sábado, 26 de enero de 2019

Ramplonería

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Desde que hemos enterrado el ensayo en la vida académica, nos hemos quedado huérfanos de pensamiento. Parece que eso de ser "investigador" está reñido con las ideas y con todo aquello que no pueda ser medido, pesado, contado. Tenemos ya el profesorado más aburrido del mundo con el alumnado que más bosteza.
Todo esto forma parte de la conspiración más banal contra el pensamiento libre, contra la especulación, en su sentido de reflexión, emparentado con ese mirarse uno mismo en el espejo, acto necesario para no perder el sentido de uno mismo y del mundo que nos rodea. Se nos ha quedado cara de tres decimales.
Cuando amigos o antiguos alumnos, hoy situados en universidades extranjeras, se enteran de los raseros que empleamos en este país para valorar (perdón, evaluar) las ideas, para debatirlas se quedan escandalizados primero y horrorizados después. Pero es lo que hay. Jamás ha sido la vida académica tan ramplona, tan mediocre y repetitiva. Hemos creado un mundo tan limitado que ya no es posible más que la repetición, algo en lo que nos hemos convertido en maestros. Es como actuar con un playback que se repite una y otra vez, mientras movemos los labios y sonreímos o ponemos cara de circunstancias.
Me refiero sobre todo al campo de las Ciencias Sociales y de las Humanidades, colonizadas desde el otro lado de la Ciencia. Acostumbrados a un modo de trabajo, lo han exigido a los demás, por más que sus materias sean muy distintas y los resultados deberían ser otros. El resultado es un falso sentido empírico allí donde debería existir crítica y creatividad, para beneficio de la propia sociedad. Estamos perdiendo, sobre todo en el campo de la Humanidades, el objeto propio, que acaba situándose fuera de nuestras exigencias de precisión, método y demás exigencias del que trabaja con la materia en su sentido estricto.
Nosotros, en cambio, trabajamos en la cultura, interpretando y proponiendo cambios en la percepción de nosotros mismos. Tratamos de explicar la sociedad en la que vivimos, tratar de explicar nuestros comportamientos y nuestras obras, los lenguajes que empleamos. Como el hecho de describirnos tiene una incidencia en nosotros mismos y genera nuevas expectativas, nunca nos cerramos. Cabalgamos en la misma Historia que producimos; analizamos nuestros propios restos y anticipamos nuestro futuro.
Fue un mal negocio meternos en el mismo saco. Y más en un país que pierde cultura por sus múltiples grietas, que se resquebraja al ser ordenado conforme criterios absurdos y por ignorantes tecnócratas, obsesos de la medición, de los decimales, de los índices y cuestionarios. Como la promoción es en función de ese tipo de criterios, hemos llegado ya al nivel en el que esto ha llegado a su cumbre. Exigen ahora el pastel y las migajas, imponiendo su propia receta para seguir cocinando en su horno la masa pastelera. No hay salida.


En el campo de las Ciencias Sociales y la Humanidades, la libertad es esencial porque nuestra función no es solo cumplir unos requisitos académicos, sino crear un clima social vivo, dinámico, de debate permanente. Eso ha desaparecido porque se ha hecho todo lo posible por desconectar las universidades de la sociedad a la que se deben. Solo se ha contemplado un lazo peligroso: el empleo. Durante décadas se ha responsabilizado a las universidades de estas separadas de la vida laboral y empresarial, de enseñar cosas inútiles. Y nos lo hemos creído porque nos ha interesado.
Hoy en muchas partes del mundo, en muchos lugares avanzados, se han dado cuenta de que uniformar las universidades es prescindir de su valor más importante, la riqueza creativa y especulativa. Ese es el auténtico bien que se debe entregar a una sociedad. Pero las universidades quieren patentes y las empresas empleados baratos. Poca inversión y mucha exigencia. Hemos pasado a ser "formadores".
Lo que antes comenzó por el profesorado se ha extendido ya al alumnado, que se ve presionado hacia el mismo tipo de prácticas que se les pide a sus profesores. Nadie queda excluido del modelo ramplón y repetitivo porque se trata de estar evaluando continuamente a la gente. Y eso implica estándares y protocolos. La perpetuación del sistema lo garantiza el propio sistema evaluando solo aquello que está en sus criterios. De esta forma se selecciona y valora positivamente a los que harán lo mismo porque no sabrán hacer otra cosa.
El resultado es esta sociedad mediocre en la que ya nadie importa a nadie y cada uno se cuida de uno mismo por el medio que sea. Todo se resiente, del mundo académico al creativo, que solo se ve premiado por la vulgaridad.


Creo que nunca ha habido tantos condicionantes o, si se prefiere, menos libertad en el ámbito de las universidades, limitada por burocracia y mediciones, las dos caras de una misma moneda.
No se puede circunscribir las actividades intelectuales de esta manera. La universidad aspira a lo universal. Lo que se quiere son especialistas que carecen de visión de conjunto, de intereses comunes y se desentiendan de la sociedad en la que viven.
Entre el profesorado circula una expresión horrenda: "los libros no valen". ¿Es posible mayor perversión del pensamiento? Es una pérdida de la referencia intelectual, ya que las revistas que "sí valen" está dedicadas casi exclusivamente —otra perversión— a ser las reguladoras del campo, a decidir quién está dentro y quién fuera y no a su función comunicativa. Además de haberse convertido en un infame negocio aprovechando la necesidad de publicar para sobrevivir.
A una sociedad banalizada se le priva de la llegada de ideas, algo que nunca le llegará a través de las publicaciones especializadas, por definición. Se le priva al intelectual —palabra malgastada y sustituida por la técnica de "investigador"— de la conexión con la sociedad, cuya función ha sido esencial de la Ilustración en adelante. Pero el sistema mata estas iniciativas como se entre a los caballos, con terrones de azúcar al que es bueno y palo en el lomo al que no lo es. El empobrecimiento del conjunto es obvio.  La mercantilización se ha extendido a todas las fases del proceso.
¿Los más perjudicados? Sin duda, los alumnos, que es como decir la sociedad misma, ya que son ellos los que llegan hasta nosotros. Pero hace mucho tiempo que los alumnos quedaron a la cola de los intereses. Es el efecto de tener en la cuerda floja laboralmente a la mayoría del profesorado. Cada uno ha aprendido sus artimañas del otro. La dedicación e inversión de tiempo y trabajo en los alumnos queda penalizada ante su pobre papel en las evaluaciones.  Igualmente, el alumno se ha contagiado del sistema de intereses. Los que realmente tiene ganas de aprender van quedando atrás ante un sistema diseñado para el paso rápido y sin absorción. Todo es ya un círculo vicioso entre unos y otros.


