lunes, 5 de octubre de 2020

Mandar y saber

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La Comunidad de Madrid está decidida a seguir dando la nota en el panorama nacional en esto del COVID. Es sorprendente, de nuevo, que la debilidad de los gobiernos se manifieste por el volumen de sus gritos.

Díaz Ayuso está arrastrando a todos los que se ven obligados a defender una serie de posiciones gritonas, inconexas y rayando ya el delirio conspirativo. La Comunidad no ha hecho lo que debía y ha mantenido su postura a lo Johnson y Trump, dejar hacer o, si se prefiere, no hacer nada, que viene a ser lo mismo.

Las quejas contra la Comunidad no salen solo de los ciudadanos, sino de los profesionales de la salud, que se han visto tirados de mala manera, sin cumplir las promesas de refuerzos. Lo único que le ha interesado a la Comunidad Madrileña ha sido Barajas, por algunos motivos que se me escapan, aunque no son muy difíciles de imaginar.

En La Vanguardia vemos cómo la comunidad científica está empezando a estar harta y agotada ante este tipo de peleas de callejeras de los políticos y reclaman un protagonismo necesario para evitar este bochornoso espectáculo al que se está llegando. Leemos en el diario: 

La comunidad científica ha plasmado en esta petición un decálogo de medidas que los políticos deberían a su juicio atender para combatir la pandemia, empezando por la aceptación “de una vez” de que para enfrentarse a esta crisis deben basarse en la mejor evidencia científica disponible, “desligada por completo del continuo enfrentamiento político”.

Inciden en la importancia de dar una respuesta “coordinada, equitativa y basada exclusivamente en criterios científicos claros, comunes y transparentes”, y han advertido de que la lentitud burocrática en resolver temas legales, técnicos o administrativos sólo consigue agravar las soluciones.

“Frenen ya tanta discusión y corran a la acción”, clama la petición lanzada ahora por este Congreso, que ha demandado un protocolo nacional que establezca criterios comunes de base exclusivamente científica, “sin la menor interferencia ni presión política”. 

Pero es difícil que estos políticos renuncien a lo que cimenta todo, su poder, aunque mucho me temo que en el caso que nos ocupa, el verdadero poder está en los intereses económicos que tratan de evitar que Madrid tenga un plan de choque que frene el deterioro de la salud y de los servicios, cuyas limitaciones quedan tan en evidencia como las pocas ganas de inversión en lo que se necesita.

Por todo ello, Madrid necesita esa gresca encubridora de las limitaciones de los políticos y de sus intereses. Con todas las dificultades naturales en una ciudad y comunidad como Madrid, con sus particularidades que van del transporte público a las enormes distancias que se recorren en ellos cada día para desplazarse a los trabajos, con barrios populares, superpoblados en casas pequeñas, frente a otros de amplias casas semi vacías. El propio dinamismo de Madrid es su problema en un momento en el que lo que se requiere es cortar la movilidad, reducirla al mínimo para evitar el contagio. Pero son muchos, parece, los intereses en que esto no se produzca.

Los propios cambios repentinos tras las conversaciones demuestran que los amos están en otra parte, que los que mandan realmente en Madrid o, si se prefiere, en sus políticos tienen sus propios centros de operaciones desde los que dan las instrucciones.

Madrid no se ha preparado. Ha vivido a remolque de su propia inercia. Recordemos las fanfarronadas de Díaz Ayuso contra el World Mobile de Barcelona, amenazando con postularse como sede frente a la actual. Ya nos dice eso mucho de la actitud que tienen los peculiares populares madrileños, herederos de muchos que han salido por la puerta de la Ley en estos años, pero que parece que siguen teniendo intereses similares.


Lo que los científicos de toda España piden es 1) ser manipulados y 2) ser escuchados en lo que es su campo de actuación sin que sus peticiones se vean distorsionadas por los intereses políticos y los subyacentes después. Lo que vemos todos, en cambio, es una lucha barriobajera, descarnada e histérica, desprovista de cualquier asomo de sensatez o de preocupación real por la salud de los madrileños. Siguen con la única idea de "bajar impuestos", que es la única que saben del catecismo económico que practican. Las consecuencias las tenemos sobre la mesa. Deterioro y reducción de servicios de todo tipo, de los médicos a los educativos, pasando por los servicios técnicos del Consorcio de Transporte, que tardan meses en arreglar una escalera porque están en cuadro. Y así todo.

Del despotismo ilustrado hemos pasado al ignorante. Mandar necesita de un saber o, al menos, de un saber escuchar que es lo que define al gobernante sabio. Pero aquí no se escucha a los científicos o expertos, sino a los intereses en la sombra rociándolo todo con la tinta que todo lo oscurece. Los expertos ya no saben qué más hacer para poder actuar ante este desaguisado. 

No creo que esto sea política. Es otra cosa. Algún día nos enteraremos.

 

* "Los científicos, a los políticos: “En la salud, ustedes mandan, pero no saben”" La Vanguardia / Agencias 4/10/2020 https://www.lavanguardia.com/vida/20201004/483848454554/cientificos-manifiesto-politicos-salud-mandan-pero-no-saben.html

domingo, 4 de octubre de 2020

¿Quién ha infectado a mi presidente?

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Sano o enfermo; muerto, vivo o mitad y mitad, Trump sigue siendo el centro. No es que juegue con blancas, es que el tablero es suyo y el contrario juega con las fichas contrarias. Trump no es un político, es un espectáculo, uno continuo, sin paradas, un show de improvisación, un larguísimo monólogo sobre el escenario de los Estados Unidos, del planeta entero. Cuando habla, se comenta lo que dice; cuando calla, todos se preguntan por su silencio. 

