lunes, 3 de octubre de 2011

¿Qué y de dónde?

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Uno no deja de sorprenderse de ciertas consideraciones que se ponen sobre la mesa. Hay expresiones como “moderación salarial” que hacen levantar una ceja porque no sabes si te están tomando el pelo o no. Está tan pervertido el tema del empleo en España que ya no sabes de dónde, de qué país están hablando. Cuando te dicen que elijas, que o despidos o recortes, te descolocan, porque eso solo se puede referir a una parte cada vez menor de la población activa, es decir, descontados los cinco millones de parados a los que ya no les puedes ni despedir ni recortar. Después están los empleados precarios, a los que puedes despedir, pero apenas les puedes recortar. También están los “becarios”, a los que tampoco se puede recortar mucho y que, como te salen tan baratos, no te merece la pena despedir. Sus sueldos están “moderados” hace mucho tiempo. Finalmente, te queda la opción de que te trabajen gratis.

Luego está eso de que “como tenemos moneda única” y no podemos “devaluar” no podemos exportar más. La pregunta entonces es “¿exportar qué?”: ¿campos de golf, chiringuitos playeros, urbanizaciones, “nueva cocina”, equipos de fútbol, más jugadores a la NBA, telescopios canarios..? Exportar… ¿qué? Nos dicen que el sector exportador está al límite, sea de lo que sea, dadas las limitaciones productivas agrícolas, ganaderas, etc. ¿Empresarios…? Se están exportando solos hace mucho tiempo. ¡Qué remedio! Y los trabajadores, igual. ¿Nos hemos condenado a volver a los años 50 y a exportar trabajadores (esta vez cualificados) para que envíen a casa lo que ahorran? ¿Vente a China, Pepe? ¿A Alemania de nuevo, siguiendo la invitación de Merkel?
El problema es que la economía mundial se ha parado y el ahorro español se está gastando. Sin vender y sin comprar, no hay nada que hacer. Da igual lo que hagas, aunque algunos piden para que cuando lleguen “vacas” más entradas en carnes esté ya hecha la labor de poda. Esa es la impresión que se tiene a veces, que se piden viejas reivindicaciones, más que soluciones a los problemas presentes. La situación actual es muy compleja y el problema real es que hemos llegado a límites tras los cuales las soluciones depende en gran medida de fuera, de una reactivación de la economía mundial que, hoy por hoy, no ven más que nuestros “prometedores políticos”.


Dice el candidato Pérez Rubalcaba: "No vamos a decir que vamos a crear millones de empleo, pero sí que mientras salimos de la crisis estaremos a su lado, con prestaciones"*. La pregunta es ¿de dónde?, ¿de dónde piensan sacar más dinero para más prestaciones con menos ingresos? El candidato Rajoy ha prometido dinero a los que creen empleo.
Los españoles ya hemos pasado la fase de sentirnos tranquilos porque un político nos diga que nos va a dar dinero, y hemos pasado a la fase siguiente: ¿de dónde lo va a sacar? Esa es ya la única pregunta posible en nuestra situación, la que marca la diferencia entre la promesa y la realidad. Y ninguno de los candidatos está yendo más allá. Seguirán colocando deuda cada vez en peores condiciones porque el aumento de los intereses de la deuda es la contestación que los mercados dan a sus propuestas insuficientes o inviables. Les están diciendo claramente que no pueden gastar más sin ingresar. La retirada de la salida a Bolsa de Loterías del Estado ha sido elocuente.

