sábado, 5 de febrero de 2022

Redes y medios o contestando a Susanna Griso

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Tras comentar unos cuantos casos en los que personas conocidas se han dado de baja de las redes sociales, tras mencionar algún suicidio por la misma causa, la periodista y conocida presentadora de Antena 3, Susanna Griso, se hace la siguiente pregunta: «¿Cómo puede ser que las televisiones seamos responsables de nuestros contenidos y las redes no? ¿Por qué estas plataformas no tienen horarios protegidos ni una especial protección de la infancia? ¿Por qué siguen amparando a quienes atacan e insultan desde el anonimato?»

La respuesta es obvia: la empresas periodísticas trabajan en dentro de un marco legal medianamente claro y, especialmente, se dedican a informar. Las redes, por el contrario, son unas infraestructuras que posibilitan que sean los usuarios los que produzcan informaciones bajos unos criterios personales. Las redes son distintas a los medios porque son medios en un sentido diferente a lo que lo son las llamada redes "sociales".


Los medios de comunicación ofrecen informaciones con criterio de servicio a la comunidad que produce una respuesta a los acontecimientos; las redes sociales son un espacio de interacción múltiple, no verticales como ocurre con los medios tradicionales en donde existen líneas editoriales y práctica profesionales con límites éticos.

Si un medio tradicional —la cadena de Susana Griso, por ejemplo— dedicará todos los días media hora en sus noticiarios a hundir a la cantante Chanel, está se sentiría igualmente abrumada y descorazonada por los ataques.

El problema de las redes es que no son medios de comunicación en el sentido empresarial y profesional que hoy le damos al término, sino espacios definidos por los receptores: el tamaño es el número. Una red son sus conexiones y estas trabajan en muchas direcciones.

Griso escribe: «[...] mi pregunta es: ¿A qué están esperando los CEO de Facebook, Instagram, Tiktok o Twitter para pedir una identificación, DNI o pasaporte, detrás de cada usuario?» La respuesta es que es un negocio que ha surgido en el mismo país en donde es posible comprar decenas de armas porque es legal. Lo que hagas después con ellas no afecta (por el momento) a quien las usa, ya sea para una matanza en un instituto, un asalto a un banco o disparar a latas y botellas en la parte trasera de tu casa.

El problema de las redes es el problema de la sociedad y de sus motivaciones, de sus propios límites. El peligro de las redes proviene de algo que consideró el gran novelista Kurt Vonnegut Jr en una de sus obras: todos los países pueden tener 40.000 locos; el problema es si se junta. Y eso es precisamente lo que las redes sociales les permiten a los locos, unirse.

Hay maldad porque hay gente mala y no al contrario. Esta cosa tan sencilla nos lleva a problemas complejos sobre nuestro estado actual. Puede que haya existido siempre y que el porcentaje de malas personas, como el de idiotas, sea estable en la historia de la Humanidad. No lo sé. Pero sí podemos comprobar que se pueden juntar, unir sus esfuerzos y buscar sus víctimas, a las que atacan sin piedad, como grupos de hienas. Desgraciadamente eso les produce la maldad destructiva. La mayoría son personas sin más ilusión ni entretenimiento que ese. También debemos reconocer que el mal produce placer a determinadas cosas, que disfrutan pateando, golpeando y usando las redes para hacerlo virtualmente, lo que les produce una enorme y malsana satisfacción.

Lo que plantea Susana Griso es la cuestión del anonimato y de la impunidad, que no es nueva, pero sí ha adquirido una intensidad relevante al darles la herramienta perfecta, las redes.

En la obra de Balzac, Papá Goriot, se presenta un diálogo entre el joven Rastignac y su amigo Blanchon. Ambos dialogan sobre algo que han leído en Rousseau, la posibilidad de matar a otros a distancia, sin que nadie sepa que has sido tú, tan solo con desearlo. La pregunta se concreta: «Vamos, ¿si tuvieras pruebas de que es algo posible, que basta con hacer una seña con la cabeza, lo harías?»  


El dilema, planteado hoy en las redes es ¿hundirías sin piedad a una persona solo por el placer de hacerlo porque nadie te identificará en la distancia? Eres un "nick", un apodo, difícil de rastrear, escondido en una muchedumbre. ¿Lo harías?

Los que atacan diariamente a cientos de miles de personas desde el anonimato han tomado su decisión. Los que se fabrican falsos perfiles para no ser rastreados lo hacen y se cambian las veces necesarias para seguir su inmunda labor. No les importa el daño que causan; no es su problema, es su placer.


Ha habido ciertos escándalos cuando profesionales de las redes sociales las han abandonado denunciando que a su ex empresa no solo no le importaba sino que favorecía este tipo de situaciones en busca de lo que realmente les interesa, el tráfico, el movimiento a través de esos espacios.