En vez de caminar hacia una mayor libertad en enfoques, temas, planteamientos, propuestas, etc. lo que vemos es una burocratización de las instituciones, convertidas en sistema de vigilancia y evaluación de las personas, que quedan totalmente reducidas a aquello que se les pide. Nada más.
En muchas partes se han dado cuenta de este drama cultural reduccionista; aquí seguimos ensalzándolo, considerándolo un gran avance sin tener en cuenta los resultados. Y peor: aplicamos nuevas dosis letales cuando decidimos que esto no es el veneno, sino la cura.
Lo convencional se ha convertido en la norma; lo repetitivo, en lo meritorio. El arte de hacer aparecer nuevo lo viejo es lo que más se valora. Todo queda reducido a un mundo pequeño, controlable, disputado y lleno de pequeñas etapas que se recorren con dificultad. 
Ramplonería del conocimiento.

viernes, 25 de enero de 2019

Otro triste 25 de enero

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Otro triste aniversario del levantamiento del 25 de enero en Egipto. Ya solo se celebra el Día de la Policía. Un día como hoy de 2011, los egipcios dijeron ¡basta! Lo dijeron sobre todo los jóvenes. Y los viejos les dieron la razón. Los viejos que eran jóvenes treinta años antes cuando Hosni Mubarak, un militar, tomó el relevo de otro militar, Anwar El-Sadat, asesinado por un grupo de militares islamistas durante un desfile militar, un 6 de octubre. Tras once años en el poder, cayó Sadat en la celebración de ese 6 de octubre, día de la victoria sobre Israel.
La fiesta del 6 de octubre quedó unida a la muerte de Sadat, como el 25 de enero, día nacional de la Policía, en el que se conmemora su papel en el levantamiento contra los británicos en 1952 y se recuerda a sus muertos, quedará unida al levantamiento olvidado del pueblo egipcio. Parece que cada acto importante quedara marcado por su contrario, convirtiendo cada uno de esos días en siniestro recordatorio de otra fecha con significado distinto. Quizá refleje cierta predilección de los egipcios por realizar actos contrarios en las celebraciones festivas.


El 25 de enero de 211, como otras decenas de años, se celebraba el Día de la Policía. Los egipcios no tenían mucho que celebrar, pues el papel de la policía bajo una dictadura cruel y represiva como la de 30 años de Hosni Mubarak no genera ni simpatía ni ganas de celebración. Pero el régimen de Mubarak era algo más que un gobierno dictatorial. Era una forma de vida. A su alrededor se podía prosperar en la vida. Como suele ocurrir en estos casos, los cautos y silenciosos se benefician de mirar para otro lado. Aprenden a poner la mano para recibir y los beneficios de ser amigos del régimen. Los negocios, la Universidad, la Judicatura, etc. pronto quedan en manos de amigos y obedientes. La simulación se convierte en esencial en estos casos y en asegurar dentro de las familias que ningún miembro nos hará perder los privilegios conseguidos.
Este fondo de sostenimiento del régimen lleva muchos años dentro del aparato administrativo y militar del país. Coloca a familia y amigos, porque siempre es bueno aprovechar estos lazos para asegurar el control del país. Creas además un "partido nacional" que te sirva para que se haga visible el poder más allá del uniforme y te aseguras de que los elegidos en cada territorio sean generosos con los amigos y duros con los opositores y críticos. Crees que vas a tener el poder eternamente y, como Sadat, eliminas a los amigos de tus enemigos y das alas a los enemigos de tus enemigos. Eso le costó la vida a Sadat, que comenzó encerrando a los nasseristas y sacando a la calle a los islamistas que posteriormente sería quienes decretaran su muerte por traidor al firmar la paz con Israel. ¡Qué ironía tan egipcia que Sadat fuera asesinado por firmar la paz precisamente cuando celebraba una vieja victoria sobre Israel!


No lo es menos que el Día de la Policía fuera un día contra la Policía. Los sucesos de Alejandría fueron determinantes, junto a la mecha comenzada poco antes en Túnez. La tortura y asesinato de un joven, Khaled Said, cuyo cuerpo fue arrojado a la calle, fue la gota que colmó el vaso. Su rostro destrozado por los golpes impactó a millones de egipcios, que salieron a la calle.
El resto es historia..., excepto en Egipto, donde solo fue un sueño, algo que se tiene seguridad de que ocurriera realmente. ¿Qué fue aquello? Realmente un juego de prestidigitación. La revolución se escamoteó a los egipcios de entre sus manos. Como en el ajedrez, el ejército sacrificó su dama, Mubarak, solo para poder ser considerado como el portavoz del pueblo. Solo cuando se vieron las cosas perdidas, se realizó el cambio. Mientras tanto asistieron indiferentes a los acontecimientos en las calles y en la Plaza Tahrir, en donde estaban concentradas las miradas. 


Los islamistas tampoco intervinieron, temerosos de aquella revolución apestosamente laica, que quería tener un poder popular y no controlada por militares o clérigos. Cuando vieron que el poder se tambaleaba, se sumaron, una acción en la que son especialistas. Los islamistas poseen la única estructura organizada alternativa al estado. Son un estado dentro del estado, organizados en milicias y células, tapados hasta el momento adecuado. Llevan así desde los años 20 en que fueron creados en Egipto, luchando primero contra el colonialismo y después contra el propio régimen que les dejó fuera tras la revolución.