Solo se puede sacar de donde hay. Cuanto más paro, menos de donde sacar y más gasto.; cuanto más precario sea el empleo y más bajos los salarios, menos de dónde sacar y menos consumo.  La papeleta no es fácil. Este es el problema de tener una economía frágil y poco productiva, que es lo que nos recriminan. La teoría política dice “ganemos y ya se nos ocurrirá algo”. Como forma de llegar al poder vale, pero para poco más. La variable egocéntrica de la teoría política dice  además “ganemos e inspiraremos confianza y todo se arregla solo”. La confianza de los empobrecidos no da mucho de sí, la verdad. Hace falta algo más.
Mientras no se modifique nuestra endeble industria y los apoyos se concentren en los sectores que realmente sean capaces de exportar y, por tanto, de generar empleo; mientras se siga malgastando, desaprovechando nuestra inversión en formación, es decir, gastar para mandar a nuestros doctores fuera, seguiremos siendo una economía de papel, un barquito a la deriva que necesita de muy buenas condiciones ambientales para prosperar. Es la única explicación para el paso de un crecimiento rápido a un hundimiento más rápido todavía. Ni producimos suficiente ni innovamos; solo vendemos y revendemos. Frenada la construcción, se para todo. Detenido el consumo, se para el resto.  La falta de inversión empresarial en investigación es un síntoma claro de que el dinero rápido se ha preferido a una economía sólida.

La visión política debería haber suplido la falta de visión del conjunto empresarial, pero eso es de lo que carecemos, de una visión estratégica en nuestro desarrollo. Ese es el error de decir que cuando los españoles ganan dinero, la economía va bien. La solidez de una economía se tenía que haber manifestado a través de la creación de empleo y nuestros sucesivos gobiernos han sido incapaces de afrontarlo, solo han propuesto medidas pensando que los salarios eran el problema o los contratos. Esa es una respuesta estereotipada que se demuestra absurda con cinco millones de parados. Es la falta de empleos estables lo que ha hecho aumentar el impago de la deuda familiar, el aumento de la morosidad, con lo que implica de problemas en cadena. Se ha estimulado un falso crecimiento basado en un consumo amparado en lo que no se tenía entonces y ahora no llega. A la morosidad de la Administración se suma la de los administrados. Otro círculo vicioso, porque la Administración está dejando de ingresar por la paralización de la economía y aumentando el gasto por lo mismo. Por eso los que proponen recaudar menos e invertir más, son poco fiables. Son los amigos de la deuda indefinida.
Tendrán que hacer un cocktail equilibrado de medidas, quitar lo suficiente de un lado y de otro para que no se venga abajo el edificio, en estado bastante calamitoso. Con los ingresos decreciendo, las únicas medidas posibles no serán fáciles. Lo importante de esta crisis es que pondrá a prueba muchas cosas, a políticos y ciudadanos, a empresarios y trabajadores. Lo verdaderamente importante es aprender y no repetir los mismos errores que nos va a costar mucho tiempo reparar. Nunca se sale de una crisis así ni fácilmente ni con sonrisas. Los ciudadanos lo estamos aprendiendo. Los políticos, ¿cuándo?
Ya no vale la demagogia. Hay que hablar claro y decir qué y de dónde.



domingo, 2 de octubre de 2011

Un libro: El enemigo declarado, de Jean Genet

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Mi aproximación a la figura ya obra del escritor Jean Genet, uno de los más grandes, originales y provocadores narradores y dramaturgos del siglo XX fue peculiar. Al descubrimiento de lo provocador de su narrativa y de su análisis de los fundamentos de las relaciones humanas y sociales, se sumó, a finales de los ochenta, la posibilidad de llevar a escena una de sus obras más conocidas, Las criadas, con un grupo de alumnos universitarios. La posibilidad de conocer una obra teatral desde los entresijos de su puesta en escena, las incesantes horas de trabajo con las actrices, el intento de entrar y de hacer entrar en los matices de los personajes, es algo único, una experiencia que te hace ver las obras de otra manera más allá de la lectura. Posteriormente tuve ocasión de trabajar, ya de forma crítica sobre algunas de sus obras, como El balcón y de nuevo Las criadas. Para mí, es lo que quiero resaltar, Genet forma parte de las experiencias generacionales, de la formación vinculada a una época y una vivencia entrañable compartida.
Jean Genet ha sido un caso único en la literatura francesa. Y su unicidad viene determinada en gran medida por sus experiencias vitales. No soy nada amigo de explicar las biografías o de justificarlas como origen estético, pero en el caso de Genet es indispensable conocerla. Genet es entregado a los servicios sociales siete meses tras su nacimiento en 1910. Lo hace su madre y desconocerá siempre quién sea su padre. Es entregado a una familia que le cría hasta los 13 años, momento en que es enviado a un centro educativo, del que se escapa diez días después. A los 15 ya conoce la cárcel y estará hasta la mayoría de edad, a los 18, en una colonia penitenciaria.

