lunes, 31 de marzo de 2025

La muerte de la noticia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Es triste ver cómo medios que han cumplido su función informativa durante décadas se ven arrastrados a lo intranscendente. El periodismo informativo, el que da cuenta de lo que ocurre en el mundo en que vives, el que lo analiza y explica, está desapareciendo de muchos medios para verse convertido en un mero apéndice de las empresas cuyo beneficio se prioriza. No se trata ya de informar, sino de promocionar algo, propio o ajeno.

Basta con ver las páginas web de ciertos medios para comprender el fenómeno. La colocación que hace más o menos visible las informaciones nos da cuenta de las prioridades, de lo que se ofrece a los lectores. Tres o cuatro noticias se sitúan en el inicio, a lo que siguen un descenso hacia lo trivial, hacia lo que se promociona para atraer a un tipo de receptor cada vez peor informado de lo que ocurre en el mundo para el que se fabrica una pseudo información irrelevantes, la mayor parte de las ocasiones centrada en sí misma.

Esto es evidentemente grave cuando los informativos son parte de medios televisivos. Hasta el momento, las televisiones consideraban que la información periodística era parte de su función como medios. Tienen programas informativos elaborados por unas redacciones, que dan forma a unas páginas en la web. Esas páginas constituían una salida de información donde se ofrecían noticias, entrevistas, reportajes sin la limitación de tiempo de la programación televisiva. Esas webs eran un medio para informarse sin horarios.

Esto ha cambiado a un modelo en el que la información noticiosa va desapareciendo en volumen y desplazándose frente a otro tipo de información, la que sirve para promocionar los programas del canal, que cada vez se decanta más por "entretenimiento", "deporte", información promocional sobre series, concursos, viajes, etc. La información noticiosa, la que nos habla del mundo, desaparece o se limita.

Con ella, desaparecen también los profesionales de la información, los periodistas, que se ven abocados a la trivialidad autorreferencial. El mundo desaparece, se reduce, y solo queda hablar del canal propio, que entra en competencia con otros canales que hacen lo mismo.

Cabe preguntarse si en este mundo complejo y convulso es "lógico" que desaparezca la información sobre él. Cuando esto ocurre en los Estados Unidos, acusamos al trumpismo y a sus adláteres de silenciar, de controlar, etc. la información. Aquí (y en otros lugares), en cambio, lo explicamos desde la llamada "lógica del mercado" y lo fundamentamos en la "eficiencia": todo debe apuntar a la ganancia de la empresa. Los informativos no se deben ya a los lectores, receptores, etc., sino que deben ser un medio más en un fin, el llevarlos hacia los programas de las cadenas o hacia productos, servicios, etc.

El periodismo queda así reducido a un trabajo en un marco empresarial, lejos de aquella retórica del "cuarto poder" y demás conceptos que hacían ver su importancia para la democracia y la vida social.

Reducir la información, fomentar el desinterés por las noticias supliéndolas por programas triviales, por muchos espectadores que puedan acumular, no deja de ser un fracaso social y cultural. Esto se hace mucho más evidente cuando se hace desde un medio público que, por definición, debería aspirar a algo más que al "beneficio".

Si esto lo contemplamos desde una perspectiva de crisis de los medios tradicionales que ven cómo la destrucción por desinterés avanza, que se mueren los receptores informativos, atraídos por las luces de neón, por toda la parafernalia con que se rodea la trivialidad, el desvío de los medios públicos se hace mucho más trágico. Son ellos los que tienen la obligación de mantener el foco sobre el mundo para que la sociedad pueda tener conocimiento de los problemas sobre los que decidirá. Este distanciamiento significa un doble dar la espalda a los deberes informativos e institucionales. Desgraciadamente, las políticas de desvío de la atención informativa van alejándose de las funciones que un medio público debería cumplir. Es lamentable que se desperdicien recursos y profesionales, muchos de ellos viviendo con tristeza sus nuevos objetivos informativos, intrascendentes, pero exigidos por las cúpulas.

El mundo de la información periodística es llevado a otros puertos. La incapacidad de ver las consecuencias de esto es grave; es una ceguera peligrosa. En un mundo en el que las luchas de información, desinformación  y bulos se producen en los medios es muy peligroso dejar a las audiencias con poca información en un sentido periodístico.

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