El régimen ha enterrado la Revolución y solo se celebra ya el Día de la Policía. Con unas leyes de emergencia que prohíben las manifestaciones, salir a la calle es un riesgo. No hace mucho, el régimen hacía creer al país (al menos lo intentaba) que el Movimiento de los Chalecos Amarillos en Francia estaba controlado por los Hermanos Musulmanes. Estos, con astucia, dijeron que no tenían nada que ver, pero que lo apoyaban. Se trata en este caso, como en muchos otros, de identificar cualquier tipo de manifestación en cualquier país con las revueltas de los Hermanos, declarados terroristas. Se prohibieron las ventas de chalecos amarillos. De esta forma se anticipaban a cualquier revuelta, que quedaría encuadrada en apoyo o pertenencia a grupo terrorista. Salir a la calle a quejarte de lo mucho que hay que quejarse en Egipto te convierte así en terrorista y lo que te aplican no es cualquier cosa. Te pueden juzgar los militares. Comienza entonces el calvario de búsquedas, de atrasos, de humillaciones en las cárceles o peores situaciones. Hemos comentado hace un par de días el caso del vídeo bloguero detenido por un programa satírico y cómo se jugó con él y su familia ante la muerte del padre. Te pueden complicar mucho la vida.


El aniversario de la Revolución del 25 de enero es también el de sus mártires. Los que una vez regaron las calles de sangre pidiendo democracia, hoy son considerados espías, conspiradores a sueldo de otros países en la maniobra más inmunda de propaganda de un régimen.
A diferencia de otros momentos de la historia egipcia, el régimen de al-Sisi tiene una elevada visión de sí mismo y quiere ser amado. Tiene además la pretensión de que los demás deben aceptar como verdades cualquiera de sus afirmaciones. El presidente se considera un "elegido" y así lo ha hecho creer a los egipcios, que temían la envidia de otros países por tener tanta suerte, un líder que les salvó del destino de los demás países de Oriente Medio tras la Primavera Árabe. Constantemente les repiten la suerte que tienen de no estar como Siria, como Libia, como Yemen. Eso se lo deben a al-Sisi, el enviado, el protector. Pero todo ese número no funciona en el exterior, como se ha visto por las condenas internacionales e institucionales que van del Parlamento Europeo a las Naciones Unidas, calvario que debe pasar cada año por la cuestión de los Derechos Humanos, algo que el presidente explicó que no tenían sentido en Egipto. El rapapolvo recibido en la entrevista reciente en la CBS, en Estados Unidos, en el programa 60 minutes ha sido elocuente del problema de la imagen que tiene el presidente y el régimen. Los intentos de evitar la emisión no han servido de mucho, solo para dejar en evidencia una vez más al régimen. Los abrazos con Donald Trump tampoco le han ayudado mucho, ni dentro ni fuera de los Estados Unidos.
Hoy la prensa no menciona lo que fue un día histórico en Egipto. El presidente lo definió hace poco como un "error de diagnóstico" en el "momento equivocado". La única "medicina" que acepta el cuerpo egipcio parece ser el autoritarismo militar. Se trata de convencer al pueblo egipcio de la gran verdad: Ejército, Estado y Pueblo son lo mismo. De donde se sacan las consecuencias de que atacar al Ejército es atacar al Estado y al Pueblo, que criticarlo es intentar romper la unidad del pueblo egipcio, etc. hasta completar todo un juego retórico que llega siempre a la conclusión de que para estar a salvo de sus enemigos (muchos, envidiosos, rabiosos por no ser egipcios).


Este último aspecto es importante en la línea propagandística del régimen. La teoría de la excepcionalidad de Egipto respecto al resto del mundo conlleva toda una serie de mensajes paralelos tendentes, más allá de la adulación, a la aceptación de un destino grandioso que los demás (quiénes sean es variable) tratan de evitar. Esta vez son los egipcios los que realizan su travesía del desierto guiados por su propio enviado, siempre un militar. De hecho, el régimen ha intensificado los mensajes militaristas en todos los sentidos como culminación emocional del nacionalismo patriotero. Los militares siempre están allí donde se provee; el presidente se pone su uniforme para las inauguraciones sonadas, como ocurrió con el nuevo tramo del Canal de Suez.
El aniversario de hoy es el momento de recordar a los caídos en este tiempo, las víctimas directas del régimen. Son muertes relacionadas de forma diversa con el 25 de enero. Giulio Regeni, el estudiante italiano de doctorado salió de su casa un 25 de enero. No regresó. Apareció cadáver, tirado en una cuneta, diez días después con signos de tortura. Quizá no sepamos por qué murió realmente Regeni, pero sí sabemos la maniobras del régimen para ocultarlo, para dar largas, borrar pruebas, etc. que le han costado a Egipto una retirada de embajador y condenas internacionales. Italia ya ha cerrado el círculo en 5 oficiales de la seguridad egipcia para pedir su procesamiento.

El otro caso que debemos recordar cada año es la olvidad Shaimaa al-Sabbagh, la mártir de la flores, la activista socialista, poeta, madre de un hijo, que acudió un 25 de enero a llevar flores a los muertos también olvidados, cuando no vilipendiados, en su aniversario. Fue asesinada vilmente, por la espalda, por un oficial de policía. También nos dice mucho del comportamiento del régimen. Se intentó acusar a su compañeros del asesinato, en la mejor tradición de la corrupción policial y jurídica. Cuando las evidencias foto y  videográficas eran tan evidentes que nadie podría sostenerlas, se juzgó al oficial condenándolos, para sacarlo a la calle poco después al revisar el juicio. Así funciona la cosa.

El grave problema, más allá de la violencia institucional y represiva, es que se está desarmando políticamente. De hecho, la única ideología presente —una vez que todos los apoyos democráticos iniciales se marcharon— es un tradicionalismo cada vez más ultraconservador, contagiado del único régimen que le sostiene con firmeza, Arabia Saudí, a la que no contentos con entregar islas, le han entregado la moralidad. El conflicto sobre la renovación del discurso religioso ha llegado al absurdo, teniendo en estos momentos el mayor control religioso sobre ateos, LGTB o cualquier tipo de renovadores. Al echar fuera a los críticos, el régimen de al-Sisi solo ha podido echar mano de lo peor del régimen anterior y de los peores tradicionalistas religiosos.
La fotografía actual del régimen no puede ser más decepcionante.  Los intentos de llamarlo "democracia", "modernidad", etc. chocan con el rechazo internacional y el de aquellos pocos egipcios críticos que han salido por miedo o por asfixia. El resto se mueve en el silencio o en aplauso interesado. Han aprendido que el poder siempre cae de pie, como los gatos.
De los medios vistos hoy, ninguno menciona que hoy es 25 de enero y que hubo un 25 de enero en 2011 algo diferentes a los demás días. Daily News Egypt recoge la noticia del discurso ante la Policía, por parte del presidente. Así los hace:
Egypt’s President Abdel-Fattah El-Sisi attended on Wednesday a ceremony at the Police Academy held by the Interior Ministry to commemorate National Police Day.
A number of senior officials and public figures, including Interior Minister Mahmoud Tawfik, attended the ceremony.
The 25 January marks the National Police Day which was named after Egyptian police won a battle in 1952 against British occupation forces in Ismailia city on the west bank of the Suez Canal.
The holiday commemorates and is a remembrance for hundreds of police personnel who died during the battle, and more wounded, when they refused British demands to hand over weapons and evacuate the Ismailia Police Station on 25 January 1952.


