lunes, 10 de junio de 2013

El adiós del embajador o que la crisis no tape tus éxitos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario El País ha entrevistado en Boston al embajador de USA en España, Alan Solomont, con motivo de su próximo relevo. Se va con algunas frustraciones, confiesa, como no haber llevado al presidente del Gobierno a un encuentro en la Casa Blanca, todavía pendiente; pero la mayor de todas, según señala, es la de haber comprobado que “España no tiene confianza en sí misma”.*
No es una mala percepción la del embajador Solomont. Es nuestro punto flojo y quien logra vencer ese complejo sale adelante. Nos sentimos más tentados a definirnos por nuestras desgracias y desastres, como una "generación del 98", que por nuestros logros, por los que parece que hay que pedir perdón, porque siempre molestan a alguien.
Eso hace muchas veces que confundamos las quejas con las acciones, que lo mismo es quejarse que arreglar. Nada le gusta más al sistema que los demás se quejen, que no pasen de ahí, pues las más de las veces van a pedir soluciones a la puerta del causante, algo que le gratifica y refuerza.

Señala Alan Solomont:

Creo que nosotros podemos aportar algo en lo que se refiere a la construcción de la sociedad civil, a la idea de que los ciudadanos tienen la responsabilidad de participar para resolver los problemas de la comunidad. Hemos alentado el voluntariado y el servicio ciudadano. El pueblo español se da cuenta de que los problemas que afronta su país no pueden ser resueltos solo por el sector público o el sector privado; se necesita a la sociedad civil. Hemos tratado de explicar cómo nuestro sistema político anima al público a participar. En EE UU, la política no es un deporte de espectadores; los ciudadanos se involucran en la política y en las campañas.*

Es esa reducción del papel ciudadano y su pasividad lo que resulta insólito desde la perspectiva de cualquier país o individuo consciente de sus derechos y deberes. Por eso resultaba insólito, como señalamos el otro día, el frenazo dado a las campañas de denuncias de las asociaciones de consumidores a través de una enmienda para que evitar que puedan presentar informes públicamente sin que los denunciados puedan presentar sus "contra informes". 
Las asociaciones son un paso más allá de la mera queja y suponen la implicación activa de la ciudadanía en los asuntos que competen a todos, en este caso a la salud. Hacen falta más asociaciones ciudadanas, independientes, con voluntad de que las cosas funcionen. Hace falta más sociedad civil para contrarrestar la sociedad "oficial", que es la que hay que recortar, tanto parásito fomentando el absentismo ciudadano, el más peligroso, el que hace dejación de obligaciones y derechos, de ambos.
La reducción de la política a las campañas electorales y de los ciudadanos a espectadores de la grada ante la que habla el político, esos ciudadanos convertidos en figurantes, que aplauden y asienten a lo que dice el líder de turno, es lo que hay que desterrar de la actividad política. Los partidos se han convertido en una especie de empresas, adquiriendo el poder de entrar en cualquier ámbito, que controlan mediante sus repartos. Hacen falta órganos para la sociedad civil, efectivamente, que se escuchen y hablen voces reales y no los ecos franquiciados de los partidos.


Esas voces huecas no son exclusivas de los ámbitos políticos, sino que afecta a los contra poderes. Señala Solomont también el papel de los medios de comunicación:

Es necesario que los medios de comunicación cumplan religiosamente con la obligación de ser independientes, y usted sabe que en España hay medios que están alineados en algún lado del espectro político. En EE UU también ocurre, tenemos Fox News y algunos programas de radio. No creo que eso sea saludable. Creo que la gente tiene que poder usar los medios de comunicación como una fuente de información, y no de intoxicación. No digo que sea peor en España que en EE UU, pero creo que usted puede coger alguno de los periódicos y saber de antemano qué es lo que van a decir sobre la política del Gobierno. Insisto, una prensa independiente es una buena cosa.*

No le falta razón. La supervivencia de los medios parece que estuviera en esa alineación que les garantiza su poder, que no se basa en los lectores sino en las conexiones con los despachos del poder. No se sacuden los medios españoles esa vocación de propagandistas de unos y otros porque les ocurre igual que a los políticos. Si los políticos no creen en la gente, los medios no creen en sus lectores. O quizá creen que los que tienen votos tienen también lectores y se empeñan en el mismo planteamiento de la pasividad. La prensa tiene que recuperar su papel, ponerse del lado de los ciudadanos para estos puedan tener la percepción adecuada y actuar.

