domingo, 5 de mayo de 2013

Cuerpos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En la magnífica película que recoge la vida de Temple Grandin, la mujer autista que consiguió llegar a catedrática de veterinaria en los Estados Unidos, cambiando la visión que se tenía del autismo y de sus posibilidades de romper las barreras que supone, hay varios momentos en los que se enfrenta a la muerte. Tocando los cuerpos inertes de los animales sacrificados, pregunta angustiada: «¿Dónde están? Antes estaban aquí y ya no están.» Los cuerpos quedan vacíos, sin vida, inánimes. Sea lo que sea, el cuerpo muerto ya no es el cuerpo vivo.
Recogen los medios los problemas que encuentra el propietario de la funeraria que se ha hecho cargo de los restos de Tamerlan Tsarnaev, el autor del atentado de Boston, ante la negativa de los cementerios de la zona para que sea enterrado allí:

Peter Stefan, propietario de la funeraria, afirma que recurrirá a la ayuda del Gobierno si no logra encontrar pronto un lugar de descanso para Tsarnaev. «Todo el mundo merece un entierro, no importa de quién se trate», dijo Stefan en una entrevista telefónica el pasado viernes. Stefan asegura que ha sido objeto de duras críticas por su decisión de aceptar el cuerpo de Tsarnaev, y que está preparado para las protestas frente a su negocio, la funeraria Graham, Putnam y Mahoney.*


Stefan defiende algo más que su negocio. Defiende el derecho a ser enterrado. El no permitir el enterramiento no es una medida de lo que haya hecho, sino de lo que nosotros somos capaces de hacer. No afecta al criminal, sino a nosotros mismos, a nuestra propia humanidad. Él no va a ser peor: nosotros, sí. La respuesta al terrorismo no es la intransigencia.
Denegar el enterramiento es una forma de castigo que escapa del castigo de la Ley. Ya no es Justicia. Solo las sociedades más crueles han negado el derecho a ser enterrado. Solo los criminales más desalmados —muertos sin alma— niegan el derecho al enterramiento. La portada de La Razón de hoy nos muestra una imagen de la madre de Marta del Castillo, la mujer que lucha junto a su familia para poder recuperar el cuerpo de su hija asesinada por desalmados que suman al crimen en sí la tortura que añaden a la familia negándose a señalar dónde está el cadáver. "El mejor regalo sería el cadáver de mi hija", titula el diario en su portada, extraña frase en el Día de la Madre, pero que todos comprendemos. Todo el mundo entiende el dolor de la familia, un dolor que la sociedad ha hecho suyo compartiéndolo. Todos acompañarán a los restos de Marta del Castillo, todos se alegrarán por su familia, porque esa tortura infame haya acabado.


No será eso lo que ocurra en el entierro de los restos del que fue autor de un cruel atentado. Pero debe ser enterrado; sin honores, en soledad, pero enterrado. Los ciudadanos que rechazan el entierro de Tamerlan Tsarnaev se deshumanizan e incumplen un pacto ancestral de los vivos con los muertos, con los que ya no están, como decía Temple Grandin. El derecho a ser enterrado no es un derecho individual, sino colectivo, es de todos porque ya no hay individualidad, solo la materialidad del cadáver, volvemos a ser barro, tierra. El entierro no es un acto espiritual, sino profundamente terrenal: polvo al polvo. La espiritualidad está en nosotros, los vivos. Desear el mal más allá de la muerte es irracional y nos pervierte; es venganza.
El propietario de la funeraria ha orientado de forma clara su defensa del enterramiento:

Stefan quiere cambiar la mentalidad de los responsables de los cementerios con los que ha hablado, y que no ha identificado. El dueño de la funeraria que guarda el cadáver de Tamerlan Tsarnaev se compara con los médicos que lo trataron antes de su fallecimiento y los abogados que defenderán a su hermano menor, Dzhokhar. Stefan espera encontrar pronto un lugar para el enterramiento. «Esta situación se ha alargado demasiado en el tiempo», afirma.*


No es fácil reprimir la ira y el dolor, pero nuestro sentido de lo justo debe estar por encima de muchas cosas, de los deseos más oscuros. El enterramiento no afecta a los muertos, sino a los vivos, a sus familias, que son quienes los han de enterrar. Katherine Russell, la esposa americana de Tamerlan Tsarnaev, se ha negado a reclamar los restos del que fuera su esposo; no hay mayor ruptura o distanciamiento. Lo ha hecho la familia, que ahora busca un pedazo de tierra en el que enterrar los restos.
A la familia de Marta del Castillo se le niega cruelmente el derecho a enterrar los restos de su hija; a la familia Tsarnaev se le niega la tierra en donde enterrar los de su hijo. Marta fue una víctima inocente; Tsarnaev un asesino. Sus vidas son incomparables y las diferencias están claras en cómo los recordamos. Las diferencias entre ambas vidas son claras y están en los que acompañan a las familias. Hoy "todos somos Marta" y nadie es Tamerlan Tsarnaev.
Pero la tierra nos ha de acoger a todos.