El mundo que estamos creando camina cada vez más al anonimato poderoso. Unos quieren ser anónimos para que nadie se fije en ellos. Otros, en cambio, buscan un protagonismo tras sus apodos. Es la impunidad deseada porque saben que se esconden en los grupos masivos que atacan como mandas de lobos; es el daño del sádico, el placer de causar dolor.

Todo lo que estamos construyendo avanza en el mismo sentido: el doble virtual. Hasta la propuesta de Zuckerberg, Meta, es un mundo virtual en el que interactuar con otros. El daño, los ataques, etc. son formas de interacción. Pensar que todos unidos vamos a amarnos más es de una ingenuidad pasmosa. Lo que se está dando es precisamente la ocasión de actuar mal desde el anonimato. Hay personas que disfrutan haciendo el bien, otras, por el contrario, es el mal lo que les produce ese placer malsano.

Lo malo es que está generando unos hábitos que se extienden más allá de lo virtual. Crece el narcisismo, la incapacidad de diálogo, aumenta la agresividad. Lo percibimos cada día en todos los ambientes. El poder de destruir difamando es gratificante para el que se siente con nueva vitalidad en todo su cuerpo tras hacerlo. Ufano, lo comenta con sus amistades; presume de ello. Da muestras de ingenio en el insulto y no desperdicia añadir sus líneas al final de cada artículo que mal lee. ¡Es su libertad!, dice. Busca precisamente los puntos en los que se concentra la atención para ser visto y admirado. Muchos profesionales de la información han retirado la posibilidad de "comentarios" en las ediciones digitales de sus medios. Los insultos y tonterías les desestabilizan, les provocan un malestar que acaba siendo depresivo.

Por temor a ser víctima de ataques, los prudentes desaparecen. Eso da un sesgo negativo a la propia red. Si defiendes a alguien, eres la próxima víctima. En eso se basa el acoso, en el miedo a ser el siguiente.

La respuesta a la pregunta de Susanna Griso es muy evidente. Ella es una profesional, pero las empresas que hay tras los medios son también responsables de agitar la botella para que se provoquen más visitas. La polémica es hoy la base de todo; es lo que se provoca o se permite desde todo un mundo que busca el beneficio económico y la rentabilidad. Los medios, sí, son responsables afortunadamente; las redes también, pero son imposibles de controlar porque están diseñadas para eso. Una cosa es "responsables" y otras "culpables", que es muy diferente. A los medios se les pone nombre y cara; las redes son una masa amorfa, pero no por ello dejan de ser "culpables" y responsables, incluidos los que están detrás y lo fomentan.

Susanna Griso habla de los "contenidos" y su responsabilidad. Eso es solo una parte del gran pastel de las redes. El profesional, por serlo, asume una responsabilidad. Los que se dedican a intoxicar desde la redes, a difamar, a acosar, etc. Son —deberían serlo— distintos a los que pululan por las redes. La función del profesional es otra, pero cada vez muchos medios dejan de tener clara la diferencia y convierten al "columnista" en "influencer"; es "lo moderno", como diría un equivocado amigo mío. Si no se marcan las diferencias, si no se enseña en nuestras facultades la diferencia, pronto se tragarán al "soso" informador. Muchos programas de televisión dan entrada a las redes sociales. "Las redes están que arden...", les gusta decir. Son ellos mismos los que las potencian, las que los introducen. En la prensa escrita viene a hacer lo mismo. Los profesionales tienen que promover sus propios artículos para tener seguidores y ser valorados en sus propias empresas. Es ahí donde está el negocio y el público. Esto es peligroso porque es invertir el sentido. Y tiene consecuencias en muchos niveles.

Hoy se habla de la salud mental en muchos campos, de los colegios a los festivales de música. La exposición a las redes es el arma de doble filo. Quedarse fuera es motivo de soledad y de peligro si estás dentro. Antes había personas que se dedicaban a vigilar las redes para borrar comentarios, los moderadores reguladores de la paz en los chats y demás tipos de foros. Hoy todo está abierto y automatizado y que cada cual se juegue su suerte.


Depresiones, suicidios, abandonos... Ese es el panorama. Los medios tienen la capacidad de actuar sobre esto haciendo bien su trabajo. Los profesionales deben ser conscientes y no avivar las polémicas para evitar los ataques. Sin embargo, los medios también viven de esta agitación; que cada uno que asuma su responsabilidad en lo que hace. Es lo que diferencia al profesional del francotirador escondido en la oscuridad del anonimato, del apuñalador en las sombras, del dinamitero masivo.

Vivimos en una gigantesca burbuja informativa imposible de regular en su conjunto, pero en la que es posible actuar individualmente. Es cuestión de que cada uno intente no dejarse arrastrar por esas tendencias, evitarlas allí donde está en nuestras manos. Es necesaria una mayor educación en valores, algo que no es sencillo en un mundo cada vez más egoísta y con beneficios importantes para los que viven del caos. Hay que eliminar esa tentación a la exposición constante a la que esta nueva cultura no empuja.