Cuando el embajador Solomont llegó a España se resaltaron dos cosas de él: su capacidad para lograr fondos para los candidatos demócratas y sus labores filantrópicas y de compromiso social. Cuentan sus biógrafos que fue despedido de su primera empresa por tratar de organizar un sindicato. Decidió crear las suyas y se dedicó a las residencias de tercera edad. Alaba la sanidad española. Se va con un gran recuerdo de España, con la memoria de la transformación realizada por este país desde la primera vez que lo pisó en 1971. Dice que se lo dijo al Rey en su audiencia de presentación hace cuatro años, que la transformación de España había sido muy grande, una "historia de éxito". Esa historia de éxito es de todos, aunque los políticos luchen por apropiársela; el mérito es de la ciudadanía, que consiguió sacar adelante un país y modernizarlo en unas décadas. Solomont señala:

Hoy sigo creyendo que España es una gran historia de éxito. Hay una crisis económica. Las condiciones económicas, obviamente, son hoy peores que cuando llegué porque la crisis estaba empezando entonces, pero creo que España tiene los medios para levantarse de esta crisis y volver a una senda de prosperidad. Tomará algún tiempo, pero lo conseguirá.*

Ahora solo nos falta creerlo, creer en nosotros mismos, ganarnos esa confianza que no solemos tener en nuestras propias posibilidades, en nuestra capacidad de hacer aunque hagamos. Somos dados al lamento y a no ver nuestros aciertos. Menos "marca" y más "marcha"; la "marcha España".


* Entrevista Alan Solomont “El mayor problema de España es que no tiene confianza en sí misma” El País 9/06/2013 http://politica.elpais.com/politica/2013/06/08/actualidad/1370701747_735161.html






domingo, 9 de junio de 2013

La letra pequeña del contrato social europeo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El editorial de The New York Times tiene una título expresivo: "Europe’s Social Contract, Lying in Pieces". La fotografía que lo acompaña es de una mujer griega, una "sin techo" dormitando sobre un banco de la calle, junto a un carrito de supermercado con sus pertenencias. Es una foto dura que por efecto de retórico se convierte en representación de una Europa muy diferente a la que se acostumbra a mostrar.
El editorial muestra su preocupación por lo que parece el fracaso del compromiso social, del contrato por el bienestar, sobre el que Europa había cimentado su crecimiento y, sobre todo, una imagen de sí misma que difiere de la que esa fotografía, convertida en emblemática representa.

What began as a debt and currency crisis in the European Union risks becoming a crisis of liberal democracy itself. Four years of grinding austerity across much of the Continent has caused millions of middle- and working-class voters to lose faith in the ability of mainstream political parties to protect their basic interests. It would be a sad paradox if the European movement, conceived in the ruins of fascism and two world wars, and for decades democracy’s best advertisement to the Communist East, undermined its democratic achievements in pursuit of a perverse economic dogma.*


El editorial plantea algunas reflexiones interesantes sobre una Europa vista desde fuera, pero también nos plantea a nosotros una reflexión sobre los Estados Unidos y cómo nos ven. La percepción de la crisis europea, tal como ellos lo hacen, puede ser también interesante. En primer lugar, lo es que ellos vean el bienestar de Europa como una especie de cinturón de seguridad. No es de extrañar que inmediatamente vengan a la memoria  las "dos Guerras Mundiales", las "ruinas del fascismo" y una especie de terapia democrática recetada a una Europa de Jeckyll y Hyde.
El origen de la crisis, para ellos, está en ese "perverso dogma económico" que es una forma de llamar a la "austeridad". Sin embargo, habría que ir un poco más atrás para que el análisis de esta crisis sea productivo. La crisis comenzó a comprenderse como una "crisis norteamericana" que afectaba a Europa y ahora, en cambio, es percibida como una crisis europea que afecta a todos, incluidos los Estados Unidos. La vida económica es compleja y no se trata de saber el origen último de todo proceso en una cadena de regresiones infinitas, pero sí de conocer los marcos en los que los problemas crecen.


