martes, 5 de junio de 2018

Aguas del Nilo


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las noticias egipcias se hacen eco de algo que afecta a todos, el precio del agua. La subida es un incremento cercano al 50% del precio del agua, un bien del que nadie puede prescindir y de consumo constante. Es, además, la segunda subida del precio del agua en poco tiempo. Es una subida en medio de muchas otras subidas en elementos como el carburante, con una gran inflación, reducción del valor de la libra, etc.
Egyptian Streets da la noticia con el titular "Drinking Water Prices Increase Nearly 50% in Egypt"* y lo coloca junto a la noticia de las protestas producidas en Jordania ("Economy and Income Tax Law Trigger Nation-wide Protests in Jordan"). Lo que no se puede decir, es mejor sugerirlo.
La presión sobre los egipcios a pie de calle es constante. Desde hace algún tiempo, el destino egipcio parece estar marcado por las aguas. Empezó con la cuestión de la entrega de las islas de Tiran y Sanafir, siguió con la intensificación de los conflictos con los vecinos del sur, Sudán y Etiopía, a costa de la presa Renacimiento y las aguas del Nilo —un contencioso de casi diez años que puede agravarse— y ahora se concreta en la subida del precio del agua.
La cuestión de las aguas dio lugar a uno de los episodios más surrealistas de la época breve de Mohamed Morsi. En un gesto populista, Morsi citó a los representantes de diversas fuerzas políticas a tratar el problema. Los invitados a proponer soluciones hablaron desde las posibilidades de sabotaje de la presa, invasiones, etc. La mala suerte es que no sabían que nadie había dado la orden de cortar la transmisión televisiva que llegó a los estupefactos espectadores del país.
El 6 de junio de 2013, The New York Times titulaba "With Cameras Rolling, Egyptian Politicians Threaten Ethiopia Over Dam" y explicaba:

Egypt’s president, Mohamed Morsi, had some important information to share with a room full of politicians who, believing they were in a secret meeting, had just laid out all the covert ways that their country could stop a Nile River dam project in nearby Ethiopia: they were on live television.
Mr. Morsi convened a meeting of political leaders from both Islamist and secular parties on Monday to discuss the potential impact of a proposed Ethiopian dam on Egypt, which views access to the waters of the Nile as a vital national interest. Unaware that their words were being broadcast live on a state-owned television channel, many of those seated around the table said the dam was in fact a secret American and Israeli plot to undermine Egypt that must be stopped at all costs.**


Es uno de esos episodios que son difíciles de creer, pero que están ahí para uso de guionistas y martillo de escépticos. Debe haber algún mecanismo evolutivo implicado en la tendencia egipcia a ver en todo una conspiración norteamericana y sionista. Es la explicación más fácil y socorrida, pero casi nunca resuelve ningún problema real, como ocurre con la cuestión del agua.
El problema del agua es una vez más de desatención y de deterioro progresivo. Egyptian Streets, además de recoger las subidas del agua, cierra su información con estas oscuras estimaciones de futuro:

In April, Egypt’s Minister of Irrigation Mohamed Abdel Atty said that Egypt suffers a shortage of water that reaches 54 billion cubic meters, and it needs a total of 114 billion cubic meters in order to cover its needs from water for agricultural, industrial and households needs.
Additionally, highlighting the looming problem of future water scarcity in Egypt, a report published by the BBC suggested that Egypt’s capital of Cairo is most likely to run out of water due to the untreated agricultural and residential waste.*


La BBC, en efecto, ha dedicado bastantes artículos a la cuestión que define como la "guerra del agua". La cuestión de la gran presa que Etiopía está construyendo beneficia al siguiente país, Sudán, que ve cómo la construyen en la misma frontera. La función de la presa es dotar al país de energía propia y acelerar su desarrollo. Para Egipto, es una cuestión de "seguridad nacional" ya que considera intocable cualquier cosa que afecte al Nilo, que ven como propio. Pero el Nilo nace donde nace y acaba donde acaba.
Con el titular "The 'water war' brewing over the new River Nile dam", la BBC señalaba en febrero:

Negotiations between Egypt and Ethiopia are not going well.
The discussions aren't even at the stage of assessing the impact, but are still about how that will be determined.
Sudan and Egypt are also at loggerheads over how much water Sudan uses - and how that amount may increase when the dam is finished.
The irony is Egypt did in the 1960s exactly what Ethiopia is doing today, when it built the Aswan High Dam.
For a revolutionary post-colonial country it was a proud national achievement, and Ethiopia sees it in the same way.***


Pero estas ironía solo son perceptibles desde fuera. Desde dentro Egipto tiene una percepción muy distinta. Los problemas actuales del agua no están afectados por Etiopía, sino por su propia economía. Es el orgullo egipcio el que le impide descansar tranquilo sabiendo que el flujo del Nilo está controlado por una obra gigantesca que hace palidecer lo que fue la presa de Aswan. La gran presa del Renacimiento es algo más que una obra, es un concepto concretado en su nombre.
Desde el punto de vista del régimen egipcio que se presentan como un "gran salto adelante" ante el pueblo, la sensación de ser desbordados por Etiopía es demasiado fuerte para ser aceptable, lo que explica en parte la ira de los convocados por Morsi a la reunión a puerta cerrada con cámaras abiertas. La presa sigue adelante y, como señala la BBC, no van bien las negociaciones. Todo conflicto sobre aguas es siempre complejo porque hasta que se llega al mar siempre hay un orden en el curso del río. La cuestión es, como señala la BBC, ¿por qué Etiopía no puede hacer lo mismo que hizo Egipto para su propio desarrollo?


Al problema de la cantidad de las aguas le sigue ahora el de los precios del agua, que no es menor. En un futuro ambos problemas pueden converger en uno solo si se responsabiliza a Etiopía y Sudán del precio y escasez del agua, algo que puede no tardar en suceder.
La publicación Polity analizaba la situación en 2017 y señalaba:

With its national livelihood depending on the Nile, it’s difficult to anticipate what Egypt’s reaction might be should Ethiopia proceed with its plan to fill the dam. Egyptian Foreign Ministry spokesman Badr Abdelatty recently told Reuters that Egypt had ‘no other resources … we will not allow our national interests, our national security to be endangered’. This brings back memories of former president Mohamed Morsi’s ominous 2013 speech, in which he declared that if the Nile ‘loses one drop, our blood is the alternative’.
Analysts at the Texas-based consulting group Stratfor have concluded that Egypt’s reaction will, in part, be determined by its political leadership. But they also stress that ‘whatever its political inclination, a large-scale reduction in water from the Nile would be intolerable to any Egyptian government’.****


Entre la reacción teatral de Mohamed Morsi y los acuerdos que busquen una solución política a la cuestión hay muchas posibilidades. Pero sí es interesante la observación del "liderazgo" realizada por el grupo Statfor. En efecto, si la situación interior es muy complicada —económica, política y socialmente— es posible que el poder egipcio vuelva a la "cuestión de la seguridad nacional", a la "gota de sangre", la "conspiración norteamericana e israelí", etc. Es decir que cubra sus propias carencias buscando un enemigo exterior al que responsabilizar del estado interior. La presa Renacimiento parece una gran excusa política.
Etiopía ha ido estableciendo alianzas de venta de energía a los países vecinos, por lo que tiene un gran respaldo, incluido Sudán que no era partidario al principio. Egipto, por el contrario, no se ha movido de sus posiciones, algo característico. es más, ha abierto contenciosos con Sudán por una franja de tierra. No es la mejor política cuando vives río abajo complicarte la vida con las gentes de río arriba.