Pero eso no lo vamos a ver ni usted ni yo. 


* "Susanna Griso: "¿Las televisiones somos responsables de nuestros contenidos y las redes no?"" Antena3 4/02/2022 https://www.antena3.com/noticias/sociedad/susanna-griso-televisiones-somos-responsables-nuestros-contenidos-redes_2022020361fcc20d6f203000013d5147.html

viernes, 4 de febrero de 2022

Más allá de los números

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Estaba hablando por teléfono con un amigo y tenía quitado el sonido al televisor. Veía imágenes de asombro; veía abrazarse a unos y a otros alternativamente. Me extrañó que todos aplaudieran en insólita unanimidad. No entendía nada hasta que un letrero me lo aclaró. "¿Has visto?, la Reforma Laboral se ha aprobado con solo un voto de uno que se ha equivocado". Mi amigo me dijo que lo vería a las once en no sé qué canal, donde había un programa que le gustaba.

Como soy muy despistado para las fechas, en muchas ocasiones creo que estoy en el Día de los Santos Inocentes, que lo que me muestran en pantalla es algún tipo de inocentada que intentan colarme, que lo que me muestran es obra del ingenio de algunos redactores. Pero no, aunque bien hubiera podido serlo. El hecho de que estuviera en todos los canales termino de convencerme de que aquello era ya parte de la historia, terminara como terminara.

Dediqué la media hora siguiente a intentar atar los cabos de aquella insólita situación. Me imaginé cómo se ofrecería en las televisiones de países como Turquía, Serbia, México, Alemania... tal como nosotros damos espacio en nuestros canales a esas noticias en las que parlamentarios se enzarzan en peleas, grescas, trifulcas, insultos... y todo ese repertorio que nos sirve para sentirnos superiores. Pero mucho me temo que las personas de esos países, de mayor o menor tradición democrática, no logren alcanzar la comprensión de lo ocurrido y que queden en las caras, en el paso de la estupefacción a la satisfacción, de la incredulidad a una mayor incredulidad.


Los expertos en sistemas complejos tendrían posibilidad de explicar cómo lo que ocurre en cada pueblito, en cada ciudad, en cada capital de provincia y de Autonomía; cómo lo que ocurre en cada despacho, en cada aparcamiento, en cada sede de partido, incluso cómo el daltonismo puede llegar a determinar el destino de un país. Sí, pese a lo que dijo Einstein, a Dios le gusta jugar a los dados, trucados, por supuesto, pero dados a los ojos de los mortales, que somos nosotros.

Solo en este sentido puedo llegar a comprender la frase con la que me quedo en este embrollo cósmicómico (como diría el genial Italo Calvino), dicha por el presidente del gobierno, el señor Pedro Sánchez: "...más allá de los números..." Sánchez nos hace ver que los renglones de Dios no solo son torcidos, sino "retorcidos" como sacacorchos, como cable de auriculares tras varios días en un bolsillo.

He escuchado explicaciones sobre qué es la "disciplina de voto" a cargo de personas que la rompieron; he escuchado nuevas definiciones de lo que es un "error informático" en un sistema que nos dicen que "no falla nunca"; he escuchado definiciones de lo que es un "pacto de investidura" y cuáles son sus límites de resistencia... y muchas otras cosas mientras me pellizcaba.

Nada hay peor para una democracia que creer en el destino unos y en el fraude otros. Para unos te han quitado dos (UPN) con los que contabas y te han regalado uno (el del PP) inesperadamente. Unos y otros están bajo sospecha, de traición o de estupidez. La Historia decidirá quién traicionó a quién, quién se equivocó de botón. Estas cuestiones hacen tambalearse nuestras concepciones de los "momentos estelares de la Humanidad", a lo Zweig, y tener una concepción incalculable del valor de las pifias en nuestro futuro. En una pifia entran cosas como "no encontrar aparcamiento y no llegar a tiempo a una votación", el citado "daltonismo ante los botones de votación", un golpe de tos al apretar un botón o cualquier otra nimiedad que adquiere dimensiones olímpicas, dignas de una gran tragedia, ante las consecuencias. Esto es como lo del efecto mariposa, pero concentrado.

¿Cómo alegrarse seriamente por ese "gol en propia meta", por una distracción del enemigo? Los agentes sociales, empresarios y sindicatos, lograron ponerse de acuerdo y desde ese minutos empezaron a salirle problemas y pegas por parte de los políticos, nacionales y autonómicos, de populistas de derechas e izquierdas, que querían su propio protagonismo en un espacio de debilidad gubernamental, de la que se puede sacar lo que se quiera con un poquito de habilidad. Ese es el fondo. No les importa realmente la reforma pactada, sino que no haya sido objeto de trueque, que no hayan podido sacar tajada y mérito ante los suyos.


