miércoles, 5 de octubre de 2022

La muerte del rapero pacífico

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La noticia del suicidio del rapero ruso "Walkie" por considerar que matar en cualquier guerra va contra sus principios es un hecho importante por lo que representa. Los reveses de Putin son muchos, pero este tiene una dimensión ética que al autoritario presidente ruso se le escapa.

En El Periódico leemos:

Rusia vive con conmoción el suicidio del rapero Ivan Vitalievich Petunin, conocido como 'Walkie', quien a sus 27 años se ha suicidado por temor a ser llamado a filas en la guerra de Ucrania y como símbolo de protesta, según recoge el periódico británico 'Daily Mail'. Antes de quitarse la vida, 'Walkie' publicó un vídeo en el que explicaba que no quería matar a nadie.*

 

El suicidio es evidentemente una decisión radical que toma una dimensión ética indiscutible. Walkie no quería matar en nombre de nada o nadie. Es lo que la visión del "religioso" Putin no contempla en absoluto. Putin es un hombre de guerra; Walkie era un hombre de paz. La idea de "paz" es algo más que la ausencia de protesta. En el caso del joven suicida tenía un significado claro.

La imposición de Putin a su pueblo de una guerra fratricida es una de esas acciones por las que se pasa negativamente a la Historia. Cuanto más fuerce a su pueblo, cuanto más obligue a los jóvenes que manda al frente a matar en una guerra de la que desconocen el sentido, más perversa se percibirá su figura y sus acciones.,

Cuando comenzó la invasión armada y violenta de Ucrania escribimos aquí que sería el pueblo ruso quien frenaría a Putin, que acabaría negándose a realizar unas acciones que, por mucho que se camuflen con propaganda, son lo que son, pura infamia. Putin puede retratarse con los dirigentes prorrusos de los cuatro territorios que se ha anexionado; puede presumir de referéndums trucados, etc. pero eso ya no engaña a nadie. Solo los que quieren ser engañados se creen lo que dice o hace.

Walkie ha sido claro en su respuesta suicida. No matarás. Podemos escucharle en el vídeo que colgó en las redes sociales explicando por qué lo hacía. Anteponía sus principios y su propia vida a tener que ir a matar unos kilómetros más allá de su frontera, a personas que eran sus hermanos por humanidad y por proximidad.

Walkie no era ni un cobarde ni un antipatriota. Todo lo contrario. Hay que tener mucho valor para quitarse la vida de esta forma y por estos motivos. Podía haberse ido a la frontera y tratar de escapar, como lo están haciendo decenas de miles de rusos por todas sus amplias lindes. Pero no lo hizo. Su decisión ha sido mucho más poderosa que ser uno más de los fugados, a los que se señala con el dedo de la traición, la cobardía, etc. desde los altavoces propagandísticos del poder. Walkie tomó la decisión más honesta que le pareció. Hay que redefinir "cobardía" y "patriotismo".

Se habla de "conmoción en Rusia" al referirse a la muerte del rapero.  Muchas veces estos aparentemente casos pequeños provocan auténticos tsunamis sociales cuando se dan las condiciones. Recordemos los casos en algunos países con la Primavera Árabe. Son pequeñas cerillas prendidas en ambientes caldeados, donde se han liberado los incendiarios gases de la protesta que pueden explotar en un momento dado.

Putin está jugando mucho con la suerte. Se empeña en marcar la agenda de la Historia con sus decisiones y se puede llevar muchas sorpresas. Su exceso de confianza en el control es el más peligroso de los estados posibles.

En un mundo donde crece el radicalismo populista y todos se creen con derecho a matar en nombre de alguna estupidez pretenciosa, de grandes nombres, Walkie señaló que "no tenía derecho" a matar a nadie. Es una autentica lección, sencilla y contundente ante tanto fundamentalismo que dice actuar en el nombre de cualquier Dios.

Los medios se empeñan en titular que no quería ir a la guerra. Es más exacto decir que no quería matar, que para él era el mandamiento fundamental, como debe ser. Que le pusieran un arma en sus manos y le exigieran apuntar y disparar le resulta insoportable. Era pacífico y consecuente. Descanse en paz.


