domingo, 8 de marzo de 2026

Las fotos de los muertos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Era cuestión de tiempo que llegara la foto más temida: Donald Trump recibiendo cadáveres de militares muertos en la guerra que nunca existió. Las expectativas de una (no)guerra rápida —primero tres o cuatro semanas, luego cuatro o cinco, luego quizá más...— se van disipando y no hay experto que avale los cálculos de la presidencia sobre la duración.

Pero más allá de la duración y de sus costes en vidas y dólares está la definición misma del hecho. Anna Bosch ha dedicado ayer a recoger las declaraciones de Trump autodefiniéndose como "hombre de paz" y todas las declaraciones en su campaña electoral de que no llevaría a los Estados Unidos a ningún tipo de guerra, sentido de la expresión "America First!". Gran parte de su campaña se centró en la promesa de que el país no se dejaría arrastrar por guerras que no fueran de su incumbencia. Sin embargo, ha hecho todo lo contrario y sigue amenazando con abrir nuevos frentes en la más enloquecida campaña belicista global. No abre la boca si no es para amenazar a nuevos países con intervenciones. El "MAGA" se ha transformado en el "MTGA", donde la "t" ya saben de dónde sale.

¡Pocos norteamericanos, y menos el resto de los habitantes del planeta, podían imaginarse que Trump iba a ser una pesadilla desde la Casa Blanca!

Pero la foto saludando a los cadáveres repatriados es un baño de realidad que abrirá los ojos de muchos y tendrá efectos. Ya no se trata de "acciones", de "intervenciones" o de cualquier otro eufemismo para evitar la palabra clave: "guerra".

Como se recoge en el texto de Anna Bosch, ya se comienza a organizar un cierto movimiento sobre qué o quiénes han montado esto. Las principales contestaciones a la pregunta apuntan a Israel, que sería quien arrastró a Trump a la guerra. Señala Bosch:

Hay un sector del trumpismo muy crítico con la influencia que Israel tiene en la política estadounidense, y eso se agravó esta semana con unas declaraciones del secretario de Estado y Asesor de Seguridad Nacional, Marco Rubio. El lunes Rubio explicó así por qué el país decidió lanzar el ataque, junto con Israel, contra Irán: "Sabíamos que iba a haber una acción israelí contra Irán, sabíamos que eso precipitaría un ataque contra tropas estadounidenses, y sabíamos que, si no atacábamos preventivamente, sufriríamos más bajas".

Con esa declaración, Rubio hizo que lo que muchos descartaban como teorías conspirativas o antisemitismo cobrara otra naturaleza. Tanto es así que se convirtió en la pregunta obligada a cualquier representante del Gobierno. ¿Ha sido Israel quien nos ha arrastrado a atacar Irán? Al día siguiente, el presidente lo negó y afirmó que, en todo caso, era a la inversa, que él había arrastrado a Israel. Según Trump, él decidió que era el momento de atacar porque llegó a la conclusión de que las negociaciones en Ginebra no iban a ninguna parte.

"Creo que son igualmente culpables", opina Mills en la conversación con el New York Times: "Israel preparó el terreno, pero el presidente Trump es responsable. 50% cada uno". Mills se extiende en su argumentación: "Creo que Israel intimida, tienen miedo [los políticos estadounidenses] al Mosad [los servicios secretos israelíes], temen la influencia de Israel en la política exterior, y cómo puede perjudicar sus carreras. Es un tabú que se está resquebrajando, pero que aún tiene mucho poder".*


El narcisismo de Trump le impide verse como un títere de Netanyahu. La simple posibilidad de que este pudiera decidir una guerra contra Irán en solitario le subleva, lo que se percibe claramente en su respuesta: es él quien ha arrastrado a Israel, lo que le hace asumir las críticas directamente por lo que está ocurriendo y pueda ocurrir en una guerra que desde el principio se ha considerado que no tiene nada que ver con lo ocurrido con Venezuela. Ni por tamaño ni por situación se parecen ambos casos. La aniquilación de la cúpula del poder iraní no ha significado más que un relevo.

Visto lo que está ocurriendo, los expertos en política internacional han perdido el miedo a diagnosticar un desastre norteamericano, otro Vietnam, pero esta vez con unos efectos internacionales multiplicados por la situación geográfica y por lo complejo de la situación mundial con una guerra abierta y ya larga en Ucrania.

Contra la crítica creciente, Trump intensifica la propaganda sobre su persona identificándose con "América" y convirtiendo su liderazgo en "mesiánico". Las fotos de los pastores evangelistas rezando a su alrededor supone el recurso a algo a lo que hemos dado importancia aquí desde hace mucho: su carácter de "enviado" y estar tras él la mano de Dios, algo que quedó patente, según su versión, cuando un ángel intervino libándolo de la muerte en atentado, rozándole la bala la oreja. ¡Dios lo quiso!


Uno de los apoyos más fuertes de Trump ha estado en este sector ultra religioso, ayatolas a la americana, que le considera como una mano guiada para recuperar esa "grandeza" de la que no sabemos cuándo fue perdida para necesitar ser recuperada.

El mundo descubre con error que el destino de los grandes o pequeños depende de con qué pie se levante el presidente cada mañana. Su política exterior busca satisfacer los problemas de la interior. Hay una parte del electorado norteamericano al que se le ha vendido que Estados Unidos es explotado por el mundo (especialmente por Europa y en ella especialmente por España, ¡nos ha tocado!). Bajo este supuesto, el intervencionismo es creciente.

Si es Israel quien manipula a Estados Unidos nos manipula a nosotros, significa que debemos volvernos contra nuestra creencia en la existencia de un estado palestino, que debemos aplaudir el genocidio palestino, que debemos apostar por una hipotética destrucción de todo lo que se opone al imperialismo expansionista de Netanyahu. La única posibilidad  de una paz para Israel, según el plan, sería el exterminio de todos sus enemigos. Para favorecer sus planes se ha buscado ampliar los enfrentamientos entre facciones islámicas en una estrategia rancia que ha causado cientos de miles de muertes de inocentes, la extensión del terrorismo y la inestabilidad en la zona.

Las fotos de la llegada de los militares muertos intentan ser convertidas en "heroicas" pero su efecto, conforme se repitan, como ya está empezando a ocurrir, será el contrario. Trump está haciendo lo que prometió no hacer en su campaña electoral. No creo que las muertes le traigan votos, más bien al contrario.

Pero esto es algo más que una cuestión de votos. Se ha quebrado un orden internacional de confianzas mutuas. Pactos y alianzas han saltado por los aires al quebrarse la confianza mutua y dejar al descubierto las verdaderas intenciones de Estados Unidos e Israel tratando de arrastrar a una guerra de nivel mundial. Ya estamos empezando a pagar en la economía los efectos y está apenas empezando.

Hacemos mal en plantearnos esto en términos locales, como discusiones partidistas. En política internacional debemos estar unidos y evitar que los intereses de fuera se nos cuelen dentro. Puede que algunos tengan que arrepentirse de lo dicho en estos días. 

* Anna Bosch "La guerra contra Irán agrieta, pero no rompe el movimiento MAGA en Estados Unidos" RTVE.es 7/03/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260307/guerra-iran-agrieta-no-rompe-movimiento-maga-estados-unidos/16961145.shtml


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