Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Puede
que todavía no estén claras las causas, pero sí los efectos, el dolor que se ha
producido en ese amasijo de vagones y cadáveres que nos explican una y otra vez
y seguimos sin comprender.
Llamaron
al caso "raro y complejo" desde su inicio y así lo sigue siendo.
Afloran
desde el principio los casos personales con la excepcionalidad que provoca las
dimensiones del siniestro. Son casos de las personas que llegaron allí de
inmediato, de lo que se encontraron; casos de supervivencia apenas explicables,
como el de esa niña de seis años que pierde a la familia y sobrevive por su
pequeño tamaño, caso al que se añade el de quien la encontró. Es la angustia de
los que siguen esperando a que les den la noticia de dónde están sus
familiares.
Nos
llegan parentescos y conexiones de los fallecidos. Se personalizan hasta
identificarlos como un conjunto de conexiones con los que quedan, con sus
ocupaciones o trabajos. Son entonces "el hijo de un ex futbolista" o los
periodistas de tal o cual programa o medio fallecidos.
Son
cuarenta y dos muertos que se personalizan, que rompen su estado numérico para
poder ser personas que nos dejan y a las que intentamos recordar como tales,
del número a la persona.
Unas
líneas de los medios tratan de encontrar las explicaciones al sinsentido de la muerte, a su
absurdo, a la ruptura de nuestras expectativas. Otras en cambio, solo tratan de
humanizar a los que se han ido y se están yendo cada hora un poco.
Por
allí pasan personas que ayudan y personas que representan a las autoridades, de
alcaldes a ministros, directivos hasta llegar a los Reyes, retornados de otro
funeral, el de la hermana pequeña de la Reina Sofía. De la muerte discreta al
estruendo de un accidente con todos los agravantes de lo cotidiano, subir a un
tren... y no llegar, morir en una recta, en el fatal choque entre dos trenes,
algo que supone un cruce habitual de unos pocos segundos convertido ahora en un
terrible drama, el de esos provisionales cuarenta y dos muertos, sus familias,
los que acudieron al escenario a ayudar, los profesionales.
Califican
el caso como "especialmente complejo". No saben si las vías rotas
fueron causa o efecto. Hay que esperar, nos dicen, a que los expertos
dictaminen. Eso no significa mucho, como ha ocurrido con "el gran
apagón", convertido en un misterioso peloteo entre los agentes
involucrados. ¿Ocurrirá lo mismo aquí, tendremos un peloteo entre compañías,
responsables políticos, etc.?
Nos
dicen en RTVE.es que el caso es "diferente" por ser todo
prácticamente nuevo:
Uno de los elementos que más llama la atención en este caso es que Renfe ha descartado de manera explícita el fallo humano como origen del accidente. Esta afirmación, poco habitual en fases tempranas de una investigación, desplaza el foco hacia el ámbito técnico y material del sistema ferroviario, apuntando a factores como la infraestructura, el estado de las ruedas de los vagones o la interacción entre distintos subsistemas. "El fallo humano está prácticamente descartado. Si el maquinista toma una decisión errónea, el propio sistema la corrige", ha asegurado en el programa Las Mañanas de RNE el presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia.*
La nota discordante la pone una vez más el discurso de Vox, que ha decidido aprovechar la ocasión, un mal gesto político en un mal momento. Hay que aprovecharlo todo, el dolor ajeno especialmente. No creo que vayan a encontrar mucho reconocimiento, sacarle mucho provecho a esas palabras contracorriente con las que han salpicado las reacciones de unos y otros.
Pasados los primeros efectos, ya se discute acaloradamente en las tertulias televisivas, auténticas máquinas de triturar. Aunque la investigación técnica no avanza mucho, allí se rebusca muchas veces en la nada. Triste papel de algunos.
Hay un momento para compartir el dolor ajeno; hay otros momentos para encontrar respuestas, otro para las responsabilidades. Los que quieren convertir el dolor en indignación deben respetar los tiempos, los momentos, especialmente si no saben de lo que están hablando.
Este drama afecta demasiado por lo cotidiano, por lo cercano que está a todos nosotros, como para jugar con él. Se preguntan algunos sobre si afectará al "prestigio" del tren, de la red ferroviaria española, y nos sacan imágenes de Barack Obama cantando las virtudes de las líneas españolas cuando era presidente. Cada uno vela por lo suyo.
Mis alumnos me pidieron si podíamos terminar nuestra clase del lunes antes para que pudieran ir a donar sangre. Me pareció un gesto muy estimable, una forma de participar ayudando en este desgraciado asunto. La solidaridad, la empatía se disparan ante estos casos que nos muestran la fragilidad de todo lo humano.
Los medios nos dan cuenta de otro accidente hace unas horas, esta vez, en las líneas de Cataluña. Otro muerto, el maquinista; más heridos, cinco graves, entre los viajeros. Esta vez parece menos complejo. Un dolor que se suma, dudas que se esparcen.
Desde aquí nuestra solidaridad y respeto a todos los que se han visto tocados por este absurdo, por ahora inexplicable. Hay mucho dolor y lo principal ahora es rebajarlo; ya habrá tiempo para la explicación detallada. Hay que estar junto a los que padecen este choque brusco, esta ruptura del orden. Nuestra solidaridad y afecto con todos ellos.
* Samuel A. Pilar "¿Qué falló en el accidente ferroviario de Adamuz? Un caso "raro y difícil" con el foco puesto en cuándo se rompió la vía" RTVE.es 20/01/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260120/causas-accidente-ferroviario-adamuz-fallo-humano-descartado/16900812.shtml






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