lunes, 5 de septiembre de 2022

Peligrosos mesias

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

¿Qué puede hacer un mundo sensato cuando percibimos que desde dos grandes potencias se refuerzan los mitos que funden la sangre con la historia y el territorio? Todo ello barnizado en cada caso con sus peculiaridades religiosas que sirven de fundamento para justificar que Dios está de tu lado, que lo ha estado siempre y que siempre lo estará, ¿qué hacer?

En esta semana se ha hablado en algunos medios de la muerte de la hija del ideólogo ruso Aleksander Dugin. Se ha especulado sobre que el atentado estaría realmente dirigido contra el padre, pero que esos extraños giros del destino habría producido cambios de última hora que llevaron a la muerte de Daria Dugina. Los medios rusos encontraron rápidamente la forma de adjudicarlo a Ucrania, presentando la persona, incluso.

Pero la muerte de Daria Dugina no es más que un pequeño episodio en algo más amplio y profundo, el regreso de los nacionalismos y de su mano el imperialismo en unos niveles de misticismo que no se han visto más allá de los radicales y fanáticos islámicos, guiados siempre por la mano de Dios.

Hoy en día se especula con la vuelta al poder de Donald Trump a la Casa Blanca. Se ha iniciado un guerra política como contestación a su impugnación histórica de las urnas, por un lado, pero también por una visión subyacente de "destino manifiesto" que se encarnaría no solo en el país, los Estados Unidos, como es tradicional, sino en una fusión de su persona con la "nación", no ya con el "estado", que en la ideología a la que se ha subido Trump no tiene un sentido positivo, sino que se identifica con los "robos" al pueblo de una clase política de naturaleza burocrática y voraz.

Por extraño que parezca, Trump consiguió presentarse como "antisistema" ante docenas de millones de votantes que creen en él como una especie de mesías que los sacará de los problemas y los llevará a la supremacía mundial, alejando a los Estados Unidos de un papel bondadoso y sacrificado (son siempre el 7º de Caballería que va al salvamento del mundo, especialmente de Europa en cada guerra que creamos) y convirtiéndolo en un depredador cuyo poder se cimenta en la tecnología militar, que se debe usar para imponerse sobre los demás. El orden americano se debe notar; debe ser un orden real.

elDiario.es  7/02/2019

Hemos analizado estos días el caso ruso y el caso de China, muy diferentes entre sí, pero que la política norteamericana se empeña en que se unan y sean considerados iguales, algo que no es cierto.

Los que sí tienen un enorme paralelismo, cada vez mayor, es la política nacionalista de ambos países, para lo que están construyendo lo que siempre ha hecho el nacionalismo, los mitos fundacionales. Si solo fuera eso, no habría demasiado problema, pero todo mito fundacional es una puerta al futuro. Cuando idealizas tu "nación" y le das un "sentido pasado", la estás dando también un "sentido futuro", una razón de actuación que une lo pasado reinterpretado y el futuro idealizado, deseado.

Los "sueños" norteamericano y ruso están convergiendo peligrosamente para todos los demás, pues se plantean el dominio de los territorios que acaban tomando dimensiones planetarias.

En Euronews se recogía esta semana el perfil de Alexander Dugin, considerado la inspiración de Putin. Leemos allí:

Aleksandr Dugin is a prominent ultranationalist philosopher and writer who advocates a vast new Russian empire and is a vehement supporter of the country's war in Ukraine.

According to some commentators, the 60-year-old has been a major influence on Vladimir Putin, although he has no official ties to the Kremlin.

His writings also eerily foretell Russia's turbulent relations with the West: a 1997 book set out a game plan whereby Moscow would sow division, while at the same time luring Europe into increasing economic dependence on its eastern neighbour.

[...]"A broader understanding is needed of Dugin’s deadly ideas. Russia has been running his playbook for the past 20 years, and it has brought us here, to the brink of another world war," Washington Post columnist David Von Drehle wrote in an opinion piece in May, describing him as "a fascist prophet of maximal Russian empire".* 

Vladimir Putin es persona de pocas palabras, pero Dugin es un torrente. Putin deja que las palabras corran en paralelo, movilizando las mentes, que se ven sometidas a toda esa retórica nacionalista que promete un futuro más grande y amplio, el dominio total de la "madre Rusia", de la "gran Rusia", de la "Santa Rusia".

Dugin no es un fenómeno nuevo en Rusia. En la Rusia dieciochesca y decimonónica era frecuente que los popes encabezaran revueltas contra la modernización, es decir, las tendencias ilustradas de algunos de sus dirigentes. Rusia no tuvo Renacimiento ni Revolución. Pasó de un autoritarismo a otro con la creación de la Unión Soviética, una forma imperialista de seguir ampliando su inmenso territorio. Dios quería que así fuera y los campesinos, los mujiks, seguían a los popes con fe ciega y obediencia. Ellos eran los que tenían las visiones del papel de Rusia, el lugar del espíritu verdadero de la cristiandad frente al racionalista occidente y la descreencia asiática.