No hay mucho más que decir. Otro año más. Los que lo hayan celebrado habrá sido en silencio, en sus propias casas, con el temor de ser escuchados. Como decían el otro día, en los oficios por el padre del vídeo bloguero detenido, son gentes que solo se encuentran ya en entierros y juzgados.
En día melancólico para muchos, pero la melancolía por la oportunidad perdida es mejor que el olvido. Los que quedaron por el camino lo hicieron con ilusión.
Como cada año, recordamos aquí lo que fue la ilusión de un momento de la historia, el intento de sacudirse el paternalismo que ha guiado toda su historia apropiada por el Ejército que considera el país como un cuartel. 
Lo seguiremos haciendo.


* "Al-Sisi commemorates National Police Day" Daily News Egypt 25/01/2019  https://eklutdvotyzsri.dailynewssegypt.com/2019/01/23/al-sisi-commemorates-national-police-day/





jueves, 24 de enero de 2019

Sapiens más o menos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
¡Descanse en paz, Gigi Wu! Es triste morir y se puede pensar desde el existencialismo que somos seres para la muerte o que, como decía recientemente un científico en la prensa, somos humanos desde que somos conscientes de nuestra mortandad. Por eso una muerte estúpida, fruto de la falta de seso más espantosa, nos debería hacer reflexionar. Si antiguamente se trataba de aprender a aceptar la muerte, valorar la vida y en eso se formaba, hoy en día ocurre exactamente lo contrario; vivimos como si fuéramos inmortales. Y no lo somos.
Hemos tratado en varias ocasiones recientes la cuestión de la estupidez porque ya no es solo una cuestión de opinión, sino que se está convirtiendo en un problema que afecta desde las más altas instancias (no miro a nadie) hasta la calle. Por decirlo así, parece que se ha perdido la capacidad de discernir con claridad entre las cosas que hasta el momento estaban claras. Se ha desatado el afán por llamar la atención y esto lleva a desastres constantes.
No es otro el caso de la fallecida montañera taiwanesa Gigi Wu, empeñada en que se fijaran en ella por fotografiarse en bikini en las cumbres que coronaba. Subir no era bastante.


No todo el mundo sube a lo alto de una montaña Por pereza, por alergia a las cumbres o por cualquier otro detalle, solo algunos lo hacen. Eso ya te separa de muchos mortales, pero aún así siguen subiendo demasiados como para destacar. La forma de filtrar es hacer algo arriba que otros no hagan. En el caso de la montañera era vencer al frío que suele hacer en las cumbres nevadas y fotografiarse en bikini. Hace poco vivimos aquí el caso de la pareja danesa dedicándose al sexo en lo alto de una de las pirámides egipcias para desesperación y ultraje de los que abajo ignoraban lo que ocurría arriba. Pero no se trataba de un placer secreto, sino de un placer comunicado, es decir, que se enteraran todos después.
Su muerte ahora revela el absurdo del hecho. Tuvo una caída por la que no murió. Murió de hipotermia, es decir, a manos del frío que ella había despreciado tan olímpicamente con sus selfies en bañador. Puede que haya tenido una vida feliz en las cumbres y que esté disfrutando en el cielo templado de los montañeros, pero eso no quita un ápice de estupidez al hecho de su muerte terrible: sola y helada.
Se supone que venimos al mundo dotados de instinto de supervivencia. El miedo y otros mecanismos hacen que nuestro cuerpo se aleje de los peligros. Pero también venimos al mundo dotados de una cosa ambigua que se llama "sociabilidad", que en muchos se traduce como el deseo de ser mirados o admirados, según como vengan de serie. Freud diría que tiene un componente sexual, que llamar la atención es una forma de reclamar "amor social", como otras especies se engalanan o realizan vibrantes sonidos para atraer a sus parejas. Muchos necesitan ser mirados. Su existencia depende de la mirada de los otros. Eso, que para Sartre era un infierno, hoy en día es el paraíso. ¡Para que veamos en qué ha quedado el existencialismo!


La muerte de Gigi Wu es una muerte estúpida. Si las culturas, si lo humano surgen de la idea de la muerte, nuestra cultura se encuentra en un límite de estupidez. Nuestra diferencia de otros animales es que ellos aunque no entiendan la vida, tienen un instinto para conservarla. Nuestra civilización camina a una animalidad sin instintos o, si se prefiere, solo con el instinto de llamar la atención.
Se dice muchas veces que nuestro cerebro, por efecto del rápido avance de la cultura, ha dejado atrás lo biológico, el cuerpo, que evoluciona mucho más lentamente. Nos dicen los científicos del área que nuestra inteligencia choca con nuestra biología, que entran en conflicto, que somos demasiado inteligentes para un cuerpo tan sometido a fuerzas primarias. Por eso algunos han empezado con la idea de lo Poshumano, deseando dar el salto de lo orgánico a lo mecánico, es decir, dejar atrás el cuerpo y sus debilidades. Pero cuando uno lee noticias como la de la alpinista muerta de frío por hacerse una foto en bikini, nos planteamos ¿qué es la inteligencia? O si se prefiere: ¿de qué nos sirve?



