viernes, 2 de enero de 2026

Los problemas de la IA

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En RTVE.es se nos ofrece por parte del equipo de VerificaRTVE un interesante compendio de opiniones sobre el uso y consecuencias de la IA en distintos campos. El artículo se titula "La democratización de los asistentes de IA y su potencial para desinformar: las claves en 2025" y lo firma Blanca Bayo, del VerificaRTVE.

El texto va desgranado la nueva situación de la IA. Creo que el uso de "democratización" no es el más adecuado pues es una palabra con connotaciones positivas, mientras que no es eso lo que nos muestra el recorrido por usos y aplicaciones de la IA, De hecho, es esa "democratización", entendida como "expansión" lo que forma parte del problema debido al mal uso. ¿Llamaríamos "democratización" a repartir armas para todos ante el crecimiento de la violencia? Probablemente solo Trump y los suyos lo harían.

Se vuelve a usar la "democracia" en la primera de las entradas:

No estábamos preparados para la democratización de los asistentes de IA

"Hay estudios que indican que casi la mitad de la población de distintas edades está usando la IA para hacer consultas de todo tipo: personales, educativas, sociales y hasta psicológicas", afirma Pilar Sánchez-García, periodista y profesora de la Universidad de Valladolid. Lucía Ortiz de Zárate Alcaraz, profesora de Filosofía Moral en la Universidad Autónoma de Madrid, detalla que "la utilizamos para consultarle dudas sentimentales, cuestiones psicológicas, problemas de trabajo para hacer la lista de la compra, para charlar...". Aunque las especialistas consultadas entienden las ventajas de aprender a utilizar asistentes de IA, coinciden en que un mal uso puede ser peligroso.*

No sé si el uso masivo es sinónimo de "democracia" pero me parece peligroso o, al menos, confuso que las IA se vea como la solución única al futuro. Todo lo que se nos cuenta son precisamente "carencias" sociales e individuales que el uso de la IA pretende, si no sanar, sí tapar creando un clima de confianza. La IA no soluciona problemas, se adapta a ellos como parte de un gigantesco negocio que genera inmenso beneficios y problemas que se venden como soluciones. Es el gran negocio del siglo en el que estamos. Son los problemas que tenemos lo que la hacen atractiva. Venderla como solución es crear una dependencia psicosocial de enorme intensidad en una sociedad como en la que nos encontramos, que se mueve al ritmo de la soledad, la inseguridad y la violencia sistémicas.

Basta con aplicar la prueba de apagón para comprobarlo. ¿Qué ocurriría se cortarán de golpe los accesos a la IA durante un tiempo? Cuando la dependencia se haya consolidado empezará el gran negocio.

No son ya pocas las voces que advierten de todo esto. Entre las consultas realizadas para el informe, me interesan especialmente las que afectan a la incapacidad de establecer qué es lo real: 

Para Carmela Ríos, la clave está en el entorno en el que consumimos la información: "El ciudadano empieza a interiorizar que vive en ecosistemas de contenido donde la información y la desinformación, donde la verdad y la mentira se mezclan de una forma orgánica porque la tecnología es lo suficientemente sofisticada para que eso suceda." La experta en redes sociales alerta del peligro de no enseñar a las personas a "identificar y a buscar los espacios de verdad, de periodismo, donde hay una información jerarquizada y ordenada", porque entonces van "a dimitir de la verdad y de lo que puede ser informativamente relevante y va a pasar a otro estadio, el del entretenimiento".

La profesora Lucía Ortiz de Zárate se manifiesta de forma similar: "Hay una sensación generalizada de que no sabemos qué es verdadero y qué es falso, pero procedente no solo de aquello que es producido con inteligencia artificial". Asegura que "hay gente que desconfía de las estadísticas que dan instituciones públicas que hasta ahora tenían toda su confianza, hay una desconfianza por la información que dan los medios de comunicación". Y, sin embargo, al mismo tiempo, tenemos una "confianza casi ciega en la tecnología", lamenta. Para la profesora de Filosofía Moral de la UAM, la desconfianza que genera no desbanca ni de lejos la confianza generalizada que tiene la gente en la inteligencia artificial porque el número de usuarios no deja de aumentar"*

Son estas cuestiones de fondo las que determinan nuestra actitud hacia otras muchas. Si se  pierde la seguridad necesaria para creer saber, no queda nada en pie. Muchas de las cosas que "sé", las sé por mi confianza en lo que se me dice. La existencia de fuentes fiables es lo que genera el edificio de la confianza y nos permite actuar, tomar decisiones. Si debilitamos nuestra confianza y solo confiamos en la IA pasamos a estar en sus manos, a depender de ella. Gran parte del éxito e implantación de la IA se ha generado desde la desconfianza, que se ha atizado adecuadamente.

Detrás de cada IA no hay siglos de experiencia, sino enormes intereses económicos empeñados en obtener beneficios de nuestras debilidades e inseguridades. No dirán lo suficiente, no arreglarán nada.