* "Drinking Water Prices Increase Nearly 50% in Egypt" Egyptian Streets 3/06/2018 https://egyptianstreets.com/2018/06/03/drinking-water-prices-increase-nearly-50-in-egypt/
** "With Cameras Rolling, Egyptian Politicians Threaten Ethiopia Over Dam" The Neww York Times 6/06/2013 https://thelede.blogs.nytimes.com/2013/06/06/with-cameras-rolling-egyptian-politicians-threaten-ethiopia-over-dam/
*** "The 'water war' brewing over the new River Nile dam" BBC 24/02/2018 http://www.bbc.com/news/world-africa-43170408
**** "Downstream costs of the Grand Ethiopian Renaissance Dam" Polity 26/07/2017 http://www.polity.org.za/article/downstream-costs-of-the-grand-ethiopian-renaissance-dam-2017-07-26


2013


lunes, 4 de junio de 2018

El segundo mandato o por pedir que no quede


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La toma de posesión el sábado del segundo mandato del presidente egipcio, Abdel Fattah al-Sisi, ha servido para que muchos hayan aprovechado para manifestar las prioridades de las demandas para intentar salir del agujero en el que los egipcios viven desde hace tiempo. La doble crisis de la violencia y la inestabilidad, por un lado, y por una crisis económica por efecto de la depreciación brutal de la libra y el incremento de la inflación, más la retirada de los subsidios no han dado respiro a la población.
En el momento de afrontar el segundo mandato, la prensa egipcia no ha podido evitar sacar a la luz lo que le piden al presidente, más que al gobierno. Ya hemos hablado de ese doble papel que juega el gobierno: por un lado está seleccionado por el presidente, pero por otro existe una distancia que permite dirigir las críticas a los ministros preservando la responsabilidad última del presidente en otra dimensión superior. Es una forma de preservar la figura presidencial, en una mentalidad mesiánica que percibe la presidencia como un don.
Sin embargo, las peticiones han ido directamente hacia la presidencia. Son artículos que anticipan los peligros en una situación cada vez más oscura por más que la propaganda trate de mantener la luz encendida.
Con el título "Op-ed review: Al-Sisi’s second term promises need to be implemented through responsible executive, political powers", la edición digital del Daily News Egypt realiza un resumen de los temas tratados en la prensa con motivo del inicio del segundo mandato el pasado sábado.
Amira El-Fekki comienza por los diarios estatales:

In state-owned Al-Ahram, Morsi Attallah wrote that it is the responsibility of political and executive powers to have the courage to be honest like the president, to tell people what is really happening on the ground regardless of whether it will generate backlash from public opinion. He added that the current phase needs enlightened thoughts and a free, informative media, and that he hopes Al-Sisi’s second term will overcome the inability to balance between preserving security and allowing free circulation of information.*


La distinción entre el presidente y los gobiernos vuelve a ser esencial, poniéndolo al primero por encima de los segundos. La presidencia es intocable y significa el límite. De ella salen las instrucciones sobre lo que hay que cambiar; el gobiernos debería cambiarlo. La crítica cae sobre los gobiernos, dejando al margen a la presidencia.
La necesidad de verdad en la vida egipcia, solicitada en esta primera reseña, se impone como urgente. Pese al temor, se nos dice, a la reacción popular, la verdad de la situación debe ser dicha. Difícilmente se podrá esto cumplir si la vida diaria está salpicada de cierres de medios, su bloqueo o la presión para eliminar las críticas, algo que ha caracterizado intensamente el primer mandato y lo sigue haciendo.
La lucha con los medios ha sido una constante en el periodo anterior y es difícil que esto cambie. La presión sobre los medios independientes es brutal, quedando completamente anestesiados, como ha ocurrido con Al-Masry Al-Youm tras el incidente en la campaña electoral, con el despido de su director y la llegada de otro que ha reducido el periódico a una balsa de aceite.
Amira El-Fekki recoge las opiniones de un segundo artículo en Al-Ahram, firmado Abdel Azim Al-Bassel,  en el que señala que el gobierno

[...] should translate Al-Sisi’s orders into a working programme, and that what people expect from the president in his second term is to continue his campaign against corruption, the rule of law to be applied to high-ranking officials before ordinary citizens, and a more speedy justice system.*