La pregunta "¿para qué nos sirve la inteligencia?" es pertinente desde el momento en el que hacemos tantas tonterías. Pero es más pertinente "¿para qué nos sirve la estupidez? ", ya que es el centro del problema. Creo que parte del problema es que hemos conseguido hacer rentable (para algunos) la estupidez. Pero los riesgos están claros. Es como si se tratara de una inversión de alto riesgo. Si tienes éxito, arrasas; pero como falles...
Siempre ha habido este tipo de incidentes, supongo. Pero solo ahora, con nuestros grandes avances comunicativos, es cuando corremos el peligro de comprobar que como especie inteligente dejamos bastante que desear.
La existencia de un público que nos mire nos fascina, bloquea o espolea, según los temperamentos. Asistimos a la crisis de la Ilustración por su vertiente más chusca: por el enaltecimiento de la estupidez a cargo de la masa que ríe las gracias.
Si los estudiosos de la lectura dicen que individualiza, los de la oralidad nos advierten de crea comunidades, que es lo que vivimos hoy, que comparten para bien y para mal lo que se les da. Lo malo es que lo que percibimos es la retroalimentación de la estupidez, que aumenta en cada proceso. La estupidez tira irremisiblemente para abajo, pero según parece, con una sensación de euforia, de embriaguez casi, que nos anestesia ante el castañazo.
El diario El País, que le dedica un artículo a la muerte de la alpinista congelada con el título acertado "Todo por los ‘followers’: Instagram y la era de la muerte absurda". En efecto, no puede calificarse de otro modo el episodio, por muy lamentable que sea. 

Puestos a ser diferentes, por ejemplo, podría haberse hecho selfies en las cumbres leyendo a Joyce. Eso le habría dado una exclusividad. Pero lo interesante estaba en el contraste entre el frío y el bikini, lo que finalmente la mató. 
Otros mueren haciendo balconing (¡cuántos en Ibiza!) o haciendo cualquier otra tontería. Para completar la estupidez, los "antiturismo" han lanzado una campaña "animando" al balconing. El único turista bueno es el turista muerto, parecen decir. 
La explicación del cónsul británico apunta a que en su país no hay muchas casas con balcón, lo que no deja de suponer su aportación a una concentración de estupideces alrededor de un hecho que cuesta  algunas vidas al año lanzándose por un balcón a una piscina. Aquí no mueren de frío, sino en un ambiente cálido y agradable, disfrutando de las últimas vacaciones de su corta vida.


Guillermo Alonso, el auto del artículo del diario El País explica sobre estas modas estúpidas:

Cada mes nos invade al menos una noticia de una muerte fácilmente evitable que siempre tiene la misma constante: la de alguien joven haciendo algo peligroso para trascender en las redes sociales. En julio de 2018 tres estrellas de un canal de YouTube centrado en experiencias extremas (Ryker Gamble, Alexey Lyakh y Megan Scraper) fallecieron tras caerse a una cascada en Canadá. Un año antes, en junio de 2017, un youtuber de Minnesota llamado Pedro Ruiz falleció cuando su mujer le disparó al pecho. Fue “accidental”: ambos grababan un vídeo en el que querían demostrar que un libro (que él tenía puesto en el pecho) detendría la bala. Pedro y su mujer tenían un hijo de 3 años y ella estaba embarazada de siete meses cuando tuvo lugar el disparo. Querían alcanzar con ello una legión de suscriptores en YouTube.
Las muertes absurdas siempre han existido. De hecho, su cantidad ha dado para hacer libros recopilatorios. Pero en la era de las redes sociales, al simple despiste se le añade la voluntad de arriesgarlo todo a cambio de la gloria online. La reciente película de Netflix A ciegas (Bird Box en su versión original), protagonizada por Sandra Bullock, desató a comienzos de 2019 una peligrosa moda de caminar por las calles con los ojos vendados (como deben hacer los protagonistas) y subir el resultado a la red con el hashtag #BirdBoxChallenge. El célebre youtuber Jake Paul llegó a conducir un coche con los ojos vendados en compañía de un amigo. Es el hermano del también youtuber Logan Paul, que sufrió una crisis de imagen y una fuga de anunciantes cuando grabó y subió a su canal un vídeo del cadáver de un hombre que se había suicidado en un bosque de Japón.*



Necesitamos un nuevo Desmond Morris que nos analice como animales estúpidos —no solo como "monos desnudos", como hizo— y ve la interacción existente entre el deseo de agradar (social) y el riesgo llevado al extremo (instinto de supervivencia).

En grandes números, lo que invertimos en educación y formación, en inteligencia, se anula con lo que invertimos en estupidez, equilibrándose ambas de alguna forma. Lo preocupante no es que haya personas estúpidas, que habiten entre nosotros, como se decía en las viejas películas de alienígenas. Lo peligroso es que están dentro de nosotros, en términos de porcentajes. Depende del contexto y depende del día, pero parece que no dejamos pasar una buena oportunidad de ser estúpidos. Ya no se trata de hacerse el tonto, sino de hacer el tonto. El reflexivo es esencial.
Pero, la inteligencia —como las cosas delicadas— hay que cuidarla. No en vano se habla de personas "cultivadas", para las personas que aprecian la cultura. Hay demasiada bazofia intelectual que nadie barre; demasiada benevolencia con lo del es solo entretenimiento. Puede que las personas cultas no sean inmunes al virus de la estupidez, pero tienen más argumentos de resistencia cuando no más ligereza en la huida. La estupidez arrastra.
Parte de nuestros avances se dan tanto por la sociabilidad, como hemos señalado, como por nuestra capacidad de imitación, una forma de aprendizaje. Pero los malos ejemplos son imitados igualmente, por lo que debería ser aprovechado beneficionamente, se nos vuelve en contra. También ocurre en la naturaleza, cuando un ñu o similar se despeña, todos los que le siguen (los followers) tienden a irse de cabeza al barranco. En este caso, la naturaleza prima a los que van más por libre. Y así se va perfeccionando el proceso. Quizá nuestra forma de selección sea la estupidez, como aseguran los promotores de los Darwin Awards, en donde celebran desde el punto de vista de la evolución que se pierdan por el camino los genes menos inteligentes. No es personal; dicen que es por el bien de todos.


La película de animación "Rompe Ralph Internet" realiza una sátira didáctica sobre esa extraña necesidad de realizar estupideces para conseguir que la gente te dé su apoyo en las redes. Cuanto mayores son las tonterías, más gustan. No sé si los niños captarán el mensaje. Para muchos adultos puede que sea demasiado tarde. 
Las preguntas que surgen en un mundo saturado de tonterías son fascinantes: ¿se pegan como la gripe? ¿Hay gente inmune? ¿Caeremos todos? Creo que la analogía epidemiológica es la más adecuada. Pero el problema que tenemos es el mismo que afecta a todas las ciencias sociales, nos estudiamos a nosotros mismos. Por ello la pregunta final solo puede ser una: ¿llegaremos a ser tan estúpidos que no nos demos cuenta de ello?