 Un mundo lleno de parches no es un buen futuro. No creamos soluciones, solo problemas rentables.

No dudo que haya un gran avance en la IA, pero sí dudo que eso que llaman su "democratización" sea el mejor camino. Nos decían en otro artículo hace unos días que los ciberdelincuentes usan ya la IA para sus delitos. Los cada vez más jóvenes que la dominan ya la usan para el acoso. Es solo una pequeña demostración de que se ha liberado una fuerza que no es fácil de controlar.

Los temores sobre el desempleo masivo empeoran las condiciones de los contratados, que viven con el miedo de ser sustituidos. La carreras se empiezan a elegir —eso recomiendan— conforme al grado de incidencia de la IA en los campos específicos. ¿Qué sentido tiene estudiar algo que la máquina hará sin diferencias?

Pero peores son sus efectos, como se señala, en la creación de un mundo "fake" que impida ver cualquier cosa que podamos llamar "realidad", "verdad", etc. Se nos cierran muchas puertas y se nos abren las de la inseguridad, la indefinición, lo que nos hará ser altamente manipulables, como ya nos demuestran con su uso de las imágenes en los Estados Unidos. En el texto se cita la conversión de la Gaza destruida, masacrada, en un resort de lujo por medio de la IA. No es solo un ejemplo, es una advertencia de sus posibles usos en la manipulación política.

La IA son muchas cosas, muchos campos abiertos. Pero cuantos más se abran, mayor será nuestra dependencia en los campos de aplicación. La manipulación de la realidad hace desaparecer nuestra confianza en ella, en lo que se ha hecho o se puede hacer. Hoy vemos a delincuentes defenderse diciendo que "no se reconocen" en las imágenes o en sus voces, dando a entender que han sido manipuladas con algún tipo de IA.


Este mundo se ha ideo creando ladrillo a ladrillo. Cada vez tenemos menos decisión, pues la duda se ha sembrado sobre todo. Ya no sabes quién habla, qué es real, o cómo ha sido el camino hasta llegar a aquí. Esto, como estado de cosas, no es el más recomendable.

No creo que "democratización", un término positivo, sea el más adecuado en este caso, a menos que se tenga un sentido perverso de lo que es la democracia, algo hacia lo que cada vez se apunta más. Son ya muchos medios —entre ellos RTVE— que incluyen verificaciones de lo que les llega como información, datos o en cualquier otro estado. No tienen otro remedio. El nuestro es tratar de encontrar medios fiables, es decir, que verifiquen adecuadamente lo que publican.

Los fraudes de duplicaciones de webs, falsificaciones de datos, etc. se lo ponen fácil a los delincuentes, difícil a nosotros y beneficioso a los que crean todo esto, los que sacan tajada. Sin duda, el empleo del futuro será tratar de determinar qué es real y qué es falso


* Blanca Bayo "La democratización de los asistentes de IA y su potencial para desinformar: las claves en 2025"  RTVE.es /VerificaRTVE 1/01/2025 https://www.rtve.es/noticias/20260101/democratizacion-asistentes-potencial-desinformar-claves-ia-2025/16879643.shtml


jueves, 1 de enero de 2026

Año nuevo, viejos problemas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


A veces simplificamos más de la cuenta y en aspectos socialmente relevantes, como es la violencia de género, puede llegar a ser peligroso hacerlo. Cualquier deseo de enfrentarse al problema se encuentra con la dificultad de que nos acostumbremos a ello y se pierda la auténtica medida de ese problema.

Por eso es adecuado darle la perspectiva correcta en estos momentos del año en que tendemos a mirar con otros ojos lo que nos rodea.  Que este primer día del año sea el primero en que nos planteamos las cuestión de la violencia contra las mujeres, uno de los temas que han tenido protagonismo en 2025 y que corremos de que lo tenga en 2026. Hablar de ello es necesario, porque una parte importante corresponde al silencio y la ausencia del debate adecuado.

 En RTVE.es, nos hacen balance del 2025 y valoran las dimensiones del problema desde la perspectiva de la Delegada de Gobierno para la Violencia de Género: 

Desde que el Gobierno comenzó en 2003 a recabar datos estadísticos de esta lacra, más de 1.300 mujeres han perdido la vida por este tipo de violencia, 46 de ellas en 2025. Y las cifras no dejan de crecer, con un final de año especialmente negro y un dibujo general que deja retos pendientes.

La Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género confía en “no normalizar nunca estas cifras” porque Pilar, Oriana y Sayuri “no son números” sino “mujeres con nombre, con familias, con proyectos de vida truncados por la violencia machista”. Cada asesinato, advierten fuentes de dicha institución a RTVE Noticias, “es un fracaso colectivo del conjunto de la sociedad y de las instituciones y, por tanto, exige un análisis permanente y autocrítico”. Hay que examinar con lupa los datos para tomar medidas.