* "El cuerpo de Tamerlan Tsarnaev no tiene cementerio donde ser enterrado" ABC 04/05/2013 http://www.abc.es/internacional/20130504/abci-tamerlan-tsarnaev-cementerios-201305041652.html
** portada La Razón 5/05/2013




sábado, 4 de mayo de 2013

Líderes en suspenso

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La cosmética ya no vale. Los diarios abren estos días con las desastrosamente bajas puntuaciones de los "líderes" políticos. Habrá que empezar a buscar otra palabra que los defina mejor; "líderes" suena a sarcasmo. Y se lo han ganado a pulso por motivos diversos, pero en el fondo los mismos. Se les han acabado los argumentos. Ya no se cree, básicamente, en la clase política y se la percibe más como una casta privilegiada que ha practicado una forma de hacer política poco productiva para el país y muy productiva para ellos. Hablo de "percepción", de lo que la gente dice tomando un café, del "justos por pecadores", del "lugar común". Hemos perdido "ideología"´—contrato con compromiso de permanencia—  y se ha ganado en "radicalismo" unos y en "apatía" otros. Es la respuesta al único sentimiento que une a todos, el descontento, el partido mayoritario.
La encuesta del CIS deja a los partidos grandes a los pies de los caballos en cuanto a liderazgo. La gente no cree ya en ellos. Las estrategias de unos y otros chocan contra el descontento ciudadano que ve que sus problemas no se solucionan, que se acrecientan. Lo de "estar en el buen camino" se ha escuchado demasiadas veces y la gente pide "presente", no un "futuro distante", una zanahoria frente a la nariz. Quieren llegar a final de mes, de este mes; pagar sus hipotecas, la letra del coche, lo que sea.

Mientras la oposición inicia una batalla por administrar su propio desastre y ver quién lucirá en los carteles en las próximas elecciones, el gobierno intenta hacer comprender que el crecimiento del paro es el camino hacia la creación de empleo, que primero te prenden fuego y luego resucitas como ave Fénix. ¿No nos podríamos ahorrar el primer paso?, piensa la gente; por si acaso. No lo tienen fácil ninguno de ellos. Nadie lo tiene fácil. Solo los demagogos, para los que el terreno está abonado.
Los políticos europeos están descubriendo algo: que no tienen en sus manos tantas armas como pensaban. A la Europa de las ventajas, le sigue ahora la contrapartida de las limitaciones, la pérdida de armas tradicionales para combatir las crisis económicas que sin solidaridad son difíciles de atajar. Pero su retórica no ha cambiado, no se han adaptado a las nuevas situaciones porque Europa es solo un fondo sobre el que se recortan las siluetas de los países. Los problemas de cada uno están aquí, pero muchas soluciones las tienen que aprobar todos y ahí ya no hay acuerdo porque los intereses son divergentes.

La crisis de liderazgo consume a todos —España, Italia, Francia...—, erosionando la imagen y hundiendo en el descrédito a los dirigentes. En Francia, el diario Le Monde habla de que François Hollande está "en chute libre dans les sondages". En la portada de su edición digital una manifestante enmascarada, con la boca cruzada por una cinta adhesiva roja, muestra una pancarta: "François, écoute ton peuple". ¿Y sus promesas? François Fressoz titula la penúltima entrada de su blog en el diario: "François Hollande : la résilience pour seule arme".
La "resiliencia" es la capacidad psicológica de resistir en la adversidad, de sobreponerse al dolor. Esta "resiliencia" parece ser la "virtud" que los líderes necesitan en tiempos de zozobra como los que vivimos. Aguantar. ¿Y nosotros? Pero lo preocupante realmente es la sensación de impotencia que los políticos transmiten por encima de sus credos. ¿Son simplemente "ineficaces"?, nos preguntamos todos. ¿O hay algo más?  Sería trágico descubrir que el diseño de Europa imposibilita cierto tipo de medidas a los gobiernos. ¿Y si Europa no quiere? ¿Quién es "Europa"?
El luxemburgués Jean Claude Juncker acaba de señalar que es inaceptable la actitud del "norte" de Europa respecto al "sur". Lo ha dicho en Portugal, mientras le hacían Doctor Honoris Causa, no en Alemania. Un poco tarde, quizá, para decirlo, pero siempre viene bien que alguien lo diga.