Caricatura de Levine
A esa edad se alista en el Ejército, y se volverá a reenganchar. Conocerá el norte del África francesa. Desertará en 1936 y huye de Francia, recorriendo Europa con papeles falsificados. Al año siguiente regresa a París. Será arrestado y acusado de delitos como deserción, vagabundeo y, sobre todo, robos. Genet se convierte en un ladrón. Ha dado un salto a otra zona de la sociedad. Ladrón y homosexual.
En 1942 es encerrado en la prisión de Frenes. Ese otoño imprime por su cuenta un poema, El condenado a muerte. Escribirá en su celda Santa María de las Flores; al año siguiente, e igualmente en la cárcel, escribe Milagro de la rosa, dos de sus obras narrativas más importantes y rompedoras. Cuando iba a ser condenado a cadena perpetua, la intervención del poeta y cineasta Jean Cocteau es decisiva para su liberación en 1944. Poco antes, se publicará de forma clandestina Santa María de las flores. Estamos en la Francia ocupada.
Sale del círculo de la clandestinidad y en tres años da a la imprenta, entre 1945 y 1948, tres obras narrativas: Pompas fúnebres, Querella de Brest (que será conocida por la versión que el cineasta alemán Rainer Maria Fassbinder realizará décadas más tarde) y Diario de un ladrón. Escribirá, además de poesía, tres obras de teatro: Severa vigilancia, Las criadas y Splendid’s. Las criadas será uno de los espectáculos teatrales, montado en 1969 con dirección de Víctor García, que marcaron la imaginación teatral de la transición española con Nuria Espert, obra repuesta con gran éxito en 1983, tras la muerte del director de escena.


Por la intervención de Jean Cocteau y Jean Paul Sarte, le es concedido el indulto definitivo. Comienza un silencio de seis años. Sarte le dedicará un extenso volumen, San Genet, comediante y mártir, que le abruma.
Desde 1955, se centrará en el teatro —también escribe ensayos y artículos— y sacará a la luz tres obras más: Los negros, El balcón y Los biombos. Abandonará sus proyectos teatrales y demás, en 1964, ante la muerte de Abadallah, un joven acróbata para el que había escrito El fonambulista. Genet ya ha dejado tras de sí piezas esenciales del teatro de vanguardia contemporáneo.

Desde entonces y hasta su muerte en 1986, víctima de un cáncer de garganta, Genet administrará silencios y acciones políticas, centrándose en aquellos puntos y temas que le atraen sin la más mínima corrección política, desde la situación de los panteras negras en USA hasta la situación del pueblo palestino, pasando por las revueltas de Mayo del 68.
Genet, como siempre quiso y vivió, se movía por los márgenes del sistema, sin importarle demasiado lo que los demás opinaran de nada. Su obra era la exhibición de su condición humana, de su homosexualidad declarada, de su placer en el robo como forma existencial y eje de la sociedad. Deambuló de Palestina a Japón, vivió por el Oriente. Se le negará la entrada en USA por su vida junto a los Panteras negras, sobre los que escribiría después de haber convivido con ellos.
La obra de Jean Genet es atípica como lo fue su vida y su obra. Inclasificable en ambos casos, sus obras son una disección de las relaciones humanas, sobre la construcción y destrucción del yo, como resultante de las confluencias de todas las formas de dominación que constituyen los ejes de la vertebración social. La vida es máscara, escenificación, representación de los poderes que se ejercen como dominación sobre los otros. En el universo de Genet no hay espacio para nada que no sea el realismo simbólico de la dominación. Entre un existencialismo nihilista y un absurdo existencial, la obra de Genet, todo es transformado por esa visión que eleva a regla general lo que es detalle mínimo. Negándose a ser transcendental, Genet se transcendió a sí mismo.

