jueves, 1 de enero de 2026

Año nuevo, viejos problemas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


A veces simplificamos más de la cuenta y en aspectos socialmente relevantes, como es la violencia de género, puede llegar a ser peligroso hacerlo. Cualquier deseo de enfrentarse al problema se encuentra con la dificultad de que nos acostumbremos a ello y se pierda la auténtica medida de ese problema.

Por eso es adecuado darle la perspectiva correcta en estos momentos del año en que tendemos a mirar con otros ojos lo que nos rodea.  Que este primer día del año sea el primero en que nos planteamos las cuestión de la violencia contra las mujeres, uno de los temas que han tenido protagonismo en 2025 y que corremos de que lo tenga en 2026. Hablar de ello es necesario, porque una parte importante corresponde al silencio y la ausencia del debate adecuado.

 En RTVE.es, nos hacen balance del 2025 y valoran las dimensiones del problema desde la perspectiva de la Delegada de Gobierno para la Violencia de Género: 

Desde que el Gobierno comenzó en 2003 a recabar datos estadísticos de esta lacra, más de 1.300 mujeres han perdido la vida por este tipo de violencia, 46 de ellas en 2025. Y las cifras no dejan de crecer, con un final de año especialmente negro y un dibujo general que deja retos pendientes.

La Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género confía en “no normalizar nunca estas cifras” porque Pilar, Oriana y Sayuri “no son números” sino “mujeres con nombre, con familias, con proyectos de vida truncados por la violencia machista”. Cada asesinato, advierten fuentes de dicha institución a RTVE Noticias, “es un fracaso colectivo del conjunto de la sociedad y de las instituciones y, por tanto, exige un análisis permanente y autocrítico”. Hay que examinar con lupa los datos para tomar medidas.

El 12,7% de las mujeres residentes en España de más de 16 años ha sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja en algún momento de su vida. En tres de cada cinco casos, no fue sólo una vez, según consta en la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer publicada hace unas semanas.*


Me parece adecuado hablar de "fracaso colectivo", pues las cifras de muertes son solo una parte de un problema mucho más extendido de lo que se piensa, un problema que juega con el silencio y el miedo a las denuncias y que casi siempre sale al centro de la escena cuando ya la víctima ha dejado de existir.

La violencia de género es algo enquistado en la sociedad, el problema más grave que tenemos porque afecta al conjunto. Los escándalos del acoso en los partidos políticos e instituciones es algo más que una herramienta para la lucha política. Es una demostración de que esto está metido allí de donde debían surgir las soluciones.

El problema no es "el deterioro de la imagen" de los partidos, sino la constatación de que esto es mucho más grave de lo que pensábamos. En cualquier caso, que sea algo que afecte a los partidos tiene una parte positiva: la explosión informativa que lleva a tener conciencia.

Pero lo malo de la conversión en "noticia" es que estas van y vienen en función de otros parámetros, los que produce el mundo de la información. Por eso la "normalización" puede convertirse en el mayor problema en la medida en que entra en competición con otras muchas cosas y esto es algo muy distinto. No se trata de "noticias" en los medios, sino precisamente del problema del silencio y que, por contra, solo salgan a la luz los casos llamativos, como ocurre con los ocurridos en el ámbito político,

Cuando los hechos se convierte en cifras, en estadísticas, se corre un riesgo especial. Por eso está bien que se señale en el artículo de Daniel Herrero que "las víctimas son algo más que números", que son "personas" a las que el sistema, en todas sus dimensiones, ha fallado. Por eso, igualmente, es adecuado que se hable de "fracaso colectivo".

Quizá sea inevitable que en un sistema mediático el criterio de lo noticioso prime sobre otros criterios, que la crueldad o el número se antepongan a otro criterios, pero es imprescindible que cada crimen, que cada caso de acoso, de maltrato, etc. tenga su justa dimensión que es la que despierte en la sociedad la conciencia del problema y su gravedad.

El problema de la violencia machista no es solo un problema noticioso. Está profundamente anclado en los rincones más escondidos de nuestra sociedad. Se transmite como falta de valores de igualdad en las familias, en las escuelas, en muchas instituciones sociales. 

El machismo patriarcal no es un tópico feminista, como pretenden los crecientes negacionistas, alentados desde su protagonismo en los Estados Unidos. Es una realidad histórica que puede rastrearse en el tiempo, pueden comprobarse en sus acciones, en sus leyes, en sus refranes y dichos, en sus textos o películas. Se puede discutir sobre las "clases", pero no se puede discutir sobre la existencia de las diferencias de género y la dominación patriarcal. Todo esto castiga a una parte importante de la población, que se enfrenta a esta forma de violencia, generada desde una conciencia de posesión, de ser las mujeres propiedades cuya resistencia (es decir, independencia, deseo de igualdad, etc.) hay que evitar.


En algunos países esto es perfectamente visible, como ocurre en Afganistán, quizá uno de los casos más extremos de violencia normalizada e institucional contra las mujeres. Pero los casos extremos no evitan que en otros, como en el nuestro, proliferen también otras formas de violencia de género.

Tenemos la teoría, pero evidentemente no controlamos la práctica, que es lo que ocurre en espacios familiares y laborales. La cuestión está variando porque se discute, como hemos dicho, la propia teoría para actuar sobre la práctica, que no son solo los asesinatos de mujeres, sino esa otra situación que va saliendo a la luz y muestra cierto retroceso y, sobre todo, una polarización.

En España lo comenzamos a percibir cuando empezaron a frenarse las formas emancipadoras en las escuelas y bibliotecas públicas, amparándose en el "derecho de los padres" a decidir cómo formar a sus hijos y evitar que se les "adoctrinara". Cuando Vox llegaba a algún ayuntamiento, pasaba a controlar la compra de libros que pudieran afectar a su negacionismo del patriarcado. Son precisamente familias y escuelas los principales focos de formación de la violencia de género.

Que sea desde el gobierno, como nos dice el titulas de RTVE.es desde donde se hable de "fracaso colectivo", podrá parecer a algunos una especie de poner la pelota en el tejado de otros el problema. Más allá de esto, hay que exigir medidas, vigilancia y más medios, pero también realizar nosotros desde la sociedad, acciones para tratar de frenar esto. Hay que hablar, romper los silencios, denunciar, explicar, compartir...

No es una cuestión sencilla y necesita de una conciencia clara del camino y de los obstáculos que se siembran. Hay que evitar muertes, evitar su normalización, pero eso es solo una parte de la tarea. Si no lo logramos, el "fracaso colectivo" seguirá ganando terreno. 


* Daniel Herrero "La violencia de género, un "fracaso colectivo" en un año con casi medio centenar de asesinatos" RTVE.es 31/12/2025 https://www.rtve.es/noticias/20251231/violencia-genero-fracaso-colectivo-asesinatos/16870999.shtml 

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