Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Es
triste ver cómo medios que han cumplido su función informativa durante décadas se
ven arrastrados a lo intranscendente. El periodismo informativo, el que da
cuenta de lo que ocurre en el mundo en que vives, el que lo analiza y explica,
está desapareciendo de muchos medios para verse convertido en un mero apéndice
de las empresas cuyo beneficio se prioriza. No se trata ya de informar, sino de
promocionar algo, propio o ajeno.
Basta
con ver las páginas web de ciertos medios para comprender el fenómeno. La
colocación que hace más o menos visible las informaciones nos da cuenta de las
prioridades, de lo que se ofrece a los lectores. Tres o cuatro noticias se
sitúan en el inicio, a lo que siguen un descenso hacia lo trivial, hacia lo que
se promociona para atraer a un tipo de receptor cada vez peor informado de lo
que ocurre en el mundo para el que se fabrica una pseudo información
irrelevantes, la mayor parte de las ocasiones centrada en sí misma.
Esto es
evidentemente grave cuando los informativos son parte de medios televisivos. Hasta
el momento, las televisiones consideraban que la información periodística era
parte de su función como medios. Tienen programas informativos elaborados por
unas redacciones, que dan forma a unas páginas en la web. Esas páginas
constituían una salida de información donde se ofrecían noticias, entrevistas,
reportajes sin la limitación de tiempo de la programación televisiva. Esas webs
eran un medio para informarse sin horarios.
Esto ha
cambiado a un modelo en el que la información noticiosa va desapareciendo en
volumen y desplazándose frente a otro tipo de información, la que sirve para
promocionar los programas del canal, que cada vez se decanta más por
"entretenimiento", "deporte", información promocional sobre
series, concursos, viajes, etc. La información noticiosa, la que nos habla del
mundo, desaparece o se limita.
Con
ella, desaparecen también los profesionales de la información, los periodistas,
que se ven abocados a la trivialidad autorreferencial. El mundo desaparece, se
reduce, y solo queda hablar del canal propio, que entra en competencia con
otros canales que hacen lo mismo.
Cabe
preguntarse si en este mundo complejo y convulso es "lógico" que
desaparezca la información sobre él. Cuando esto ocurre en los Estados Unidos,
acusamos al trumpismo y a sus adláteres de silenciar, de controlar, etc. la
información. Aquí (y en otros lugares), en cambio, lo explicamos desde la
llamada "lógica del mercado" y lo fundamentamos en la "eficiencia":
todo debe apuntar a la ganancia de la empresa. Los informativos no se deben ya a
los lectores, receptores, etc., sino que deben ser un medio más en un fin, el
llevarlos hacia los programas de las cadenas o hacia productos, servicios, etc.
El periodismo queda así reducido a un trabajo en un marco empresarial, lejos de aquella retórica del "cuarto poder" y demás conceptos que hacían ver su importancia para la democracia y la vida social.
Reducir
la información, fomentar el desinterés por las noticias supliéndolas por
programas triviales, por muchos espectadores que puedan acumular, no deja de
ser un fracaso social y cultural. Esto se hace mucho más evidente cuando se
hace desde un medio público que, por definición, debería aspirar a algo más que
al "beneficio".
Si esto
lo contemplamos desde una perspectiva de crisis de los medios tradicionales que
ven cómo la destrucción por desinterés avanza, que se mueren los receptores informativos, atraídos por las luces de neón,
por toda la parafernalia con que se rodea la trivialidad, el desvío de los
medios públicos se hace mucho más trágico. Son ellos los que tienen la
obligación de mantener el foco sobre el mundo para que la sociedad pueda tener
conocimiento de los problemas sobre los que decidirá. Este distanciamiento
significa un doble dar la espalda a los deberes informativos e institucionales.
Desgraciadamente, las políticas de desvío de la atención informativa van
alejándose de las funciones que un medio público debería cumplir. Es lamentable
que se desperdicien recursos y profesionales, muchos de ellos viviendo con
tristeza sus nuevos objetivos informativos, intrascendentes, pero exigidos por
las cúpulas.
El
mundo de la información periodística es llevado a otros puertos. La incapacidad
de ver las consecuencias de esto es grave; es una ceguera peligrosa. En un
mundo en el que las luchas de información, desinformación y bulos se producen en los medios es muy
peligroso dejar a las audiencias con poca información en un sentido
periodístico.
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