* "Un joven rapero se suicida en Rusia para evitar ir a la guerra en Ucrania" El Periódico 02/10/2022 https://www.elperiodico.com/es/internacional/20221001/guerra-rusia-ucrania-rapero-suicidio-dv-76595768

martes, 4 de octubre de 2022

El ocaso del libro

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los libros se amontonan sobre la mesita en el pasillo. Son el resultado de la limpieza de los despachos de los que se jubilan o de los que han fallecido y los siguientes ocupantes consideran poco útiles. Te llaman: "estoy vaciando el despacho; pásate por aquí a ver si te interesa algo". Vas y vuelves cargado de libros. Son el resultado de años de trabajo, libros acumulados en el día a día de las investigaciones.

El hecho más dramático es el rechazo de las bibliotecas. No quieren libros. No tienen espacio, les resulta incómodo tener que moverlos, para lo que necesitan más personal, algo que, como en otros campos, no tienen.

Veo cómo se acumulan a la espera de que alguien se fije en ellos. Algunos desaparecen pronto. Otros, en cambio, siguen allí a la espera de que alguien se los lleve y les dé un destino mejor que el acabar reciclados algún día. Una vez a la semana viene un trapero que se lleva todo el papel que haya: trabajos encargados a los alumnos, viejos ejemplares de tesis o de trabajos de graduación. Se los lleva con el compromiso de destruirlos.

Hace años podías llevar libros a clase y repartirlos a los alumnos. Pero el nivel de lectura ha descendido tanto que no leen mucho más allá de lo que el teléfono les permite. Algún documento en formato pdf todo lo más. Lo que puedan leer en las tablets y los ordenadores portátiles.

Me cuenta una profesora que se ha hecho cargo de dos trasteros llenos de libros. Son la acumulación de libros de un estudiante extranjero que estuvo aquí unos años para realizar su tesis doctoral. Regresó a su país y no se pudo llevar los libros que había ido almacenando en su investigación. Aquí quedaron, a la espera de que alguien se ocupara de ellos.

Nadie quiere los libros. Suena demasiado material, como si fuera una cuestión de espacio, que también lo es. Pero este problema espacial no debe ocultar lo que hay detrás: un brutal descenso de la lectura, algo que abarca ya a dos generaciones. Estamos en otro mundo, no es el de los libros y la lectura.

Los hábitos de lectura se han modificado profundamente en la Sociedad de la Información. La entrada de las video llamadas por la pandemia ha permitido comprobar que apenas se veían bibliotecas, algo que llegó a ser un bien preciado durante generaciones anteriores. Las bibliotecas familiares han ido desapareciendo y con ellas el amor por los libros, una expresión que hoy nos resulta cursi, irreal, fantasmagórica.

Se mantiene algo en los niños por una cuestión de las ilustraciones, colores y tamaño. Después llega el teléfono y todo desaparece, Entre en el transporte público y lo entenderá en pocos segundos. El número de personas que leen libros es mínimo. El teléfono absorbe la atención de todos durante los trayectos. La gente camina con el teléfono en la mano; camina viendo series de televisión o simplemente a la espera de que le llegue algún mensaje.

No tenemos ningún Marshall McLuhan a la vista que nos diga cómo el teléfono, el medio, es ahora otro mensaje. Tampoco que nos explique cómo está afectando a nuestra forma de consumir información y de modelar las mentes primero y la sociedad después. No hay nadie que nos explique cómo el medio actúa como filtro condicionando la recepción, lectura y la interpretación.

Pero aunque carezcamos de las investigaciones y las explicaciones, no podemos negar los efectos, fácilmente observables: una profunda incultura que nace del desprecio a todo lo que provenga del "pasado" en una sociedad que solo valora la inmediatez. En este entorno solo tiene sentido la trivialidad, cuyo consumo está garantizado en una nueva forma de hedonismo informativo. Los avances en la configuración de la opinión, la creación de perfiles personalizados, etc. han construido un sociedad mediática en la que se nos suministra aquello que nos satisface. Los buscadores nos tientan con los recursos que han aprendido de nuestras acciones. Es el reino de la seducción, no del esfuerzo.