Lo que parece evidente es que además de cambiar los políticos debe cambiar la política. Y eso es bastante más difícil. No parecen suficiente los cambios de caras con los que los partidos pretenden sobrevivir a sus desastres, porque tras esas caras nuevas se esconde lo mismo: personas que han pasado su corta vida a la sombra del partido y de los dirigentes. Tienen mucho que demostrar. En Francia, los lectores de Le Monde se burlaban de las pretensiones de Jean François Copé al reclamar "un nuevo 1958", es decir, la refundación de la V República, con la que se enfrentaron a la inestabilidad gubernamental de entonces y a la crisis argelina. Descrédito de la derecha y de la izquierda francesas. También. El desplome de la confianza en Hollande está, como decían, en caída libre en solo un año de gobierno. La euforia de su elección, de la creación de un frente europeo para frenar a Alemania se ha quedado en la fuga de Depardieu, que se ha hecho ruso.


La pérdida de soberanía limita las posibilidades de reacción de los gobiernos, que quedan supeditados a las aprobaciones comunes, con lo que los debates ideológicos quedan relativamente en segundo plano, como estamos comprobando por las inútiles alianzas entre países para frenar la única ideología vigente en Europa: el "merkelismo".  El resto es aguantarlo. Los titulares de hoy nos confirman el liderazgo incontestable de Merkel en Alemania. Los alemanes se sienten seguros con ella. Tiene controlada a Europa. ¿Está loco George Soros cuando dice que Alemania debería salir del euro?


Las promesas quedan bien en las campañas nacionales, pero luego los límites de lo posible son otros. Los países intervenidos en mayor o menor medida dejan de hacer lo que quieren —que cada vez es menos— y hacen lo que les dicen —que cada vez es más—. Francia no está intervenida pero también ha chocado con el muro alemán, que no son los alemanes sino los intereses de sus bancos y grandes industrias, convertidos en café para todos. La última vez que nuestros partidos mayoritarios se pusieron de acuerdo en algo fue para cumplir la exigencia de Merkel: fijar el techo de déficit en la Constitución.
Los políticos suspenden todos en la encuesta del CIS, con los líderes mayoritarios en descrédito absoluto —incluso entre sus propios votantes—, no dan la talla evidentemente ante los ojos de los ciudadanos. O si la dan, como dijo una vez Alfredo Pérez Rubalcaba, es que no lo saben comunicar. Quizá los sordos somos nosotros.






viernes, 3 de mayo de 2013

Europa, política y economía

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
¿Será capaz Europa de superar su propio sufrimiento? Hay países que se han crecido en la adversidad, pero Europa no es un "país" o una "nación". Señalaba Renan en su famosa conferencia, leída en la Sorbona en 1882, ¿Qué es una nación?: «[...] sí, el sufrimiento en común une más que el gozo. En lo tocante a los recuerdos nacionales, los duelos valen más que los triunfos; porque imponen deberes; piden el esfuerzo en común.» Pero ¿qué ocurre cuando el dolor se lo producen unos a otros? ¿Qué ocurre cuando el sufrimiento no es igualitario, sino que obedece a las diferencias crecientes? La cuestión se plantea, bajo diversas formulaciones, en múltiples escritos e intervenciones de personas muy distintas, que ven cómo se deteriora el marco común.
En varias ocasiones nos hemos referido a este problema aquí, a las distancias que están produciendo las ataduras europeas a los socios que las padecen ante las políticas impuestas por Alemania y los que se esconden a su sombra, beneficiándose de su liderazgo y ahorrándose su desgaste político. Quien lo pone hoy sobre la mesa es Joschka Fisher, el que fuera ministro de Asuntos Exteriores alemán, en un artículo publicado en el diario El País con el título explícito "Peligra la unidad europea". En el escrito, tras comentar los recientes errores políticos de la Unión respecto a países como Chipre, Fisher señala:


Europa tuvo en el pasado un orden político basado en la competencia, la desconfianza, el conflicto de poderes y, en última instancia, la guerra entre Estados soberanos. Ese orden se vino abajo el 8 de mayo de 1945 y en su lugar surgió otro sistema basado en la confianza mutua, la solidaridad, el imperio de la ley y la búsqueda de soluciones negociadas. Pero ahora que la crisis está socavando los cimientos de este orden, la confianza se convierte en desconfianza, la solidaridad sucumbe ante viejos prejuicios (e, incluso, ante nuevos odios entre el sur pobre y el norte rico) y las salidas negociadas ceden paso a la imposición externa. Y una vez más Alemania desempeña un papel fundamental en este proceso de desintegración.*

