Joaquín Mª Aguirre
El
esbozo del comportamiento político de cara a las elecciones empieza a cumplirse
con el apocalipsis de fondo. Estamos en
la pre precampaña y ya están los cuchillos afilados haciendo sangre. Los medios
se ven obligados a aceptar a los políticos en sus páginas y pantallas, en sus
emisoras. Algunos lo hacen con gusto. Habrá que hablar algún día de los medios
voceros de partidos o de los profesionales pasados a la propaganda. Eso del
periodismo independiente ha pasado a ser en muchos casos un tópico, más que una
realidad. La presión sobre ellos aumenta. Uno mira casi con envidia la
situación norteamericana con un presidente que muestra abiertamente sus odios y
amores informativos. Aquí todo es más sutil.
Los
políticos necesitan de los medios y de sus profesionales. El control del
discurso se hace fundamental; hay que huir de las situaciones de peligro
informativo, es decir, que te aprieten demasiado las clavija, que te desmonten
las respuestas demasiado inquisitivas.
Esto hace prosperar medios y profesionales que se han adaptado a ello y les crea dificultades a los que tratan de hacer una labor independiente. La polarización de las audiencias trabaja también en contra de la objetividad, ya que quieres que te repitan lo que ya crees. Unas audiencias polarizadas buscan unos medios partidistas; si a esto le sumamos las acciones agresivas, difamatorias, manipuladoras, etc. en las redes sociales, el panorama no es muy bueno para los independientes.
En este
contexto muchos prefieren elegir la corriente
por la que navegarán, apostando mucho a las victorias de unos u otros. Quien
gana sabe que tiene un periodo de agradecimiento mientras están en el poder los
suyos.
Desde
un punto de vista social, esto es un gran desastre informativo. Hubo un tiempo lejano
en España en que la prensa era poco creíble al informar de la realidad; la
gente recurría a emisoras en el extranjero, a la prensa importada a escondidas.
No es que "la verdad estuviera afuera", pero sí que costaba
encontrarla.
El caso Watergate, con la prensa acorralando a un presidente norteamericano y haciéndolo caer, elevó el techo periodístico y llevó a mucha gente en todo el mundo a estudiar Periodismo. Los tiempos han cambiado y, siguiendo con el ejemplo norteamericano, parece que nada puede hacer caer a un presidente, que se agarran al poder con uñas y dientes.
Las
toneladas metafóricas de información diaria han traído, más que objetividad,
manipulación a grandes dosis. Estamos en el mundo de las medias verdades, los
bulos, la desinformación, la contra información, etc. Es el mundo de los
comunicadores que ya no buscan la verdad sino la forma de obtener la respuesta
adecuada a sus intereses a través de la información, de la
multiplicación de fuentes. En un mundo en el que no se puede comprobar casi
nada, se puede decir casi todo.
La
convocatoria desata la histeria comunicativa. Todos se multiplican ante los
micrófonos, convocan ruedas de prensa y encadenan entrevistas, emiten
comunicados afirmando y desmintiendo. Hablan poco de lo que piensan y mucho en
desmentir lo que otros dicen. Ese es el
juego.
Los
cálculos se hacen sobre encuestas, otro de los grandes negocios políticos. Con
una más fiables que otras, claramente partidistas, unas alientan el miedo a que
vengan los vándalos opositores, mientras que algunas tratan de invocar optimismo,
un sentimiento peligroso, pues da por seguras victorias inexistentes, meros
deseos. Más vale mantener la inquietud, sembrar cierto miedo en el ambiente, lo
que lleva a contar con el entusiasmo en mítines y desfiles. Pero, ¡cuidado!,
esto también puede cansar, máxime en campaña y precampañas tan largas.
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| El País |
El
político trabaja sobre esas tres condiciones para llegar a la gente, para
reforzar a los suyos y tratar de captar a los indiferentes, a los robinsones
mediáticos, centrados en sus islas. Las redes complican un poco el proceso. No
todos pueden ser Trump y tener su propia red social, lo que le permite cierta
independencia, respuesta inmediata y darse el gusto de manipular él solito. Eso
ha creado un vínculo que, aunque le critiquen duramente, envidian,
No me
gustaría que estas elecciones expulsaran al resto del mundo de los medios, que
se centraran en uno y otro bando y desapareciera la realidad restante. Sé que
eso no es el deseo, pero tienen que aguantar la presión política por aparecer
en los medios y repetir una y otra vez lo mismo.
La política española se ha simplificado haciéndose primaria, básica, por un lado; a la vez se ha vuelto más compleja al fraccionarse y obligar al electorado a atender ese mensaje constante entre nosotros: el del llamado "voto útil", que es la forma de atraerlo para unos asegurando utilidad y dejar fuera a los más próximos. En realidad no se compite con los de la oposición, sino con los que compiten por tu voto, los próximos. Eso nos lleva a tener doble lucha, con el opuesto y con el próximo. Una guerra total.
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| El Mundo |





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