La austeridad no es el origen de la crisis; es un mal remedio. Es un remedio impuesto por aquellos que se podían ver más perjudicados por el agravamiento de una situación que se hace difícil de controlar en un sistema, el europeo, que no había experimentado una situación de este calibre con una moneda común pero con intereses dispares.
Los que señalan que hay que avanzar en políticas comunes tienen razón siempre y cuando se avance en una política de igualdad entre los países, de reducción de diferencias. El error político —local y global— ha sido el contrario: ahondar en la diferencias económicas dentro de cada país y entre países. Las diferencias sociales han aumentado en todos los países de la Unión y, a su vez, han aumentado las diferencias entre los países, empobreciéndose unos en detrimento de los otros. Es difícil usar un mismo nombre, "Europa", para realidades tan distintas. Por eso comenzaron a fraguarse los eufemismos: "Europa de dos velocidades", "núcleo fuerte del euro", etc.

Creo que la mejor forma de representarse esta crisis que padecemos es como una infección que nos llega con las defensas bajas, con una capacidad de reacción muy limitada. Nuestras economías estaban ya enfermas y lo que nos ha puesto como receta es una dieta rigurosa. Es en esa dieta que se llama "austeridad"  y donde se concentran los ataques The New York Times. Sin embargo, la enfermedad europea debe mucho a planteamientos que llegaron de los Estados Unidos en la "era Reagan-Thatcher" imponiendo un estándar global.
La crisis europea comienza, en realidad, con la desconfianza en el estado, un contagio neoliberal angloamericano, con las políticas que no solo desmantelaban lo público, sino que alzaban a las grandes corporaciones —bancos, empresas— a dirigir las políticas en función de sus intereses, a los que se debía supeditar la política. Las políticas neoliberales ahondan las diferencias sociales, como era característico de la sociedad americana, y eso entra en contradicción con los ideales europeos de una sociedad más igualitaria. Llegaron, además, en el peor momento: el de la definición y construcción de Europa.
Tiene razón The New York Times al decir que la crisis europea de confianza en los grandes partidos y en los gobiernos proviene del abandono de unos y otros de una parte de sus políticas tradicionales. Conservadores, liberales y socialistas europeos quedaron marcados por estas políticas:

With few exceptions, Europe’s mainstream center-left parties, which long positioned themselves as defenders of society’s most vulnerable, are taking it in the teeth politically. The Democrats in Italy, the Socialists in France and Spain, and the Greek socialist party known as Pasok, having committed to many more years of cuts in social spending, are increasingly out of touch with the desperate situation of young people without job prospects, homeowners unable to keep up with their bills, and older workers facing long-term unemployment, later retirement ages and pension cutbacks.
[...]
Europe’s conservative parties, like Republicans in the United States, have, for the most part, turned into shrill apostles of austerity at almost any social cost. The shock is that European socialist parties have largely shrugged and acquiesced, instead of fighting to protect their traditional constituents. For that, they are paying a stiff political price, though their ouster from power is scant consolation for the millions of Europeans facing the long-term prospect of poverty and despair. Given how the European Union is structured, German austerity policies might have prevailed anyway. But its victims would not have felt as politically abandoned as they do today, nor as tempted by anti-democratic fringe movements.*

Podríamos decir que ambas afirmaciones son aceptadas por mucha gente, pero la pregunta importante sigue siendo la misma: ¿qué fuerza hace cambiar las políticas tradicionales de los partidos, por un lado, pero también el conjunto de la política de la configuración europea? ¿Por qué, si todo es tan obvio, no se rectifica? Es en esos obstáculo en donde hay que ahondar. ¿Dónde están?
Alemania está cubriendo es papel de "villano" oficial de la historia, pero creo que esto va más allá de lo que un país (aunque sea Alemania) pueda decidir. Las cosas que ocurren han comenzado su andadura tiempo atrás. Alemania es una mala medicina, no la enfermedad. Si Europa hubiera avanzado con firmeza en un camino igualitario, el problema del desequilibrio con Alemania se hubiera reducido, no agrandado.
Los problemas europeos  tienen una visibilidad social, pero son la punta del iceberg, la consecuencia de los defectos subyacentes en sus políticas generales. The New York Times se preocupa por el ascenso de los grupos radicales, xenófobos, violentos y de la caída de los principales partidos políticos en diferentes países. Es fácil describir, como hace el periódico norteamericano, una desastrosa Europa de mendigos callejeros, de mujeres lanzadas a la prostitución y suicidios:

The victims are visible almost anywhere you go in Mediterranean Europe. You see shuttered groceries and clothing shops, abandoned restaurants, idled factories and half-built housing developments overgrown with weeds. Newspapers carry heartbreaking stories of families evicted from modest apartments, people losing their jobs and then their health benefits, young and not-so-young women turning to prostitution to make ends meet, even suicides by self-immolation.