La pregunta que surge al hilo de lo expresado por Fisher es si la "lógica europeísta" puede contrarrestar la dinámica interna de la Unión, que parece ser el mantenimiento de esas diferencias entre lo que llama el "norte rico" y el "sur pobre" o, si se prefiere, el control constante del más poderoso sobre el condenado solo a "mejorar" dentro de un modelo que no perjudique al "norte", que es quien marca las políticas económicas y asigna papeles en el camino del desarrollo. El papel del "norte" en la crisis del "sur" sigue sin esclarecerse como debiera. ¿Somos meros "mercados" para los productos de los países industrializados? ¿Mano de obra barata? ¿Meros espacios para invertir, para especular y controlar su crecimientos?
Señala Fisher:

Para los países del sur de Europa golpeados por la crisis la fórmula que defiende Alemania, con su mezcla de austeridad y reformas estructurales, está resultando mortal porque les faltan otros dos componentes fundamentales: quita de deuda y crecimiento.
Tarde o temprano, alguno de los grandes países europeos en crisis elegirá líderes políticos que no acepten por más tiempo la imposición de medidas de austeridad desde afuera. Incluso ahora, en tiempo de elecciones, los Gobiernos nacionales prometen más o menos abiertamente proteger a sus ciudadanos de Europa porque Alemania se ha encargado de que los ingredientes principales de la receta para resolver la crisis sean: austeridad y reformas estructurales.*

Que los gobiernos nacionales hayan pasado de ser "europeístas" a utilizar el argumento de "proteger de Europa a sus ciudadanos" es un síntoma de la gravedad de la situación y, sobre todo, de la deriva que la idea europea está tomando. La idea política de Europa se ha visto erosionada por la idea económica de Europa: no han servido para "proteger" de los desequilibrios a los que entraban, sino que se han aprovechado a través de la moneda única.
Pocos días antes, Lucía Abellán, corresponsal en Bruselas del mismo diario, trataba la cuestión de las diferencias políticas en la UE:

Hasta hace 10 años, la distancia entre europeos se medía principalmente en términos económicos. Con algunas excepciones, la brecha en niveles de corrupción y derechos humanos era inferior a la actual. La ampliación comunitaria de 2004 —la mayor de la historia europea, con 100 millones de nuevos ciudadanos— abrió la próspera UE a nuevas realidades y minimizó los retos de integración asociados. La entrada, tres años después, de Rumanía y Bulgaria, fue la máxima expresión de esas disparidades. Pese a no cumplir las condiciones exigidas, los dos países accedieron al club comunitario a cambio de someterse a un proceso especial de vigilancia, que aún dura.
Pocos en las instituciones comunitarias lamentan esas decisiones. “La ampliación al Este fue una buena idea que daba cumplimiento a la promesa que nos hicimos en 1989 [con la caída del Muro de Berlín]: no abandonarnos los unos a los otros”, reflexiona Rui Tavares, eurodiputado de Los Verdes.**

Se tiene en ocasiones la idea de que la Unión Europea se mueve por diferentes motivaciones y con distintos efectos, que los objetivos que se buscan son diferentes en los mismos movimientos o, si se prefiere, que ciertas cosas se hacen por unos motivos mientras se justifican con otros. La sospecha de que sean los intereses de los países más industrializados los que buscan la ampliación para expandir sus mercados antes que el ideal de construir una Europa más solida, unida y con reducción de diferencias, comienza a calar.
La descripción de Joschka Fisher del estado europeo anterior —" un orden político basado en la competencia, la desconfianza, el conflicto de poderes y, en última instancia, la guerra entre Estados soberanos"— se parece cada vez más a lo existente ahora que a lo que se imaginó, con la excepción de los conflictos bélicos, que podrían producirse si la entrada en la Unión de los restos mal curados de los Balcanes vuelven a estallar. Señalaba Lucía Abellán en la últimas líneas de su artículo:

Croacia y la zona que representa, los Balcanes, encarnan el aspecto más ilusionante del proyecto europeo: la consolidación de la paz. Porque solo las perspectivas de integración ya propician la concordia, como acaba de ocurrir con el histórico acuerdo de Serbia y Kosovo. “Si no fuera por la aspiración a entrar en la UE, ¿cómo estarían esos países?”, reflexionan fuentes de la Comisión.**


Si el resultado de la integración en la UE de estos países no satisface las expectativas creadas, la vuelta a los conflictos, esta vez dentro de la Unión, habría dejado en evidencia lo frágil e interesado de los acuerdos de paz e integración. No se han resuelto los odios, solo se les ha dado unas expectativas de futuro. Es ingenuo pensar otra cosa.
Lo que parece evidente es que la Unión Europea tiene que trasladar sus "sanos" motivos políticos al orden económico, en donde los "perversos" principios siguen basándose en la prioridad de unos sobre otros. Igualdad política y desigualdad económica no parece una buena receta. Los criterios de entrada —políticos y económicos— son esenciales, pero es mucho más importante que solo sean el primer peldaño en el camino de la mejora común. Y esto cada vez se muestra más difícil.