Esa frase del presidente, "más allá de los números", debería esculpirse en la entrada de nuestros parlamentos autonómicos, de nuestros ayuntamientos, en todo lugar donde haya que votar algo. Solo esos finales felices a los que las comedias de Hollywood nos acostumbraron, solo ese extremo giro de guión, permite, explicar que el gran lío de las "desalianzas", las alianzas y las anti alianzas políticas. Pero donde unos reían mejor por ser los últimos, están los que lloran con su versión de la historia, que promete continuar. Más llena al fuego político español.

Los socios no querían ser socios; los que no eran socios quisieron serlo; los que eran nuevos socios tampoco querían serlo entre ellos y los que se unían para oponerse lo hacían de malísima gana. Les (nos) está bien empleado.

¿Hemos llegado al pico de la ola? Podemos teorizar sobre la política, sobre la naturaleza humana, sobre el destino, sobre la ironía de los dioses... sobre muchas cosas, pero al final somos el pollo dentro de la olla que se queja de que el agua está caliente y un poco salada.

Nuestro idioma permite que la palabra "número" se refiera a las cifras y también a lo que se hace en la pista de un circo. La frase del presidente —más allá de los números— me hace ahora dudar. 

jueves, 3 de febrero de 2022

La insegura idea de seguridad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En estos días se repite una y otra vez, por boca de todos, la palabra "seguridad". Parece que todo se hace y justifica bajo este confuso concepto. Es confuso, sobre todo, porque dependen del nivel de percepción de cada uno, de la valoración que se realice al considerar qué es seguro y qué no. En las discusiones sobre "seguridad", por ello, nunca se va a lograr nada si no se llega a un acuerdo común sobre qué significa, cómo se puede definir y especialmente valorar.

La seguridad plantea muchas veces enormes contradicciones y no poca paradojas. Así fue nuestro sentido de lo seguro cuando se ponía el acento en el armamento nuclear señalando que la posibilidad de la destrucción planetaria "garantizaba" que no se iban a usar las armas unos contra otros. Cuando lograron ver lo peligroso de este sistema de seguridad comenzó el desarme nuclear controlado y vigilante estableciendo unos límites de armamento y demás gestos y actos que se consideraban más seguros.

Por "seguridad", la comunidad internacional ha establecido el peligro de que ciertos países dispongan de acceso a la tecnología nuclear, como ocurre con Irán. Por su parte, otro país bajo vigilancia, como Corea del Norte, está lanzando misiles al Mar de Japón desde hace unas semanas, sin que se sepa muy bien por qué, lo que quieta a sus vecinos.

La "vecindad" se ha convertido en un problema en un mundo que se nos ha hecho más pequeño gracia a una tecnología más veloz. Pero, en el caso ruso-ucraniano, la cuestión de vecindad espacial está sujeta a muchos otros factores de orden histórico. El mundo no comienza cada día desde cero, reclamando cada uno el punto apropiado para comenzar sus reivindicaciones.

A nadie se le escapa que el problema de la vecindad no se resuelve a menos que llegue hasta Francia y considere "vecinos" peligrosos a los británicos. En esto de la vecindad nos olvidamos siempre de algo: Rusia es el único país del mundo que aparece por los dos lados del mapa. Si se mira un mapa del mundo, vemos Rusia a la derecha del plano y Rusia reaparece por el otro lado, por Bering. Recordemos que los Estados Unidos tuvieron que comprar Alaska a los rusos, que se habían colado en América por el estrecho mencionado. Por eso esa peculiaridad de que para ir a Alaska se tenga que cruzar Canadá.

Rusia tiene "problemas" con Ucrania y los tiene, en el otro lado, con Japón, disputándose islas. Por otro lado, la Unión Soviética se expandió mucho más allá del concepto de Rusia absorbiendo en su Unión repúblicas que algunas se mantienen hoy mediante acuerdos y otras mediante gobiernos títeres prorrusos.

El concepto de "telón de acero" marcaba otra dimensión controlada desde la Unión Soviética a parte de Europa que no quiso soltar tras el final de la II Guerra Mundial. Llegó a Berlín y ocupó la mitad de Alemania, creando un nuevo país la RDA, la República Democrática Alemana. Supongo que entonces Rusia se sentía lo "bastante segura" sabiendo que las tropas del Pacto de Varsovia estaban entre Moscú y los países europeos que habían quedado seguros.

Un país tan inmenso como Rusia está rodeado de inseguridad por su propio tamaño y las relaciones con las decenas de países con los que tiene frontera. Hasta las disputas con China y Mongolia tuvieron lugar.

Esta "inmensidad" crea un sentido propio y personalizado, casi obsesivamente enfermizo de la "seguridad", ya que si todos los vecinos decidieran pasar al otro lado de sus fronteras con Rusia —un supuesto teórico— Rusia no podría hacer mucho ante la multiplicidad de frentes que se le abrirían. Ningún ejército puede cubrir tanta frontera, máxime cuando hay zonas semidespobladas como ocurre con la inmensa Siberia, un gigantesco espacio que como nos mostraba un filme basado en hecho reales no necesita construir cárceles porque ella misma lo es; con dejarte en medio es suficiente.

