miércoles, 7 de octubre de 2026

Elecciones mediáticas

 Joaquín Mª Aguirre

El esbozo del comportamiento político de cara a las elecciones empieza a cumplirse con el apocalipsis de fondo.  Estamos en la pre precampaña y ya están los cuchillos afilados haciendo sangre. Los medios se ven obligados a aceptar a los políticos en sus páginas y pantallas, en sus emisoras. Algunos lo hacen con gusto. Habrá que hablar algún día de los medios voceros de partidos o de los profesionales pasados a la propaganda. Eso del periodismo independiente ha pasado a ser en muchos casos un tópico, más que una realidad. La presión sobre ellos aumenta. Uno mira casi con envidia la situación norteamericana con un presidente que muestra abiertamente sus odios y amores informativos. Aquí todo es más sutil.

Los políticos necesitan de los medios y de sus profesionales. El control del discurso se hace fundamental; hay que huir de las situaciones de peligro informativo, es decir, que te aprieten demasiado las clavija, que te desmonten las respuestas demasiado inquisitivas.

Esto hace prosperar medios y profesionales que se han adaptado a ello y les crea dificultades a los que tratan de hacer una labor independiente. La polarización de las audiencias trabaja también en contra de la objetividad, ya que quieres que te repitan lo que ya crees. Unas audiencias polarizadas buscan unos medios partidistas; si a esto le sumamos las acciones agresivas, difamatorias, manipuladoras, etc. en las redes sociales, el panorama no es muy bueno para los independientes.

En este contexto muchos prefieren elegir la corriente por la que navegarán, apostando mucho a las victorias de unos u otros. Quien gana sabe que tiene un periodo de agradecimiento mientras están en el poder los suyos.

Desde un punto de vista social, esto es un gran desastre informativo. Hubo un tiempo lejano en España en que la prensa era poco creíble al informar de la realidad; la gente recurría a emisoras en el extranjero, a la prensa importada a escondidas. No es que "la verdad estuviera afuera", pero sí que costaba encontrarla.

El caso Watergate, con la prensa acorralando a un presidente norteamericano y haciéndolo caer, elevó el techo periodístico y llevó a mucha gente en todo el mundo a estudiar Periodismo. Los tiempos han cambiado y, siguiendo con el ejemplo norteamericano, parece que nada puede hacer caer a un presidente, que se agarran al poder con uñas y dientes.

Las toneladas metafóricas de información diaria han traído, más que objetividad, manipulación a grandes dosis. Estamos en el mundo de las medias verdades, los bulos, la desinformación, la contra información, etc. Es el mundo de los comunicadores que ya no buscan la verdad sino la forma de obtener la respuesta adecuada a sus intereses a través de la información, de la multiplicación de fuentes. En un mundo en el que no se puede comprobar casi nada, se puede decir casi todo.

La convocatoria desata la histeria comunicativa. Todos se multiplican ante los micrófonos, convocan ruedas de prensa y encadenan entrevistas, emiten comunicados afirmando y desmintiendo. Hablan poco de lo que piensan y mucho en desmentir lo que otros dicen.  Ese es el juego.

Los cálculos se hacen sobre encuestas, otro de los grandes negocios políticos. Con una más fiables que otras, claramente partidistas, unas alientan el miedo a que vengan los vándalos opositores, mientras que algunas tratan de invocar optimismo, un sentimiento peligroso, pues da por seguras victorias inexistentes, meros deseos. Más vale mantener la inquietud, sembrar cierto miedo en el ambiente, lo que lleva a contar con el entusiasmo en mítines y desfiles. Pero, ¡cuidado!, esto también puede cansar, máxime en campaña y precampañas tan largas.

El País


Los medios son importantes cuando hace apenas unos días no se tenían demasiado en cuenta. De repente, el político de turno saluda y sonríe. Estrecha manos. Eso afecta también a los periodistas, que son llamados una y otra vez en función de su éxito con lectores, oyentes o espectadores.

El político trabaja sobre esas tres condiciones para llegar a la gente, para reforzar a los suyos y tratar de captar a los indiferentes, a los robinsones mediáticos, centrados en sus islas. Las redes complican un poco el proceso. No todos pueden ser Trump y tener su propia red social, lo que le permite cierta independencia, respuesta inmediata y darse el gusto de manipular él solito. Eso ha creado un vínculo que, aunque le critiquen duramente, envidian,

No me gustaría que estas elecciones expulsaran al resto del mundo de los medios, que se centraran en uno y otro bando y desapareciera la realidad restante. Sé que eso no es el deseo, pero tienen que aguantar la presión política por aparecer en los medios y repetir una y otra vez lo mismo.

La política española se ha simplificado haciéndose primaria, básica, por un lado; a la vez se ha vuelto más compleja al fraccionarse y obligar al electorado a atender ese mensaje constante entre nosotros: el del llamado "voto útil", que es la forma de atraerlo para unos asegurando utilidad y dejar fuera a los más próximos. En realidad no se compite con los de la oposición, sino con los que compiten por tu voto, los próximos. Eso nos lleva a tener doble lucha, con el opuesto y con el próximo.  Una guerra total.

El Mundo

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