* "Todo por los ‘followers’: Instagram y la era de la muerte absurda" El país - Icon 24/01/2019 https://elpais.com/elpais/2019/01/23/icon/1548232862_861138.html



miércoles, 23 de enero de 2019

La mala representación

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Coinciden en la CNN dos reportajes sobre dos problemas de comunicación intercultural y algo más. El primero de ellos, fechado hoy, se titula "Chinese model: Dolce & Gabbana ad campaign 'almost ruined my career'""; el otro es del día 18 de enero y lleva por título "Vogue mixed her up with a different Muslim woman. She's devastated". Los dos son un ejemplo de algo que va más allá de la "comunicación intercultural" y tiene que ver con la "actitud" intercultural que es el condicionamiento previo que se nutre de los prejuicios que crean los estereotipos, verdadero problema en un mundo cada vez más próximo.
Existe una dinámica de interacción entre públicos y medios. Los unos retroalimentan a los otros. Una vez perdido el sentido ilustrado y didáctico de los medios, es decir, haber renunciando en su mayoría a que la información aumente y mejore el conocimiento sobre la realidad y se centren mayoritariamente en la atención y el entretenimiento, es mucho más fácil recurrir a los estereotipos que a intentar cambiarlos, entendiendo que estos son negativos para las relaciones.
En los siglos XVIII y XIX, la comunicación no salía del ámbito local. Todavía en el XX hay dificultades, hasta que con la llegada de la denominada Sociedad de la Información se produce la mundialización informativa. Las noticias recorren el mundo en un instante y, tan importante, cualquiera puede crear sus flujos de información a través de un mundo-red. Tras conseguir este estado comunicativo, se produce un reflujo intentando, precisamente, paliar sus efectos sobre los regímenes cuya subsistencia se basa en el control de la información. Los gobiernos de estos países comienzan a construir barreras reguladoras para evitar los conflictos internos.
Pero lo que nos interesa aquí es el efecto que este movimiento de información tiene en un mundo en el que existe una profunda asimetría informativa y una producción estereotípica, que forman parte de la "tradición supremacista" de la cultura occidental respecto al resto. El siglo XIX, con su expansión colonial sigue marcando la percepción de ambas partes del mundo. Esto abre constantes conflictos, porque es evidente que nuestro mundo no es el del siglo XIX, que el papel actual de Asia es muy diferente al de la época de las Guerras del Opio, que ya no se puede atacar un país y obligarlo a que acepte que se queden con sus puertos comerciales, como se hizo, con Hong-Kong, por ejemplo.


Hay reconsiderar el papel de los medios, su modo de informar sobre otras culturas. Esto no elude la crítica de la política internacional o de situaciones de injusticia. Todas las culturas tienen elementos negativos en sus desarrollos, frenos construidos por los propios sistemas de poder, que se refuerzan precisamente por las críticas que reciben camuflando el poder como rasgos de identidad propia. Es una forma de engaño para seguir manteniéndose en el poder, evidentemente.
Me refiero a otro tipo de acciones, como las señaladas por la CNN provocadas por la falta de rigor mediático o los enfoques de burla hacia cosas que no solo no se entienden sino que son dibujadas como ridículas, de forma estereotipada y que hacen que las personas a las que se les aplica no se reconozcan y se sientan ridiculizadas o maltratadas.
Hace unos días, tras una matanza terrorista en un país africano, se realizaban fuertes críticas a los medios norteamericanos por no haber aplicado a las víctimas los mismos criterios éticos que se plantearon tras el 11 de septiembre. Eso implica evitar las escenas de cadáveres para proteger a las familias. En este caso, como en muchos otros, los principios que se exigen por parte de nuestras sociedades, no parecen tener que aplicarse en otras, que carecen sobre todo de defensas.
Las guerras comerciales con Asia se están convirtiendo en un recrudecimiento de los estereotipos contra las personas. En los años 70 el blanco de esto fue Japón, acusado de "copiar" o "imitar" todo. Hoy Japón, por su esfuerzo, es una potencia mundial en muchos sectores. El papel que le tocó padecer a Japón, le toca hoy a China, la segunda economía mundial, con los mismos repetitivos estereotipos.
La primera de las noticias de la CNN nos habla de la irritación causada en China por un anuncio de Dolce & Gabanna con una modelo china:

The Chinese model who starred in a series of controversial Dolce & Gabbana videos has said the controversy surrounding the campaign almost ruined her career.
Speaking out for the first time since November, when the fashion house was forced to apologize over accusations of racism, model Zuo Ye claimed that she received threats, online attacks and harassment following the outcry.
The controversy began when D&G published three promotional videos showing Zuo struggling to eat Italian food with chopsticks. The 40-second spots, which were posted on D&G's Instagram, Facebook and Twitter, were created to promote "The Great Show," which was billed by the fashion house as a "tribute to China."
Zuo was pictured attempting to pick up pizza, spaghetti and cannoli to the sound of stereotypical Chinese music. A narrator is heard offering seemingly patronizing advice such as "don't attempt to use the chopsticks as knives" and "just use your chopsticks like pliers."
A social media storm followed when a number of offensive private Instagram messages -- allegedly sent by the brand's co-founder Stefano Gabbana in response to criticism of the videos -- went viral.
The Italian designer denied writing the messages, which included derogatory remarks directed toward China and Chinese people, and claimed that his account had been hacked.
In a statement posted to Zuo's Weibo account Monday, the model apologized for her role in the controversy. She also offered her account of the incident, claiming that she knew very little about the videos' content beforehand, other than being told it would be "fun."
"I never and would never bear anything disrespectful to my home country," she said. "I'm deeply in love with my country and proud to be a Chinese to send on international runways."*


El reportaje muestra cómo las tiendas de Dolce & Gabbana en Pekín y Shanghái tienen vigilancia por temor a reacciones más allá del boicot a las compras. Es ahí donde duele y donde surgen los arrepentimientos. Los ejemplos de este tipo se suceden en la historia de los últimos años. Aquí hemos dado cuenta de algunas de ellas, como la que afectó a las muñecas barbies, tras la controversia con Mattel, que llevó al boicot de los compradores chinos a los productos de una marca que les responsabilizaba a ellos de lo que era un error de diseño, como se pudo probar después. La brillante y sofisticada House of Barbie en Shanghái tuvo que cerrar tras dos años en picado en 2011.
Pero es muy fácil echar la culpa a China, es ahí donde funcionan los estereotipos que se mantienen a través de los medios. El anuncio de Dolce & Gabbana incurre en el principal error de este tipo de situaciones, la visión de superioridad, la ridiculización. Está tan asumido en Occidente que pasa desapercibido. ¿Dónde está el problema?, dicen, cuando se les advierte de esta mala práctica.