La doctrina del "destino manifiesto" se amplía al mundo: del país de este a oeste se pasa a la doctrina continental de Monroe y de esta a la del dominio planetario. Del modelo liberal de exportación de comercio y democracia, se pasa al dominio militar y al control económico, del que Trump es el exponente más claro, pero no el único.

La novedad no es el imperialismo, sino la vuelta del misticismo nacionalista, a envolver con populismo, religión y poder de la sangre. El problema es que las guerras que nacionalismo e imperialismo causaron en su momento es una menudencia en comparación con el poderío militar y, especialmente, el peligro nuclear con el que se juega.

Trump y Putin tuvieron buena sintonía porque comparten más de lo que muestran. Ambos desprecian las formas "débiles" de gobierno, la democracia. Esta afirmación no podría sostenerse de no existir el asalta al Capitolio del 6 de enero, un intento real de golpe de estado negando los resultados de las elecciones sin prueba alguna.

Si la situación ahora es ya crítica, la posibilidad de que Trump regrese a la Casa Blanca tiene unas implicaciones que son difíciles de imaginar. Ya vemos cómo en los Estados Unidos hay un clima político de enorme agresividad y cómo (lo vimos aquí) muchos medios hablan de enfrentamiento civil.

Ese clima no se vive en Rusia, donde el control autoritario de la sociedad, de los medios, de la economía, etc. pueden convertir el dolor en propaganda y el pasado oscuro en futuro luminoso... y peligroso. La tradición del pensamiento ruso es autoritaria. Así lo ha sido durante siglos. Los intelectuales liberales, occidentalistas, tuvieron que salir de allí y encontrar su tradicional refugio en París, donde daban suelta a su arte y pensamiento. Putin ha hecho que todo eso vuelva de la mano de esos influyentes ideólogos.

La influencia, además, no es solo en Rusia. El populismo nacionalista tiene curiosos contactos, como señalan con frecuencia los medios y muchos no acaban de entender. Se trata de dinamitar el orden europeo y después hacerse fácilmente con los pedazos. La Unión Europea está en sus objetivos, del Brexit a Ucrania pasando por los ascensos nacionalistas de ultraderecha o de ultra izquierda. El problema es qué quedará si logran deshacerse de la Unión: un puñado de naciones beligerantes dispuestas a ser tragadas por el nuevo imperio, el de la Eurasia proclamada como nuevo espacio. No hay muchas alternativas.

No creo que Putin se deje influir por nadie. Busca conectar, como hace Trump, sus ambiciones con las corrientes existentes o las que puede revitalizar para mostrarse como líder de la Historia. Sus visiones son, hoy por hoy, muy peligrosas para todos. Evidentemente, el peligro ante nosotros está en Rusia, que es la que juega con Europa en el terreno. Pero podemos encontrarnos con una situación incontrolable con Trump en el gobierno. Recordemos cómo respiraron los líderes de medio mundo, especialmente en Europa, con la salida de Trump. Ahora, con esta situación, las perspectivas son muy malas. Cada vez hay más gente que se deja arrastrar hacia ese misticismo beligerante en todas partes. Es un retroceso de dos siglos que muestra un futuro previsible.

*  Alasdair Sandford " Aleksandr Dugin: Who is 'Putin's brain' and what is his view of Russia's war in Ukraine? Access to the comments" Euronews (& AP, Reuters ) 22/08/2022 https://www.euronews.com/2022/08/22/aleksandr-dugin-who-is-putins-brain-and-what-is-his-view-of-russias-war-in-ukraine

domingo, 4 de septiembre de 2022

El conflicto chino

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Estados Unidos está jugando con fuego entre China y Taiwán. ¿No está suficientemente recalentado el mundo como para introducir nuevas variables peligrosas? Es sorprendente (o quizá no tanto) la coincidencia del procedimiento entre Joe Biden y Donald Trump: provocar para proteger. Es la misma estrategia que la creada por Trump con una diferencia importante: Trump buscaba apuntarse las soluciones y hacerse fotos con los problemas. Biden y los demócratas van más allá y lo plantean como una cuestión de "principios", algo que no entra en la narcisista visión de Trump. Vimos ejemplos como los de Corea del Norte, con Putin y con la misma China. Trump tiraba de la cuerda para llegar, como una apuesta personal, al final con su "deal", del que se proclamaba "rey" o "artista", como se prefiera.

Pero la actual política norteamericana no busca el trato final, sino la extensión de los conflictos y, con ello, una ampliación de la dependencia de Estados Unidos de Europa y parte de Asia. El procedimiento es muy parecido, pero Biden y los demócratas, como hemos visto con Nancy Pelosi en primer lugar, buscan "actuar" y después "proteger".

El mismo país que dejó colgados a los que había embarcado en una guerra, los kurdos, que dejó Afganistán demasiado deprisa creando un caos indecente, y permitiendo que los talibanes barrieran el país, por citar solo algunos casos recientes, se mete de repente en un conflicto para crear una tensión en el Pacífico, jugando con fuego.