Basta echar un vistazo a lo que los medios nos ofrecen para comprobar ese ascenso generalizado de la trivialidad, que busca formas gratificantes de transformación para evitarnos cualquier tipo de esfuerzo. La transformación de las obras del pasado en "novelas gráficas", por ejemplo, alcanza ya a la Filosofía o la Ciencia, que necesita de lenguajes accesibles para intentar llegar a unas audiencias que se han acomodado a los nuevos medios. La incapacidad de llegar a la concentración que el libro requiere, la ilegibilidad por la pérdida o empobrecimiento del lenguaje (algo que saben bien maestros, profesores y editores), etc. hace que el texto se disocie y se transforme en fórmulas que permitan acceder a las nuevas "versiones". Se mantiene el soporte (es mejor en el formato del libro), pero se recurre a otros lenguajes más asequibles por los nuevos "consumidores".

La proliferación de películas y novelas sobre los propios libros, es un síntoma claro, de la misma forma que la idealización romántica del campesino era el síntoma evidente de la llegada de la era industrial. Hoy hay lectores mitificados como parte de universos en los que los libros son ya algo misterioso y no un elemento de la vida cotidiana. Es el canto del cisne.

Hoy comprendemos que la Sociedad del Libro no es la Sociedad de la Información. El libro posibilitó la transmisión de lo valioso, del legado, y permitió crear a su alrededor todo un universo cultural a través del que se canalizaba. Hoy el centro es otro y deja fuera gran parte del legado, un concepto incompatible con el consumo constante de información volátil que requiere toda la atención disponible. Los teóricos hablan de una "economía de la atención", de la disputa competitiva, de auténtico mercado, por conseguir que nos fijemos, primero, y que nos enganchemos después a la tendencia que se nos ofrece, una línea a la que colgarnos.

Se está creando una enorme y cada vez más ancha franja cultural, la que separa ambos mundos. ¿Es el libro y lo que lleva una causa perdida? Me temo que sí. Aquellos que deberían situarlo en el centro, no como objeto fetiche, sino como portador de una cultura previa, fallan empujados hacia las normas del mercado de la información, que no es el de la cultura necesariamente. Los estamentos, como las universidades y el sistema educativo, ya no lucha por la cultura y se contenta con ofrecer lo que tiene más atractivo para el que es incapaz de saber lo que le falta. El objetivo de la conversión en expertos, es decir, en centrarse en una determinada línea, ya sea investigadora o laboral, evita que tengamos una visión más amplia del mundo, que es lo que trata de hacer la cultura. Pero eso no interesa ya a nadie, empezando por las propias autoridades educativas que buscan formas de reducir la complejidad a esquemas más fáciles que les eviten problemas.

Con la desaparición de las bibliotecas familiares desaparece la familiaridad con el libro y con lo que representa, un legado. Los mecanismos de producción editorial, igualmente, han aceptado las transformaciones sociales y las secundan. ¿Por qué luchar por una sociedad más culta, por dar salida a lo mejor, antiguo y moderno, cuando se trata solo de vender? Hay románticos empeños en editar clásicos sin royalties, editoriales pequeñas que satisfacen la demanda de libros, especialmente, decimonónicos, que es cuando se gestó la novela moderna. Algo es algo.

Tras la desaparición de la biblioteca familiar desaparece la estudiantil, la que uno se hacía durante los estudios. Se trabaja con artículo, fotocopias y pdf ante la resistencia a la lectura. Todo ello desintegra la idea de unidad que el libro ofrecía y nos condena al fragmento.

La resistencia de las bibliotecas a tener más libros es otro factor de presión. Si vamos a las salas de lectura nos encontraremos que la gran mayoría están leyendo sus ordenadores.