La idea de que Ucrania entre en la OTAN es para Rusia motivo de inseguridad porque es la consecuencia lógica de su intento de recuperar su mejor estado anterior, el de potencia en un mundo bipolarizado. La caída de la Unión Soviética fue una enorme frustración y Putin trata de eternizarse en el poder vendiendo la idea de una nueva "Santa Rusia" en términos de "Unión Soviética", es decir, volver al viejo modelo pero con fondo nacionalista. Al internacionalismo comunista se le enfrenta ahora una mentalidad nacionalista que tiene, por ello, que "nacionalizar" lo que le rodea para evitar que se vuelva en su contra o simplemente no pueda controlarlo. Eso es lo que le lleva a hacerse con Crimea y todo aquello que pueda "recuperar" en las zonas en las que se manifiesta el separatismo prorruso. El hecho de que la gente hable ruso en esas zonas, calificadas como rusófonas, no es por otra cosa más que por la costumbre rusa de colonizar los territorios sobre los que se iba extendiendo. Los colonos rusos eran la barrera que aseguraba que no abría peligro para ellos o, si se prefiere, sentirse más seguro. Los campesinos eran el muro defensivo. Eso es lo que explica que la germana Königsberg, la ciudad del filósofo Inmanuel Kant, aparezca en los mapas en otro color como Kaliningrado. Sencillamente, lo llenaron de rusos expulsando a los germanos de allí. Hoy se puede decir que allí se "habla ruso" y, por lo tanto, "es" Rusia. Lo es desde 1945 y los motivos, como siempre, es su "seguridad", está basada en su necesidad de tener acceso a los puertos que no se congelan en invierto, lo que dejaría a su flota inmovilizada en el norte. Lo mismo ocurre con la anexión de Crimea en el Sur, otra salida para controlar desde allí la zona.

Podríamos decir que Rusia siempre se siente "insegura". Lo acaba de expresar diciendo que Occidente no entiende sus razones de seguridad. Creo que se entienden, pero como estamos viendo, cada acción por la seguridad de Rusia significa pisotear las necesidades defensivas de los otros. Sabedores de cómo se las gasta Rusia, los vecinos necesitan reforzar sus alianzas con quien les pueda defender se un ataque de pánico ruso por sentirse inseguros, formándose un círculo vicioso que conlleva una escalada en el riesgo global.

La culpa no es solo de Rusia. La política norteamericana es diferente porque busca la situación de "una sola potencia". Hemos mencionado aquí en muchas ocasiones la expresión "los intereses norteamericanos", algo que no se explica bien pero que se traduce en todo tipo de acciones en cualquier lugar del globo.

La situación creada en su conflicto con China, la tercera potencia ascendente, tiene ciertos puntos en común con lo que ocurre en Ucrania. La estrategia norteamericana ha sido cercar a otro enorme país creándole conflictos alrededor. Me refiero a los apoyos a la India, a Taiwán, Japón y Corea del Sur, al que se sumaría, en otro nivel, Australia.

China, tradicionalmente, no ha crecido como potencia militar, sino económica. Pero la constante presión del miedo les hace aumentar su poderío.

Si el presidente ucraniano se quejaba de que en Occidente se habla más de guerra que en la propia Ucrania, en el entorno de China ocurre algo similar con la constante presencia mediática con las amenazas de invasión por parte de China. Todo este clima lo que hace es contribuir al generoso apoyo de los Estados Unidos a todos los países que tengan conflictos, mayores o menores, con China.

Política Exterior 2016

La era Trump se ha caracterizado por ese aumento de los conflictos —como ocurrió con Corea del Norte e Irán— que luego eran resuelto por "el gran negociador", Donald Trump, realizándose la pertinente fotografía. Recordemos las buenas relaciones de Trump con Putin, quien descubrió que podía sacar tajada del narcisismo de su teórico oponente. Rusia no quería a Biden e hicieron todo lo que pudieron para mantener a Trump, pero les fallaron los cálculos. Los escándalos sobre las "tramas rusas" o las "casos ucranianos" en los Estados Unidos están en las hemerotecas y en los archivos de este blog a lo largo de estos años.

Un Biden necesitado de refuerzo se está metiendo en demasiados problemas exteriores, algo a lo que Rusia le está llevando con su estrategia de la seguridad: hacer que ninguno de los países circundantes en Europa pertenezca a la OTAN creando una especie de cinturón de seguridad a su alrededor, que sería como volver a la "franja" anterior de los llamados "países del Este".

Con un Putin amenazante, adiós a las aspiraciones europeas de tener su propia defensa y autonomía. La amenaza nos hace más dependientes de OTAN y Estados Unidos, tal como Trump quería.