Los Estados Unidos siguen divididos con Trump. Están los que se lo han tomado por la vía transcendental el momento que vive el país; son los que piensan en la "seguridad nacional" y en los mecanismos constitucionales, en cómo afectaría a las elecciones en su recta final. Están también los que ven en su caso una enseñanza moral, una fábula con moraleja. Finalmente, están los que se carcajean sin límite inundando las redes sociales con memes, chistes y recordatorios de la arrogancia, ignorancia e imprudencia del presidente convaleciente. Unos dicen lo que piensan, mientras otros lo callan. Y otros hablan más de la cuenta.

Trump ha estado responsabilizando a China por el virus, lo que ha hecho que este se percibiera como una especie de "ataque" a los norteamericanos, el país que —por sus propias decisiones sobre cómo manejar la pandemia— está en el número uno mundial de contagiados y muertos. El narcisismo trumpiano se ha extendido a una parte de los Estados Unidos y esto les permite imaginarse una especie de plan conspiratorio cuyo golpe final era el contagio de su presidente.

En la CNN, James Griffith nos cuenta cómo en China se ha tratado de moderar la respuesta al contagio de Trump, la primera dama y algunos miembros cercanos de su staff. Según algunos medios, son las alegrías tomadas en la presentación de la nueva jueza candidata al Tribunal Supremo. Lo han establecido viendo la proximidad de unos y otros durante la ceremonia. En China se estaría controlando la respuesta popular ante la enfermedad de Trump para evitar incidentes diplomáticos, nos dicen. 

En Estados Unidos, por el contrario, señalan algo más preocupante: 

Yet that seems unlikely to change. Trump could now take an even harder line on China, further leaning into the narrative he has already established that Beijing is ultimately to blame.

Some on the US right are already using Trump's diagnosis to do just that. Republican Sen. Kelly Loeffler tweeted Friday that "China gave this virus to our President," adding "WE MUST HOLD THEM ACCOUNTABLE." Blair Brandt, a Trump campaign fundraiser, claimed the "Chinese Communist Party has biologically attacked our President," while US Rep. Mark Walker, ranking Republican member on the House Subcommittee for Intelligence and Counterterrorism, asked "is it fair to make the assessment that China has now officially interfered with our election?"* 

Si hay algo peor que Trump sean probablemente los trumpista. La expresión "ser más papista que el Papa" les cuadra bien. En el fondo, son sus hijos intelectuales, forzando mucho la palabra.

Como es tradicional en estos casos de fanatismo, se deben retorcer los hechos para que encajen en las estrechas y rígidas mentes. Lo decíamos hace un par de días, los fanáticos derechistas de los Estados Unidos acabarían fabricando sus propias conspiraciones y la enfermedad del presidente, debida a su propia necedad imprudente, es el broche mental que les permite seguir justificando lo que no pueden aceptar, su propia responsabilidad.

Trump pasó de la indiferencia al negacionismo. Hay más de 200.000 muertos en los Estados Unidos que le pueden ser adjudicados como responsable de políticas dirigidas a negar, pese a las evidencias, la importancia o el alcance del virus.

No deja de ser sorprendente que aquellos países en los que se ha negado la pandemia sea donde más muertos se han cobrado y, además, sean los más beligerantes contra China ya que se da la ¿extraña coincidencia? de estar gobernadas por populistas de ideología derechista.

Trump tenía una guerra contra China desde mucho antes que saltara la cuestión del COVID-19, pero solo cuando ya no pudo contener la evidencia de su ineptitud empezó a responsabilizar a China y a construir las conspiraciones cuyo único objeto era aislarla para beneficiarse en su guerra económica.

Los problemas de Trump con China no tienen nada que ver con la ideología sino con un hecho: China no ha cumplido el modelo de fracaso económico que se había diagnosticado al modelo comunista, entre otras cosas, porque no es lo mismo "ser comunista" que "estar gobernada por el PCCh". Con China no ha ocurrido lo mismo que con la Unión Soviética, una potencia que se desmoronaba ante la presencia de los Estados Unidos y Europa. China es ya la segunda potencia económica mundial y ha dejado de ser la mera fábrica de Occidente, sobrepasándolo en muchos terrenos punteros de la tecnología y la Ciencia, y con un mercado propio que ha ido aumentando su poder adquisitivo.

16/04/2020

El hecho de que China haya celebrado el fin de la pandemia gracias al esfuerzo del pueblo chino, que se ha sacrificado (¿cuándo aprenderemos a diferenciar a los pueblos de sus gobiernos?) fuertemente desde el principio para poder controlar la pandemia, algo que no han hecho aquellos que han estado más preocupados por la economía —una economía que no han logrado salvar— que por la vida de las personas. Todavía seguimos escuchando estupideces neoliberales sobre derechos que lo único que encubren es el miedo a las pérdidas económicas de personas y sectores, capaces de sacrificar las vidas de los que hagan falta, como quedó en evidencia en Reino Unido con la idea (que muchos no dicen pero cumplen) de la "inmunidad de rebaño", concepto derivado de los animales, pero de enorme crueldad si se aplica a los seres humanos.

La situación de movilidad mundial que tenemos es un semillero de infecciones futuras. El mundo se ha hecho instantáneo, pequeño al poderse recorrer en unas pocas horas, lo que hace que cualquier enfermedad se transmita con los efectos que vemos en muy poco tiempo. Son efectos colaterales de las interacciones internacionales del comercio y del turismo, básicamente. Los productos viajan de un extremo a otro del planeta; las líneas comerciales recorren el mundo en aviones, barco y trenes. hay grandes centros de concentración que sirven de nodos de redes de comunicaciones; hay ciudades de las que entran y salen millones de personas cada día gracias a los transportes de alta velocidad que permiten trabajar en una ciudad y vivir a dos cientos kilómetros de distancia, cubiertos en poco más de una hora.