Tampoco ha prosperado mucho la idea del ebook. Es la gente mayor la que más los usa por motivos evidentes de falta de espacio y por la alta disponibilidad de clásicos gratuitos en la red. Los que no quieren leer "lo último", entretienen su tiempo con los ebooks con sus ejemplares descargados. La posibilidad de ampliar la letra en los dispositivos es otro factor que ayuda a su implantación entre los mayores. Consideran rentable la inversión en la compra.

El libro es un dispositivo de lectura, una forma de almacenar información. Tiene una gran duración y no necesita de otra energía que la de su lector para extraer los contenidos. Es simple, un gran invento que cambió la historia de la Humanidad. Hoy lo vemos como una molestia, algo a lo que hay que limpiar el polvo o mover cuando uno se traslada o jubila. La estabilidad del soporte daba estabilidad a la información que llevaba, que no se "borraba" tras leerse.

El libro y la lectura representaron durante mucho tiempo una forma de construcción de la identidad y de la individualidad. La imagen del lector y de las lectoras en soledad, concentrados en su lectura, es hoy peligrosa en un mundo de conexión permanente, de sociabilidad virtual en la que abandonar el grupo se percibe como un drama personal y social. Estamos en la era de la conexión permanente y de la información efímera. Nadie busca la soledad ni la presión mediática le permite aislarse.

Veo los libros amontonados esperando que alguien los considere interesantes y se lleve alguno. Pero mayor es la tristeza que provoca el desprecio cultural que supone, la cancelación del legado, un abismo cultural. Hoy solo consumimos lo que producimos o lo que producimos es para ser consumido. No hay un ideal formativo claro, solo un enorme pragmatismo utilitarista. ¿Para qué te sirve leer ese libro? De la respuesta dada dependen muchas cosas. 


lunes, 3 de octubre de 2022

Optimus, el robot un pelín torpe

 Joaquín Mª Aguirre UCM)

En RTVE.es nos cuentan que el señor Elon Musk, el más rico de la tierra según la última actualización, está muy ilusionado con su último juguete, un robot de 20.000 dólares que "es capaz de regar las plantas, transportar cajas y mover barras metálicas."* 

Con la robótica estamos inventando el esclavo inteligente. El esclavo estaba ya inventado, sustituido con el tiempo por el modelo laboral del "fijo discontinuo", es decir, no dejas de ser esclavo, pero lo eres a ratos. Optimus, en cambio, promete ser el esclavo definitivo.

Musk, supongo que sin ninguna ironía, le ha puesto por nombre "Optimus" y señala el artículo que ""Optimus" tiene una batería de 2,3 KWh y conectividad a redes Wi-Fi y LTE"*, lo cual nos deja un poco indiferentes. Es una reducción demasiado materialista para algo que esperamos tener en casa. 

En El Periódico se nos dan más detalles sobre el robot de próxima salida: 

Se llama Optimus. Mide 1,73 metros. Pesa 57 kilos y tiene manos con cinco dedos en cada una. Camina, transporta paquetes, riega las plantas y hasta coloca cosas en baldas y estanterías, aseguró Elon Musk este viernes cuando presentó este prototipo del nuevo robot humanoide de Tesla. El magnate es ambicioso: pretende fabricarlo en masa y comercializarlo por menos de 20.000 euros. Solo hay un qué: todo lo que dice Musk que hace... lo hace a trompicones.**

 

La verdad es que cada artículo que leo sobre el asunto de Optimus viene acompañado por una lista de problemas de sus invenciones. En RTVE.es eran las más de treinta demandas presentadas contra sus coches con dirección automatizada por accidentes causados. La gente, nos dicen, se deja llevar por la euforia que Musk transmite y piensa que los coches pueden conducir solos y entonces, claro, se producen los accidentes de tráfico. Hay al menos un muerto en estos deslices tecnológicos de la empresa de Musk. Eso hace que Musk tenga mucho dinero, pero no muy buena fama.