El origen no está en Taiwán sino el intento anterior de creación de una asociación de países de la zona para compartir mercados, lo que Estados Unidos, gendarme cuando le interesa, entendió como una pérdida de poder. Igualmente el proyecto mundial de "Una franja y una ruta", un intento de crear caminos por tierra y mar para llevar su producción a todos los mercados del mundo, ha sido visto como una amenaza por norteamericanos y otros países que han recelado de los movimientos chinos.

El problema que guía la política exterior norteamericana es la proclamada por historiadores, políticos e intelectuales de todo el mundo "decadencia del imperio americano". La "era americana", surgida durante la II Guerra Mundial, habría llegado a su fin precisamente con el final de la Guerra Fría y el hundimiento de la Unión Soviética.

¿Hay que recordar que fueron los Estados Unidos los que sacaron a la República Popular China del aislamiento en el que había vivido (la diplomacia del Ping-Pong) merced a su no reconocimiento internacional mientras que era a Taiwán, a donde habían huido los nacionalistas tras la guerra civil, a la que se consideraba la "China legítima". Fueron en esos años en los que se reconoció a la China continental como "China", mientras que Taiwán quedaba en limbo que era mejor no tocar, no moverlo porque no había solución a la vista.


China no diría nada mientras Taiwán no se mostrara beligerante o sacara el tema que solo tiene un sentido, la reunificación final del territorio. Por ello, la solución tiene que ser pacífica y negociada; no tiene sentido provocar un nuevo éxodo y volver a empezar. Pero eso depende de las circunstancias ambientales, por decirlo así. En un mundo en relativa calma, China, puede tener paciencia a la espera de la reunificación. Alentar conflictos en esta situación es un despropósito histórico notable, porque solo tiene sentido la reunificación histórica aunque tarde cientos de años.

Pero tratar de crear una pseudo Ucrania con Taiwán es una aberración histórica; alentar el nacionalismo taiwanés es un absurdo. Los propios habitantes de Taiwán se vieron abrumados por la llegada de los refugiados continentales, que pronto se hicieron con el control de la isla. Esta contó con la protección durante la Guerra Fría porque la China ganadora en la guerra civil fue el bando comunista, que se hizo con el control del país a excepción de la isla de Taiwán.


Hoy los taiwaneses recibe a Pelosi con mascarillas con los colores de Ucrania. No tiene más sentido que el intento de crear un conflicto global igualando situaciones muy distintas y que se deben entender pero no confundir. Y menos utilizar con fines propios.

Es interesante recordar ese reconocimiento internacional a la República Popular China, a la que se había mantenido fuera de las instituciones, si un reconocimiento internacional oficial en beneficio de Taiwán. El aumento de la importancia de la República Popular en el contexto mundial hizo que hubiera que elegir sobre cuál era la "verdadera China". El sentido común y la necesidad de manejar un mapa realista del mundo se impusieron. La RPC fue reconocida y Taiwán quedó fuera, sin reconocimiento, en el limbo citado.

Es interesante que el crecimiento de China, su poderoso desarrollo y su peso económico en las últimas décadas, sus contactos económicos con todos los países que se han beneficiado de su capacidad de producción. Al dejar atrás la locura de la Revolución Cultural del visionario Mao Zedong, gracias sobre todo a la visión de Deng Xiaoping, el auténtico artífice de la transformación, China asciende en peso en el mundo.

China jugaba un papel esencial en la globalización, que iba a llevar a una especialización internacional del trabajo, unos investigaban y diseñaban y otros producían más barato para aumentar los beneficios de las industrias y empresas.

Trump hizo su campaña ante los millones de norteamericanos perjudicados por la deslocalización acusando a los "bad hombres", los hispanos que llegaban del sur, y a China de ser responsables de todos los males. Había que "construir un muro" hacia el sur —"Build the Wall!", "Finish The Wall!" le gritaban sus seguidores en sus mítines en la frontera con México— y había que levantar unos muros alrededor de China para evitar la "muerte".

Con las ideas del economista antichino Peter Navarro, Trump hizo una política exterior centrada en contener a China. Como rezaba el título de su libro y el documental con el que salió a combatir, "Death by China", se trataba de "defenderse" de lo que él llamaba los "ocho pecados capitales del comercio chino". Navarro y demás llegaron a sostener que el "cambio climático" era un invento chino para evitar el desarrollo norteamericano.

Los ataques a China tienen consecuencias. La primera es lógicamente la subida del gasto en defensa, que ya era política clara de Trump, quien se enfado cuando los europeos prefirieron tener una política de defensa propia y, sobre todo, una inversión en sus propias fábricas de material militar. Trump saltó furibundo al ver frustradas sus expectativas de que el gasto de la OTAN aumentara pagando a fabricantes (y ejército) estadounidenses por "proteger a Europa". Trump pretendía que le pagaran la defensa, algo que había que hacer ante las provocaciones y subidas de tensión en Europa por sus propias acciones. Parte de lo que ocurre en Ucrania tiene que ver con ello. Putin ha sido el gran favorecido de todo esto.

