martes, 31 de diciembre de 2019

La alegría de aprender

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La transformación de la Educación en estas décadas ha sido un desastre y tiene sus paralelismos con la sociedad que la usa y donde quedan definidas sus aspiraciones y la falta de ellas. Creo que no hay mayor termómetro social que la educación. Es la que define aquello que necesitamos y nuestros ideales de ser. La educación siempre es un juego con el futuro, con el cómo queremos ser.
Pero se ha convertido la educación en una rutina que debe ser reconocida mediante una serie de items en los que puntuar. Lo ocurrido con el Informe PISA es una buena muestra de nuestra forma actual de entender la educación, resuelta en subir o bajar de unas listas determinadas. No importa más.
No tenemos un ideal de educación porque nos tenemos un ideal de persona que lo encarne. Las diferencias sociales, por el contrario, se han convertido en nuestra seña de identidad. La educación no es más que otro factor diferencial en el camino hacia algo que cada día es más vacío y oscuro.

A algunos les parecerá que está muy bien eso de carecer de "ideales" o "modelos". Cada uno los suyos. Quizá habría que decir a cada cual los que se puede permitir. La apatía que muchos constatan en los jóvenes no es más que una reacción de protección contra las frustraciones. Hace años que no escucho la palabra "vocación". ¿Para qué querer ser algo si solo vas a poder hacer lo que te dejen o te digan que hagas? ¿Para qué añadir la frustración? Es ir por la vida a lo que salga.
Me afectó que el otro día la cajera que me atendió en el hipermercado dejara caer con pena que ella había estudiado Educación Infantil. No lo dijo con gran tristeza, sino con cierta ironía. A pocos metros por encima de ella, los niños jugaban en un recinto de bolas y trampolines. Era lo más cerca que estaría de su vocación, a la que había dedicado años, esfuerzos y seguramente muchas ilusiones. Pero las probabilidades de trabajar en lo que deseaba se reducen cada día. Ya sabemos que no es cuestión de una "crisis", como se nos ha ido diciendo, sino de un modelo que llegó para quedarse y que está fabricando insatisfacción por todo el mundo, algo que se manifiesta en la ira constante.
Quisiera dedicar este último post del año a mis doctorandos. Tienen una vida dura por delante. La mayor parte son extranjeros, pero eso lo hemos dejado ya aparte construyendo nuestro país imaginario en el que convivimos y compartimos aquello que nos gusta aprender, conocer, compartir... "¡Profe, la vida es dura!", fue el mensaje que me enviaron desde fuera. Sí, sin duda lo es. Pero trata tú de no hacérsela más difícil a los demás. Es lo que nos queda,lo que podemos hacer cada uno. Repetir lo que vemos es suicida.

Para mí ha sido un imperativo que encuentren placer en lo que hacen, en el estudio que han emprendido porque es un camino de satisfacción y no de sufrimientos, como se empeñan cada día en convertirlo las cabezas pensantes. Para ellos, aprender debe ser una carrera de obstáculos, un campo de batalla en el que sobrevivan solo los más fuertes, sea esto lo que sea. 
Aquí, en su visión bélica del mundo, no se recogen heridos; los muertos se amontonan en su visión apocalíptica de la enseñanza. Lo llaman "motivación", "competencia", etc. No es más que una forma de reafirmar el poder dentro del sistema más jerárquico y burocrático ideado nunca. ¡Sí, la vida es dura!
A todos vosotros: que no nos hagan perder la alegría de aprender, de amar lo que hacemos y de darle un sentido para todos. Definamos como definamos la ciencia, el conocimiento, etc. se debe hacer desde la perspectiva de la mejora de todos y no de los privilegios de nadie. Si no debemos perder el sentido personal, tampoco se debe perder el social. De muy poco sirve mejorar uno mismo si no lo hacen los demás. Es condenarse a la soledad.
Para los que han terminado este año, mucha suerte. Para los que siguen trabajando, mucha fe. ¡Feliz año a todos!


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.