William S. Burroughs , Terry Southern, J, Genet y Allen Ginsberg, Chicago 1968
El enemigo declarado*, obra que traemos hoy a nuestro particular dominical, es un conjunto de entrevistas, pequeños ensayos y artículos de Jean Genet, que han salido en España (en Francia 1991) con motivo del centenario del nacimiento del autor. Constituyen un documento de primera mano para comprender a Genet y a su época vista a través de sus ojos. Un tipo de personalidad que hoy no aparece en el horizonte, un sano revulsivo de la vida acomodada y que nos recuerda que muchos de los males de entonces todavía perduran, como es el caso de Palestina. La rebeldía de Genet es una fuente de la que puede beber cualquier otra rebeldía.

Las criadas, con Nuria Espert y Julieta Serrano
En la impagable entrevista que le realizó la revista Playboy, en sustitución de la que tenían pensada para Brigitte Bardot, se nos cuenta que el escrito viaja por el mundo solo con cinco obras: las poesías de François Villon, de Baudelaire, de Mallarmé y Rimbaud, y El nacimiento de la tragedia, de Nietzsche. Ese es todo su equipaje, ¿para qué quería más? Excepcionalmente, sobre su mesa, nos dice la reportera, se encuentra Las palabras, de Jean Paul Sarte, de reciente aparición. Ya tenía toda la belleza y rebeldía en lengua francesa. Nietzsche era la guinda abstracta.
Cuando le preguntan sobre qué encontró en él uno de los escritores más famosos del mundo, Jean Paul Sarte, Genet contesta:

Sarte da por supuesta la libertad del hombre y que éste tiene todos los medios a su disposición para hacerse cargo de su propio devenir. Mi caso ilustra una de sus teorías de la libertad. Encontró a un hombre que, en lugar de someterse, reivindicaba lo que le había sido dado, lo reivindicaba y estaba decidido a llevarlo hasta sus últimas consecuencias. (26)

Difícilmente se puede expresar de forma más escueta lo que supone la aceptación de la vida en su exclusividad. Trabajar con la materia que nos viene dada, sin esperar más ni pedir más. No es de extrañar que Sarte lo tomara, aunque al él no le gustara demasiado, como esa ejemplificación de la vida en su propia finalidad.
Genet era el que fue. No quiso ser más que él mismo, tarea más que suficiente para llenar una vida, entre mares de máscaras y ocultaciones, presiones y desvíos. Se es el que se es. En otra entrevista recogida posteriormente, señaló:

Aunque mis libros hayan tenido cierta repercusión, el acto de escribir, el simple acto de escribir en una cárcel apenas me afectó; de manera que hay un desequilibrio entre lo que usted me describe, que sería el resultado obtenido por mis libros, y la escritura de mis libros; una escritura que habría sido más o menos la misma que si hubiese descrito a un chico y a una chica acostados juntos; para mí tampoco fue tan difícil. Me pregunto incluso si no existe un fenómeno de engrandecimiento debido a los medios mecánicos de transmisión y reproducción. Hace doscientos años, si alguien hubiese realizado un retrato mío, habría tenido un retrato. Ahora, si me hacen una fotografía —han sacado doscientas mil, incluso más, pero bueno—, ¿adquiere así más importancia? (199)

Pese a los intentos de reducir su biografía a la normalidad, su visión del mundo se fue forjando en su experiencia, en el día a día, en la confluencia de su particularidad con sus conflictos con el mundo. La vida no es la obra, pero tampoco su negación. A lo que se negaba Genet era a una visión plana de su propia obra bajo un esquema determinista. No tiene sentido preguntarse cuántas personas, bajo las circunstancias de Jean Genet, hubieran acabado siendo Jean Genet. Es una pregunta absurda, aunque muchos se la hagan.
La obra de Genet, por el contrario, es profundamente coherente. La vida de uno es su propia teoría y su propio y único experimento. No hay vuelta atrás. La vida solo se escribe una vez.
Un libro recomendable para los que vivieron un Genet de primera mano en su época y para todos los que quieran descubrirlo ahora, que buena falta hacen personalidades capaces de caminar así por el mundo.

* Jean Genet (2010). El enemigo declarado. Errata Naturae, Madrid. 418 pp. ISBN: 978-84-937889-7-1.