Por otro lado, el maltrato dado al planeta, a su fauna (que ve reducido sus hábitats) o a su vegetación, los cambios extremos en la meteorología, con sequías, inundaciones, fuertes tormentas, etc. contribuyen a que nuestro entorno sea cada vez más agresivo desde múltiples dimensiones. Acumulamos, además, reacciones alérgicas, pérdida de defensas, vidas más alargas y achacosas, obesidad, estrés, problemas respiratorios por la polución, el tabaco, emisiones de todo tipo, vertidos accidentales, quemas de bosques, talas incontroladas, expansiones urbanas...

La crisis que tenemos es la del parón de una economía basada en el movimiento. Pero la guerra económica con China a la que Donald Trump ha tratado de lanzar al mundo contra China no es más que la frustración por la pérdida del dominio norteamericano, basado además en el papel de gendarme del mundo, es decir, un poder militar que es el que Trump ha estado fomentando a través del miedo con la creación de puntos calientes de fricción por todo el globo, de Oriente Medio a los mares de China.

La obsesión china de Trump ha calado bien en todo el electorado norteamericano porque afecta a todos, ya que les da una explicación sencilla de porqué se ha producido la decadencia del país. Para justificarla se recurre a todo tipo de argumentos. El preferido de Trump inicialmente eran los malos negocios que habían llevado a cabo los presidentes norteamericanos anteriores a él, todos muy malos negociadores, ¿lo recuerdan? El ego de Trump le hace percibirse como aquel que viene a arreglar los débiles acuerdos del pasado. Hay que temer a Estados Unidos para negociar bien, por eso lo primero es romper acuerdos, salir de foros internacionales, etc. La segunda fase es regresar con amenazas, con presiones, con conflictos en el horizonte, habiendo destruido los mecanismos de acuerdo. Europa lo ha padecido desde la OTAN, que llevó a que algunos países plantearan la necesidad de un ejército europeo armado con material europeo, lo que llevó a la ira de Trump, cuyas presiones tenían como objeto favorecer a la industria de armamento de su país, ahora centrada en la venta de armas a los países de Oriente Medio (Arabia Saudí, Emiratos), creando un nuevo foco de conflictos al presionar a Irán aislándolo y sacándolo de los acuerdos tan duros de conseguir anteriormente.

Pero el verdadero objetivo es China, a la que ahora se pretende responsabilizar de la ignorancia suicida y narcisista de Trump, víctima de sí mismo. La creación de focos de conflicto con China no cesa. La prensa norteamericana se ha dejado llevar en gran medida por Trump y ha creado una nueva guerra fría mediática cuya función es distraer de los hechos reales, que el mundo ya no es el mismo que era después de la guerra mundial, que fueron los propios Estados Unidos los que impusieron la globalización, fue su capitalismo el que eligió a China como fábrica más barata y se transformó en centros de investigación y sector servicios, algo muy sensible a dos cosas: recortes neoliberales y parones como el de la pandemia.


En China se pasó, en menos de treinta años, de la locura de la Revolución cultural a ser la segunda potencia mundial. A Estados Unidos le asusta no disponer de argumentos para explicar lo que la teoría negaba, el éxito económico chino y su transformación en potencia económica, un caso insólito teniendo en cuenta el punto de partida. El crecimiento norteamericano, en cambio, se produce tras el desastre mundial de la II Guerra Mundial, con una Europa devastada y una potencia, la Unión Soviética, que se había comido la mitad del continente, necesitada de protección, ante un aliado que que quería aprovechar y quedarse con todo el pastel. Entre ambas, se repartieron el mundo. Ahora estamos en un escenario muy distinto.

Pero lo ocurrido en China no es la explicación simplista de lo ocurrido en los Estados Unidos, cuya pérdida de influencia se debe a sus propias políticas y errores estratégicos. La soberbia de Trump no es la única causa, pues viene de antes. Trump ha sido el que ha recogido el malestar y el rechazo. El problema es que la solución de Trump pasa por la creación de conflictos y la presión para obligar a comerciar con los Estados Unidos, a practicar el proteccionismo económico, como ya padecen muchos países cada vez que se relacionan con alguien que no les gusta. Es la forma de cortar los lazos y crear de nuevo una política de bandos enfrentados donde todos dependan de su paraguas protector, que esta vez tendrá un precio muy elevado.

Los intentos de responsabilizar a China, incluso de pasarle una factura de daños económicos por la pandemia, ya tenía sus adeptos gracias a las afirmaciones  de Trump. Pero ahora van más allá. Responsabilizar a China de "infectar" a su presidente es una especie de declaración de guerra que, hasta el momento, solo tiene un contendiente los Estados Unidos de Trump, que ha jugado con una peligrosa retórica a la que Europa trata de no dejarse arrastrar por motivos evidentes.

Trump se ha infectó porque es Trump. Los que se han infectado en esa reunión es porque no querían quedar mal ante él llevando mascarilla; porque se abrazaron y besaron, porque —en resumen— siguieron la estupidez del líder hasta el límite de la prudencia y lo traspasaron. Llama la atención en la reunión ver a los periodistas mayoritariamente con mascarillas, al fondo, mientras que los que estaban en las primeras filas no querían que su presidente se perdiera gesto facial alguno de su admiración y felicidad por compartir aquel momento con ellos. La fidelidad se paga. Toda la prensa norteamericana da imágenes y gráficos de la posición de las personas en los actos de presentación de la jueza. Se ven imágenes en las que las caras de satisfacción por estar allí y poder estar cerca de sus jefes, queridos y admirados. Hay colas para saludarse, estrujarse en una competencia de intimidad. Si llevo mascarilla, ¿cómo van a saber que he estado allí? 

