domingo, 7 de enero de 2018

Filtraciones egipcias o ¿existe el capitán al-Kholi?

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En Egipto no salen de un lío y ya están en otro. Esta vez el lío proviene de las acciones de Donald Trump, en concreto de su decisión de trasladar la embajada norteamericana de Tel-Aviv a Jerusalén, una fuente de problemas y disturbios desde que se hizo pública.
Desde ese momento, las acciones se han multiplicado tanto en las protestas callejeras por múltiples países musulmanes como en los ámbitos diplomáticos, incluido el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en donde Estados Unidos tuvo que caer uso de su derecho de veto quedando en patética soledad como única defensora de su medida.
Hoy, siete de enero, Egypt Independent titula "SIS refutes New York Times’ report on Egyptian Leaders’ acceptance of Jerusalem move"*. El titular puede parecer sorprendente si tenemos en cuenta que fue Egipto quien presentó la propuesta de condena del traslado de la embajada y la aceptación explícita y oficial con ello de la capitalidad de Jerusalén como capital del Estado de Israel. ¿Qué quiere decir este titular?
Ayer, The New York Times publicaba un artículo con el titular "Tapes Reveal Egyptian Leaders’ Tacit Acceptance of Jerusalem Move", suficiente para hacer estallar todos los mecanismos de alerta en la revuelta república egipcia. El periódico norteamericano sacaba a la luz unas grabaciones que hacían ver que la postura oficial no era exactamente la "real":

As President Trump moved last month to recognize Jerusalem as the capital of Israel, an Egyptian intelligence officer quietly placed phone calls to the hosts of several influential talk shows in Egypt.
“Like all our Arab brothers,” Egypt would denounce the decision in public, the officer, Capt. Ashraf al-Kholi, told the hosts.
But strife with Israel was not in Egypt’s national interest, Captain Kholi said. He told the hosts that instead of condemning the decision, they should persuade their viewers to accept it. Palestinians, he suggested, should content themselves with the dreary West Bank town that currently houses the Palestinian Authority, Ramallah.
“How is Jerusalem different from Ramallah, really?” Captain Kholi asked repeatedly in four audio recordings of his telephone calls obtained by The New York Times.
“Exactly that,” agreed one host, Azmi Megahed, who confirmed the authenticity of the recording.
For decades, powerful Arab states like Egypt and Saudi Arabia have publicly criticized Israel’s treatment of the Palestinians, while privately acquiescing to Israel’s continued occupation of territory the Palestinians claim as their homeland.
Trump Recognizes Jerusalem as Israel’s Capital and Orders U.S. Embassy to Move DEC. 6, 2017
But now a de facto alliance against shared foes such as Iran, the Muslim Brotherhood, Islamic State militants and the Arab Spring uprisings is drawing the Arab leaders into an ever-closer collaboration with their one-time nemesis, Israel — producing especially stark juxtapositions between their posturing in public and private.**


El artículo viene a dejar en evidencia la diplomacia de los países árabes, cuestiona su compromiso con la causa palestina y los hace cómplices encubiertos de Israel, el gran enemigo, traicionando a sus propios pueblos, ante los que alienta el distanciamiento con Israel. Ayer, mismo, como ejemplo, la prensa egipcia recogía la condena popular a un conocido académico por haber dado una conferencia en Israel: "Egyptian Academic Saad Eddin Ibrahim Under Fire For Attending Conference at Israeli University" Egyptian Streets 5/01/2018). ¿Una farsa? Probablemente, porque son muchos los que son atacados por visitar Israel o recibir a un embajador en su casa, mientras que hay otros que realizan en la sombra o semisombra beneficiosos negocios muy lucrativos directa o indirectamente, como han denunciado algunos de los acusados de mantener contactos con Israel.
La hipocresía sería una muestra más de la falta de transparencia, por un lado, pero también de la profunda hipocresía que hace que los gobiernos presuman de su actitud anti israelí, haciendo que esta crezca socialmente, para después mantener una diplomacia paralela que protegería al estado de Israel. En el caso egipcio, es bastante sangrante por ser precisamente el máximo beneficiario de las ayudas norteamericanas tras los acuerdos de Camp David. Los gobiernos jugarían al populismo manteniendo en las calles y medios una actitud de desafío hacia Israel, mientras que en la sombra la actitud sería otra.
The New York Times señala:

For decades, powerful Arab states like Egypt and Saudi Arabia have publicly criticized Israel’s treatment of the Palestinians, while privately acquiescing to Israel’s continued occupation of territory the Palestinians claim as their homeland.
But now a de facto alliance against shared foes such as Iran, the Muslim Brotherhood, Islamic State militants and the Arab Spring uprisings is drawing the Arab leaders into an ever-closer collaboration with their one-time nemesis, Israel — producing especially stark juxtapositions between their posturing in public and private.
Mr. Trump’s decision broke with a central premise of 50 years of American-sponsored peace talks, defied decades of Arab demands that East Jerusalem be the capital of a Palestinian state, and stoked fears of a violent backlash across the Middle East.
Arab governments, mindful of the popular sympathy for the Palestinian cause, rushed to publicly condemn it.
Egyptian state media reported that President Abdel Fattah el-Sisi had personally protested to Mr. Trump. Egyptian religious leaders close to the government refused to meet with Vice President Mike Pence, and Egypt submitted a United Nations Security Council resolution demanding a reversal of Mr. Trump’s decision. (The United States vetoed the resolution, although the General Assembly adopted a similar one, over American objections, days later.)**

Desde la información sacada a la luz por The New York Times, todo esto no sería más que puro teatro. No es la primera vez que se escucha esta "doble moral" (en los países árabes gusta mucho la expresión "doble rasero" aplicada a Occidente). La situación de muchos estados depende de este extraño e hipócrita equilibrio entre lo que ocurre en las calles y lo que ocurre en las relaciones diplomáticas entre los gobiernos. Se puede entender que haya situaciones que requieran cuidado diplomático. Pero lo importante aquí es el falso populismo que hace que los líderes de los países implicados —el más señalado es el presidente egipcio, país que presenta oficialmente la propuesta de resolución ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas— después pongan en marcha la maquinaria mediática del estado en sentido contrario.


Las llamadas que el capitán del Servicio de Inteligencia egipcio hace son a los profesionales de los medios. Si la doble actitud de los países no es demasiado sorprendente, el papel de los medios tampoco. Las acciones controladoras sobre los medios del gobierno egipcio para asegurar la popularidad del presidente de cara a su presentación en las próximas elecciones hacen que la mayoría de estos estén bajo su control y muchos deseando hacerlo. Los profesionales conocen este tipo de llamadas de los servicios de inteligencia. La orientación de los medios es una parte de su trabajo. Al-Sisi ha cumplido el sueño que mantiene en vilo a Donald Trump, el control de la mayoría de la prensa gracias a los controles establecidos a través de los bloqueos y cierre, el uso de los medios estatales  y la compra por los amigos de los medios hostiles, de los que van saliendo los profesionales que no se pliegan a transmitir las visiones oficiales.
Se señala en el periódico norteamericano:

The hosts Captain Kholi called all heeded his advice, and most other voices in the state-owned and pro-government news media across the Arab world were also strikingly muted, even unemotional, about the status of Jerusalem. Such a response would have been all but unthinkable even a decade ago, much less during the period between 1948 and 1973, when Egypt and its Arab allies fought three wars against Israel.
Shibley Telhami, a scholar of the region at the University of Maryland and the Brookings Institution, called the Arab states’ acceptance of the decision “transformational.”
“I don’t think it would have happened a decade ago, because Arab leaders would have made clear they wouldn’t live with it,” he said. Instead, he said, preoccupied by concerns about their own stability, the Arab leaders signaled that — while they may not like the decision — they “will find a way to work with it,” and “with a White House that is prepared to break with what had been taboos in American foreign policy.”
Two spokesmen for the Egyptian government did not respond to requests for comment for this article. Captain Kholi could not be reached.
Television talk shows play a formative role in shaping public debate in Egypt, and Egyptian intelligence services often brief the presenters of the programs about messages to convey to the public. The hosts typically prefer to characterize the conversations as journalists talking to sources.
In addition to the call with Mr. Megahed, three other audio recordings of strikingly similar telephone conversations with the same intelligence agent, Captain Kholi, were all provided to The Times by an intermediary supportive of the Palestinian cause and opposed to President Sisi. The origin of the recordings could not be determined.**

Estos últimos apuntes sobre el origen son interesantes. Suponen que existe una facción al menos que puede tener acceso a este tipo de informaciones y que las ha podido hacer públicas. Que el filtrador se presente como "apoyo de la causa palestina" y "opuesto a al-Sisi" ya es un detalle interesante. Pueden ser ciertas las dos, la mitad o ninguna.


