sábado, 2 de marzo de 2024

El salto

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los lectores asiduos de este blog saben que una de sus preocupaciones desde hace años es la cuestión de la salud mental, especialmente entre los jóvenes. Ayer me llegaba un mensaje sobre un suicidio de una joven producido en una de nuestras facultades, un salto al vacío desde el edificio de Geografía e Historia de la UCM. La noticia la recogieron los medios y las redes sociales, con muy diferentes planteamientos, las diferencias entre aquellos que informan y aquellos que lo viven directamente, que han tenido que pasar junto a la joven para entrar en unas clases que no se suspendieron inicialmente, lo que ha sido ampliamente recriminado a la dirección de la Facultad, que tardó en reaccionar

No sé cuáles han sido las causas de que una joven estudiante se lanzara al vacío desde lo alto de ese edificio, el más alto de la UCM. Solo sé que las cifras de problemas mentales entre los jóvenes ha crecido. Las estadísticas nos dan un panorama global de empeoramiento; los medios nos dan, en cambio, la cara de las personas, el momento, el lugar, el hecho. 

La escala de edad —niños, jóvenes, adultos, mayores— nos hace imaginarnos una especie de compartimentos estancos. Esto es uno de nuestros males perceptivos, uno de los males a la hora de avaluar los problemas. Son las herramientas conceptuales las que no nos dejan ver el bosque de la realidad y es que se trata de la misma gente en proceso, que en la vida no existen líneas divisorias, que es una continuidad de momentos en donde vamos arrastrando los males de una etapa a otra, que unos se resuelven y otros no nos dejan hasta que se produce el estallido por la confluencia de lo que llevamos y de lo que nos encontramos.

Entre la información que rastreaba me aparece la de un congreso internacional sobre "El suicido en la Literatura Hispánica", celebrado en 2022. Con todos mis respetos, creo que deberíamos hacer algo más, poner nuestros conocimientos para algo que, más allá de la Literatura, tiene una realidad entre nosotros, una presencia en nuestras aulas, entre nuestros alumnos y también, aunque no se airee tanto, entre el profesorado, donde también hay víctimas de un sistema implacable, que lleva a la gente al extremo de la angustia y la ansiedad. Todos, alumnos y profesorado interactuando en esta realidad de tensión implacable. Es la realidad del día a día educativo. También hemos hablado de esto es diversas ocasiones.

Es una realidad que los problemas relacionados con las tendencias suicidas ha aumentado. Es lo que nos dicen las grandes estadísticas y nuestras concentraciones de jóvenes los arrastran de antes y los continúan posteriormente en sus vidas. ¿Por qué íbamos a estar libres, como islas en este mar revuelto?

En los medios vemos ciertas causalidades entre los actos suicidas cuando no se pueden evitar. Hay un crecimiento de suicidios ya en las primeras etapas de convivencia infantil. Es el acoso escolar, principalmente, la falta de atención del entorno educativo a este problema que apunta a la falta de medios y personal especializado en los centros, al que se responsabiliza. Otras veces el foco se pone en las familias.

La universidad es la cima de un sistema educativo que cada vez elude más la realidad de los problemas, considerando que ya tiene bastantes, que son otros los que deben lidiar con la situación. Cuando hay un problema, la solución siempre está en los otros. Es la constante española. Nos cuesta entender que estamos en relación unos con otros, que todo está conectado y que las personas, cargadas con sus problemas, viven rodeadas de soledad saturada.

Decía una psicóloga en RTVE.es esta mañana que los jóvenes están rodeados de "contactos", en continua interacción, pero que se sienten solos. Hoy, ironías de la vida, es el Día Mundial del Bienestar Mental del Adolescente. Para algunos ya es demasiado tarde. Vemos titulares en la prensa que nos ilustran sobre este día, pero pocos avances reales en tratar de ofrecer alguna solución, algo que dé esperanza a todos, porque el que está mal hoy seguirá mañana si no se soluciona el fondo. Y eso no es de nadie.

En ConSalud.es, una publicación especializada, se nos dice, en el día de hoy, lo siguiente:

En el Día Mundial del Bienestar Mental de Jóvenes y Adolescentes, es crucial reflexionar sobre este aspecto fundamental para su desarrollo integral y su capacidad para enfrentar los desafíos de la vida, así como de la importancia de proporcionarles herramientas efectivas para gestionar sus emociones y promover una salud mental positiva.  