Tanto por las amenazas en Europa, como por las tensiones en China, lo que ha conseguido es que muchos países se decanten por apoyar a Rusia. Los motivos los hemos explicado aquí desde hace años: Rusia apoya a los regímenes autoritarios. No hay país democrático que apoye a la Rusia de Putin. Pero es un apoyo seguro —como ha ocurrido en Siria— para aquellos que se vean marginados o perjudicados por la política norteamericana que, como señalamos, ha ido perdiendo influencia a base de errores durante la última década, algo que vale para Latinoamérica, África o Asia. La forma de influir sigue siendo actualmente la misma de Trump, el temor a ser atacados. Eso arroja a los países a buscar protección y justifica los despliegues militares, aumentando las dotaciones en la bases, o creando nuevas bases militares en puntos estratégicos.

Crear nuevas tensiones utilizando a Taiwán solo puede traer más inestabilidad y peligro. Estados Unidos debe tener en cuenta que ser una superpotencia no es esto, sino precisamente buscar la paz global, que parece interesa muy poco a las dos superpotencias de la Guerra Fría, Rusia y Estados Unidos. 

La mezcla de asuntos económicos, territoriales y agresiones es explosiva y se puede ir de las manos en cualquier momento. Nos condena a una situación de dependencia económica cambiando de socios, deshacer lo que se había construido en décadas, todo un tejido comercial, productivo y energético que se vuelve hostil, un arma de control, tal como está haciendo Rusia con la energía en Europa. Las relaciones económicas con China tienen puntos oscuros, pero pueden ser tratados en negociaciones. Un conflicto armado es otra cosa y hace varios años que se multiplican los intentos de crearlos en distintos puntos, de la frontera India al Tíbet, de Hong Kong a Taiwán. El cántaro va demasiado a la fuente.

Gina Chon 20/07/2000

A Estados Unidos le preocupa poco Rusia; eso es cosa nuestra, de Europa, donde está el problema real. En cambio, le preocupa mucho China, pero porque no contaba con su crecimiento espectacular en unas pocas décadas y en la dependencia económica de muchos países. Si China es atascada, si funciona el muro que se quiere construir, las tesis de Peter Navarro se verán confirmadas y se producirá una reactivación de la producción en Estados Unidos. Para que esto se produzca, es necesario aislarla de los países cercanos y de sus compradores. Pueden, como hizo Trump, aumentar los gravámenes a todo el que fabrique allí, establecer sanciones, etc. 

Se trata, en fin, de hacer lo mismo que con Cuba, un bloqueo, con la diferencia de que lo que significan para el orden mundial ambos países. Lo que "funcionó" en Cuba, el aislamiento, es difícil que se pueda practicar sin riesgos excesivos con China. Cuba apenas tenía lazos con el mundo; China, por el contrario, tiene vínculos económicos con todo el planeta, que depende de su producción. La mención a Cuba no es casual: fue el intento de establecer una base de misiles soviéticos frente a la costa norteamericana lo que costó una crisis al borde de la guerra. Los rusos se retiraron. Ahora hay muchos puntos en común, China no quiere igualmente bases militares apuntando a sus ciudades.

La política exterior norteamericana, por mucho que diga, se centra en no perder ese papel doble de gendarme mundial y suministrador. Como bien dijo Trump, "de que sirve el poder si no lo puedes utilizar". Este poder es básicamente militar.  Los discursos de Biden o de cualquier otro demócrata solo varían en el tono, pero tienen el mismo interés final. El peligro para Europa es hoy Rusia, como estamos viendo cada día. Ampliar el conflicto a China para poder cambiar su signo económico e industrial es demasiado peligroso para todos.

Indudablemente hay muchos puntos de fricción en lo económico y en lo estratégico, pero esta no es la forma de resolverlos, sino en las instituciones creadas para ello, en las relaciones bilaterales, etc. Hay mejores formas que el modelo de Trump. Las consecuencias de no hacerlo las tenemos en Rusia y su política actual, que desconocemos hasta dónde puede llegar en su tensión. Ya ha costado decenas de miles de muertos y ha desencadenado una crisis mundial en muchos planos.

Si los discursos de Trump sobre China le dieron muchos votos, la estrategia de Biden no puede ser la contraria, el diálogo y la negociación de los puntos conflictivos. Biden trata de cerrar ese punto débil de su política, que sería considerada "blanda" o incluso "pro China". Eso es lo que ha lanzado a Pelosi y demás demócratas a intensificar el problema entre China y Taiwán, con los riesgos consiguientes. La idea es llegar a un cerco que vuelva a desplazar el poder a los Estados Unidos, con grandes riesgos para los demás.