Ahora los fieles quieren responsables. Sin embargo, lo han tenido siempre delante sus narices. Algunos podrán presumir, si sobreviven, de haber sido infectados directamente por su amado líder, un gran honor.  

* James Griffiths "Trump has repeatedly blamed China for a virus that now threatens his health. This will make Beijing nervous" CNN 3/10/2020 https://edition.cnn.com/2020/10/02/asia/trump-china-coronavirus-intl-hnk/index.html


sábado, 3 de octubre de 2020

La orwelliana guerra egipcia de los medios

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


El positivo de Trump y señora en coronavirus desplazó el tema egipcio que tenía pensado para ayer y al que le habíamos dedicado algunos textos anteriores al ver los movimientos y contra movimientos del gobierno para tratar de silenciar o minimizar las distintas protestas coincidentes con el aniversario de la emisión en YouTube de los vídeos de acusación contra al-Sisi por los tejemanejes en la construcción suntuosa de palacio, favoritismos hacia los adeptos y palo sin zanahoria para los empresarios que se quedaban en cuadro, al margen del dedo que todo lo puede en el mundo egipcio de los negocios. Es una forma que tiene poco de sutil de mantener el engranaje en marcha allí donde la economía está controlada por los militares, sus empresas y las empresas de sus amigos. Nada cambiará en Egipto mientras siga en pie ese faraónico emporio de corrupción del que llevan décadas y décadas beneficiándose los mismos, que pasan a velar porque se mantenga ese estado de cosas por su propio interés. La noticia de la construcción de palacios presidenciales lujosísimos frente a un pueblo ya pobre y empobrecido más por las medidas como la devaluación de la libra, que se llevó por delante el dinero del ahorro y redujo a la nada el poder adquisitivo de la gran mayoría, provocó protestas, negadas por el gobierno, mostradas por los vídeos, y finalmente denominadas de forma oficial como "raras".

En Mada Masar se señala el origen de las protestas: 

Last week saw the one year anniversary of the September 20 protests in 2019, which followed on from corruption accusations made by former contractor and actor Mohamed Ali against Sisi and the Armed Forces. Ali, who has resided in Spain, published a series of videos on social media in which he accuses Sisi and the army of squandering billions on vanity real estate projects, including presidential palaces and a luxury hotel for the military intelligence in a Cairo suburb.

Since mid-September, ahead of the anniversary, there has been a heightened security presence throughout the country. As of September 24, 369 people had been confirmed to have been arrested in Giza, Cairo, Sharqiya, Alexandria, Aswan and a number of other areas, according to the Democratic Transition and Human Rights Support Center. Three major charges were pressed against the defendants: joining a terrorist organization, broadcasting and spreading false news, and misusing social media. A number of other protesters were also handed charges of “funding terrorist organization,” “illegal assembly,” “participating in an assembly of more than five people” and “violating and destroying state property,” according to the center.*

 

Los cargos se le aplican al que salga a la calle o tenga en su ordenador cualquier resto de haber visitado una página "sospechosa". Recordemos que muchos periodistas han sido detenidos y publicaciones, por ejemplo, han sido detenidos y cerradas por el hecho de tener una copia no registrada de un programa informático. Es la vía egipcia a la detención. Si tienes una copia pirata de un programa, te encuentras en la cárcel y, una vez allí, puedes estar meses o años en la segunda técnica egipcia de esperar eternamente. Mientras estás allí meses, estás pendiente de que te lleven ante un juez, algo que se anuncia y suspende un número indeterminado de veces. Mientras tanto has podido ser violado, torturado, golpeado en tu celda. Es el método. Y el gobierno de Egipto se rasga las vestiduras cuando es denunciado por las asociaciones de Derechos Humanos, algo apropiado para Occidente, según declaró al-Sisi en su momento, pero poco apropiado para el país.

El entramado empresarial, político, administrativo y militar es sobradamente conocido por cualquier egipcio de a pie, que lo ve en sus sectores, negocios o simplemente viendo esos edificios que provocan la irritación. Más allá de la lujosa nueva capital —otro derroche que, además, blindará a los jerarcas alejándose de una ciudad peligros como es El Cairo, donde los millones de ciudadanos pueden llegar a ser incontrolables en su ira— los palacios presidenciales, el lujo para unos pocos, ha desbordado la paciencia de muchos.

En la publicación independiente se nos indica que las versiones oficiales niegan primero su existencia y después, cuando no pueden ya sostenerlo, su importancia sobre los siguientes supuestos: 1) duran menos de cinco minutos (probablemente el tiempo que tarda la Policía en llegar); 2) están protagonizadas por mujeres y niños; y 3) a veces son demandas justas de algún sector que son aprovechadas por los Hermanos Musulmanes ("[...] the protests were led by clay brick manufacturers, who had “legitimate” demands, as they have been affected by the increased dependence on cement bricks in construction...").  

Para dar verosimilitud a esto, se ha liberado a casi 500 menores detenidos, en un característico gesto de "padre comprensivo" muy propio del régimen y que hace ver que las familias no cumplen bien con las obligaciones de vigilar a sus hijos, que se dejan engañar fácilmente por lo que les llega por las perversas redes sociales con los mensajes engañosos de los enemigos de Egipto y, por tanto, de las familias. Es la misma táctica retórica que al-Sisi practicó cuando se realizaban en las manifestaciones de Tahrir, en 2011, los infames "test de virginidad" a las chicas. Se presentaba como una acción "paternal" (patriarcal) de velar por ellas mientras que los padres incumplían la vigilancia debida a las mujeres a su cargo.