Genet con la famosa activista norteamericana encarcelada Angela Davis

Mi cafetera y los políticos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Compré no hace muchos días una cafetera. Me gusta el café y hago mis mezclas y combinaciones para ir sacándole el gusto especial a cada taza y disfrutarla. Pequeños placeres de la vida. La cafetera que compré, según prometía en su estudiado y comunicativo embalaje, era silenciosa, con dispositivo antigoteo y con 18 bares de presión, tres más que la anterior sustituida. La cruda realidad es mete un ruido endiablado, gotea y el café sale más clarito que con la anterior.
Cuando me hago un café, me quito el sueño yo por tomarlo, y se lo quito a los vecinos, a los que despierta el infernal estruendo, el “silencio” prometido en la caja. La vibración es tal que cuando pones dos tazas una de ellas se aleja de la otra y tienes que vigilar que no caiga el café fuera y lo ponga todo perdido. Prepararme un café tempranero es un cargo de conciencia por si hay alguien durmiendo en varios kilómetros a la redonda.
Puede que les parezca que yo exagero, pero quien exageró realmente fue la caja, que vendía unas bondades inexistentes. Es cierto que el concepto de “silenciosa” es relativo, pero aunque tengamos un concepto variable de lo que significa, difícilmente podría considerarse así. Lo mismo ocurre con lo del “antigoteo”: ¿significa ni una gota? ¿O debo entenderlo como, por ejemplo, con “anticorrupción”, más bien a posteriori? El hecho es que gotea.

Mi cafetera es como la política. Mucho ruido, mucho vapor y poca presión. Eso sí: la caja preciosa.
Quizá para algunos resulte difícil hacer una campaña electoral sin prometer. Puede que se les haga cuesta arriba salir a un estrado y enfrentarse un público sin prometerle nada. Puede que muchos no sepan qué hacer sin prometer o insultar,  que es el plan B de la retórica electoral española, lo primero que aprende el candidato en esa escuela del verbo fácil y las malas costumbres que es la formación política mediática. “No seas concreto si te aprietan; promete más que los otros; y, finalmente, insulta, descalifica y pon motes, que la gente se ríe y son más fáciles de recordar”, parece ser el resumen de ese curso acelerado que les dan, pero que les dura toda la vida política a algunos.
Siguen sin entender que ya se han acabado los tiempos de las promesas y los endeudamientos, que ya no queda mucho que prometer, ni euros ni regalos ni puestos. Queda poco en la bolsa y no hay que jugar con las esperanzas prometiendo para el futuro lo que no se ha cumplido en el pasado. Se cambia de candidato, pero no se cambia de discurso.
La sociedad ha madurado y pide realismo y sinceridad; la economía ha hecho cambiar la situación de todos. Europa ya no se puede permitir los políticos que se entrampan con promesas electorales demagógicas. Ni Europa ni nosotros. Prometer sin fundamento, sin ton ni son, es ir hoy contra la realidad, además de contra el sentido común. No existe una Europa del Norte y otra del Sur. Existe la Europa demagógica y la Europa realista; la que cumple lo que se promete porque no ha prometido nada irreal y la que promete sin poder cumplir y se entrampa arrastrando al resto de la sociedad.


La sociedad española está reclamando, por encima de las ideologías, una reescritura de la política, un cambio de actitud para el bien de todos. Hay margen para las ideologías, pero no hay margen para la demagogia. La maduración social se ha producido precisamente como confrontación con esa especie de promesa fácil y demagógica. Los políticos no están para decir a la gente lo que quiere escuchar. Están para decirnos lo límites de lo que es posible hacer con la realidad existente. La deuda es una buena muestra de ello desgraciadamente.