La crisis está abierta y es mucho más profunda de lo que se piensa, va más allá de lo económico. La confianza en una Europa solidaria e igualitaria se ha venido abajo al interpretarse —con motivos fundados— que el más poderoso puede imponer sus criterios a los más débiles. Es el argumento de más peso para resistirse a la pérdida de soberanía que, muchos dicen, es la solución. 
Hace poco menos de un año, CNN-Expansión reproducía un artículo de  Cyrus Sanati en Fortune en el que se comentaban los beneficios de Alemania en la crisis:

Con un crecimiento económico positivo, un bajo desempleo y tasas de interés increíblemente bajas, Alemania simplemente no tiene prisa por implementar reformas que hayan sido propuestas por sus vecinos más débiles económicamente, ya que tendrían un impacto negativo en la capacidad de Alemania de obtener préstamos baratos e incrementar sus exportaciones.
La única manera de convencer al más grande de los miembros de la Unión Europea (UE) de asumir reformas, como emitir eurobonos, sería si se concedieran incentivos, tales como el control sobre la política fiscal de la eurozona.***


Si la solución es esa, sin la voluntad solidaria, Europa no será más que el resultado de un colonialismo de guante de seda. Gran parte del crecimiento de los países cuando entran en Europa se debe a su endeudamiento, del que el "norte rico" es el principal acreedor y beneficiario. Las instituciones económica europeas les protegen y son países receptores de los pánicos que provocan: «[...] la gran oleada de compras últimamente ha provenido de depositantes españoles y griegos que están retirando desesperadamente todos sus ahorros y colocándolos en bonos alemanes ante el temor de que sus respectivos gobiernos salgan de la zona euro y destruyan sus ahorros a través de la devaluación»***, señalaban en CNN-Expansión en junio de 2012. Con una financiación sin costes, Alemania puede crecer con más facilidad que sus "competidores", que corren con un saco a la espalda. El viejo orden se perpetúa.


El problema de los que corren es que ese saco va aumentando de peso cada día. Como dice Fisher, es cuestión de tiempo que llegue al poder de uno de los países fuertes alguien que dé el primer paso y pida salir ante la intransigencia y el deterioro. Puede que descubramos que Europa puede estar políticamente unida pero en conflicto económico permanente, que los efectos beneficiosos de la unión política se ven contrarrestados por las desigualdades económicas que, lejos de reducirse, irán sembrando la semilla de la disolución si no se remedia. El efecto colateral de la crisis económica es la aparición de fenómenos políticos indeseables, como el crecimiento del resentimiento entre países y la xenofobia, el racismo, los extremismos y los nacionalismos antieuropeístas. 
Ya sea "todo política" o "todo economía", lo cierto es que, cuando ni una ni otra funcionan, da igual.


* Joschka Fisher "Peligra la unidad europea" El País 3/05/2013 http://elpais.com/elpais/2013/05/02/opinion/1367513349_073014.html
** "Europa busca blindar la democracia" El País 1/05/2013 http://internacional.elpais.com/internacional/2013/05/01/actualidad/1367429803_556595.html
*** "Alemania ríe, mientras Europa llora" Fortune CNN-Expansion 12/06/2012 http://www.cnnexpansion.com/economia/2012/06/07/alemania-ganador-de-la-crisis-del-euro






jueves, 2 de mayo de 2013

Los hombres que no soñaban con la empleabilidad (o la libido laboral)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario ABC titula "Los españoles aún sueñan con un trabajo seguro"*. El artículo es un resumen del resultado de la encuesta realizada anualmente por la empresa Ranstad, una multinacional holandesa que se dedica a saber cuáles son las empresas favoritas de los trabajadores. ABC describe el objetivo de la empresa como "«Employer Branding» (valor de una marca como empleador)". Con ello se pretende establecer cuáles son las empresas más "atractivas" para los trabajadores y paralelamente los motivos de su atractivo.
La empresa ha realizado también —junto a otros 17 países— en España su encuesta preguntando a 7.000 personas sobre sus preferencias a la hora de ser contratado. Los resultados españoles nos dan que la empresa favorita para ser contratado es: "EADS, compañía del sector aeronáutico, espacial y de la defensa", lo que no deja de ser algo sorprendente porque seguro que ni a usted ni a mí se nos hubiera ocurrido ni a muchos ingenieros que han emigrado, pero a muchos de los 6.998 restantes seguro que sí. Lo interesante también, claro, son las consecuencias que sacan:

Tras la seguridad laboral a largo plazo (30%), los aspectos más valorados son que la compañía esté saneada a nivel financiero (19%), las perspectivas de futuro (8%) y las condiciones económicas (8%). Pero para Rodrigo Martín, presidente de Randstad España «la clave está en la empleabilidad, no en la seguridad». «El contrato -comentó durante la presentación de los premios- no es lo que da seguridad al empleado, a la vista está que no hay fórmula indefinida que resista a la reforma laboral. En realidad, lo que ayuda a conservar el puesto de trabajo es el valor que uno aporta a su empresa. ¿Valgo lo que cuesto? Esa es la pregunta que habría que hacerse».



El señor Martín es un hacha en esto de las evaluaciones, seguro, y por eso vale lo que cuesta para su empresa multinacional. Déjelos soñar, señor Martín, aunque solo sea un poco. En país con seis millones de parados y con perspectivas no demasiado buenas —incluidas las de la reforma laboral— hasta el momento, cuando ya no creemos en tantas cosas, déjenos creer en los sueños. No nos dé, por favor, la "clave" —aunque sea obvia—  porque no son argumentos conscientes los que usted recoge en la encuesta, sino deseos insatisfechos, pulsiones de la libido laboral que se redirigen hacia objetos de deseo, la aspiración del inconsciente a la felicidad que la dura realidad obliga a reprimir, que diría un freudiano ortodoxo. ¡No haga que la gente se tenga que reprimir también en las encuestas! ¡Ya nos reprimimos bastante!

Deje los sueños infantiles de "seguridad" a los ejecutivos bancarios que se "jubilan" con 88 millones de euros de pensión, como el señor Alfredo Sáenz, segundo del Banco Santander, primero condenado, indultado por el gobierno anterior después, y retirado por la puerta de atrás estos días tras anularle el indulto. Lo que ocurre es que la "puerta de atrás" de estos señores —y de muchos otros— es de un tamaño desproporcionado para el resto de los mortales. Si le hubieran hecho la encuesta al señor Sáenz habría dicho que él se pasó mucho tiempo en el Santander no por seguridad, sino por empleabilidad, es decir, que la empresa lo valoraba mucho. De lo cual no hay ninguna duda. Ha sido el ejecutivo mejor pagado de este país; lástima que lo condenaran.
Contrasta esto de la encuesta de Ranstad —para gente que sueña con la empleabilidad—, con otra noticia, hace un par de días, en el diario El Mundo: la revuelta popular producida por la afluencia masiva de personas en Almussafes a un cursillo — solo para empadronados en la localidad— sobre cómo preparar el currículum que entregarán para una futura tienda de IKEA en la zona.** Aquí, más que sueños de "¿valgo lo que cuesto?, tenemos pesadillas sacadas a la luz, las de la desesperación del "paguen lo que paguen" y en lo que sea.


La "Agència de Desenvolupament Local de Almussafes" había organizado un cursillo de orientación laboral para la presentación. Esto ha sido, por un problema de interpretación de la información en las redes sociales, confundido con la recepción de los documentos para solicitar empleo en la tienda, lo que ha desencadenado una marea de personas, unos cuantos miles, que llegaron con la pretensión de entregar el currículum más los que fueron al ayuntamiento, las llamadas, etc. El colapso de la desesperación.
No sé si IKEA aparece en las listas del señor Rodrigo Martín como una empresa muy "deseada". Da igual. El "deseo" se lo acaban tragando junto a muchas otras cosas para conseguir un empleo. Que el factor más bajo —un 8%— para que una empresa resulte atractiva a un presunto trabajador sea las condiciones económicas, nos dice que el capitalismo ha llevado a su punto exacto la falta de pretensiones económicas ante la desesperación del desempleo, aspecto teorizado ampliamente por todos los economistas clásicos de cualquier orientación o procedencia.