Las explicaciones dadas por al-Sisi y el régimen no convencen a nadie. Los que protestan, dicen, es porque se aprovechan de las medidas duras que ha habido que tomar. Esto no deja de ser una broma porque el dinero para que se construyan palacios podría emplearse en hospitales y escuelas, pero se conoce que los empresarios amigos no tienen mucho interés en esos sectores.

Pero esta vez, el régimen ha ido un poco más lejos y esta es la parte interesante de todo este caso al constituir cierta "novedad", pero que revelan sobre todo la preocupación real del régimen por el enrarecimiento del clima político en la calle: 

While protests continued to flare up on Friday, the media continued to maintain that nothing was happening, portraying the reports and videos that spread online as Muslim Brotherhood propaganda.

Going the extra mile to showcase the “Muslim Brotherhood’s fabrication” of protest videos, the intelligence-affiliated United Media Services Group staged and filmed a fake protest, sending it out to satellite channels affiliated with the Muslim Brotherhood broadcasting from outside the country.

Channels such as Al Jazeera and Asharq broadcast the United Media Services Group-staged footage that claimed to show a recent protest in Giza’s Nazlit al-Samman.

During an Extra News special, Khaled Salah, the editor-in-chief of the UMSG-owned Youm7, and radio presenter Youssef al-Hosseiny, who is running in the upcoming House of Representatives elections, took to the airwaves to showcase the stunt.

Both presenters showed off excerpts of the staged protests in which actors posing as demonstrators chanted, “leave” and “down with the military rule,” suggesting that the UMSG’s deception of Muslim Brotherhood-affiliated media channels vindicated the state’s assurances that “enemy media” publish material without ensuring their authenticity.

United Media Services Group is owned by one of the sovereign state intelligence bodies. The group owns the Egyptian Media Group, which in turn owns six newspapers and news sites, the largest of which is Youm7. The group also owns two companies for dramatic and film production, seven media and advertising services companies, and a security company.

On Friday, in a rare acknowledgment of the protests, TV presenter Amr Adib said on his show “Al-Hekaya” (The Story) that limited protests broke out in a number of villages — the same characterization that BBC Arabic used in reporting of the protests on the same day. Meanwhile, DMC, a channel owned by the Egyptian Media Group, broadcasted clips of pro-Sisi gatherings involving women raising Egyptian flags and chanting “Long live Egypt. Long live our President.”

The state media’s push ran beside coverage from the Brotherhood-sympathetic channels Asharq, Makameleen, and Al Jazeera, who broadcast what the channels framed as anti-Sisi protests that broke out after Friday prayers in the governorates of Cairo and Giza, as well as in villages in Damietta, Minya and Sohag. The channels also reported that two protesters had been killed by security forces, and a number of people were injured in the Giza village of Balida after security forces used live ammunition to disperse protesters.

In the following days, the pro-state channels continued to broadcast archival clips presenting “incidents of the Muslim Brotherhood’s violence,” while maintaining that videos of protests online had been fabricated.*

 

La cita es extensa, pero sin desperdicio, una auténtica lección orwelliana sobre la manipulación de los medios y de la población a través de la falsificación, de la creación de noticias falsas. Crear falsas noticias para "demostrar" al pueblo que los "enemigos" las difunden y, por tanto, deben desconfiar de todo solo se le ocurre a una de esas mentes preclaras egipcias que pueblan los despachos y salones y consideran que se puede estar manipulando permanentemente. Para mostrar que la información que llega a la población es falsa, lo inundan todo de información falsa. ¡Genial idea!

La soberbia del régimen egipcio, su constante deseo de mostrase como "superior", "inteligente", "sobrado", que dirían algunos, les lleva a desvelar sus trucos. El problema es que no es un régimen de verdades enfrentado a uno de mentiras, sino el choque de dos estilos mentirosos de actuar. Es probable que la "verdad" o los "hechos" importen poco en un mundo en el que Trump ha llegado a la Casa Blanca, pero es difícil encontrar un ejercicio similar de falsedad que, además, reclama el aplauso. Es la confirmación del "Ministerio de la Verdad" orwelliano, un dispositivo capaz de fabricar las mentiras para difundirlas en un estado permanente de control. Con ello, el régimen se ha condenado a no ser creído jamás. Se ha hundido él solo.

Los ejercicios de condena internacional por los derechos humanos contra Egipto se suceden año tras año, en cada informe. Da igual cuál sea su fuente. La defensa del régimen de al-Sisi siempre es la misma: todo es mentira. Todo el mundo ama a al-Sisi. Cualquier otra posibilidad en matemática y filosóficamente imposible. Al-Sisi es amor, es el elegido, aquel que el bueno de Sadat, en su gloria, les mandó a los egipcios para demostrar que son los hijos favoritos de dios, un regalo, una bendición. Todo ello repetido por la maquinaria religiosa del estado que enseña que protestar contra al-Sisi va contra el Islam y contra Dios. Lo vimos hace unos días en los manifiestos de los clérigos de la Universidad de Al-Azhar y de los clérigos responsables del Ministerio de Dotaciones Religiosas, los dos brazos del control religioso. Dios está con Abdel Fatah al-Sisi y dudarlo es rebelarse contra Dios.

De esta forma, el Egipto de Nasser, socialista y laico, se ha acabado transformando es una república teocrática, cada vez más integrista en lo religioso, que exige obediencia a la autoridades y mirar para otro lado en sus despilfarros económicos, sus excesos autoritarios y vicios privados. Egipto es un monumento a la hipocresía política.