El informe ‘#Rayadas. La salud mental de la población en España’ de la Fundación Manantial expone que durante el año 2023 el 16% de los jóvenes españoles consideró su salud mental “mala o muy mala”, en comparación con el 6% que había en 2017, y reportaron situaciones de depresión, ansiedad, trastorno de la conducta alimentaria (TCA) y trastorno obsesivo compulsivo. 

Según la coordinadora del comité de salud mental de la Asociación Española de Pediatría (AEP), Paula Armero, uno de los principales retos a los que se enfrentan los jóvenes de hoy en día es la violencia, tanto física como psicológica, que puede tener un impacto significativo en su bienestar mental. 

Los conflictos en occidente, los hogares desestabilizados, el mal uso de las redes sociales, son condicionantes del equilibrio y paz mental de los jóvenes: “Existe un clima de violencia en todo el mundo, desde las guerras hasta los casos de violencia machista que afectan directamente a la salud mental de los jóvenes, por ello, es muy importante saber educar en este mundo cambiante”, explica la doctora.*

El paso del 6 al 16% es lo suficientemente expresivo de la situación como para seguir ignorando la avalancha de datos negativos que reflejan, de la violencia en las escuelas a los suicidios en esas etapas y posteriores.

La expresión "bienestar mental" se acaba proponiendo como un objetivo, pero la pregunta es otra "¿cómo se puede hablar de bienestar mental cuando no hay bienestar social?", es decir ¿cómo pretendemos que cambie una situación si no se actúa sobre las causa, sobres sus raíces? Hablar de los "conflictos en Occidente, los "hogares desestabilizados", el "mal uso de las redes sociales", etc. es apuntar a aspectos que parecen estar fuera de nuestro alcance, unos por demasiados y otros por demasiado habituales. El mundo es así, parecen decirnos. El suicidio es la solución de los débiles; los fuertes sobreviven, parece ser el lema; unos pasan y otros se quedan. Muchos diagnósticos y pocos remedios.

En el mismo texto se señala: 

Además, Paula Armero establece que es importante que la educación en inteligencia emocional se integre de manera holística en el entorno educativo, no solo a través de programas específicos “hay muchos programas educativos en distintas líneas que hablan de la inteligencia emocional, pero la base es incluirla desde el principio. Al igual que nos enseñan a leer o escribir, los niños deben recibir esta información”. 

Asimismo, es crucial involucrar a los padres y cuidadores en este proceso, brindándoles recursos y apoyo para promover la inteligencia emocional en el hogar y reforzar lo que se enseña en la escuela.  

Al proporcionarles a los jóvenes las herramientas necesarias para comprender y gestionar sus emociones, estamos construyendo un futuro más saludable y resiliente para las generaciones venideras. "Uno no se encuentra todos los días bien, ni todo el rato tiene que ser feliz. Esa idea, abstracta y utópica de la felicidad constante es absurda. Debemos conocer que dentro de la frustración existe la adaptación, lo que se llama resiliencia, y tendremos problemas, pero habrá que hacerles frente y si se puede, salir reforzados de ellos, para que la vida adulta se haga lo menos complicada posible”, concluye la coordinadora del comité de salud mental de la Asociación Española de Pediatría.*

Sin negar la buena voluntad de lo que se dice, se incide en cierta forma de responsabilidad de aquel que "no sabe" gestionar su "inteligencia emocional". La idea de la "felicidad permanente" como "utópica": hay que enseñar a gestionar y unos lo harán mejor y otros peor.

Todo va al que falla y mucho menos, en cambio, a una sociedad, a unas instituciones, a unas familias, etc. que acaban creyendo que los culpables son ellos, que ellos son los defectuosos. De esta forma, la responsabilidad se diluye.

Llevo mucho tiempo hablando de esto con compañeros, sobre la necesidad de pensar que la educación puede ser una fuente de afirmación personal, de confianza, y no un sistema judicial de ganadores y perdedores, vendedores de éxito a unos pocos; un sistema de autoridad que aleja la proximidad, que convierte el espacio educativo en espacio de conflicto nato. Todo es lucha por la "excelencia", palabra que todo lo justifica.

Los que se tiran de un décimo piso son hijos e hijas de la sociedad que hemos creado; de las familias que hemos creado, de las instituciones (especialmente las educativas) que hemos creado. Les arrojan al vacío el sentirse solos, acosados en las escuelas, no escuchados por nadie. Tenemos un sistema sanitario que es el que más tranquilizantes receta ante la excusa de no tener tiempo suficiente para escuchar en las consultas. También hemos hablado de esto en muchas ocasiones.