Puede que los accidentes de los coches de Tesla sean debidos a exceso de confianza de los conductores, pero si los robots, como decían, también están "hechos a trompicones", los riesgos de accidentes domésticos serán más elevados. Tiene cinco dedos, nos recuerdan, pero "es un pelín torpe". Lo que dicho de un humano resultaría ofensivo, dicho de un robot es una causa para la devolución mientras esté en garantía. ¿Metería usted un robot un pelín torpe en su casa? Probablemente no. Lo de los cinco dedos es, desde luego, un gran avance respecto a esas pinzas agresivas con los que los vemos en las películas, nuestra principal fuente sobre cómo debe ser un robot. Sí, cinco dedos es todo un desafío tecnológico, como lo ha sido en la evolución. Tenemos un pulgar de lo más útil y así nos ha ido para salir de la miseria evolutiva. Esos cinco dedos, especialmente el pulgar, marcan la diferencia. Pese a ello, hay muchas reticencias sobre si est´ña maduro para meterlo en casa.

Es cierto que el artículo de El Periódico está dentro del blog dedicado al mundo laboral, donde evidentemente un robot es mirado con recelo. Se empieza regando las plantas en casa y se acaba de recolector de uva en Levante sin miedo a los golpes de calor y haciendo jornadas de 24 horas o de lo que te dure la batería. 

Los robots han sido vistos —la experiencia nos dice algo— como la culminación del proceso de la transformación de la sociedad industrial. Se empezó con las máquinas que sustituían el trabajo humano y producían en serie y acabaron siendo cuidadas por los humanos, que se convirtieron en una pieza más de las cadenas de montaje. La siguiente fase son estas nuevas máquinas humanoides que nos cuidaran (al que pueda pagarlo) o sustituirán al humano en tareas "peligrosas", "pesadas", "rutinarias", etc. 

En tiempos de crisis laborales y económicas, de xenofobia populista creciente, etc. los robots son vistos con recelo por unos (me dejan sin trabajo) y con esperanza por otros (mejoro la eficiencia y me dejo de debilidades humanas, sindicatos, enfermedades y demás).

Ya el nombre de "Optimus" puesto al robot siembra un poquito de inquietud en diversos niveles. Claro que se lo podemos achacar a la megalomanía de Musk, que no se iba a contentar con menos. Pero no quita que haya un punto sospechoso en un robot que viene ya de "sobrado". Sin embargo ese, "pelín torpe" le humaniza. Incluso puede despertar instintos de cuidado y algunos lo comprarán para enseñarle y que mejore. Puede que lo que no perdonamos a otros se lo permitamos a un Optimus. Quién sabe.

Me imagino que pronto tendremos a Optimus, además de regando, paseando junto a ancianos, niños o personas solitarias que necesitan alguien que les escuche. Seguro que el software de Optimus está preparado para ello. 

* "Musk presenta un prototipo de robot humanoide que, entre otras cosas, riega las plantas o transporta cajas" RTVE.es 1/10/2022 https://www.rtve.es/noticias/20221001/musk-revela-prototipo-robot-humanoide-riega-plantas/2404500.shtml

** Alexandra Costa  "Así es Optimus, el robot humanoide que Elon Musk quiere que tengas en casa" El Periódico 2/10/2022 https://www.elperiodico.com/es/tecnologia/20221002/optimus-robot-humanoide-elon-musk-tesla-dv-76645330

domingo, 2 de octubre de 2022

Bolsonaro y Dios

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Cada vez son más los candidatos que llevan a Dios en su agenda electoral. No se les cae de la boca y, por supuesto, actúan siempre en su nombre, con un programa escrito al dictado-revelación. Creo que, desde el origen del mundo, no ha tenido tanto trabajo. Hemos vuelto a época de cruzadas, tanto en dictaduras (Putin llevando un cirio en las manos) como en la democracias. Hoy le toca a Jair Bolsonaro, apóstol brasileño, que ya ha dicho que solo abandonará la presidencia si Dios lo quiere, algo que le emparenta con su sosias del norte, Donald Trump.