La empresa Randstad vive de ofrecer información a las empresas sobre qué aspectos son los más atractivos, algo que le permite seleccionar a la baja a sus futuros empleados, ya que tendrá siempre cola de gente que quiera trabajar allí y lo hará por menos que otros. La freelancer que organizó los cursillos para el ayuntamiento de Almussafes ha creado su puesto de trabajo para orientar a los que no tienen trabajo; es uno de los pocos sectores en crecimiento junto con las ETT y similares.
La pregunta, señor Martín, no es "¿valgo lo que cuesto?", ejercicio espiritual masoquista de orientación protestante, sino "¿cuánto van a tardar en encontrar a uno que lo haga por menos que yo?" o "¿por qué abrir una fábrica aquí cuando gano más en Bangladesh?". Hay muchas más preguntas que uno se hace en estos tiempos de tanto teórico del Management.
La gente valora lo que no tiene, que es la seguridad. El deseo de seguridad es humano, profundamente humano, es lo que libera la angustia y amplia el deseo de vivir a otras esferas;  no es algo infantil, como nos venden cada día los cursis. Solo tienen seguridad los contratos blindados de ejecutivos, directivos y políticos, estos últimos continúan su larga vida política dando el salto a lo que no habían pisado antes, empresas, y lo hacen bien pagados.


Decir que no es el "contrato" lo que da seguridad será cierto, pero es un sarcasmo infame en un país con seis millones de personas que aspiran a un poco de estabilidad, a una millonésima parte de la que tienen sus ejecutivos, que se van de una empresa a otra, cuando les interesa, con ofertas mejores y el bolsillo bien cubierto. Ellos sí creen en el contrato y en la movilidad positiva, la que hace ganar más en cada salto. Los saltos de los trabajadores, mayoritariamente, son saltos a menos, de empresa que les pagan poco a otras que les pagan menos. Y eso es generalizado, por eso han aumentado las diferencias.
Deje, al menos, que la gente valore esa "seguridad" que solo tienen algunos: los que teorizan sobre el "infantilismo" de la seguridad.

* "Los españoles aún sueñan con un trabajo seguro" ABC 02/05/2013 http://www.abc.es/economia/20130502/abci-trabajo-seguro-suplemento-empresa-201304301339.html
** "Locura para trabajar en Ikea" El Mundo 30/04/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/04/30/valencia/1367317366.html






miércoles, 1 de mayo de 2013

La lógica del desempleo juvenil

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las cifras españolas del desempleo juvenil no es que sean escandalosas, que lo son, es que son insólitas*. Cuando nos dicen que en Grecia son del 27% y en España de más del doble, el 60%. En Europa, las cifras generales son del 24% de personas menores de 25 años las que se encuentran desempleadas. Hace cuatro o cinco años, mientras esperaba un cambio de vuelo en Santiago de Chile, una mujer que nos escuchó hablar y supo que éramos un grupo de españoles se nos acercó y, sin mediar más palabras, nos preguntó: "¿Son ciertas las cifras de paro juvenil de España?". Le dijimos que sí. Solo nos miró.
El primer flaco favor que se hace a los jóvenes es considerarlos "jóvenes". Esto significa que se les trata dentro de otra categoría, una categoría en la que ciertas cosas son admisibles, como por ejemplo, tener el doble de tasa de desempleo. La primera distinción que se hace es ya interesada. El "primer empleo" debe estar mal remunerado por dos motivos, por ser el "primero" (se supone que no sabes, aunque sepas) y por ser "joven" (tienes el doble de paro y debes aceptar peores condiciones).


El ser joven se penaliza en muchos sentidos, no solo en el laboral. La condición de "joven" con esos 25 años "oficiales" se extiende socialmente hasta edades mucho más avanzadas en que se sigue considerando "joven" para poder aplicar esas malas condiciones. El "primer empleo" no llega aunque pases por diversas empresas que han aprendido eso de la "formación" como una manera de ahorro de costes. El sueldo es bajo porque tienes mucho que aprender y un futuro por delante y da igual lo que hagas. El sueldo bajo tiene además unas primeras etapas de "no sueldo" en las que se debe aceptar no cobrar; deben darse por satisfechos con la "experiencia" de pisar una empresa o hacer una horas, con la esperanza de que algún día esa empresa le contrate u otra valore que ha estado allí. Con eso es suficiente para empezar, un empezar que no comienza nunca.

La idea de que es mejor cobrar poco que no cobrar beneficia esencialmente a los que pagan poco y a los que quieren presentar sus medidas como eficaces. Esos son los auténticos beneficiarios de este sistema que va erosionando el conjunto. Esto no se aplica, por supuesto, a los directivos empresariales o políticos, que han visto agrandadas sus diferencias con aquellos a los que emplean o representan por diversos mecanismos protectores. Los escándalos de los sobresueldos, dietas, privilegios, etc. no son más que manifestaciones de la ocultación, del principio de mantener a la vista cifras "aceptables" mientras se siguen obteniendo beneficios paralelos escandalosos que establecen las mayores distancias entre empleadores y empleados y entre los administradores y los administrados. El mundo no va igual de mal para todos.