Pero no es fácil ocultar un palacio (o varios) a la vista del pobre, sobre todo si el palacio es grande y los pobres son muchos. Pero, conforme empeore la situación (y la crisis aumenta en todo el mundo), la necesidad de tapar los agujeros con mentiras será más acuciante. Habrá menos dinero que repartir y las mentiras tendrán que ser mayores para tapar lo evidente, lo que no se cambió desde Mubarak, la corrupción, el fundamento del sistema de intereses creado desde entonces con el Ejército y sus negocios como centro, con el empresariado colateral que quiere que se desvíen hacia ellos los negocios. Es lo que todo el mundo sabe. Pero también saben que la diferencia entre estar dentro o fuera del sistema es grande, la vida o la muerte, la riqueza o la pobreza.

Lo que está saliendo, en el fondo, es la lucha por hacerse con lo que cada vez es menor, los recursos que desde el Estado llegan a los empresarios amigos. Es la queja de Mohamed Ali y sus vídeos; es lo que ha destapado la botella del escándalo y las protestas. La película falsa distribuida a los medios para engañarlos no es más que una argucia infame, un chiste político al que los egipcios son tan aficionados. Ahora habrá que saber cuánto ha costado esa película, que seguro que no ha salido barata. Los chistes y risas en los programas de televisión sobre cómo han engañado al enemigo logra acallar la triste realidad ni la represión constante.

Ya desde 2014 se empezaron a establecer los paralelismos del régimen con lo descrito por George Orwell en su novela 1984 que gracias al incidente del arresto de un joven que llevaba la novela en su mochila al pasar la frontera libanesa (lo contamos en su momento) se hizo una comparación frecuente. El tiempo ha ido confirmando que el antiguo jefe de la Inteligencia Militar y topo en el gobierno de Morsi, al que finalmente derrocó en el "no-coup" llegaría ser un Gran Hermano en todos los planos. 

Ese es el triste destino de Egipto, el de oscilar entre el Gran Hermano militar y los grandes Hermanos Musulmanes. 


* "Sisi, Public Prosecution acknowledge protests after week of silence, 68 minors released" Mada Masr 28/09/2020 https://www.madamasr.com/en/2020/09/28/feature/politics/sisi-public-prosecution-acknowledge-protests-after-week-of-silence-68-minors-released/



viernes, 2 de octubre de 2020

74, obeso y presidente contagiado

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Prácticamente todas las portadas del mundo están dedicadas a Donald Trump. De alguna forma ha alcanzado su sueño dorado, ser el centro de atención mundial. Nada podía satisfacer más a un narcisista patológico que esa tinta, real o virtual, que le dedican. Sí, es su momento de gloria.

La noticia era la más esperada por unos, la menos esperada por otros y quizá la más deseada por muchos otros. Los que veían al presidente y aceptaban su endiosamiento como un signo de fuerza, estarán defraudados. Los conspiracionistas ya habrán fabricado sus teorías justificativas para que les cuadren los hechos. Algunos lo verán como cosa de Dios y otros del diablo. El champán correrá en algunas casas mientras que en otra se arrodillan para rezar porque no se les prive del líder que iba a hacer América grande de nuevo.

Los medios especulan que ha sido una de sus asesoras, la de comunicación, Hope Hicks —¡a veces el destino es muy irónico!—, la que ha llevado el coronavirus a su cuerpo de 74 años y al de Melania que, por cierto, tiene su propio protagonismo gracias a la filtración de los comentarios grabados por una de su ex asesoras. El tema era la frustración que le merecían las críticas a la separación de los inmigrantes de sus hijos, una de esas medidas bárbaras que la administración de su esposo y líder puso en marcha. Para Melania, según parece, la cárcel más abyecta de Estados Unidos es mejor que cualquier hogar mejicano, donde nos dice, "la gente duerme en el suelo".

Esta feo grabar a presidentes y primeras damas, pero, como ya hemos apuntado en ocasiones, la gente quiere ya mantener las distancias de los Trump y saca a la luz lo que puede antes que los metan a todos en el mismo saco y los lancen al río.

Pues hete aquí que la pareja presidencial —son los hechos— están contagiados con lo que su amigo Bolsonaro, también contagiado, llamó una "gripezinha", que también padeció su amigo Boris Johnson, el premier británico que consideraba que no era malo socialmente contagiarse hasta que se contagió personalmente. Agradeció a los dos inmigrantes enfermeros que le cogieron las manos en la época en que no sabía si la luz que veía era la del pasillo o era otra.

Por convicción y educación, no le deseo el mal a nadie. No contesté con un "me gusta" los comentarios que recibí cuando enfermó Johnson, del tipo "¡Toooomaaaa!", como me mandó una amiga, u otros por el estilo. Me alegró como de cualquier otro ser humano que venciera finalmente al coronavirus y tenga larga vida, incluso política.

Pero si el hecho que Donald Trump se haya contagiado del coronavirus tiene en todo el planeta tanta resonancia es porque tiene algo de la fábula del cántaro y la fuente, del no se puede jugar con fuego, etc. Todas las lenguas y culturas tienen sus refranes, dichos o fábulas sobre lo que supone tentar tanto a la suerte. Pero Trump es el dios, el todopoderoso en su universo mental y la exterioridad de su personaje acaba convirtiéndose en la interioridad de su persona. Una cosa es creerse por encima de todo y otra que la vida, que no saber de presidencias, te lo permita.

La CNN describe de esta forma la situación: 

President Donald Trump announced early Friday that he and his wife both tested positive for the coronavirus, an extraordinary development coming months into a global pandemic and in the final stretch of his reelection campaign in which he has flouted experts' guidance on preventing the disease's spread.