En la información abundante de RTVE.es sobre las elecciones brasileñas, cuya primera vuelta se celebra hoy, se nos dice esto Jair Bolsonaro:

El actual presidente es un nostálgico de la dictadura militar que se vende a sí mismo como un ferviente católico defensor de la familia. Durante su mandato, entre otros asuntos, ha facilitado e incentivado la tenencia de armas en el país, tomando como ejemplo el modelo estadounidense, y ha sido duramente criticado por su gestión de la pandemia, acusado de haber mostrado escasa empatía hacia las víctimas con su actitud negacionista.* 

Se nos explica, además, que Bolsonaro ha planteado las elecciones como "una lucha entre el bien y el mal". Por supuesto —¿alguien lo duda?—, el "bien" es él. Es todo lo que él dice representar.

Atrás queda la "gripecita" para referirse a la COVID y unos cuantos —muchos— miles de brasileños muertos. Todo es bienvenido porque todo viene de Dios. Esperemos que cuando Lula gane, como señalan las encuestas, también lo acepte como una decisión divina y se vaya a hacer ejercicios espirituales a ver si en alguna revelación le explican por qué ha perdido.

Jair Bolsonaro es un caso. Hay muchos otros de estos nuevos apóstoles políticos y la religión se entremezcla más en los discursos políticos, algo preocupante porque uno de los elementos básicos de la democracia es evitar lo que supone un mal uso de la religión, el dogmatismo.

Las religiones no son democráticas en sí. Lo son las formas que puedan tener para organizarse o de convivir con otros que no creen o creen otra cosa. Por eso las ideas de "tolerancia", de "convivencia" son esenciales por lo que implican de respeto a los demás. La política se puede inspirar en principios religiosos, pero no puede imponer a otros su visión de la vida. Hay mucho humanitarismo en casi todas las religiones, pero lo que acaba de forma problemática es su carácter impositivo utilizado para el enfrentamiento.

Y esto explota cuando se convierte en una oposición bien-mal. Cada vez es más frecuente que las distinciones básicas se barnicen con elementos religiosos para así potenciar su efecto emocional sobre la gente.

Que un personaje como Putin pueda fotografiarse recibiendo las bendiciones del Patriarca de Moscú nos muestra la doble utilización, el mutuo provecho, de la política utilizando la religión y de la religión usando la política. Es otro retroceso porque fue precisamente esa separación la que permitió muchos avances en muchos campos y una enorme pacificación evitando las llamadas "guerras de religión" durante siglos. Los fines de la Ilustración eran llevar el conocimiento a aquellos que eran atrapados en su ignorancia, limitado su acceso a cualquier cosa que no fuera un refuerzo del control sobre sus mentes y cuerpos.

Jair Bolsonaro es un retroceso político e histórico. Pero habrá que preguntarse por qué este tipo de fenómenos vuelve a producirse y la religión empieza a ser un problema político de nuevo.

Lo que ha aumentado en muchos países es el nivel de credulidad política, un concepto que los especialistas deberían empezar a valorar. Esto implicaría conocer hasta dónde es posible llegar a creerse un discurso político. Este ya no consiste en decir qué se va a hacer en el futuro, sino en ventear los desastres que se producirán si el otro gana o las causas de su victoria. Unos son el plan divino; los otros, diabólicos opositores a sus planes.

Bolsonaro ya ha explicado que solo Dios dispone de su estancia en el gobierno, sea esto lo que sea que quiere decir. Poco más o menos es lo ocurrido en Estados Unidos el 6 de enero con el asalto al Capitolio, donde un "puñado de patriotas" se lanzó a "recuperar para el pueblo" lo que al pueblo le había sido robado. Esto no es ficción, sino una triste realidad en una democracia consolidada en la que cada vez más se habla de una posible confrontación.

El radicalismo acaba arrastrando hacia posiciones cada vez más dogmáticas, más crédulas, según señalamos antes. Los candidatos se erigen en portavoces de Dios, de la Historia, de la Raza, etc., de cualquier principio que sea visceral, para lo que necesitan unas audiencias fanatizadas, deseosas de recibir estos mensajes de confirmación, que les aseguren que están en el lado correcto, el que tiene todas las bendiciones. Para eso, el fomento de la ignorancia es fundamental. No hacen falta electores que piensen, sino emotivos seguidores enganchados al culebrón político, seres simples en los que las frustraciones diarias se convierten en risas y llantos, en gritos y cantos, seres deseosos de sentir y no de pensar, deseosos de creer que Dios los mira y se comunica con personajes como Bolsonaro, Trump o Putin para transmitirles su divina voluntad