Los "jóvenes" han sido doblemente explotados; una generación entera —ya que esto comenzó intensamente en los ochenta— se ha utilizado para beneficio de unos y deterioro del sistema económico y social en general. Han sido explotados laboralmente aquellos a los que se les permitía trabajar, a la vez que quedaban infrautilizados la gran mayoría, convertidos en carne de cañón del consumismo. Ha sido ese consumismo incentivado por el desempleo el que ha servido para mantener en marcha una parte importante de esta sociedad del ocio y del entretenimiento que nos ha tocado en el "reparto" europeo.
La proliferación de eventos de todo tipo ha servido para mantener la maquinaria en ese doblete de turismo exterior y público interior. Mucha oferta de consumo, poca oferta de trabajo. En España podemos elegir entre el mejor restaurante del mundo y la borrachera en las playas de Lloret, municipio especialmente castigado por la plaga de la invasión del turismo basura, el que viene con la llamada de que todo es asequible por un módico precio. Entre ambos extremos, toda una gran oferta. Demasiados viven de ello y queremos casinos para que vivan más.


Este consumismo del ocio ha tenido también un efecto sobre una generación que valora el ocio como parte esencial en su vida. Es a lo que se les ha acostumbrado. Ellos deben llenar locales, viajar, asistir a actos y consumir productos para que el sistema que les rechaza laboralmente siga en marcha con sus ofertas de ocio y entretenimiento. Es una mezcla de adulación y desprecio. La ausencia de trabajo es, además, un factor desmotivacional importante, ya que el pesimismo y la angustia acaban minando sus esperanzas conforme terminan los estudios y se acerca el momento de enfrentarse al panorama laboral. Llamarlos "generación perdida", como algunos hacen, es profundamente injusto y engañoso; son una "generación explotada", exprimida. Y no hay que darla por perdida.

Algunos tratan de explicar la cifra diciendo que está hinchada**, que es irreal, que incluye a los que estudian. Pero muchos de los que estudian lo hacen porque no tienen trabajo. Lo auténticamente imperdonable es la versión oficial que centra sus esperanzas de empleo en la formación (hay que mantener la industria educativa en marcha) y después aumenta de forma desproporcionada el precio de la formación, echando también de allí a los estudiantes, por más que se diga que se aumentan las becas. Los mejor formados son los que están emigrando. Poco trabajo, mal pagado y encarecimiento infame de los estudios; esto último es imperdonable en muchos sentidos. Habría que hacer lo contrario, abaratar la enseñanza, si fuera verdad que es la baja formación lo que causa el desempleo, algo a todas luces falso. Con esto solo se dan argumentos atenuadores de la responsabilidad política y empresarial. El paro es altísimo e inaceptable, más allá de cualquier consideración técnica.
Los políticos que hablan ahora de la "perdida" de jóvenes que, bien cualificados, tienen que emigrar a países que no han destruido su tejido industrial o están creándolo, deberían hacer algo más que lamentarse y crear las condiciones para que esto no se produzca. Pero no lo hacen porque España hace mucho tiempo que carece de las cabezas necesarias para establecer un marco equilibrado de crecimiento, que asuma las necesidades conforme al potencial disponible. Podemos ser mucho más que el chiringuito playero europeo, aunque sea con los mejores restaurantes del mundo.
El problema de creer que el mercado funciona solo, desde la clase política, es que libera de tener que pensar. Y la función de los políticos, que es lo que nos ha fallado claramente, es la incapacidad de entender que dirigir una sociedad no es mirar cómo se mueve, sino dirigirla con sus impulsos hacia un ideal, el país que se desea. Hay que tener sueños, no estar dormidos. Nuestro "mercado", en suma, era más bien "mercadillo".


El problema de la política económica, practicada en España por unos y otros —como en otras partes—, es que ha carecido del liderazgo político necesario, de personas visionarias capaces de imaginar un país mejor con personas mejores. Solo hemos tenido "tenderos" cuya aspiración máxima es que les cuadren las cuentas, limitación mental y moral que deja en las peores manos el crecimiento de un país, en las de los que solo buscan enriquecerse sin importarles nada más. El resto no es más que aplicación de esa lógica a la vida.

* "Una inflación al 1,2% y un paro al 12,1% presiona al BCE para rebajar el tipo de interés" Euronews 30/04/2013  http://es.euronews.com/2013/04/30/inflacion-al-12-por-ciento-en-la-eurozona-pero-paro-al-121-por-ciento/

** "William Chislett: "El paro juvenil, un modelo irreal que alimenta la leyenda negra de España"" Periodista Digital 29/04/2013 http://www.periodistadigital.com/economia/empleo/2013/04/29/william-chislett-el-paro-juvenil-un-modelo-irreal-que-alimenta-la-leyenda-negra-de-espana.shtml