El argumento de que esta indiferencia de fondo sobre la cuestión de la capitalidad de Jerusalén y el traslado de la embajada norteamericana obedece a la preocupación por sus propios problemas y la necesidad de enfrentarse a unos enemigos comunes —Irán, el Estado Islámico y los Hermanos Musulmanes— no deja de ser sorprendente. Ninguno de estos enemigos necesita que se le añada la cuestión de la capitalidad israelí; tienen entidad propia cada uno de ellos.
El final del artículo de The New York Times tiene una última sorpresa para acabar de demostrarnos que la foto de la caja del puzle tiene poco que ver con las dos mil piezas que contiene:

All three recipients of his calls pledged to convey his messages, and some echoed his arguments in broadcasts. “Enough already. It got old,” Mr. Megahed told his viewers about the issue of Jerusalem.
In his conversation with Mr. Megahed, however, Captain Kholi added an extra flourish. He charged that Egypt’s regional foe Qatar and its ruler, Emir Tamim bin Hamad al Thani, were the ones guilty of collaborating with Israel.
“You also will say that Tamim and Qatar have secret ties to Israel. You know all that,” Captain Kholi told the talk show host.
“Obvious ties,” Mr. Megahed replied. “My pleasure. My pleasure. I will include it in the next episode, God willing.”**

El final es digno del último episodio de la temporada de una exitosa serie televisiva. La introducción de Qatar, al que Arabia Saudí, Emiratos, Jordania y especialmente Egipto acusan de lazos con Irán, el Estado Islámico y los Hermanos Musulmanes, como aliados secreto de Israel, se parece demasiado a lo que aquel militar egipcio dijo a los medios, que Hassan el-Banna, el egipcio fundador de los Hermanos Musulmanes, era en realidad un judío sionista que buscaba la destrucción del islam. Se quedó tan ancho y, como el señor Megahead, muchos los dieron por bueno dentro de este mundo conspiratorio que supera cualquier retorcida ficción.
¿Que necesidad tenía el probable capitán  Ashraf al-Kohli de meter a Qatar en el nuevo lío a menos que esperara que las cintas se escucharan? ¿Era necesario para convencer a los pro régimen, que lo escuchan y repiten todos los días?


Por su parte, en Egipto han tenido que reaccionar rápido para frenar las informaciones sacadas a la luz por The New York Times. Desde los iraníes a la prensa norteamericana pasando por todo el mundo, han recogido que al-Sisi hace una cosa y dice otra. Lo que le crea un gran problema interno y algunos externos.
En Egypt Independent se puede leer, tras el titular que señalábamos al principio del texto:

Egypt’s State Information Service (SIS) on Saturday denied the veracity of a report by The New York Times claiming that Egyptian leaders have accepted the decision by US President Donald Trump to move their embassy to Jerusalem.
The report, published on Saturday 6 January, titled “Tapes Reveal Egyptian Leaders’ Tacit Acceptance of Jerusalem Move” by David D. Kirkpatrick, the Times’ international correspondent based in London, said the newspaper obtained four audio recordings of an alleged Egyptian intelligence officer talking to the hosts of several talk shows in Egypt.
The intelligence officer, Capt. Ashraf al-Kholi, told the hosts that instead of condemning the decision, they should persuade their viewers to accept it.
SIS said in a statement that The Times’ report claims that Kholi is an officer with the Egyptian General Intelligence without presenting its readers with the slightest evidence as to the truth of this piece of information or that a person by this name exists in the first place.
It added that Mofid Fawzy is a journalist who stopped TV presenting years ago contrary to the claim made in the Times’ report.
Also, SIS said that Saeed Hassaseen whose talk show stopped several weeks before the Jerusalem decision and who does not currently present any other TV show. It reported that Hassaseen denied that he received a call on Jerusalem, affirming that he does not know at all a man by the name of Ashraf al-Kholi.
The renowned movie star Yousra has no relation whatsoever to presenting TV talk shows and is working in the movie and acting industry in Egypt and the Arab world as well, a fact Mr. Kirkpatrick should have been aware of given his long stay in Egypt, the SIS statement added.
It said that Yousra denied knowing someone by the name Ashraf al-Kholi, or that she discussed with anyone the issue of Jerusalem and that she has spoken or expressed views on political subjects to any media outlet, adding that she was not present in Egypt during the period specified in the report.
She further announced that she will seek legal action for bringing her name into these alleged leaked audio recordings as this amounts to an affront to her reputation as a big movie star.
Azmi Megahed, the fourth name in the Times report, denied knowing a man by the name of Ashraf al-Kholi, the newspaper said.
The Times’ report contains allegations regarding Egypt’s position on the Jerusalem issue mentioned in the so-called “audio recordings.”
It is inappropriate for The New York Times, a reputable newspaper, to publish such allegations, SIS said.
Egypt’s positions on international issues are not derived from alleged leaks from an anonymous source, the SIS statement said, adding that Egypt’s positions are conveyed by the President, the Minister of Foreign Affairs and in official statements.
All of the entities in charge have expressed, in word and deed, the inalienable position on Jerusalem in the United Nations and other international organizations with disregard for the threats of the US Permanent Representative in the UN to cut aid to countries including Egypt over UN Jerusalem vote, the statement added.*