Y no es fácil dejar de verlo, por más que sea casi apocalíptico. Pero todos esas situaciones son el resultado de unas políticas fallidas en su diseño y aplicación, porque una de las promesas para construir la Europa conjunta era que precisamente esto no debería verse nunca más en las calles del continente.

Las soluciones que se apuntan ahora a muchos problemas no son soluciones: son aceptación de una pesadilla, no de un sueño europeo. Parece como si todo estuviera ya escrito y los expertos no hicieran más que certificar la hora de la muerte. Sin embargo, no puede ser esta la forma de encarar los problemas. En el caso de España, tenemos que convencernos a nosotros mismos de que es posible retomar el control de nuestro desarrollo y que está en nuestras manos lo que sea el futuro. De otra manera, empezaremos a ver Europa como una piedra atada al cuello.
La austeridad, el "dogma perverso" como lo llama The New York Times, no es la única perversión. También lo es que cuando se crea riqueza se reparta mal y se desmantele el Estado empobreciendo al conjunto. Hay que descubrir el origen de las crisis en los años de bonanza, en los tiempos en que todo parecía fácil, natural y salían las cuentas. Esa riqueza se repartió mal y no fue donde debía. Hay que repasar el contrato que firmamos porque o ha sido incumplido o dejamos de leer la letra pequeña. 


* "Europe’s Social Contract, Lying in Pieces" The New York Times 08/06/2013 http://www.nytimes.com/2013/06/09/opinion/sunday/europes-social-contract-lying-in-pieces.html






sábado, 8 de junio de 2013

El regreso de Khaled Saied

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Egipto recuerda estos días con manifestaciones y actos la muerte de Khaled Saied, el joven bloguero asesinado brutalmente en Alejandría por la policía del régimen de Mubarak y una de las referencias detonantes de lo que sería, unos meses después, la Revolución del 25 de enero. 
Han salido a la calle a recordar su memoria y a recordarse ellos mismos que en algún momento hubo una revolución y que entre la salida de Mubarak y el momento de volver a salir hoy a las calles, han ocurrido muchas cosas, aunque no sea fácil ordenarlas ni mucho menos entenderlas o explicarlas. 
Khaled Saied regresa hoy como algo más que un símbolo; lo hace como una presencia, como una fuerza necesaria, como uno más en las manifestaciones pidiendo un cambio.
Se han producido ataques con heridos en las manifestaciones para recordar a Khaled. El lema que sirvió para levantar a la gente en la revolución fue "todos somos Khaled" y hoy, una vez más, los que se manifiestan se sienten como Khaled, atacados. Es otro el gobierno, pero las víctimas del autoritarismo son los mismos, los que reclaman libertad, democracia real, modernización y justicia en Egipto. Señala el diario Daily News Egypt:

“A number of members protested on the anniversary of Khaled Saied’s death demanding his rights, they were attacked by Brotherhood ‘militias’ 18 were injured in the clashes” said Mai Wahba, the head of Tamarod media office.*


La noche anterior, según trae hoy la prensa egipcia, la sede de Tamarod, la organización que está realizando la campaña de recogida de firmas pidiendo la dimisión del presidente Morsi, fue asaltada e incendiada. Tamarod se ha propuesto conseguir más firmas que votos consiguió Morsi en las elecciones y llevan camino de conseguirlo. Tienen siete millones y eso está poniendo nerviosa a la Hermandad. Pero sobre todo están consiguiendo que la denuncia por la ocupación islamista de las instituciones y su uso partidista no cese, que el malestar se canalice y concrete. Es un recordatorio constante del incumplimento de Morsi y de la falta de rumbo.

La llegada al poder de los Hermanos Musulmanes se da en unas circunstancias políticas insólitas, como un rebote por la actitud mantenida por la Junta Militar, sostenedora del régimen, que presentó un candidato para poder mantener el control de la sociedad desde un nuevo presidente. Eso produjo oscilaciones del voto ante la perspectiva de que la revolución trajera a los mismos contra los que se había alzado, a los militares. Los beneficiados han sido los islamistas que vieron cómo se les ponía en bandeja un poder que ellos habían proclamado una y otra vez no desear, en uno de los ejercicios de cinismo político más clarificadores de su forma de actuar. Los islamistas no solo quieren el poder; lo quieren todo y para siempre.
Las protestas en Turquía por la actuación del gobierno de Erdogan se entienden mejor si se piensa que los islamistas trabajan con distintas velocidades y métodos, pero siempre con un fin: el control social absoluto. La raíz del problema es que no existe para ellos la idea de conciencia individual y esa es la esencia del pensamiento democrático, porque lo es también de la razón. Por el contrario, en este pensamiento político-teológico, la razón no es más que una muestra de soberbia, un ejercicio de rebeldía orgullosa frente a la idea de comunidad y sumisión a los "guías". La "palabra" está dada, el camino mostrado. Por eso el gran enemigo es siempre el pensamiento autónomo, el que no reconoce el "imperio de la palabra" sobre él y comete el acto punible de la discrepancia o la negación.