De nuevo, se responsabiliza al gobierno por no cumplir las "órdenes" presidenciales en "programa" gubernamental. La visión militar de la orden y de la eficacia en cumplirla es la que está presente en este tipo de declaraciones. Surge de una idealización del poder en el que las palabras se transforman en hechos. Sin embargo, las órdenes del presidente son de una obviedad pasmosa, de una sencillez infinita. Tiene más del "¡hágase!" que de otra cosa. Y no todo lo que se dice se puede hacer si faltan los recursos necesarios. Pero para muchos egipcios, el hecho de que no se realicen las órdenes presidenciales es por negligencia y no incapacidad. Eso no quita que muchos ministros no sean precisamente los más apropiados para realizar las labores adecuadas. Al-Bassel acaba pidiendo la mejora del sistema educativo, del sanitario, etc. Es algo que todos perciben en su deterioro. Pero, por supuesto, nadie sabe de dónde sacar los recursos.


Un tercer artículo en el diario Al Ahram, titulado "Mensaje al presidente", de Mourid Shoby, incide de nuevo en que no sean los pobres los que paguen todo. Va más allá y reclama que «there should be serious administrative reform to end corruption and officials who are able to think out of the box solely for the well-being of the people.» La crisis cae siempre sobre los más débiles y a ellos se les aplica la medicina. La petición de atacar la corrupción del estado choca con el caso de Hisham Geneina, el auditor que trató de combatir la corrupción poniendo cantidad a sus efectos. El resultado fue su despido y encarcelamiento acusado de difamar al estado. Es difícil que se luche contra la corrupción si poner en evidencia el hecho tiene estos resultados. Es cierto que ha habido detenciones, pero también que se han abierto las puertas de los que estaban detenidos tras las condenas por corrupción durante el régimen de Hosni Mubarak. Esto ha hecho creer en la impunidad de los corruptos, cosa cierta en muchos casos.
Los objetivos de los medios privados son de otro estilo, si bien siguen pidiendo para el segundo mandato reformas y aperturas:

Likewise, editor-in-chief of Al-Shorouk newspaper, Emad El-Din Hussein, focused more on the need for political openness, saying those who defended that cause have finally imposed their logical demand on the president’s agenda, which was reflected in Al-Sisi’s words: “I am president for all Egyptians, whether they supported or opposed me.” To Hussein, a comprehensive development strategy cannot overlook political plurality and human rights, and he called for democracy.*

Es difícil que la idea de al-Sisi de ser el "presidente de todos los egipcios" pueda traducirse en una apertura democrática en el segundo mandato. Es más bien una operación retórica en la que "opposed me" tiene un efecto muy relativo. Una vez más, las palabras y los hechos entran en contradicción. El recrudecimiento de la intolerancia se ha traducido en el primer mandato en detenciones a críticas tan tontas como lo ocurrido a la cantante Sherine y su broma sobre no beber las aguas del Nilo. Si a uno le pueden detener por eso, ¿qué ocurre en los casos reales de oposición? Lo que ha dicho Abdel Fattah al-Sisi es que es el presidente de todos los egipcios, les guste o no. Eso se acerca más a una realidad dura en lo político.
Es cierto que las peticiones se centran en aquello que ha brillado por su ausencia en el primer mandato, pero los deseos de la gente no son el programa del presidente. Las carencias pueden seguir siendo carencias. Al menos, el presidente sabe lo que muchos echan de menos.

El último artículo citado en la reseña de prensa proviene también el diario privado Al-Shorouk e incide en un tema que sigue produciendo titulares hoy mismo:

However, Al-Shorouk’s Mohamed Saad Abdel Hafeez warned of the reconstruction of the dissolved ruling party, in reference to the Mubarak-era’s National Democratic Party, as different figures from the pro-state Egypt Support parliamentary coalition have tried to join another pro-state political party, Nation’s Future. Abdel Hafeez said such political plans would without doubt lead to the same practices of dictatorship of pre-25 January 2011.*