Es triste y deprimente ver las mismas fórmulas del insulto, la descalificación, la atribución de méritos a unos y otros, con que las campañas electorales nos deleitan ojos y oídos, a falta de hacerlo con el intelecto.
Ningún político sensato debería abandonar el horizonte de la crisis en la que nos encontramos. Hemos padecido el vicio político del ocultamiento sistemático del fondo y la realidad de los problemas, que pueden caernos encima en cualquier momento. Lo que aquí escuchamos no tiene nada que ver lo que vemos fuera y eso ya no es aceptable. Algunos dirán que los de aquí saben más, pero el hecho es que se cumple lo que otros dicen, sus diagnósticos, y no lo que nos cuentan en casa.
Por eso es exigible que se modifiquen los discursos. Es la única forma de poder afrontar un futuro con garantías, que lo que se diga y se haga no sea una forma de hipotecarnos en generaciones. Salimos de una etapa, que podríamos llamar de eufemísticamente de “optimismo discursivo”, pero debemos entrar en una nueva en la que se asuma el realismo por los políticos para recobrar una confianza en gran medida perdida. No hay ilusión hoy. El que se vote no debe entenderse como un aval para la clase política, sino como el reconocimiento de la política democrática como forma de expresarnos los ciudadanos y de actuar socialmente. Pero no hay entusiasmo. Nosotros cumplimos. No se puede decir muchas veces lo mismo de los políticos.
Sé que tendré que cargar una temporada mi cafetera, luchar con ella para obtener esa taza de café que me gustaría saborear. Buscaré mil formas para tratar de evitar que haga tanto ruido, revisaré las instrucciones. Me queda la opción de la garantía y devolverla. Algo que no se puede hacer en la política. Siguen echando humo, metiendo ruido y algo descafeinados.

Políticos coreanos que siguen atentamente la política española

sábado, 1 de octubre de 2011

El color de la corrupción

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El noticiario con el que nos obsequió ayer RTVE ofrecía tres reportajes curiosos. El primero era una recuperación de un viejo Informe semanal en el que se nos decía que con Franco no existía la declaración de la renta más que como una farsa y que el estado de bienestar no se puede desarrollar en las dictaduras porque no se pagan impuestos.  El razonamiento se apoyaba en las explicaciones de economistas y profesores que señalaron que la moderna Hacienda española comenzó con la reforma política democrática. Eso es cierto.
Lo que sembró en mí la perplejidad es el reportaje que se nos mostró en el mismo espacio televisivo sobre cómo una prestigiosa investigadora de la Comunidad Valenciana destina el dinero de un premio que le acaban de conceder a pagar los becarios que tiene a su cargo. Nos dicen, además, que dicha investigadora hace lo mismo con las conferencias y otras actividades paralelas a su investigación.
La conclusión que saca mi cerebro, según la técnica del montaje yuxtapuesto de Sergei M. Eisentein, es que algo me he perdido por el camino que lleva de una dictatorial sociedad sin impuestos que no puede desarrollar el Estado de Bienestar y la actual sociedad democrática en la que sí se cobran impuestos pero los investigadores públicos han de pagar de su bolsillo a los becarios que les ayudan en su tarea. Miraré bien por casa, porque seguro que encuentro algo que me lo explique, porque lo sorprendente del caso es que tanto la investigadora como los demás implicados, veían con total normalidad esta situación. No sé, es cierto, si la labor de montaje tiene algo que ver con esta complacencia ante lo inevitable del mensaje conjunto: impuestos, recortes y apáñatelas como puedas.

La información en un reportaje de Al Jazeera
Pero de todo lo que el noticiario nos mostró —y dentro de la pedagogía audiovisual implícita o explícita—, me quedo con lo mejor: el reportaje sobre el artista chino que se dedica a retratar a los corruptos y exponerlos en una galería abierta a nuevas incorporaciones. Dicho por sus propias autoridades, el mayor problema chino es la corrupción. Dentro del innegable espíritu cívico chino, la corrupción es vista como un ataque contra todos y cada uno de los integrantes del estado… ¡y son muchos!