Es muy difícil entender las situaciones de los países musulmanes y su situación política si no se comprende que el pensamiento democrático se enfrenta allí a varias formas de autoritarismo que han estado luchando entre sí, que las viejas revoluciones acabaron asegurándose el control autoritario de la sociedad porque no creían en ella como una fuerza dinámica y poseedora de derechos que respetar sino como algo sobre lo que ejercer su poder y dominar.


Lo preocupante es el futuro de los que luchan por abrirse camino entre las dos formas de autoritarismo intentando establecer unas democracias que hagan prosperar a sus pueblos y que, sobre todo, permitan la aparición de personas libres y tolerantes, sin el escondido deseo de controlar a los demás y perpetuarse en el poder.
Hay una generación egipcia, como la hay en otros países musulmanes, que tiene por delante la dura tarea de enfrentarse al integrismo y la necesidad de mantener la fe en que es posible construir unos países más justos, más cultos y más libres. Es una labor titánica porque están distorsionados los sentidos de la justicia, de la cultura y de la libertad.


No va a ser fácil cambiar el rumbo. Parte de la inestabilidad del país es la resistencia a los movimientos de islamización de los que difícilmente se sale pues tenderán a controlarlo todo.  La otra parte es la inoperancia absoluta del gobierno en casi cualquier asunto. En casi un año al frente del país, Morsi y la Hermandad Musulmana ha mostrado sobradamente sus carencias políticas y diplomáticas y, sobre todo, ha mostrado las cartas de su futuro, la jugada que piensa aplicar en Egipto si nadie se le resiste.
El regreso de Khaled Saied es un recordatorio de la gente que ha caído por el camino, pero también lo es de que la gente no olvida que los objetivos que llevaron a la Revolución no se han cumplido y que quienes están en el poder no los van a cumplir.


*"Tamarod attacked twice overnight" 7/06/2013 Daily News Egypt http://www.dailynewsegypt.com/2013/06/07/tamarod-attacked-twice-overnight/

 



viernes, 7 de junio de 2013

La legislatura del silencio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
De ser cierto y salir adelante la enmienda popular sobre la posibilidad de paralizar los estudios realizados sobre la calidad de los productos alimenticios, tal como señala el diario El País, estaríamos ante un hecho sin precedentes y de una gravedad extrema en lo que a libertades y derechos de los consumidores se refiere. Un auténtico escándalo de la presión de los lobbies alimentarios. Informa el diario:

Una enmienda introducida a última hora por el grupo popular en el Congreso —justo antes de que el proyecto de ley pase al Senado— permite que las compañías que no estén de acuerdo con las conclusiones paralicen su publicación mientras presentan un estudio alternativo. En caso de discrepancia entre ambos informes, se elaborará un tercero que será el definitivo.*

Los movimientos de defensa de los consumidores no nacieron en la extinta Unión Soviética, ni tan siquiera en la China de Mao. Lo hicieron en los países democráticos, como los Estados Unidos, en los que era posible criticar los abusos de la industria y las empresas para defender a los consumidores. La aparición de movimientos ciudadanos era una garantía frente a la lentitud e inoperancia de la administración, muchas veces en conexiones de intereses con las grandes industrias. El caso de Ralph Nader contra la industria automovilística por la seguridad de los vehículos es parte de la historia.


Que se pretenda hoy en España neutralizar —puesto que de eso se trata— los estudios que puedan denunciar o enjuiciar la calidad, composición, etc. de los alimentos porque la industria diga sentirse afectada —¡de eso se trata!—, que haya que esperar a que presenten un contra informe —¿duda alguien que siempre será favorable?— y en cuyo caso, la administración encargará o realizará un tercero, es realmente insólito en un país democrático. Un serio retroceso en civilidad; un avance del silencio.