The diagnosis amounts to the most serious known health threat to a sitting American president in decades. At 74 years old and obese, Trump falls into the highest risk category for serious complications from the disease, which has killed more than 200,000 Americans and more than 1 million people worldwide.

His infection with the disease could prove destabilizing in an already fraught political climate, and stock market futures tumbled on news of Trump's infection.

"Tonight, @FLOTUS and I tested positive for COVID-19. We will begin our quarantine and recovery process immediately. We will get through this TOGETHER!" Trump tweeted shortly before 1 a.m. Friday.

Later, the first lady wrote on Twitter that she and her husband were "feeling good."*

 

La descripción de Trump como "At 74 years old and obese" no es seguramente la que le gustaría, pero se ajusta a los hechos, algo que él ha ignorado sistemáticamente. Pero eso se ha convertido en un rasgo definitorio de Trump, ¿a quién le importan los hechos?

Si Trump no quería que le vieran con mascarilla porque le parecía una muestra de debilidad, ahora corre el riesgo de que le vean entubado si las cosas van mal en los próximos días.

"Mientras tanto", como suele decirse en las novelas seriadas, hay que ponerse en los centros de reacción, es decir, en lugares donde el positivo ha caído como una bomba, en unos casos, como una fumigación en otros.

Es difícil imaginarse las reacciones en el bando republicano, que quedan sin alternativa a Trump a pocas semanas de las elecciones. Sería el colmo de la ironía que Trump tuviera que votar por correo, pero un voto es un voto. La obligación de los republicanos es montar un plan b teniendo en cuenta los escenarios posibles.

Los radicales de la conspiración que apoyan a Trump pretenderán convertir el contagio en una especie de atentado, algo a lo Navalni y Putin, pero al revés, o un caso de "polonio".

Los demócratas saben que no se deben confiar porque, si la cosa empeora, los republicanos jugarán la baza del dramatismo para sembrar las simpatías del sufrimiento. Veremos vigilias ante la Casa Blanca, demostraciones de dolor públicas y llantos en los próximos días. Las imágenes del pueblo junto a su presidente empezarán pronto a circular.

Por ahora se habla de la supresión del próximo debate. Eso le viene bien a Trump, que se proclamará ganador del realizado y de todos los que se queden en el tintero. El que no se celebren no es obstáculo para él.

Si ayer hablábamos de Cecil B. de Mille y su idea sobre comenzar las películas con un terremoto y luego seguir aumentando la tensión, con Trump no hay respiro desde que fue proclamado presidente por el Colegio Electoral, con casi tres millones de votos menos que su adversaria H. Clinton. ¿Ha habido algo "normal" en la presidencia de Trump? ¿Algo "normal, normal"?

Para ser sinceros, no. Con Trump se complicaba hasta el discurso anual ante los Boy Scouts. Trump tenía que insultar hasta a los responsables de una película coreana por ganar el Oscar. Su necesidad de estar presente en todo, de no dejar de intervenir en cualquier cosa ha sido sorprendente... e incontrolable. Todos los que han intentado frenarle en algo han acabado desesperados o marchándose. Poca gente queda del principio y los que quedan mantienen intereses que les hacen mantenerse ahí, más que por amistad. Es difícil ser amigo de Trump, porque los dioses no tienen amigos, solo adoradores entre el electorado y aduladores entre sus asesores. Los que no han aceptado el papel, se han ido. De estos últimos, los hay de dos clases, con "libro" y "sin libro".

Y ahora está contagiado. La prensa cuenta sus efectos en la bolsa, que cae 400 puntos en Nueva York. Veremos cómo saludan el contagio las bolsas del mundo en próximas horas. Ya tenemos algún avance en el titular de estos momentos en El Economista: "Las bolsas europeas sufren caídas del 1% ante el positivo por covid-19 de Trump: el Ibex 35 cae bajo los 6.700 puntos". "¡Solo un 1%!", se enfadará Trump pensando que le valoran en poco su salud.

Por una cosa u otra, Trump acapara titulares, aunque esta vez no sea de los que le gustan. Algunos titulares norteamericanos apuntan a que Biden ha estado cerca durante el debate y que eso es un riesgo. Pero, por ahora, no hay noticias al respecto. Otro punto por el que el consumo de velas aumentará en los Estados Unidos. Todo está en el aire, nunca mejor dicho.

¿Qué queda por sorprendernos? No lo sé, ese es el fundamento de la sorpresa. Pero seguro que hay algo en la recámara o en la manga.

 

6 de agosto 2020

* Kevin Liptak, Kaitlan Collins, Betsy Klein, Jim Acosta y Paul LeBlanc, "President Donald Trump and first lady Melania Trump test positive for Covid-19" CNN 2/10/2020 https://edition.cnn.com/2020/10/01/politics/hope-hicks-positive-coronavirus/index.html


jueves, 1 de octubre de 2020

Nueva política, viejos insultos (La bronca 2)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


¿Es tan difícil ponerse de acuerdo? Dos no discuten si uno no quiere, dice el refrán. Pero, ¿y si a los dos les apetece discutir? Hemos tenido un ejemplo de lo que pasa en el debate entre Trump y Biden. Algunos columnista y políticos le reprochan a Biden haberse dejado arrastrar "al barro" para pelear. Los intentos de mantenerse impertérrito ante insultos, interrupciones y todo tipo de desaires, impensables antes, se han convertido en una triste realidad política de división.