Las consecuencias se están viendo ya, pero pueden ser muchos mayores. ¿Podemos imaginar una crisis doble, de energía (rusa) y de componentes (chinos)? No hace falta un esfuerzo demasiado grande. Siempre nos quedará el mercado norteamericano, claro. Ellos tienen energía, investigación y capacidad de producción a medio gas.

sábado, 3 de septiembre de 2022

La ley rusa de la gravedad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

¡Qué curioso país Rusia! En él, las guerras se llaman de otra manera o la gente se dedica a verificar la ley de la gravedad. Rusia, bajo Putin, se parece cada día más a lo que George Orwell nos mostró en su obra cumbre 1984. La muerte de Mijaíl Gorbachov en este momento tiene un curioso simbolismo en la historia rusa. Gorbachov se atrevió a llamar las cosas por su nombre e incluso le puso nombres a la realidad que todavía perduran, aunque por falta de uso o retroceso histórico nos los tengan que recordar hoy en forma de necrológica.

En Rusia, la realidad, incluso en el plano físico, se modifica en función de quien sea su zar o presidente, que no hay diferencia. Gorbachov trató de normalizar Rusia en el camino de la historia, pero la tradición rusa le pasó por encima y todo volvió a su siniestra continuidad. El recién fallecido es una curiosa excepción en la inmemorial tradición totalitaria rusa, como decimos, un universo en el que hasta la Física tiene sus curiosidades, como esos saltos desde ventanas o los empeoramientos repentinos de la salud que llevan a la muerte a muchos opositores o los dejan postrados de por vida en la cama de un hospital.

En Rusia los hechos no se discuten por extraños que parezca; no hay series de muertes, sino coincidencias, fatalidad, maldición, si se prefiere. En Rusia, el gesto clave es el encogimiento de hombros y un ligero movimiento sacando el labio inferior; es el signo del "¿y a mí qué me cuentas?".

La última (no he mirado mucho más hoy) es la caída por la ventana de un empresario del petróleo ruso un poco reticente a esto (¿cómo llamarlo?) que ocurre hoy en Rusia. En Euronews nos lo cuentan así:

MOSCÚ, 1 sep – Ravil Maganov, presidente del segundo productor de petróleo de Rusia, Lukoil, falleció el jueves tras caer desde la ventana de un hospital en Moscú, según informaron dos fuentes, convirtiéndose en el último de una serie de empresarios que ha sufrido muertes repentinas e inexplicables.

Las fuentes confirmaron las informaciones de varios medios de comunicación rusos de que el hombre de 67 años se había precipitado al vacío, pero las circunstancias que rodearon su caída no estaban claras.

Dos personas que conocían bien a Maganov dijeron a Reuters que creían que era muy poco probable que se hubiera suicidado.

Otra fuente cercana a la empresa dijo que dentro de la dirección de Lukoil se creía que se había suicidado, pero que no había visto pruebas ni documentos que lo corroboraran.

Al preguntarle Reuters si estaban investigando la muerte como sospechosa, la policía de Moscú remitió la pregunta al Comité de Investigación del Estado, que no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios.

Lukoil dijo en un comunicado que Maganov “falleció tras una grave enfermedad. Los miles de empleados de Lukoil lamentan profundamente esta dolorosa pérdida y expresan sus más sinceras condolencias a la familia de Ravil Maganov”.

En los últimos meses han fallecido de manera repentina, en circunstancias poco claras, otros altos ejecutivos vinculados a la industria energética rusa.* 

Yo creo que incluso al propio Orwell, que visitó ilusionado la Unión Soviética de Stalin, y regresó con una desilusión equivalente a un corte de digestión ideológico en el que se le atragantó la teoría al ver la práctica, le daría sonrojo leer párrafos como estos.

Es especialmente orwelliano, es decir, reacción ante lo estalinista, es en el que se habla de cómo los miles de empleados de su empresa lamenta su fallecimiento "tras una grave enfermedad". La enfermedad se llama "Rusia de Putin" o, si alguno lo prefiere, "Rusia" a secas, como resultado de la enfermedad autoritaria, o también "Putin" a secas, si se quiere personalizar liberando a los rusos que aplauden cada una de sus gestas y gestos.

Hay mucho historiador y analista que ofrece la explicación de la "humillación". Esta consiste en explicar las maldades como resultado de la humillación sufrida porque tuviste que devolver la mitad de Europa que te habías quedado en propiedad y que invadías cada vez que cualquiera (checoeslovacos, polacos, húngaros...) intentaban recuperar algo de independencia. Es cierto que debe dar mucha rabia que te tengas que retirar de las zonas invadidas y que dejen de temerte, tu forma habitual de relacionarte con los demás; pero también es cierto que así no se consigue mucho, como ha quedado en evidencia. En el caso de Putin, la expresión "conocerle es amarle", se invierte y realmente supone un desprecio por parte de muchos estados. Muchos se suman a la política rusa porque también han sido humillados. Es cierto que la política norteamericana y en muchas ocasiones la europea ha sido deleznable, pero la "amistad" con Putin solo la mantienen aquellos que quieren ver protegidos sus regímenes árabes. No hay democracia sana que vea en Putin un espejo en el que reflejarse. Es —aquí lo hemos repetido muchas veces en estos años en relación con los países árabes, especialmente en Siria— un puntal para dictadores, un apoyo que no cuestiona tu moral si tú no cuestionas la suya.

