, lo pagas tú; si se pone a experimentar cosas nuevas, lo pagas tú; si no cambia las viejas, lo pagas tú. Es una dependencia jerárquica que implica siempre que entre tu público y tú hay una mano invisible que maneja los hilos. Esa mano son los macromedios que definen los campos de actuación concentrado el tráfico. En toda red, el objetivo es el tráfico, su concentración y dirección. El algoritmo redirige ese tráfico hacia unos y otros enviando unas noticias a las páginas de sus usuarios... o enviando otras. A veces es así de forma "neutral" (concepto absurdo) y otras es porque favorece a los que más pagan por ser beneficiados. Esa es la crítica que se le hizo a Google señalando que priorizaba los resultados del buscador en función de quienes pagaban. Se le obligó legalmente a que distinguiera los resultados y los resultados pagados.


El artículo abre un tema espinoso, la cuestión de los "lectores jóvenes", expresión que puede plantear ya ciertas dudas. Los que han crecido en el mundo digital, ya dos generaciones, salen con unos hábitos que no son los mismos que los que provenían de un mundo no digital. A lo mejor, lo que se está fomentando son hábitos que no hacen que el interés vaya hacia la información sino hacia otras fórmulas mucho más fáciles y atractivas cuyo efecto es el contrario. Se recoge lo que se siembra y lo que se está sembrando, desde luego, no son "lectores".
Aquí, de nuevo, se han confundido efectos y causas. Para tener lectores es necesario formar en la lectura, algo que no se hace, sino más bien lo contrario. Pretender que los que son formados con unos hábitos se transformen mágicamente al llegar a adolescentes o adultos es como pedir una combinación de milagros y "diseño inteligente". La recolección es una amalgama dispar y caótica de medios que surgen y desaparecen, de noticias intrascendentes elevadas a altar de la atención, de sensacionalismo, de creación de personajes fantasmales que nos piden que nos enganchemos a sus vidas, etc.
Nos decía Niklas Luhmann que la función de los medios era reducir la complejidad del mundo; el problema es que ellos mismos producen complejidad. Por eso quien reduce es el algoritmo, como hemos visto antes. El "problema" es lo que deja fuera. Problema, evidentemente, para los afectados; supervivencia para los favorecidos.
Los medios, nos dice el artículo, viven una situación hamletiana, dudando entre la "diversificación" y la "concentración" o. si es posible, ambas cosas. Explican:

Como apunta Nafria, “el problema es cómo transformar todo esto en un modelo de negocio que no dependa solo del número de usuarios y que los lectores consideren valioso, e incluso estén dispuestos a pagar por ello”, sin limitarse a replicar formatos y estrategias sin añadir ningún valor.
Una opción es la diversificación, que puede pasar por otras fuentes de ingresos como “el comercio electrónico, la afiliación, los eventos…”. De hecho, la periodista Luna Miguel también opina que en Playground se han dejado de lado otros modelos de negocio como el de la suscripción o la colaboración con otros medios.*

Lo dicho en el primer párrafo es volver a las preguntas exactas que se hacían en 1994-1995, cuando todo comenzó. Allí nacieron los gurús que señalaban, como la estatua de Colón, hacia un futuro incierto pero que ellos veían claramente desde lo alto de su columna.
En el segundo párrafo viene la otra tentación, la de convertir los medios de información en supermercados online que acaban atrayendo a la gente por todo menos por la información en sí. Esto es suicida. Hubo una ápoca en la que los medios en papel se dedicaron a regalar cosas los fines de semanas para que la gente comprara los periódicos. El efecto fue el contrario. La gente no se acostumbró a comprar el periódico los 7 días de la semana e iba los domingos con un carrito a comprar el periódico y llevarse los libros, vídeos, colecciones de sellos, etc. que reunía. Cuando se acababa la colección, dejaba de comprar el periódico. Tan sencillo como eso. Más de un periódico fue a la ruina por estas prácticas que eran caras por la distribución.


El problema de cómo rentabilizar lo digital es el de cómo lidiar con la gratuidad general y la súper oferta. La gratuidad invalida el camino de las suscripciones y la gran oferta existente lleva a la fragmentación excesiva que hace que nadie tenga suficiente como para sobrevivir.
El artículo termina con un horizonte de dudas abierto:

En todo caso, resulta muy difícil saber qué va a pasar: “Tenemos que reinventarnos y experimentar mucho para imaginar cómo será la esencia de los medios -apunta [Jeff] Jarvis-. Me gusta recordar a menudo que solo hace 25 años que se introdujo la web comercial. En términos de Gutenberg, eso nos coloca en el año 1474. El cambio solo está comenzando. Falta un largo camino para encontrar las respuestas”.*

Por lo que se ve, queremos subir más alto en la torre para ver ese futuro que se nos esconde. No hay "esencia", solo cambio. Parece que Jeff Jarvis no ha leído a Toffler y no piensa en términos de la aceleración, que los años de Gutenberg, los años de nuestros padres —de los míos— no son los mismos que los de mis hijos. Que lo que ocurre en unos meses, antes tardaba décadas en producirse aunque fueran cosas distintas.
No hay crisis; vivimos en crisis. Crisis significa cambio, transición. Y, por lo mismo, implica alteración, inestabilidad, desgaste, desorientación, pruebas con incertidumbre porque el mundo es cambiante y lo que vale hoy ya ha cambiado cuando lo aplicamos.
La única esperanza está en el cambio de aquellos que pueden valorar lo bueno y alejarse de lo trivial. Pero ¿es ese el camino que hemos elegido como sociedad? De poco sirve tener grandes chefs si la gente se ha acostumbrado al kétchup.
La solución sería decidirse por la comida rápida entonces, pero eso es lo que está al alcance de cualquiera. Con lo que volvemos al problema inicial. Lo bueno no se valora y lo malo abunda. Es lo que hay. El algoritmo solo es un aspecto del asunto. Mañana será otra cosa.



* Jaime Rubio Hancock "La nueva prensa digital se enfrenta a su primera gran crisis" El País 3/02/2019 https://verne.elpais.com/verne/2019/02/01/articulo/1549038378_127709.html

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