Trump se presentó como un nuevo modelo político, el "no político". Bueno, es lo que le interesaba. Llegó diciendo que él no era hombre de medias tintas, que diría siempre lo que pensara. Es cierto, pero el problema es que no ha dicho más que mentiras, medias verdades e inexactitudes, según los —gracias a él— muy desarrollados métodos de "fact check" que ha movilizado a cientos de periodistas e investigadores de cada una de sus afirmaciones. Pero Trump les ha agotado. A una mentira le seguía otra y otra y otra... Los investigadores tenían que hacer horas extra para conseguir mantener el ritmo del presidente más mentiroso de la historia. Trump ha dejado a Nixon como un querubín, que ya es decir. A Nixon le sacaron los colores y se tuvo que marchar con ese gesto tan gráfico desde el avión, ese adiós con giro de muñeca y sonrisa impostada. A Trump tendrán que desalojarle los marines de la Casa Blanca porque se atrincherará en el búnker y se llevará a casa el botón nuclear si no lo cachean al salir.

Trump lo ha empantanado todo y cuando se vaya lo hará con un taponazo de champán universal que recorrerá el planeta en su totalidad, la celebración mundial del cese de una pesadilla.

Ayer hablábamos de la bronca como estrategia para la distracción. Un clavo saca otro clavo. Un problema lo es por su contenido o por la atención que le dediquemos. Ignorar los problemas reales y centrarse en los artificiales, los creados especialmente como una cortina de humo tiene sus riesgos políticos. Pero forman parte de esa nueva-vieja forma de hacer política, amplificada gracias al manejo de los medios de comunicación por su ideología (resulta rentable adscribirse a una en estos tiempos de segmentación de los mercados, incluidos los electorales) o por su necesidad de seguir con la mirada la mano del ilusionista. "Todo por aquí, nada por allá" es el nuevo lema de estos demagogos de la distracción atencional.

Desgraciadamente, el método Trump, por darle el nombre de su más "ilustre" practicante, se está extendiendo peligrosamente y ya tiene franquicias por todo el mundo, de Johnson en el Reino Unido a Jair Bolsonaro en Reino Unido pasando por algunos países europeos que hacen populismo nacionalistas a costa de la Unión, con unos toques demagógicos y peligrosos de un Erdogan, por ejemplo. Y España...

Estamos elevando la bronca a niveles históricos. Tenemos ya el triste récord de poder discutir sobre cualquier cosa. El tono de las discusiones aumenta en función de la propia debilidad del sistema y sus integrantes. Todo está tan fraccionado, la derecha y la izquierda, y pulverizado el centro, que solo queda discutir. A la razón de los hechos o los argumentos, se le opone esta retórica hueca, atamborrada, que convierte a España en una concentración en la plaza de Calanda. Como se suele decir, ¡con la que está cayendo!

No hay persona que te encuentres que, tras la mascarilla, se sienta indignada con lo que ve y escucha. Estamos llegando a unas cotas en las que la venda del partidismo o la ideología se caen de los ojos ante tan tontería y mala fe generalizadas como vemos y escuchamos cada día. No hay día que no tengamos una nueva-vieja polémica. Los desbaratadores del país se están empleando a fondo, pronto no quedara piedra sobre piedra, solo un insulto que se irá repitiendo como un eco hasta perderse en la nada. Y es que es ahí a donde vamos, al agujero negro que todo se los traga. Cuando digo todo, quiero decir todo. No hay posibilidad de hundimiento de los políticos sin que nos arrastren. No hay quórum en la Historia, al abismo vamos todos.


Nunca he visto a la poca gente que veo tan pesimista. Doy gracias a que gran parte de mis conversaciones son con personas de otros países y hablando de cosas que nada tienen que ver con nosotros. Son mi Shangrila, del que soy desalojado de una patada cuando enciendo el televisor para ver las noticias. Regresas pasadas unas horas hablando de cosas interesantes, de problemas reales del mundo... para encontrarte con los "nuevos políticos" insultando, los "viejos políticos" camino del trullo y con los "futuros políticos" asistiendo al seminario de comunicación corporal que toca esta semana.

Toda la virulencia exhibida no es más que precisamente la carencia de la fuerza necesaria para tomar decisiones que no erosionen su ya desgastada imagen. No es otra la preocupación, solo el desgaste político. La fragmentación política no ha traído diversidad, sino radicalidad y debilidad, por lo que se está en un constante cálculo de los efectos de la contestación. Los gritos intentan tapar las vergüenzas, distraer de lo propio y señalar lo ajeno.

País de discutidores, nos dejamos arrastrar somnolientos, irritados, hartos. ¿Hay límite? Tenemos abiertas todas las heridas, incluso las más viejas y cerradas porque forma parte de la estrategia de provocación de unos y otros para que le miremos, para que no dejemos de hacerlo ni un segundo. Tienen miedo a que les sobrepasen por lado o por otro. Los márgenes son estrechos para unos y otros. Los recién llegados se aprovechan, por lo que la radicalidad avanza como forma teatral de la política.

Me doy cuenta que este es el tercer post seguido en el que la bronca es el tema principal. Son gritos desesperados por regresar a un silencio imposible ya, el de esos pájaros que escuchaba regresar en pleno confinamiento. Nuestros medios nos lanzan a la cara cada día toneladas de detritos políticos. Ya es difícil de soportar.

En país moderno y verdaderamente democrático es aquel en el que los progresos realizados permiten la confluencia de las fuerzas y la limitación de tensiones. Nosotros estamos volviendo a la época de las Cruzadas. Si lo que aumentan son las distancias, las desigualdades y las disidencias, es que algo está fallando gravemente.

Estamos en un mundo de Cecil B. de Mille, para quien una película "debía comenzar con un terremoto y seguir ganando en intensidad". Lo malo es que aquí los terremotos son de verdad y no efectos especiales.