Lo cierto es que antes de que estas informaciones salieran las campañas contra el gobierno egipcio señalando su falta de reacción ante el anuncio del traslado de la embajada. La iniciativa ante el Consejo de Seguridad era disparar con balas de fogueo ante la previsible acción de veto norteamericana. En medios como The New Arab los titulares críticos ante la parálisis egipcia o más directamente contra el presidente al-Sisi se sucedían unos a otros.
La información presentada por The New York Times es más dañina para al-Sisi que para Egipto. Hoy los medios de todo el mundo se hacen eco de esta noticia que los servicios de inteligencia egipcios desmienten de una manera un tanto extraña. Si el capitán Ashraf Al-Kholi no existe, todo lo demás se desmonta por sí mismo. Puede que no exista el "capitán" pero sí las llamadas. También es extraño que la gestión de algo así se haya hecho vía telefónica. No suele ser lo habitual, aunque mayores meteduras de pata se han visto. ¿Quién hizo las grabaciones y cuál era el fin? Los que las cedieron a The New York Times, nos dicen, eran pro palestinos y anti al-Sisi.


Tampoco está claro el objetivo final. El único que sale resplandeciente es Donald Trump, que queda convertido en un genio de la diplomacia paralela. Consigue trasladar la embajada y los líderes árabes le dan la razón por lo bajo frente a sus soliviantadas poblaciones, enemigas de Israel. A Israel no parece que le beneficie demasiado esta "revelación", ya que podría obligar a los dirigentes árabes a tomar posiciones abiertamente en contra del traslado. La idea vendida de que Qatar es una aliada de Israel no deja de ser sospechosamente sorprendente.
¿Verdad, mentira, ambas cosas? ¿Creíble? ¿Por qué no, si es lo que piensa mucha gente sin necesidad de filtraciones? ¿Creíble, sí? A veces se llega a la verdad por un camino de mentiras. Puede ser también que las llamadas fueran reales, pero no lo fuera el capitán. Pero entonces, ¿por qué tan poco énfasis en la negación de su existencia? Choca también la peculiaridad de los personajes llamados. Si las grabaciones existen y son reales y ellos creían que hablaban con un representante de la Seguridad, ¿era esto cierto?
¿Dice alguien la verdad? The New York Times cree decirla, al menos eso es lo que les han contado. Los servicios secretos egipcios no son precisamente la institución más fiable. ¿Dicen ellos la verdad entonces? El problema principal es que, llegados a este punto del juego, ya no se sabe muy bien quiénes son los amigos en la partida.
Puestos a hacernos preguntas egipcias quizá deberíamos volver a preguntarnos, por ejemplo, quién le dio a Al-Jazeera el vídeo del candidato presidencial Ahmed Shafiq, robado del teléfono de su hija. Quizá haya que saber en qué guerra se ha producido esta filtración, si en la presidencial o en la regional o en una más amplia o en una muy lejana. La pregunta sobre quién es realmente el objetivo, el perjudicado por todo esto, podría ayudarnos a comprender este puzle, este peculiar arabesco.




* "SIS refutes New York Times’ report on Egyptian Leaders’ acceptance of Jerusalem move" 7/01/2018 http://www.egyptindependent.com/sis-refutes-new-york-times-report-egyptian-leaders-acceptance-jerusalem-move/

** "Tapes Reveal Egyptian Leaders’ Tacit Acceptance of Jerusalem Move" The New York Times 6/01/2018 https://www.nytimes.com/2018/01/06/world/middleeast/egypt-jerusalem-talk-shows.html




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