La Rusia de Putin, como vemos, es la del salto por ventas, la de los saltos de puentes (no confundir con el puenting deportivo), la de los envenenamiento por polonio o cualquier otra sustancia que te desgracia la salud. De Rusia te tienes que ir o intentarlo si eres miembro de un grupo femenino de rock, como las Pussy Riot, o si eres un escritor con la lengua crítica y larga, o un político que ves el mundo de otra manera, o si perteneces a cualquier grupo LGTBI —considerado un mal ejemplo para la santa virtud rusa— y muchas otras profesiones de riesgo, como el periodismo que va por libre, etc.

Rusia carece de modelos liberales; están prácticamente ausentes de su historia y centrados en alguna personalidad. Está, en cambio, llena de místicos eslavófilos, de personas que han entremezclado la raza, la sangre y el territorio, este último, por cierto, nunca tiene límites. Recordemos que los norteamericanos tuvieron que comprarles Alaska porque ya se habían metido en América y hubieran llegado a la Patagonia si se descuidan, por un lado, y hasta Cádiz, si les dejan. Rusia tiene la mentalidad imperial sin fin. Ahora que se descongela el Ártico, ya tenemos discusiones sobre quién se lo queda y pronto será la Luna la que se dispute.

En el texto de Euronews se dan los datos de estas "desgracias": 

El día después de que Rusia enviara sus fuerzas a Ucrania en febrero, un ejecutivo de Gazprom, Alexander Tyulakov, fue encontrado muerto en su garaje cerca de San Petersburgo, según informaron los medios rusos.

En abril, Sergei Protosenya, exalto directivo del mayor productor de gas natural licuado de Rusia, Novatek, fue encontrado muerto junto a su mujer y su hija en una villa en España. La policía regional catalana, que investiga el caso, ha dicho que cree que las mató y luego se quitó la vida.

En mayo, los medios rusos informaron de que un exdirectivo de Lukoil, Alexander Subbotin, fue encontrado muerto en el sótano de una casa en las afueras de Moscú.

Ese mismo mes, los medios de comunicación rusos afirmaron que Vladislav Avayev, exvicepresidente de Gazprombank, fue hallado sin vida en un apartamento de Moscú, también junto a los cuerpos de su mujer y su hija.* 

La pérdida de curiosidad de los medios rusos es notable. Las cosas pasan y ellos son objetivos, van al dato, no vayan a acusarles de sensacionalismo. Los habrá que lo hagan de corazón, como amor a Putin, al patriarca de Moscú o por alguna otra devoción que les lleve al paraíso. Pero me imagino que habrá otros —muchos han salido de Rusia— que harán de tripas corazón ante tanto caso específicamente "ruso" y no quieren jugar con vida o lentejas, no sea que se contagien y acaben cayendo de cualquier ventana.

En Rusia las personas caen, saltan o las tiran. En Rusia no se cuestiona la gravedad; todo lo que sube baja. Si te crees que eres tan poderoso como para disentir, la ley de la gravedad te demuestra lo duro que es el suelo y tu fragilidad.

Caer en Rusia por una ventana, te demuestra dos cosas: la primera que caes cuando alguien lo decide; la segunda es ese encogimiento de hombros, que es la confirmación de que a nadie le importa y que si le importara, caería también por la misma o por otra ventana, que no hay que repetirse demasiado, porque acabaría siendo aburrido que todos saltaran por la misma.

Dice la prensa que en estos saltos al vacío "las circunstancias no están claras". Bueno, es una forma de decirlo. Los medios también nos dicen que este año el curso escolar comienza con un tema nuevo, "no hay que tener miedo a morir por la patria". Habría que escribir varios tratados para intentar dilucidar qué es la patria, la santa Rusia. Pero por ahora, con cantar en los colegios encendidos cantos de amor es más que suficiente.

En Rusia las leyes son duras, pero la más dura, rápida y ejemplar es la que te arroja por una ventana.

 

* "Presidente de petrolera rusa Lukoil muere al caer desde ventana de un hospital: fuentes" Euronews 1/09/2022 https://es.euronews.com/2022/09/01/rusia-lukoil-presidente-muerte

viernes, 2 de septiembre de 2022

La ira o los atentados

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La suerte o como lo queramos llamar ha salvado la vida de la vicepresidenta argentina, Cristina Fernández. Algo hizo que el arma, con cinco balas, no disparara ninguna cuando fue apuntada a escasos centímetros de la mandataria. Su agresor, según los primeros datos, es un brasileño de 35 años. No hay más por ahora. Solo las reacciones de rechazo de políticos argentinos y de todo el mundo ante el intento de asesinato.