Zhang Bingjian
El artista se llama  Zhang Bingjian y ha desarrollado un proyecto artístico consistente en retratar a los corruptos y exponerlos públicamente en su galería. Son miles los funcionarios chinos acusados de corrupción, pero eso es como decir que China es grande, una obviedad que no se le escapa a un artista chino. Los medios los han calificado como el “Hall of Fame” de la “infamia”, dado su gusto por las palabras.
Pero no se trata solo de retratar. En cualquier proyecto artístico los medios y los fines deben ir acordes. No se puede retratar la infamia de forma bella. Eso hay que reservarlo a los temas nobles. La pintura es rápida, desde fotocopias ampliadas, con materiales baratos… El artista reserva su arte para lo que vale realmente la pena. Aquí su arte es acusación y desprecio. No invierte ni en enmarcar las obras que no tienen valor individual, solo la objetivación del desprecio sobre un lienzo barato con pinturas y materiales baratos. La corrupción no merece más.
Hasta el color se ha puesto al servicio de la denuncia. La paleta cromática se ha reducido a un único color: el que rige la vida de los corruptos, el color del billete de cien yuanes. Ese es el elemento que une todos esos miles de rostros de esa galería, el rasgo con el que han querido mostrar que es el dinero lo que ha marcado su vida.

Esos cuadros deliberadamente pobres, feos, esquemáticos, resultan una experiencia estética única porque negándose a poner la belleza al servicio de la representación del mal, salvan su arte y mueven hacia el sentimiento que desean, hacia el rechazo social. En el borde del lienzo sin enmarcar, han escrito una cantidad, no la del precio del cuadro, sino la del dinero que robaron cada uno de los retratados.
Reconocer con claridad lo que es injusto, corrupto o dañino es algo que no se debe perder nunca. Los chinos retratan sus defectos sociales para mostrar su indignación. Nosotros retratamos nuestras carencias como heroicidades y mostramos tiempos pasados para sentirnos mejor. En este país de Campoamor, deberíamos tener el valor de alzar el pincel y comenzar a pintar, prescindiendo de colores, aplicando solo el color de la corrupción.




El derecho a escribir la historia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El pueblo egipcio sigue cuestionando el papel que las Fuerzas Armadas están tomando en la dirección de la revolución. Este sigue siendo, en gran medida, con algunos artículos de la Constitución cambiados, el régimen de Mubarak, por más que Mubarak esté en la cárcel, junto con sus hijos y muchos de sus ministros. El pulpo se cortó un brazo. Quedan otros muchos.
La situación egipcia se complica con un Ejército que no renuncia a retirar las atribuciones que la ley de excepción les concede. Los militares se mantienen tras ella evitando cualquier tipo de crítica que pudiera dañarles. El que protesta o incumple las estrictas medidas, se encuentra frente a un tribunal militar. Es una forma de intimidación permanente característica de los regímenes que mantienen una parte de su pasado en pie, resistiendo el asedio de la democratización.
Los egipcios han salido otra vez a manifestarse por la recuperación de una revolución que ha sido exclusivamente suya, ante la actitud del propio Ejército que se mantuvo en una “neutralidad” anómala, que podríamos calificar como “expectante”. Podía haber superado esa etapa y avanzando nítidamente en el camino de la democracia, pero no es ese el camino que ha elegido.
El pueblo va por delante de su Ejército. La variedad de ideas que en este momento están sobre el tapete político en Egipto no tiene nada que ver con un Ejército que ha demostrado ser opaco en política y cuya única función hasta el momento es regular la velocidad de escape de la tierra de Mubarak. La velocidad de escape es la necesaria para poder abandonar el suelo y salir de la atmósfera. El suelo de la dictadura sigue atrayendo con demasiada intensidad a las fuerzas de transformación democrática.

Las concentraciones siguen la Plaza Tahrir
Al haber realizado una simple sustitución en los puestos, pero no un cambio de régimen, la sociedad se desespera porque se temen una cacicada electoral en la que las fuerzas del antiguo régimen reciban un bautismo democrático que las haga volver a tomar el poder o, al menos, ocupar una parte importante de él, aliándose con otras fuerzas que no tengan interés en que prospere una democracia real. Por eso los egipcios se desesperan y vuelven a Tahrir, lugar que no han abandonado como muestra de su determinación.
Pero hay otro debate social importante. La cuestión del equilibrio entre lo religioso y lo laico en un sistema democrático es complicada cuando lo religioso pretende controlar la vida y los derechos de todos. Ya al comienzo de la revolución tuvimos ocasión de comentar los focos de modernización que se estaban produciendo en el seno de estos grupos, sobre todo por los más jóvenes [ver entrada].