Hay que desarrollar una sensibilidad específica porque estos mensajes están tan metidos en nuestros medios que solo los detectamos cuando nos los aplican a nosotros. Entonces, sí, nos damos cuenta, pero ¿somos capaces de pensar que esta gigantesca maquinaria mediática puede estar ofendiendo a los demás o practicamos como normalidad la "ley del embudo"? Dolce & Gabbana desarrolló un anuncio para un mundo en el que se escucha a Donald Trump decir que todos los problemas del mundo vienen de China, que China se ha inventado el cambio climático, que los productos chinos son de "mala calidad"... ese discurso mediático sirve a los intereses comerciales y se prolonga para mantener el consumo restringido.
¿Vamos hacia guerras de boicots? Probablemente. Los movimientos populistas, antiglobalización, han centrado su discurso en que son los otros los que han creado la situación de crisis, cuando es más bien los contrario. Los responsables de que sus productos se fabrique en China o en cualquier otro lado son los que buscan ampliar su beneficio deslocalizando sus fábricas. Es más fácil y productivo. Con esto, es fácil hacer un discurso xenófobo, en este caso contra China, Corea y Japón. Europa tampoco se escapa a ello (el Brexit ha vivido de lo mismo).


Desde que China ha ido creando una producción propia de calidad, los ataques se recrudecen y cualquier bulo es dado por bueno, como ocurre con los teléfonos Huawei. Me sentí muy mal hace unos días cuando una de mis alumnas chinas se me echo a llorar al decirme cómo, esperando el autobús, se dedicaron delante de ella a hacer pintadas en un anuncio de Huawei, al que han querido convertir en el Gran Hermano los mismos que se tuvieron que disculpar por espiar el móvil de Angela Merkel y otros dirigentes de países aliados. Las grandes fugas de información vienen de las compañías (Facebook, Google...) que son las que controla el sector y las que nos "espían" cada día. No hace falta dar detalles.


Deberíamos ser conscientes que estas informaciones, cuya base son las guerras comerciales, están creando un muy mal ambiente hacia personas que no cometen más pecado que venir a nuestros países a estudiar. Pero eso también está bajo sospecha, según algunos. Vienen a "robar nuestros secretos" a la aulas, nos dicen. Ridículo. Durante décadas hemos recibido gustosamente en nuestros campus alumnos de todas las procedencias. Es ahora cuando parece que nos sentimos atacados. Está creciendo el populismo racista y eso es un enorme retroceso y muy peligroso. ¿Recordamos los ataques contra los turistas en Barcelona el pasado verano, las demostración de "no nos gustas" por los nacionalistas autoerigidos en voz popular? Son síntomas de lo mismo.
He visto muchos tipos de racismo, pero ninguno como el que se está creando en el país que está haciendo del racismo bandera interna y exterior, los Estados Unidos. Eso es lo que está logrando la administración de Donald Trump. Disfraza los choques comerciales con sus dosis de supremacismo blanco y de desprecio hacia lo exterior, ya sean hispanos, afroamericanos o chinos. Los Estados Unidos de Trump están en lucha contra el mundo y los medios no ayudan mucho, sino que se suman a este racismo estereotípico creciente. Afortunadamente ha hecho despertar a la mitad que no le apoya, que no se siente identificado con sus mensajes. Pero, cuidado, las guerras comerciales son cada vez más sucias.


El otro caso del que nos da cuenta la CNN es de diferente naturaleza, pero refleja también un problema en la percepción de los otros:

Noor Tagouri shrieks in delight as she opens the latest issue of Vogue magazine to find a dazzling portrait of herself in head-to-toe Givenchy.
"So cool," she exclaims. "Oh my god, I'm freaking out!"
But the video, which was posted to the journalist and activist's Instagram account Thursday, then takes an unexpected turn. The camera zooms in on a photo caption misidentifying her as the Pakistani actress Noor Bukhari.
"Are you kidding?" she sighs.
In a caption accompanying the video, Tagouri expressed her dismay at the error.
"I have been misrepresented and misidentified MULTIPLE times in media publications -- to the point of putting my life in danger," she wrote. "I never, EVER expected this from a publication I respect SO much and have read since I was a child."
"Misrepresentation and misidentification is a constant problem if you are Muslim in America," she continued. "And as much as I work to fight this, there are moments like this where I feel defeated."
Tagouri later told CNN she wasn't surprised by the mistake and that it happens "more often than not."**


La cuestión va más allá del error, tanto por su frecuencia como por su sentido. Nos dice que ha sido mal identificada y mal representada, es decir, en ocasiones a la foto correcta (caso de el número de Vogue) se le pone un nombre incorrecto; pero también otro, a la foto de otra persona se le pone el nombre suyo, lo que puede resultar muy peligroso en determinadas circunstancias.
Los errores múltiples en el etiquetado de las personas revelan uno de los efectos del estereotipo: no deja ver las diferencias. Una mujer con velo son todas las mujeres con velos, da igual un nombre que otro, una cara que otra. Todo tiende a verse igual. El propio uso de estereotipos es lo que fomenta, la falta de matiz. Los que no son como nosotros son todos iguales.
La periodista ha expresado el abatimiento que le produce esta situación de confusión una y otra vez a través de un tuit:

noor
I’m SO heartbroken and devastated. Like my heart actually hurts. I’ve been waiting to make this announcement for MONTHS. One of my DREAMS of being featured in American @VogueMagazine came true!! We finally found the issue in JFK airport. I hadn’t seen the photo or the text. Adam wanted to film my reaction to seeing this for the first time. But, as you can see in the video, I was misidentified as a Pakistani actress named Noor Bukhari. My name is Noor Tagouri, I’m a journalist, activist, and speaker. I have been misrepresented and misidentified MULTIPLE times in media publications - to the point of putting my life in danger. I never, EVER expected this from a publication I respect SO much and have read since I was a child. **