El crecimiento de los fraudes alimentarios ha sido una de las constantes de la globalización. Nadie se escapa de esta forma de aumentar beneficios fraudulentamente. Países como China, por ejemplo, padecen psicosis alimentaria por los excesos de unas industrias capaces de venderles a sus ciudadanos productos nocivos, como ocurrió con el escándalo de la leche para bebés. Las autoridades chinas han encarcelado clanes enteros dedicados al fraude en alimentación, de la miel a la falsa carne de cordero. Puede ser por fraudes recientes como el de la carne de caballo detectada por en Unión Europea o por casos como el del "pepino".
Los errores son posibles y a veces interesados. El que sean los ciudadanos, como asociaciones de consumidores, los que puedan realizar las denuncias es un derecho que no puede ser limitado puesto que afecta a la salud y las intervenciones deben ser inmediatas. Con garantías, pero inmediata. No se puede poner bajo sospecha a los consumidores porque lo único que defienden es su derecho a la salud.

Estamos escogiendo los caminos más absurdos para algo que genéricamente podemos llamar la protección de "imagen" o la "marca". La idealización de las empresas no tiene sentido si las empresas no responden como deben, con la calidad. ¿Creen que la crisis española es porque se denuncian los excesos de las empresas, incluidos bancos e inmobiliarias? ¿Creen que no se deben notificar los abusos en restaurantes, comercios, transportes, etc., porque haya que esperar contra informes? Los turistas de todo el mundo, por ejemplo, se fían más de sus páginas informales evaluando la calidad de los servicios de por donde van pasando que de las páginas comerciales. Hacen bien. ¿Que habrá errores e injusticias? Por supuesto. Pero es mejor eso al silencio.
Obsesionado por las repercusiones mediáticas de cualquier acontecimiento, esta legislatura está siendo, desgraciadamente, la del silencio. El principio aquí es el mismo que el ministro Ruiz Gallardón pretende aplicar a los medios de comunicación y que ha sido calificado por todos los afectados —por una vez de acuerdo— como una "ley mordaza". El Instituto Internacional de Prensa (IPI) ha intervenido ante la gravedad del caso:

“Instamos al Gobierno español a reconsiderar esta legislación, que podría tener el efecto de amordazar la información relacionada a procesos penales, incluso en casos en los que los intereses públicos y democráticos llaman a la primacía del derecho a la información”, ha asegurado el subdirector del IPI, Anthony Mills.
El IPI no apoya que la ley otorgue a los jueces la potestad, a iniciativa propia o del fiscal, de ordenar a medios de comunicación que no difundan determinadas informaciones sobre un proceso judicial bajo la posibilidad de incurrir en responsabilidades en el ámbito penal.**


En estos momentos en los que los políticos hacen cola para declarar ante los juzgados, una ley de este tipo es claramente una ley mordaza, una ley del silencio. Siempre es preferible apelar a la profesionalidad y a los tribunales ordinarios en los que existe la posibilidad de defensa del que se vea afectado. Una cosa es el secreto del sumario y otra imponer silencio a un país entero.
No se está legislando así para los ciudadanos, sino como "oposición" a lo que los ciudadanos exigen, tener más conocimiento de las actividades delictivas y fraudulentas de todo tipo, incluidos políticos y empresarios.
La respuesta no debe ser callar a las asociaciones de consumidores, que son una pieza importante en la creación de una sociedad civil que hace tanta falta en España frente al excesivo protagonismo de los partidos políticos, sino al contrario aumentar las voces, la transparencia y la exigencia de rigor consecuente con lo que se afirme.
Nunca se debe preferir el silencio —la mordaza— al error. Si los estudios difundidos no son fiables, que actúen los tribunales y exijan las indemnizaciones del daño causado. Hay mecanismos suficientes en la Ley para hacerlo.