Las noticias sobre la violencia en la política se multiplican en muchos lugares. El asesinato de Shinzo Abe, apuñalado en plena calle durante un mitin en Japón, ha sido el más reciente, pero lo cierto es que la violencia se extiende en estos tiempos y apunta hacia la clase política, cada vez más arriba y selectiva. Una oscura historia con una secta religiosa ha sido la explicación del asesinato de Abe.


Podemos analizar el fenómeno desde diferentes puntos, tanto por la crispación política, la polémica como base de la comunicación o la interacción, de la que hablábamos precisamente ayer, que sería considerar que la violencia verbal acaba degenerando en física y que los ataques de unos políticos a otros acaban tomando forma física, o considerarla como una efervescencia que sube desde la calle y busca los objetivos más altos con los que saciar su creciente ira.

Otros preferirán una tercera vía, que es la de la salud mental. Me llamó la atención que el primero mensaje que me llegó al teléfono sobre lo sucedido con Cristina Fernández, fuera de la Asociación Argentina de Salud Mental. Fueron los primeros en lamentarlo o, al menos, el primero que me llegó.

Como en todo fenómeno de gran complejidad, las explicaciones no tienen por qué ser iguales en cada caso y la aparición de noticias, aunque el factor imitativo, puede ser también un desencadenante, un ofrecer alternativas que la mente del "perturbado" aprovecha para adquirir notoriedad.

Sea por los motivos que se lo cierto es que hay un enorme estado de crispación política por todo el mundo. Diciendo "crispación" intentamos recoger, aunque sea de manera general, un estado alterado que tiene su objetivo fijado en los políticos, a los que hace responsables de los males que les aquejan.

No sé si a las sociedades "felices" se les ocurren estas cosas, pero sí parece claro que las profundas crisis que nos aquejan —del clima a la economía pasando por las guerras— nos pasan factura creando grandes tensiones que se liberan de muchas formas, pero que se redirigen ahora a ese "otro" al que se responsabiliza y que puede tener múltiples caras: individual (como los casos comentados de Abe y Fernández) o colectiva (los otros dentro del espectro político, los otros de la xenofobia, los otros de otras creencias, etc.)

No sabemos mucho de por qué un brasileño de 35 años intenta matar a Cristina Fernández o por qué alguien, como hace unos días, cose a puñaladas a Abe. Sí sabemos algo más, aunque no mucho, del otro apuñalamiento, el de Salman Rushdie, no hace muchos días. Rushdie no es un político, pero sí un objetivo político, pues no puede entenderse su caso como realmente una lucha religiosa, sino más bien como de una transformación de lo religioso en político mediante una fatwa.

Las crisis producen exasperación, angustia, enfrentamientos, inseguridades y, especialmente, ver a los demás como enemigos si la situación se prolonga mucho y, además, es manipulada para dirigir la ira contra personas. Por eso, creo que estos incidentes son una mezcla de todos ellos con diversas variantes que matizan cada caso.

Vivimos en tensión y eso afecta a nuestra toma de decisiones. Vivimos cercados por dificultades reales y amplificaciones mediáticas y políticas que cada día nos bombardean y estimulan con los conflictos reales, impactándonos se produzcan donde se produzcan, que al final es en nuestras propias mentes. Somos la salida final de la cloaca de violencia e ira que se va acumulando y que se rompe por los eslabones sociales más débiles. Hay que reducir la "violencia"

No se trata solo de los políticos. Donde la violencia estalla, lo hace de forma virulenta, irracional muchas veces, con motivos absurdos. Pero nadie quiere hablar; prefieren estallar en el patio de un colegio, en las calles en fiestas nocturnas, etc. Hay mucha ira contenida buscando un destinatario en quien desahogarse. Quizá primero empieza creciendo la ira y después se busca en quién desahogarla, un objetivo asequible.

Preocupa la violencia irracional, la que se desahoga a las primeras de cambio, un día tras otro y a la que parece que nos acostumbramos. Nos fijamos en la ira contra gente notoria, pero quizá es más peligrosa la que estalla simplemente una noche en mitad de unas fiestas, sin más explicaciones. Quizá estamos más enfermos de lo que pensamos y seguimos lanzando leña al fuego.


jueves, 1 de septiembre de 2022

La oscuridad de neón

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La política parece tener una sola ley, la del derribo del contrincante. Los medios se han acostumbrado a ello y lo alientan. La polémica, como ya nos explicó Deborah Tannen, en su obra La cultura de la polémica (1999) pasa a ser una forma dominante de discurso. Ha pasado bastante tiempo desde las observaciones de Tannen. En la página 112 de la obra, Tannen cita a Kenn Walsh, un corresponsal en la Casa Blanca. Este comenta que años atrás cuando decía cuál era su trabajo, a la gente le parecía "muy interesante", pero ahora señala Walsh le cometan "¡Qué diablos os pasa a los medios de comunicación!" Tras citar esa fuente exterior, Tannen escribe:

Esta transformación en la cultura popular es ciertamente palpable. Hace años, en el cine, cuando la policía no conseguía resolver un crimen, el guión recurría al clásico papel del reportero que siempre daba con el asesino. En la actualidad podemos ver películas como Mad City, donde Dustin Hoffman interpreta a un reportero de televisión que intencionadamente agrava una situación en la que intervienen rehenes, en beneficio propio. (Tannen 1999: 112)

La observación es atinada porque el "buen reportero", alguien que ayuda a resolver problemas donde otros no llegan, pasa a ser en esa cultura popular citada la fuente de los problemas con el deseo de sensacionalismo y una grave falta de ética. Hemos pasado del medio que aclara al medio que oscurece, que revuelve las aguas creando turbulencias sociales de las que se aprovecha para atraer la atención.

Más recientemente podemos encontrarnos con películas como Nightcrawler (2014), una película nominada al Oscar al mejor guión que precisamente nos muestra el carácter morboso que van adquiriendo los medios para conseguir más intensas (y extensas) reacciones de los espectadores.

Cuando Tannen escribió su libro, en 1998 en su edición norteamericana, las redes sociales solo estaban comenzando en gran parte del mundo. No había un acceso tan generalizado como lo hay hoy y la idea de una conexión permanente no se había instalado en nuestras vidas. 24 horas de recepción  y búsqueda, 24 horas de acceso continuado, de lucha por nuestra atención, el bien más buscado.

El cambio ha sido tan rápido que ha arrastrado a los medios tradicionales, que no han sabido enfrentarse a esta gigantesca explosión en la que todos compiten con todos, en las que las entradas de información son permanentes, con distribución casi instantánea de información, sin verificaciones ni forma de controlar los efectos.

Cada vez son más las personas que desconectan de las redes, que hacen sus periodos de higiene mental por los peligros que trae la exposición continuada. Del niño acosado en la escuela a la campeona de Tenis, todo están expuestos a una forma de ser empaquetados y difundidos que no conoce respiro ni límites.

Frente a la profesionalidad, las redes imponen el anonimato y lo que unos lanzan otros lo repiten por el simple hecho de que ya está ahí, circulando, imparable. Todos quieren lanzar la primera piedra.

Durante un tiempo se ha pensado que la prensa profesional estaba ahí como una garantía, como una muralla frente a esos flujos peligrosos. Pero cada vez más comprobamos que no es así. Los contables y gerentes toman las riendas de la información y exigen más intensidad y menos costes, que es la receta de la época; llamativo y barato. Lo que no es transcendente se intensifica mediante los tratamientos retóricos, las titulaciones exageradas o inquietantes.

La barrera que señalaba Tannen, el cambio del periodista al que la sociedad agradecía su profesionalidad al ponerla al tanto de todo aquello que necesitaba saber, se rompió ante la nueva perspectiva. En meses, hemos visto como grandes periódicos internacionales, como serias cadenas de televisión, se transformaban en parcelas donde se diversificaba la siembra. Zonas de seriedad, cada vez más acosadas, y zonas de trivialidad llamativa, la verdadera materia prima de una nueva sociedad que no quiere realmente saber. ¿Para qué? Quiere ser entretenida, ver el gran circo en el que se comen unos a otros, en el que se polemiza sin fin.


La facilidad para obtener imágenes ha sido la gran oportunidad para los escándalos. El mundo se ha inundado de imágenes que van de las fiestas de Boris Johnson y sus amigotes hasta las últimas monerías de su mascota o el baile ensayado con su vecina. Fotos y vídeos, podcast, etc. ha cambiado el sentido de la expresión "medios de masas". Ya no son las masas las que reciben, sino las que producen a través de una ingente cantidad de personas deseosas de contribuir unos segundos a la ceremonia de la confusión.

De ese océano mediático masivo salen las imágenes que dan la vuelta al mundo, las que tienen la capacidad de dar codazos a aquellas otras con las que compiten. La atención es limitada y selectiva. Dar el salto de la trivialidad a lo serio es cada vez más difícil. ¿Cómo definir lo "serio"? No es fácil, quizá sea aquello que nos importa sin que lo sepamos; aquello que desconocemos, pero que nos es imprescindible. La función del buen Periodismo es precisamente hacernos conscientes de todo ello. 

En un mundo como el actual, en una crisis profunda, es necesario comprender para poder decidir y actuar. Pero parte de nuestra crisis tiene su origen en la propia cultura producida por nuestro entorno. Hay un punto en el que la calidad informativa se nos hará extraña, no la sabremos apreciar porque no la reconoceremos. Esta cultura de exceso y trivialidad, de la polémica como atracción, crea sus propios públicos y estos su demanda, aquello que les satisface.

Llegará un punto en el que será imposible luchar contra esta oscuridad de neón. 

Tannen, D. (1999) La cultura de la polémica, Madrid, Paidós.