El problema del etiquetado de las personas es que no percibimos diferencias. Las caras nos parece iguales y los nombres nos suenan igual. Solo un contacto más próximo y, sobre todo, una actitud de menos prejuicios nos permiten identificar a la persona por su nombre correcto. Si todo nos parece lo mismo, es difícil que podamos entender diferencias, matices, contrastes..., es decir, lo que tenemos realmente delante.
El prejuicio y el estereotipo no nos dejan percibir la realidad que tenemos delante. Esta es reconducida hacia nuestra visión previa, de la que no podemos salir. Es como una venda perceptiva, un filtro deformante.
El problema actual es que la información no está sirviendo para establecer matices, sino —por el contrario— para reforzar los estereotipos e incluso crear otros nuevos. Hablaba hace unos días con otra alumna de nacionalidad extranjera. Es periodista. Lleva media vida en España, cuya legua habla mejor que muchos nativos. Su desesperación es que no ven en ella más que una extranjera y se debe ocupar de lo que ellos entienden que se debe ocupar una "extranjera". Por mucho que haga y demuestre (lo hace porque es una buena profesional) siempre será la "extranjera" y no debe entrar en lo que los nacionales entran. Es profundamente injusto y, lo que es peor, no cambiará. Nadie ve en ella lo que es, sino lo que quieren (y les interesa) ver.
Todo esto se está reforzando por los mensajes múltiples desde los nacionalismos populistas, una de cuyas piezas argumentales es la xenofobia. La CNN ha dado la noticia del error, pero lo ha hecho en la sección "Style", con lo que queda reducida a un problema de una revista de moda que se equivocó y no al problema central que la propia periodista señala: es una periodista musulmana norteamericana. Y eso no cuadra en la mente de sus estereotipados colegas, a los que les da igual un nombre que otro, un país musulmán que otro.


Desde hace décadas tengo muchos alumnos extranjeros, de las procedencias más diferentes. A todos ellos, de Méjico a Egipto y de China al Sahara, les agradezco la oportunidad que me ofrecieron de salir de mí mismo, de los condicionamientos culturales tan enormes en los que vivimos sin apenas ser conscientes de ellos. Hoy trabajamos en nuestros seminarios doctorales, en muchas de nuestras tesis, en la comunicación intercultural, lo que implica entrar muchas veces dolorosamente en las condiciones de racismo, de xenofobia, de construcción de estereotipos, en nuestros propios prejuicios. Es algo que nunca reconocemos porque nos parecen naturales, pero cuando te fijas un poco ves cómo va aumentando el nivel de peligro de la convivencia. No trabajamos suficientemente en este problema, que va a más.
Los medios deberían ser conscientes del papel que juegan en la reproducción de los estereotipos y tratar de aprender a informar de otra manera, no fomentando los conflictos interculturales, sino aprendiendo a ver las diferencias existentes entre las culturas, los países, los gobiernos y las personas. No es justo que lo que hacen los gobiernos o empresas lo pague un turista o un estudiante o un trabajador o un inmigrante. Si cuando vamos fuera nos hicieran pagar los errores de nuestros gobernantes y de nuestros antepasados, mejor no salir fuera.
El problema es que hoy la xenofobia y el racismo venden. Lo hacen política y económicamente. Son muchos los interesados en crear conflictos ya sea atacando a las empresas que quieres hundir de otros países. La xenofobia se vende a través de los titulares de los medios, de las noticias que inciden en lo estereotípico. No es información, sino redundancia, vuelta a lo mismo con diferentes caras o la misma, pues tampoco las distinguimos en nuestra cerrada actitud.
La práctica no es exclusivamente occidental. También esta guerra se practica en otras culturas hacia occidente. Pero si sigue esta escalada, los problemas seguirán creándose y aumentando. La violencia se manifestará en unos casos, en otro el boicot. Habrá personas a las que se trate mal, como el caso de los hispanos en Estados Unidos. Gracias al presidente, todos pueden ser etiquetados como delincuentes y una amenaza a la "seguridad nacional" de los estados Unidos. Se seguirá deteniendo a la gente por "perfiles", un eufemismo técnico para camuflar el racismo y sus estereotipos.


Lo que podamos hacer todos, cada uno en su parcela, por corregir los errores debemos hacerlo. No se puede juzgar a las personas por los estereotipos ni por los titulares simples y alarmistas de los medios. Los dos ejemplos vistos nos muestran caras del problema. Las hay de muy distinta factura, pero reflejan el fondo de los problemas. Una campaña publicitaria que se usa para ofender a un país y a una cultura, revela dos cosas, la ignorancia de la riqueza esa cultura
La mejor experiencia de mi vida me la proporcionan las personas de diferentes culturas con las que convivo y trabajo, codo con codo, cada día. Aprendemos unos de otros, sin la prepotencia que caracteriza a algunos desde su supremacismo. El mundo puede ser mejor de lo que es o, al menos, no empeorar.
Me pongo triste cuando mis alumnos me cuentas sus experiencias discriminadoras o racistas. Me siento profundamente frustrado porque no conseguimos desde las aulas cambiar lo que debería ser nuestro objetivo, abrir las mentes a la convivencia y al entendimiento. Hoy parece que se utilizan para lo contrario. Es más fácil ganar simpatía sumándose a los vicios que intentando hacer prevalecer las virtudes. 
Una advertencia: primero te parece malo el que está lejos; luego te vas acercando hasta llegar a tu vecino. Es un problema de actitud, más que de objeto. Una vez que te conviertes en el centro del mundo, todos los demás son bárbaros.


* "Chinese model: Dolce & Gabbana ad campaign 'almost ruined my career'"" CNN 23/01/2019 https://edition.cnn.com/style/article/dolce-and-gabbana-model-zuo-ye/index.html 
** "Vogue mixed her up with a different Muslim woman. She's devastated" CNN 18/01/2019 https://edition.cnn.com/style/article/vogue-noor-tagouri/index.html