En 2010, se les dio a dos estudiantes de la Universidad Rockefeller, que no llegaban a la veintena, unos instrumentos para realizar un experimento y conocer el ADN de lo que les rodeaba en su entorno de Manhattan. Analizaron de todo y hasta encontraron una especie desconocida de cucaracha. Nos dice la información de EFE:

Pero quizás el descubrimiento más relevante fue que de 66 productos alimentarios comprados en establecimientos locales, 11 no contenían lo que señalaban sus etiquetas. El caso más sangrante fue el de un caro queso que supuestamente estaba producido con leche de oveja y que en realidad contenía leche de vaca, lo que constituye no sólo un fraude alimentario sino también un grave riesgo para la salud de aquellas personas que padecen alergias.
Otros fraudes puestos al descubierto por Tan y Cost fueron un supuesto caviar de esturión que en realidad procedía de un pez más que mundano del río Misisipi, un manjar llamado «tiburón seco» hecho con perca africana, o alimentos para perros que deberían contener venado pero que en realidad tenían vaca.*


La administración debería apoyarse en las instituciones ciudadanas para mejorar la vida de todos y no poner límites a las posibilidades de denunciar los fraudes. Es, además, un mecanismo puro de mercado, las informaciones sobre los productos a la que los consumidores tienen derecho. Las asociaciones no tienen interés particular más que el verse afectadas como los demás ciudadanos por lo que consumimos. En cambio, las industrias sí tienen un interés obvio:

Cost y Tan [los que hicieron el informe] reconocieron que aunque no es posible demostrar que los fraudes alimentarios que han descubierto son fruto de la voluntad del fabricante en vez de errores en el proceso de fabricación, en todos los casos hay un sospechoso denominador común. «No sabemos cuándo sucede pero la mayoría de los errores de etiquetado suponen la sustitución con algo menos caro y deseable, lo que sugiere que tienen una motivación económica», afirmó Cost.***

Es simple. El día en que nos den langosta por camarón, hablaremos de "error".

* "El sector alimentario podrá parar la difusión de estudios que le dañen" El País 6/06/2013 http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/06/05/actualidad/1370458076_975120.html
** "El instituto internacional de prensa critica la ‘mordaza’ de Gallardón a los medios" La Información 4/06/2013 http://noticias.lainformacion.com/policia-y-justicia/legislacion/el-instituto-internacional-de-prensa-critica-la-mordaza-de-gallardon-a-los-medios_rCuSPzunc1S0rnz9IXq5b3/

*** "Un inocente experimento escolar descubre varios fraudes alimentarios en EE.UU, " ABC/EFE 10/02/2010 http://www.abc.es/20091229/ciencia-tecnologia-biologia-genetica/estudiantes-descubren-fraude-alimentario-200912291811.html







jueves, 6 de junio de 2013

Ahora que no nos graba nadie (¡Astronauta!)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El sincero mini discurso que el político socialista Antonio Miguel Carmona le ha dirigido a algunos colegas militantes —que supongo que le preguntaron por su presencia habitual en los platós— ha dejado una frase para la posteridad política española: el "ahora que no nos graba nadie". Si ayer comentábamos el desastre del presidente Morsi en Egipto al no haber avisado a nadie (¿lo estaba él?) de que el Comité Nacional para la crisis de la presa etíope del Nilo —en el que se soltaron todo tipo de barbaridades— estaba siendo televisado en directo a toda la nación, al señor Carmona le ha pasado algo parecido, pero en plan descamisado y de barrio. En este caso no había más crisis que las suyas, la de los políticos que se pasean por los platos y que son enviados por las directivas de los partidos, porque, como bien dice, "hay que estar". Lo dice como Kennedy dijo lo de colocar un americano en la Luna, con convencimiento y espíritu de sacrificio. Hay que estar.

Hace mucho tiempo que los políticos van a los platos por mandato de sus partidos. La televisiones contratan a sus discutidores de trivialidades —los de los programas del corazón, los de los realities, etc.—, pero para la política prefieren traerse a los profesionales políticos de los medios, que no tienen pudor en defender lo indefendible, que suele ser lo suyo. A la gente "normal" o a los profesionales serios, que los hay, no les va esto de defender las meteduras de sus dirigentes, los errores de cálculo, las incongruencias ideológicas, etc. Y se montan las peleas de gallos televisivas; salen baratas y dan cierto caché.
Según el plan de Carmona, puedes ir a cualquier sitio a hablar de lo que sea —en este caso eran los ERE andaluces— porque la directiva te orienta con sus "guasaps" en los momentos difíciles, como un estudiante que no se supiera la respuesta de un examen y se lo soplaran desde fuera, o como a Tom Cruise en Mission: Impossible! Habrá que prohibir los móviles en los platós, como están prohibidos en los exámenes.


