sábado, 23 de mayo de 2026

Influencias y corrupción

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Dice Felipe González que el auto sobre Rodríguez Zapatero es "muy impresionante", pero que "no se lo imagina en ese papel". El subgénero legal de la "corrupción" política tiene mucho de apuesta. Por un lado toca apoyar, por otro cruzar los dedos y que no tengas que arrepentirte de lo que has dicho en defensa del compañero caído.

Esto sirve también para las quejas por agravio. José Luis Ávalos, que tiene lo suyo, se queja de que el partido no le ha apoyado a él como lo está haciendo con Rodríguez Zapatero. Y es que no todos los casos no son iguales en ciertos aspectos. Ávalos era importante en la estructura de partido; El ex presidente, por contra, tenía el poder del mito, el ser una referencia histórica para el PSOE. Cuando los mitos caen, algo indefinido se rompe y arrastra, cierra la historia dejando un hueco, un vacío, un silencio.

La entrada del mito en los juzgados tiene un efecto destructivo en el que ya no es posible vender que "el partido ha actuado con diligencia", algo muy importante de cara a la galería y al propio partido y militancia. Cuando no es posible llegar más arriba, hay que ir más abajo. El "más arriba" del PSOE son otros nombres míticos, que muchos prefieren no mencionar siquiera y tocan madera.

¿Qué pasa con los partidos españoles?

Con casos diferentes, la realidad es que perdieron algo muy importante: la propia vigilancia. La salud política requiere vigilancia,  práctica constante de la virtud y el ejercicio saludable. No es lo que ha ocurrido.

Los partidos son la puerta al poder, por lo que el que quiere hacerse rico debe ascender por los tramos que se le ponen por delante para el ascenso. No se trata de que un dirigente se corrompa, se trata de llegar a los puntos más altos, que es donde decides con total tranquilidad de quién te rodeas y a quién a alejas. El "caso Ávalos" es muy claro en este sentido.

El político corrupto tiene que llegar lo suficientemente arriba para cobrarse su "presa", la influencia y los lazos con las empresas para favorecer a unos y no a otros, para lograr sus "mordidas". Lo que vende es su capacidad de influencia para que determinados agentes económicos accedan a nuestra compleja administración en sus tres niveles, el local, el autonómico y el nacional. Desde cada uno de sus niveles, maneja o tiene influencia para que los presupuestos acaben en manos de unos u otros. Las empresas españolas lo han aprendido: sin mordidas no hay negocio. Si quieres situarte por encima de tus competidores debes tener acceso a los políticos que deciden. Así de claro.

Ya vayan por libre o actúen en nombre del partido para su financiación irregular, los políticos se vuelven accesibles, crean sus tramas con gente de su cuerda y calaña. Primero se coloniza el partido en sus áreas de interés; después se actúa y comienza el negocio. Un día falla algo y todo estalla. Lo inimaginable se hace presencia.

Que los partidos se encuentren en situación de debilidad por los resultados electorales y la necesidad posterior de pactos no hace sino complicar las cosas. Un escándalo te manda a la oposición. Con eso cuentan los listillos políticos que ya cuentan con la necesidad institucional de evitar que estallen los escándalos.

Al escándalo que sacuda las urnas se suma la pérdida de influencias. Si quedas fuera del poder de decisión no vales nada, tu poder se disuelve. Tu poder es del garantizar el acceso a los contactos necesarios para que los negocios se realicen. Si estás fuera, no hay poder y las empresas buscarán nuevos contactos eficaces para colar sus productos y hacerse con los contratos.

¿Por qué los partidos no detectan todos estos casos? Desde el principio de la democracia se discutió un aspecto fundamental: listas cerradas o listas abiertas. En estas últimas son los electores a quienes les toca decidir sobre la lista que los partidos han presentado. En el sistema de listas cerradas, por el contrario, es en el partido donde se decide quiénes van los primeros en las listas y, por ello, quiénes ocuparán los puestos en parlamentos o ayuntamientos. La obediencia se premia estando en los puestos preferentes y se penaliza la crítica y la desavenencia. El resultado son partidos sumisos, donde se van formando grupos o "familias", como en el "caso Ávalos". Permite rodearte de fieles.

No es fácil que con este sistema se produzca vigilancia o control por lo que pueda ocurrir. Sorprende siempre esas caritas de sorpresa cuando estalla un caso de corrupción. Nadie sabía nada, nadie esperaba algo así, nunca se les pasó por la imaginación...

Sin embargo, los casos saltan cada vez más arriba. La situación política precaria hace que sean ahora los socios los que no tienen suficiente con lo de la "presunción de inocencia". Saben que a ellos no les basta con eso y que un caso en los medios tiene sus efectos sobre las propias bases y votantes. Se juegan mucho y no ganan nada. Los titulares se dividen entre los que creen y los que desconfían y exigen explicaciones, algo que difícilmente se les dará si todo son caras de sorpresa.


No es posible que nadie sepa nada en los partidos ante casos de tamaño volumen. Sin embargo, los casos se van describiendo en sus recorridos de influencias y se estudian los contactos administración-empresas que han permitido esos millones de euros, esas cuentas ocultas en el extranjero, esos contratos millonarios, etc. de los que nos hablan en cada caso que salta a la luz pública.

Si los partidos fueran conscientes del mal que esto supone para la conciencia democrática española, el mal ejemplo, etc. deberían dejar de rogar porque aparezca un caso que "equilibre" la situación, un escándalo mayor en el otro, y centrarse en buscar soluciones que hagan que no se produzcan estos casos escandalosos en los que se habla de cientos de miles de euros, de millones de euros, mientras que los sueldos no llegan, las casas se convierten en prohibitivas, los despidos son algo normal, etc., como padecen los españoles de a pie.

No vamos a pensar que la corrupción desaparezca; pero si deberíamos poder pensar que se considera un mal y no solo una "mala noticia". El mal está en los partidos, en cómo se construyen, en cómo se seleccionan y ascienden los corruptos y se incrustan en los lugares sensibles, que es donde se deciden cuánto se gasta y a quién se paga. 

Hoy las fotos, la memoria gráfica, se muestran como fruto de incomodidad. Esos abrazos, tanto cariño, se vuelven peligrosos momentos que un cambio de situación hace cambiar de sentido.

Lo tienen fácil.. si quieren. El efecto llamada de la corrupción es grande y muchos esperan que les toque a ellos un puesto que la permita. Unos cuantos pelotazos... ¡y a vivir! Hasta que te pillen.

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