* Marta Rey "Bolsonaro vs. Lula: las claves de las elecciones más polarizadas y violentas en Brasil" RTVE.es 2/10/2022 https://www.rtve.es/noticias/20221002/claves-elecciones-brasil/2404404.shtml

sábado, 1 de octubre de 2022

Putin, el santo dictador

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Rusia y China se han opuesto a la condena del Consejo de Seguridad, uno de los órganos más inútiles por la nueva perspectiva, a la farsa montada para justificar la invasión rusa. El órgano que se hizo para evitar confrontaciones, ahora es un escenario de inútil cacaero en el que se impide que las potencias con derecho a veto sean condenadas por lo que hacen. Es la inversión de la racionalidad y la negación de la funcionalidad de las Naciones Unidas. Lo que se hizo para evitar las guerras, ahora es incapaz de condenar a quienes las organizan. Pero nadie se engaña. Las consultas en los territorios que se anexionan no son más que una farsa de mal gusto y peor ejecución, una muestra del "nuevo orden ruso", un sistema imperial rancio, violento y casposo, un intento de Rusia de ir hacia el pasado en vez de pasar páginas de la Historia para evitar repetir lo que acabó siendo su ruina, la imposición sucesiva de zares de todos los colores, de sangre azul o de roja ideología, ahora de negrura burocrática y mafias empresariales, esos oligarcas que son la nueva nobleza zarista, la criada a la sombra y ubres de Vladimir Putin, ex KGB.

Los expertos nos hablan de los fines de control geográfico de las anexiones, de salidas y entradas al mar, de líneas de seguridad, etc. Pero "seguridad" no es "paz". Si creas unas condiciones de guerra, tus fronteras serán siempre un lugar de riesgo elevado porque los demás, desde el otro lado de la frontera, tendrán que acumular defensas para evitar ser los próximos engullidos por la voracidad insaciable rusa. El imperio ruso ha crecido con esta mentalidad teniendo siempre fronteras calientes y siendo incapaz de políticas de buena vecindad, es algo que no pertenece a su mentalidad ni a su genética histórica.

Cuando se dice que Putin ha logrado lo contrario de lo que planteaba es cierto. Pero cuando se trata de dictadores, el proceso se puede invertir y dar por gran logro lo que supone en realidad una fuente de conflictos permanentes, intranquilidad futura. ¿Busca Putin estar en una situación de preguerra durante décadas? ¿Es eso lo que aplaude hoy el pueblo ruso, llamado a manifestarse en las plazas de sus ciudades agitando banderitas, soñando con una gloria futura que se les escapa?

En realidad no solo se les escapa la "gloria", sino la economía. La razón es sencilla: Europa puede pasar uno o dos años de falta de energía con inviernos fríos y veranos calurosos. Pero Rusia no se puede permitir, en cambio, dejar de vender, seguir invirtiendo en material bélico y defensivo. Cuando Europa tenga garantizado el gas y demás elementos con los que se nos presiona, se acabó el poder ruso. ¿Intentará entrar en guerra cuando la evidencia de lo ocurrido nos dice que no ha podido desarrollar una "guerra en condiciones", que los generales se han llevado la manos a la cabeza, que los soldados no sabía qué hacer, cuando se le escapan por las fronteras miles de personas que no quieren ser reclutadas para una guerra que es de su presidente, cuando tiene que reclutar mercenarios entre los convictos de las cárceles, etc.?

Hace tiempo que los analistas hablan de una especie de huida hacia adelante. En RTVE.es se titula en la primera línea de su página web "La anexión rusa de territorios ucranianos, una nueva fase de la "desesperación" de Putin en la guerra: "Está acorralado"", en artículo firmado por Laura Gómez Díaz. Sin embargo, la siguiente línea tras los titulares "Moscú prepara el escenario para afirmar que en la guerra se está defendiendo y no atacando, según los analistas", que sería lo contrario. Esa afirmación del texto no es el futuro, es el pasado, el inicio de toda la operación de invasión de Ucrania. Putin "ataca" cuando "se defiende" él o dice "defender a otros". Si Putin dice que el territorio anexionado es ahora ruso y cualquier intento de recuperarlo por parte de cualquiera —ucranianos o no— será considerado como un ataque que desencadenaría una respuesta bélica, Putin se está condenando solo.