El 12,7% de las mujeres residentes en España de más de 16 años ha sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja en algún momento de su vida. En tres de cada cinco casos, no fue sólo una vez, según consta en la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer publicada hace unas semanas.*


Me parece adecuado hablar de "fracaso colectivo", pues las cifras de muertes son solo una parte de un problema mucho más extendido de lo que se piensa, un problema que juega con el silencio y el miedo a las denuncias y que casi siempre sale al centro de la escena cuando ya la víctima ha dejado de existir.

La violencia de género es algo enquistado en la sociedad, el problema más grave que tenemos porque afecta al conjunto. Los escándalos del acoso en los partidos políticos e instituciones es algo más que una herramienta para la lucha política. Es una demostración de que esto está metido allí de donde debían surgir las soluciones.

El problema no es "el deterioro de la imagen" de los partidos, sino la constatación de que esto es mucho más grave de lo que pensábamos. En cualquier caso, que sea algo que afecte a los partidos tiene una parte positiva: la explosión informativa que lleva a tener conciencia.

Pero lo malo de la conversión en "noticia" es que estas van y vienen en función de otros parámetros, los que produce el mundo de la información. Por eso la "normalización" puede convertirse en el mayor problema en la medida en que entra en competición con otras muchas cosas y esto es algo muy distinto. No se trata de "noticias" en los medios, sino precisamente del problema del silencio y que, por contra, solo salgan a la luz los casos llamativos, como ocurre con los ocurridos en el ámbito político,

Cuando los hechos se convierte en cifras, en estadísticas, se corre un riesgo especial. Por eso está bien que se señale en el artículo de Daniel Herrero que "las víctimas son algo más que números", que son "personas" a las que el sistema, en todas sus dimensiones, ha fallado. Por eso, igualmente, es adecuado que se hable de "fracaso colectivo".

Quizá sea inevitable que en un sistema mediático el criterio de lo noticioso prime sobre otros criterios, que la crueldad o el número se antepongan a otro criterios, pero es imprescindible que cada crimen, que cada caso de acoso, de maltrato, etc. tenga su justa dimensión que es la que despierte en la sociedad la conciencia del problema y su gravedad.

El problema de la violencia machista no es solo un problema noticioso. Está profundamente anclado en los rincones más escondidos de nuestra sociedad. Se transmite como falta de valores de igualdad en las familias, en las escuelas, en muchas instituciones sociales. 

El machismo patriarcal no es un tópico feminista, como pretenden los crecientes negacionistas, alentados desde su protagonismo en los Estados Unidos. Es una realidad histórica que puede rastrearse en el tiempo, pueden comprobarse en sus acciones, en sus leyes, en sus refranes y dichos, en sus textos o películas. Se puede discutir sobre las "clases", pero no se puede discutir sobre la existencia de las diferencias de género y la dominación patriarcal. Todo esto castiga a una parte importante de la población, que se enfrenta a esta forma de violencia, generada desde una conciencia de posesión, de ser las mujeres propiedades cuya resistencia (es decir, independencia, deseo de igualdad, etc.) hay que evitar.


En algunos países esto es perfectamente visible, como ocurre en Afganistán, quizá uno de los casos más extremos de violencia normalizada e institucional contra las mujeres. Pero los casos extremos no evitan que en otros, como en el nuestro, proliferen también otras formas de violencia de género.

Tenemos la teoría, pero evidentemente no controlamos la práctica, que es lo que ocurre en espacios familiares y laborales. La cuestión está variando porque se discute, como hemos dicho, la propia teoría para actuar sobre la práctica, que no son solo los asesinatos de mujeres, sino esa otra situación que va saliendo a la luz y muestra cierto retroceso y, sobre todo, una polarización.

En España lo comenzamos a percibir cuando empezaron a frenarse las formas emancipadoras en las escuelas y bibliotecas públicas, amparándose en el "derecho de los padres" a decidir cómo formar a sus hijos y evitar que se les "adoctrinara". Cuando Vox llegaba a algún ayuntamiento, pasaba a controlar la compra de libros que pudieran afectar a su negacionismo del patriarcado. Son precisamente familias y escuelas los principales focos de formación de la violencia de género.

Que sea desde el gobierno, como nos dice el titulas de RTVE.es desde donde se hable de "fracaso colectivo", podrá parecer a algunos una especie de poner la pelota en el tejado de otros el problema. Más allá de esto, hay que exigir medidas, vigilancia y más medios, pero también realizar nosotros desde la sociedad, acciones para tratar de frenar esto. Hay que hablar, romper los silencios, denunciar, explicar, compartir...

No es una cuestión sencilla y necesita de una conciencia clara del camino y de los obstáculos que se siembran. Hay que evitar muertes, evitar su normalización, pero eso es solo una parte de la tarea. Si no lo logramos, el "fracaso colectivo" seguirá ganando terreno. 


* Daniel Herrero "La violencia de género, un "fracaso colectivo" en un año con casi medio centenar de asesinatos" RTVE.es 31/12/2025 https://www.rtve.es/noticias/20251231/violencia-genero-fracaso-colectivo-asesinatos/16870999.shtml