Pero resulta que el fallo está en los que se lanzan al vacío, toman pastillas, etc., en los que no son capaces de gestionar su "inteligencia emocional". Esa soledad, esa que nos impide ayudar a una persona que se ha caído al subir a un tren porque podríamos llegar tarde; esa soledad que nos hace caminar por el mundo mirando un teléfono, parece que no tiene nada que ver. Sí, es sociedad que no tiene tiempo para hablar, solo para chatear.

Hay soledad, hay agresividad, hay explotación de los jóvenes, que ven su futuro incierto en medio de una riada de mensajes que nos publicitan, que nos venden que no existen más problemas que los que somos incapaces de resolver, que si pagas adecuadamente te escucharán con una sonrisa comprensiva, incluso te asegurarán estar a tu lado para hacer una tesis doctoral y evitarte ansiedad... por un módico precio.

Como sociedad, no solucionamos la ansiedad, el miedo, etc. , le ponemos precio.

Si está en un entorno educativo, haga lo posible por estimular la confianza de las personas a su cargo. Estimúlelos a pensar, a crear algo de lo que se puedan sentir orgullosos, deben pensar que no es usted la persona que debe juzgarlos sino la que debe ayudarles a sacar lo más posible de  ellos mismos; comprométalos. Muestre alegría por lo bueno que puedan lograr desde su punto de partida; no criminalice ni desprecie a los que necesitan más ayuda. No todos son iguales ni deben serlo, solo la mejor versión de sí mismos.

Desde aquí, mis condolencias a la familia de la estudiante fallecida. Me gustaría que fuese la última, aunque sé que desgraciadamente no lo será. Puede que no podamos cambiar muchas cosas, pero no debería ser obstáculo para intentar hacerlas mejor. Para eso es esencial identificar los problemas que tenemos enfrente, no mirar a otro lado; hay que dejar de crear parches e ir a los problemas.

Puede que muchos problemas mentales sean resultado de la propia persona por distintos motivos. Pero creo que la mayoría de los casos son víctimas sin ayuda, en una soledad de la que les responsabilizamos, cuando deberíamos tener un conocimiento mucho mayor de ellas, de lo que ocurre delante de nosotros.

No hay mayor satisfacción para un profesor que escuchar que, pasados los años, alguien te dice "aquello que dijo usted una vez me ayudo mucho". Por eso suelo dar un consejo a mis alumnos cuando de incorporan a la enseñanza: habla siempre pensando en los que te escuchan; no olvides que son personas, que lo que dices o haces puede ser determinante en un momento difícil.

Lamento esta muerte, pero la lamento doblemente porque ha ocurrido en mi propia universidad, a unos cientos de metros del mi edificio. Lo lamento y no dudo que otros lo lamenten con toda sinceridad y honestidad. Pero debemos, más allá de poner teléfonos de atención, plantearnos qué podemos hacer todos, qué debemos observar, dónde están los límites de la presión que imponemos. Hay que aprender a escuchar, a ver, a detectar los problemas que crecen. Hace unos días una compañera me dijo: "tengo una alumna en clase que llora, ¿qué hago? Le he preguntado, pero no me dice nada". Al menos la alumna ha sentido que alguien la observaba y se interesaba por ella, que no existía el vacío absoluto a su alrededor.

Hay problemas visibles, más fáciles de detectar. Muchos otros, en cambio, solo se detectan por una resolución trágica o, algunas veces, porque las personas mismas te lo comunican una vez superado. A veces se establece esa relación sin que lo sepas, por eso es importante mostrar humanidad en este sistema frío y distante, de muchas Relaciones Públicas y poca empatía real. Un simple gesto amable, solidario, puede ser determinante. Es el gesto de que le importas a alguien. Cuando dejas de sentirlo, todo se cuestiona y llegan los saltos y demás.

Recuperemos la enseñanza, la universidad, como un espacio de vocación y de ilusión, de crecimiento en múltiples dimensiones. Humanicémosla. Es urgente, como señalan los datos y los hechos.

 

* Marta Almeida "Día del Bienestar Mental del Adolescente: "Es importante saber educar en este mundo tan cambiante"" ConSalud.es 2/02/2024 https://www.consalud.es/pacientes/dia-bienestar-mental-adolescente-es-importante-saber-educar-en-este-mundo-tan-cambiante_140922_102.html


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