Él llama a esto estar "teledirigido", vamos, que es un "mandao", que no está allí ni por pasión ni por vicio, solo porque lo manda el Partido y a decir lo que piensan los jefes. Se explica ahora uno lo mal que llevan las independencias y la disidencia en la política. Salirse de los partidos o de la "main stream" (como se dice ahora) implica la salida de los platós o la reconversión a algún reality en donde lucha por la atención de la cámara y de los espectadores al otro lado mediante las artes seductoras que ha aprendido anteriormente.
El político habla de sí mismo como miembro de una especie de comando mediático, de "elegidos para la gloria" efímera. Y da un repaso de los que han "colocado" en cada cadena televisiva. Y, como señala en otra frase sublime, "el que tenga miedo a comunicarse con los ciudadanos, que se dedique al Corte y Confección". Espero que después de haber hablado de más, tenga un poco más, si no de miedo, sí al menos de prudencia antes de hablar. Al "Corte y confección", como dice él, te pueden mandar tanto por hablar poco como por hablar mucho.


Cuando Carmona se explayaba ante los que pensaba eran sus amigos, algún ladino tenía encendido su teléfono móvil o cualquier otro mini dispositivo grabador: sí, le estaban grabando. Le estaban grabando como se graba a Alaska y a Mario, como se graba a los de Gran Hermano, a los pseudo náufragos de la isla, a Belén... Sí, te estaban grabando porque siempre hay alguien grabando, Antonio Luis Carmona, ¿cómo no sabes tú ya eso? Al igual que hay que ir, hay que grabar. Hay que hacerlo porque no se sabe nunca cuándo el que tienes delante va a decir una estupidez, va a pisar un plátano, se atragantará con una aceituna o se le va a quedar abierta la bragueta. Es la regla número uno: hay que grabar.
La regla número uno del político mediático, en cambio, es "no pienses que los que tienes delante te sonríen porque son tus amigos". Te confías y pasa esto. Te alegras porque hay uno que no conoces en la reunión y piensas "Vaya, un nuevo afiliado. ¡Esto mejora!" y bajas la guardia. Te olvidas de que en la política no hay amigos, que igual que tú les sonríes a ellos, ellos te sonríen a ti. Y, claro, pasa lo que pasa.


Tampoco deja su discurso sincero —aunque fuera porque pensaba que no había cámaras— demasiado bien a los medios televisivos. Se han acostumbrado a llamar a los partidos para que les manden a alguien como el que pide un taxi o una pizza por teléfono. Y no debería ser así. No se trata de traer un par de políticos y ya está; se trata de que la gente pueda escuchar algo más que lo que los políticos tienen que decir, es decir, que debería ser al contrario: que los políticos se acostumbraran a escuchar a los demás, al resto de la sociedad, a los expertos en distintos sectores, a los afectados por sus decisiones. Deberíamos poder escuchar otras opiniones en vez de siempre a los mismos periodistas preguntando a los mismos políticos en diferentes cadenas, que es lo que ocurre y parte del origen de este problema.
Dice Carmona que no hay que preocuparse por lo que sale en los periódicos porque "lo que sale en los periódicos lo leen 133 personas". No sé de dónde saca ese número tan bonito Carmona. Lo que cuenta, en cambio, es la televisión, que la ven siete millones, afirma. Pues van a ser esos 133 y algunos más los que lean esto en el periódico que lo ha sacado, más las visitas en YouTube, que se suman todas. O sea 7.000.133. Se van a enterar. Hasta el momento (lo acabo de mirar) lleva 33.181 y acaba de empezar.
Como tratas, te tratan. Y no está la prensa para que le hagan desprecios lo políticos, tal como está el patio de ambos. En I'm not there (2007), esa extraña y hermosa película sobre la figura de Bob Dylan cuyo papel principal interpretan muchos actores distintos, cuando le toca a Cate Blanchet, al subir a un coche es preguntada por un periodista: «One word for your fans?, a lo que él/ella contesta: «Astronaut!» No sé si a Carmona le pedirán lo mismo ahora que ha desvelado su teoría de los medios.
Unos tanto y otros tan poco. Ya sabe lo que tiene que decir la próxima vez que le pidan que hable fuera del plató, su hábitat natural: ¡Astronauta! Siempre hay una cámara, siempre está grabando y siempre es de tu enemigo. Por si hay que recordarlo.



* "Carmona: 'Cuando hablo de los ERE en televisión estoy teledirigido por Griñán'" El Mundo 5/6/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/06/05/madrid/1370424058.html?a=9e41b5f8c2a427fed9faecbcb6b52a45&t=1370494647&numero=