Hace unos días recordábamos aquí la famosa "crisis de los misiles" cubanos. Estados Unidos consideró que una Cuba comunista y armada por la URSS era un desafío a su seguridad. Se retiraron finalmente las bases de misiles, pero quedó en la isla el embargo que ha determinado su existencia y que ha mantenido indirectamente el sistema reforzándolo cuando caían como fichas de dominó en el resto del mundo. También quedó como vergüenza de seguridad la base norteamericana de Guantánamo, el equivalente a lo que hemos visto en Europa con Kaliningrado.

Todo depende del cristal, como dijo Campoamor. El "cristal" aquí es la mezcla de intereses, por un lado, y de miedo por otro. La política de la inseguridad sirve para "vender" seguridad; igualmente lo hace la política del miedo, que arrastra a pedir más seguridad.

Cuanto más se invoca la seguridad, más inseguros estamos todos. Esta "no guerra" ya está causando enormes perjuicios a muchos países, incluidos nosotros, pues afecta a la economía especulativa. Lo que podría destinarse a otros fines, se dedica ahora a la compra de armamento; se disparan los precios de la energía y de las materias primas; el transporte se encarece ante el  miedo a que se interrumpa por un posible conflicto. La inflación se dispara comiéndose los ahorros y exigiendo a los países medidas correctivas, Todo esto y mucho más sin que se dispare un solo tiro. Con los titulares mediáticos es suficiente.

Puede que la guerra "no interese a nadie", pero el clima prebélico es otra cosa. Ahí sí que algunos pueden obtener beneficios de diferentes órdenes, de los políticos a los económicos.


miércoles, 2 de febrero de 2022

Rusos, rusófonos y falsos rusos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


En estos tensos momentos en los que se viven situaciones al borde de las fronteras ucranianas, rondadas por tropas enviadas desde Moscú, en que se nos bombardea con imágenes de todo tipo de maniobras y desplazamientos militares nos surge algo parecido a una noticia en la que se nos dice que unos empleados de una agencia de cobros a morosos, llamada Funeraria del Cobro, grabaron un vídeo con aplicación cutre de las más avanzadas técnicas psicológicas de intimidación a las que han tenido acceso.

Las técnicas de cobros a morosos no han sido justamente estudiadas por nuestros expertos en comunicación. De aquellos prometedores comienzos en los que un cobrador vestido de frac te seguía a todas partes hasta que, muerto de vergüenza por el bochorno que te hacía pasar, cedías y pagabas tus deudas, hemos llegado a estas técnicas sofisticadas.

Las películas norteamericanas han mostrado muchas veces estas prácticas de cobro, pero siempre con el mismo argumento, llegaba alguien y te partía la cara, las piernas, te cortaba un dedo o le prendía fuego al local. Lo llaman cine de acción, generalmente. La violencia no tiene nada de simbólica y sí mucho de advertencia. Pero aquí el negocio, que sepamos, funciona de otra manera, más aburrida y menos peliculera, afortunadamente.

En Antena3 podemos ver y escuchar este ejemplo de guerra psicológica actualizada y apreciar su ingenio por encima de su intención intimidatoria:

"Estamos aquí, en la casa de 'tramarre', en la casa del hijo de puto", se escucha en el vídeo en el que se reconoce a dos personas dentro de un vehículo. Son los empleados de una casa de cobros gallega que se hacen pasar por rusos para amenazar a un deudor. "El vídeo se grabó en un tono jocoso, supongo que para echarse unas risas, pero eso nunca se debió haber enviado", admite Cristina Correa, delegada comercial de la empresa Funeraria del Cobro.

La historia se remonta a meses atrás

La supuesta víctima acudió a la casa de cobro para solicitar sus servicios y reclamar una deuda a una tercera persona. Días después, y sin previo aviso, decide rescindir el contrato con la empresa y lo hace sin abonar el importe que les debe. "Nos tenía que pagar los gastos de la investigación que llevamos a cabo y se negó a hacerlo, es más, nos amenazó en varias ocasiones", explica Cristina.

La respuesta de estos dos empleados fue acercarse a la vivienda que figuraba en el contrato y grabar este vídeo, haciéndose pasar por rusos e profiriendo insultos hacia la supuesta víctima. Uno de ellos lo envió al deudor, o a su entorno- se desconoce- y éste le denunció ante la Guardia Civil.*

 


Si la embajada rusa en España ha tenido acceso a esta información, me imagino que no tardará en contratar a los perpetradores de esta pieza barata de intimidación para desarrollar —ya con presupuesto— todo tipo mensajes que pudieran lanzarse desde el otro lado de las frágiles fronteras ucranianas. Con estos métodos a pleno rendimiento intimidatorio, es probable que las autoridades ucranianas no solo renunciaran a la OTAN sino que también se darían de baja del festival de Eurovisión.