El debate verdadero es el que lleva a la transformación del Islam hacia una modernidad en la que encontrar su propio lugar. Este debate ha sido soslayado mediante imposiciones violentas permanentes de los que han prohibido la religión o los que han condenado el laicismo. La realidad de la religiosidad es un hecho que se ve perjudicado por la forma autoritaria que asume en muchos momentos y lugares. Hacen falta pensadores, más allá de los políticos, que den forma a los problemas, que los expresen para ir cambiando las mentalidades, para ir introduciendo los debates profundos a través de los discursos filosóficos, artísticos, científicos, etc. Son necesarios, urgentemente necesarios.
The New York Times finaliza un interesante artículo* sobre los conflictos que se están produciendo en el interior de los partidos religiosos en los países árabes con la pregunta de un joven salafista egipcio de 26 años: “We as Islamists are the majority. Why do they want to impose on us the views of the minorities — the liberals and the secularists? That’s all I want to know.”

Las largas noches de la revolución en Tahrir

La respuesta es sencilla si se quiere entender. La democracia no es una cuestión exclusivamente de número, sino de voluntad de acuerdo. Por encima de los números, es decir, de la voluntad de las mayorías y minorías, está el fondo de los Derechos Humanos que son universales y sirven como garantía de lo saludable o no de las decisiones que democráticamente se puedan tomar. Los que creen que la democracia es una cuestión exclusivamente de votaciones y resultados, no hacen sino pervertir su esencia y finalidad, que es el acuerdo social, la convivencia. De no hacerse así no se tiene una democracia sino una dictadura de la mayoría.

El mundo musulmán tiene hoy modelos hacia los que dirigirse y de ahí el papel que Turquía está jugando frente a otros modelos peligrosos. Los latigazos de los que se ha librado, por indulto real, una mujer conductora en Arabia Saudí, deberían ser la muestra sencilla y evidente de lo que ocurre cuando un país eleva a ley la irracionalidad que le aleja de su propio futuro.
Este es el gran debate en el mundo árabe emergente. Por encima de los partidos, está su deseo de entrar en su propia modernidad, una modernidad confluyente con un mundo global, o si se prefiere seguir malviviendo sus propias contradicciones y haciendo víctima de ellas a sus pueblos. Ese es el debate verdadero y necesario, que debe ser abordado por su propia ciudadanía.
Las democracias no son sistemas perfectos porque son humanos y sirven para dirimir lo humano. No existe la democracia divina, porque en el momento en el que alguien habla en nombre de Dios hace callarse a los demás. Diferenciar la voz de Dios de la voz de los hombres religiosos es importante; es distinguir la teocracia de un gobierno que puede tener un mayor o menor grado de sentido religioso. La religiosidad de las personas no debe ser excluida, pero tampoco excluyente. La religiosidad no puede ser cuestión de latigazos.
Campaña de apoyo a la conductora saudí Manal al-Sherif

El debate precipitado sobre la democracia debería apoyarse más en el debate previo sobre los fundamentos sobre los que esa democracia se construye. Es la única forma de construir hacia delante, con solidez, y no seguir en esta historia quebrada, permanentemente interrumpida, sin continuidad de muchos de estos países, hundidos en una indefinición escondida tras los gritos autoritarios de unos y otros.
La nueva generación, que ha liderado las revoluciones en estos países, tiene la responsabilidad de asumir esa voluntad de cambio, esa determinación mostrada para construirse un futuro a su medida, un futuro hacia delante, de progreso y profundización en sus propias raíces, en su herencia. Esta herencia necesita ser pensada y adecuada a sus propias necesidades. Los pueblos que son guiados desde su pasado cercenan su propio futuro, guiados por fantasmas hasta un abismo de indefinición. Tiene que pensar en que las voces que salgan por sus gargantas sean las suyas y no convertirse, una vez más, en los títeres sin voluntad excluidos de la posibilidad de escribir la historia, condenados a la repetición de los errores de las generaciones anteriores.

* "Activist in Arab World Vie To Define Islamic State" The New York Times 29/09/2011 http://www.nytimes.com/2011/09/30/world/middleeast/arab-debate-pits-islamists-against-themselves.html?_r=1&hp