La pretensión de Putin de que lo que dice es la verdad solo tiene un sentido interno, un sentido hacia el pueblo ruso, que es el que tiene que responder por las alegrías de su "señorito". Los que van a la guerra son los que no quieren ir, por lo que la situación que Putin pretende forzar no hará sino complicarle más las cosas internamente hasta que la cuerda se rompa. Si con una "no guerra" los rusos salen en desbandada, ¿qué ocurrirá si declara realmente una guerra

Esa es la gran pregunta que desgraciadamente solo se puede resolver en el campo de batalla, en el ucraniano y en el ruso, con la amenaza (esa es la base) de extenderlo al resto de Europa, que Putin considera débil, inestable y, especialmente, desintegrada por los avances de la ultraderecha y la ultraizquierda (recuerden quiénes se oponían aquí al apoyo a Ucrania, quiénes eran los "partidos de la paz"), que han sido financiados —sean conscientes o no— desde la desestabilizadora Rusia a lo largo de años.

Todas las cosas que nos decían de Rusia, todo aquello que sonaba tan conspiranoico y que llevó a tener que desarrollar leyes contra las intromisiones electorales de los hackers financiados desde Rusia en determinados países, que se veían atacados con desinformación en momentos clave, todas aquellas cosas, han adquirido sentido al ver cómo Putin ha manejado los diferentes hilos desarrollados por toda Europa, de los "amigos personales" (Schroeder, Berlusconi...) a los grupos independentistas que esperaban esperanzados el reconocimiento ruso a sus secesiones de los estados, es decir, el mismo reconocimiento que ahora se les da a los prorrusos ucranianos pero sin anexión en segunda fase.

El problema de Rusia se llama Putin. No la lleva a la gloria ni al desarrollo ni a la paz. La lleva al aislamiento, a la pobreza, al conflicto. Es el plan del dictador que se considera inmortal y que inevitablemente dejará como herencia problemas y más problemas, pobreza de la que responsabilizará a los demás, a las conjuras contra ella, al odio que el mundo les tiene por su propia superioridad mesiánica. Salido de la oscuridad de la KGB, Putin no ha cambiado su mente. Esa era su forma de pensar, convertida en forma de actuar: hacer desaparecer a los disidentes encerrándolos o haciéndolos saltar por las ventanas, envenenándolos allí donde se encuentren.

Putin no es un líder; es un dictador de vieja usanza. Usa a todos para un objetivo que no es la gloria rusa, sino la ampliación del poder personal, del control de hacer su santa y ortodoxa voluntad. Como los viejos dictadores, ha mezclado la sangre eslava con la religión eslava con una visión de la "Santa Rusia" que ha tomado prestada para conectar con un pueblo en donde el sentir retrógrado está demasiado extendido porque es la dirección en la que los popes les han guiado, justificando el dominio dictatorial y rechazando cualquier proyecto ilustrado, progresista, que les saque de esa dependencias de patriarcas, patronos y padrecitos, todos con la misma raíz. Por algo será.

Dice un titular de El Mundo "Vladimir Putin defenderá con armas nucleares sus nuevas fronteras ante la amenaza de Occidente, la "rusofobia" y los gays". Parece una broma si no fuera porque es lo que se ha difundido por Rusia: nos amenazan, nos odian y nos quieren pervertir. Contra esto ultimo, Putin ha tenido el apoyo expreso del Patriarca de Moscú para la invasión, deseoso de liberar de la tiranía gay a Ucrania. Es la Santa Rusia en pleno, el zar y sus acólitos defendiendo la pureza, a Dios mismo, en cuyo nombre actúan. Y, mientras, los rusos siguen huyendo de la gloria prometida.