La técnica del falso ruso es el resultado de la creciente ola de temor a los rusos. Desde hace varias décadas, las películas norteamericanas han sembrado esa variante de la Guerra Fría. Hace mucho que los mafiosos de sus películas dejaron de ser italianos, creo que la trilogía de El Padrino marco —como se dice hoy— el "pico de la curva" y luego fue descendiendo con rapidez. ¿Quién podía superar a Brando en esto? El magnetismo del mafioso es tan grande que se le vinculan cosas que nunca dice, pero llenas de espíritu mafioso. La expresión "que parezca un accidente" es tan mafiosa que la gente cree que la dijo Corleone y muchos jurarán haberla escuchado en la película. La ficción supera a la realidad y, es más, la crea.


Pero esta cima artística mafiosa fue pronto sustituida por la llegada masiva de mafiosos rusos, seguidos de japoneses y chinos. Con ellos, los norteamericanos se explicaban ellos mismos el origen de su delincuencia y su violencia. También añadieron a los latinos, los "bad hombres" del ecuánime Donald Trump, que explotó los miedos a través de explicaciones simples y que a la gente le gusta usar.

Y explotar el miedo es lo que han hecho estos genios de la guerra psicológica de la empresa Funeraria del Cobro, en la que ya desde el nombre se ve que lo psicológico es lo suyo. La entrevista a su responsable mostraba ataúdes en sus dependencias, una decoración igualmente intimidante.

Aunque se ha despedido a los responsables señalando que grabaron el video como diversión y que lo enviaron por error, me temo que no cuela. Me baso en la sutil utilización de estas técnicas elaboradas desde, por lo menos, las neurociencias y la PNL, que para los que no lo sepan, es la llamada Programación Neurolingüística, muy de moda hace unos años.


Lo primero que resalta es la creación del "ruso" en sus dos vertientes, la amenazante (por lo que dice) y la verbal (por cómo lo dice). Nótese que las dos facetas deben estar sincronizadas para que la cosa funcione, al menos en teoría.

El modelo subyacente de ruso, por ello, es el que todo el mundo tiene en mente después de semanas de amenazas a Ucrania, a Europa y más allá. La frase "Estamos aquí, en la casa de 'tramarre', en la casa del hijo de puto", que inicia la noticia, resume los rasgos fundamentales: amenaza a la madre del moroso y habla un pésimo español. La primera parte es clara ya que la intimidación no es una exclusiva rusa. Es en la segunda parte, la expresiva —en fondo y forma— en donde se recurre al estereotipo ruso, insultón, mal hablado y con poco tiempo en España, dada la pobreza del idioma. Este aspecto es importante porque un ruso que llevara mucho tiempo en España habría perdido, probablemente, parte de su fiereza natal y estaría más preocupado por el cierre del ocio nocturno, como cualquier español. No, su falta de control verbal es un signo claro de su falta de humanidad, su carácter bárbaro y su falta de importancia a "que parezca un accidente". En ese "tramarre" se esconden todos los terrores, las peores pesadillas. Son ratificadas por ese depravado "hijo de puto", que termina de aclarar las dudas. Se empieza dando patadas al idioma y se acaban dándolas en los riñones. Esas "erres" que redoblan, ese tono salido del fondo de una gruta, llegado de las estepas, acaban uniendo el inquietante conjunto.


El por qué no funcionó es algo que deberán explicar los especialistas —los que queden libres después de la campaña electoral en Castilla y León— y que no resta un ápice de mérito a lo conseguido, al camino abierto hacia el futuro intimidador.

Todo esto, hay que decirlo, supone una apertura, una internacionalización importante de nuestras prácticas en este campo. Tratar de suscitar en la mente del moroso todos esos fantasmas rusos, con las amenazas de invasión y la mención a "tramarre", representan una combinación de elementos muy meritoria.

1997

Sí, hay miedo a los "rusos", aunque sean de pega. Se empieza en Ucrania y acabas en Benidorm o en Marbella, por cierto, discreta residencia habitual de muchos mafiosos rusos, que comenzaron a comprar chalets, sin vistas a la calle, hace décadas. 

Como nosotros siempre vamos a lo nuestro, hace unos días entrevistaban a  empresarios turísticos de la Costa del Sol sobre la llegada de ese turismo de lujo ruso. Pero el turismo ruso de lujo no dice "tramarre", "hijo de puto" ni va a cobrar impagos, al menos en España; esos trabajos los deja para los sicarios. Toma el sol en sus jardines, en esos chalets preciosos logrados con el fruto de su trabajo o lo que sea. El turismo de lujo tiene eso, la tranquilidad que te da que nadie te pregunta cómo pagas tu casa. Y luego llega la Policía.

 

2017

* "Un empleado de una casa de cobros gallega extorsiona a un cliente haciéndose pasar por ruso" Antena3 28/01/2022 https://www.antena3.com/noticias/sociedad/empleado-casa-cobros-gallega-extorsiona-cliente-haciendose-pasar-ruso_2022012861f3ffc82a32030001c16a9a.html


martes, 1 de febrero de 2022

Más que travieso

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

A veces la Historia te da la oportunidad de decidir con qué pie entras en ella. En el caso de Boris Johnson, la Historia le ofrece elegir en su salida. Pero Johnson es reacio a usar cualquiera de ambas extremidades, más para mal que para bien. Imitando a su amigo Donald Trump, se resiste y se resiste a salir del 10 de Downing Street, lo que forzará a la Historia, trasformada en electorado, en usar sus propias piernas para propinar una exquisita patada en el trasero de Boris lanzándolo a la zona ridícula del recuerdo.

Sí, lo de Boris Johnson está cantado para todos menos para él. Todas las buenas formas que aprendió en su elegante infancia de niño rico, de poco le sirven cuando pide disculpas en el Parlamento a no se sabe quién.

Los titulares de la prensa británica que nos enseñan las televisiones hablan de históricas caídas de la popularidad. En términos políticos, "popularidad" se debe entender como "negativo", porque lo que ocurre es que está en boca de todos. Recordemos ese vídeo viral de la niña británica abriendo asombrada sus ojos diciendo que el primero ministro hizo fiestas durante el confinamiento" que puede representar el estado de la actual opinión pública. Lo malo de la situación de Boris Johnson es que la única defensa que le queda es la estupidez, es decir, usar como excusa principal que "no sabía" o "había entendido mal" sus propias normas. El todavía primer ministro alterna sus "logros" con el desconocimiento, en una especie de Jeckyll y Hyde en donde el primero habría hecho "cosas buenas", como el Brexit o la gestión de la pandemia, y solo una equivocación involuntaria, las decenas de fiestas, que él pensaba que eran de trabajo —y luego no lo eran— y cuya imposibilidad de realizarse desconocía —pese a ser su gobierno que dictaba las normas—.


La Vanguardia publica un irónico artículo firmado por Rafael Ramos desde Londres. En su comienzo señala: 

En ese lenguaje griego clásico que Boris Johnson aprendió en Eton y Oxford y utiliza para deslumbrar a los admiradores e intimidar a los enemigos, ayer, tras la publicación de una versión de bolsillo del informe de Sue Gray sobre las fiestas en Downing Street, hubo en Westminster mucho pathos (empleo de recursos para emocionar al espectador) y mucho hubris (ego desmesurado, omnipotencia) y nada de catarsis (purificación, transformación interior).

Una versión tan de bolsillo del informe, tan editada y censurada a instancias de Scotland Yard y para alivio de Johnson, que las quinientas páginas han quedado reducidas a doce, no aparece ningún nombre y las trescientas fotografías y centenares de correos electrónicos brillan por su ausencia, tachados en negro, como en los documentos top secret de los servicios de inteligencia para preservar la identidad de los informantes y agentes secretos.*

 El artículo describe la pésima situación de Johnson colocando en los párrafos siguientes diversos términos griegos que le sirven a su autor para mantener una crítica de fondo mostrando lo que Johnson ha sido, un niño rico educado para la gloria y la diversión, pensando en que las normas del pueblo no iban con él, miembro de esa clase superior británica, como son los que pasan por esas instituciones reservadas a los privilegiados.

La cuestión que se debate con Johnson es precisamente la de los interiores de la política, su autenticidad, y la relación que las autoridades mantienen con los ciudadanos. La revelación de estar en manos de un hipócrita, de un primer ministro que dirige un grupo de personas que se consideran por encima del bien y del mal, incumpliendo las normas que ellos dictan, es dura para un país. Le hubieran perdonado antes un desfalco.

Recordemos que el mandato de Johnson ha estado salpicado de este tipo de incidentes. Han sido casos en los que miembros del gobierno o de su equipo han incumplido las normas que exigían a los demás (desplazamientos, reuniones, etc.).

El retrato que sale de Johnson, tras estos casos, se debe buscar en esa educación planificada por parte iguales para el poder y para la superioridad. Rafael Ramos habla en su artículo de "niño consentido", algo que describe bien la percepción que se tiene de Johnson. Él había cultivado la imagen de travieso, pero las travesuras, esta vez, han excedido lo que se espera de un primer ministro. Y es ahí donde radica el problema, en la incapacidad del propio Johnson de asumir lo que es ser "primer ministro", no querer dejar de ser Boris.

Su "defensa" es inútil porque no era más que su obligación ante la ciudadanía hacerlo lo mejor posible, como cualquier otro dirigente. Precisamente por lo estúpido de lo realizado—en términos deportivos, un "error no forzado"—, el caso muestra que Johnson no estaba a la altura del cargo, no ha acabado de entenderlo.

Las encuestas dicen hoy que perdería por ocho puntos. Es cuestión de tiempo que los que todavía le apoyan dejen de hacerlo. 


* Rafael Ramos "El informe sobre las fiestas condena la falta de liderazgo y el juicio de Johnson" La Vanguardia 1/02/2022 https://www.lavanguardia.com/internacional/20220201/8025015/informe-sobre-fiestas-condena-falta-liderazgo-juicio-johnson.html