Aquí ya no hay petición, sino advertencia. Y que, en efecto, el futuro del régimen comandado por Abdel Fattah al-Sisi es el pasado de Mubarak, un régimen mediante el que sobrevivió treinta años.
El movimiento parlamentario de creación de un partido abandonando cada uno el suyo para configurar una fuerza que proponga su gobierno al presidente no hace avanzar la democracia en ningún sentido, solo se retrocede a las estrategias que dieron consistencia a Mubarak, del que todos se rieron pero al que todos desean imitar.
La cuestión que se planteó al día siguiente de las elecciones es cómo lograr que pase por normal lo que desean: el tercer, cuarto, etc. mandato. Mubarak lo hizo vía excepción. Ahora habría que cambiar la constitución que se hizo precisamente para evitar a los militares en el poder. La opción de que otro militar ocupara el poder es la más sencilla sobre el papel, pero lo más complicada en la realidad. ¿Quién sustituye al insustituible? Por ello se están poniendo los cimientos de una nueva dictadura a la vieja usanza: presidente eternizado en el poder y un partido amplio que permita el apoyo desde el parlamento, que dé ministros y altos cargos, que cree una red clientelar por abajo permitiendo que muchos rentabilicen su apoyo a la presidencia. No hace falta inventar nada; ya está hecho. 
Las peticiones y la advertencia servirán de muy poco. La confianza en poder controlarlo todo siempre es consustancial al poder en Egipto. No piden demasiado, pero eso ya es mucho si no se sabe, puede o quiere cumplir. Carencias hay muchas y es natural que los egipcios pidan. Sin embargo, no es lo que ha caracterizado al poder.
La prensa internacional se hace eco del segundo mandato de una forma muy diferente. Ya no son peticiones o advertencias, sino claras denuncias del camino recorrido y de la situación creada. El régimen se va pareciendo cada vez más al pasado egipcio, que ya sabemos cómo terminó.


* "Op-ed review: Al-Sisi’s second term promises need to be implemented through responsible executive, political powers" Daily News Egypt 03/06/2018 https://dailynewsegypt.com/2018/06/03/op-ed-review-al-sisis-second-term-promises-need-to-be-implemented-through-responsible-executive-political-powers/

domingo, 3 de junio de 2018

La aritmética política


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La nueva forma de entender el mundo de la acción política no busca ya soluciones a los problemas sino nuevos problemas más manejables o que confieran alguna ventaja. Eso es lo que parece desprenderse de la lectura rápida de lo ocurrido en España estos días.
Todo lo hecho ha sido constitucional, dice todos. Pero eso no significa que sea bueno per se o funcione. Estamos en un estado de derecho y las cosas se pueden hacer de muchas formas. Esta es una de ellas. Nada más. Cada cual tendrá sus perspectivas y valoraciones, pero el estado funciona y sus instituciones también.
Rescatábamos hace unos días la idea de Hanah Arendt sobre la política como arte de conseguir el poder diferenciándola del de vivir en común, que era la original, nos decía. Bien, pues los que querían el poder ya lo tienen y los que lo tenían no. Lo que ocurra ahora está abierto a todo lo posible, sin que eso signifique que sea mejor necesariamente. Como señalamos, es una vía atípica que implica que han fallado las normales. Y la democracia es sobre todo la búsqueda de un estado de normalidad como forma de vida.
La posibilidad de una moción de censura estaba presente desde el día siguiente a las elecciones generales. La aritmética manda y cada uno tiene lo que tiene. Da la impresión que se esperaba la ocasión para justificarla ante el pueblo soberano. Curiosamente no ha sido la situación del 155 en Cataluña y el previsible contagio al País Vasco; lo que la ha producido sino el "viejo caso Gürtel", al menos en apariencia.

Hay muchas cosas sorprendentes en esta moción, la primera que prospera en la España democrática. La primera de ellas es el tratamiento mediático: todos apuntan a que Pedro Sánchez es una especie de víctima de las circunstancias, que no quería realmente, pero... Es en los peros en donde comienzan las interpretaciones. Para unos, la presión de Podemos con la amenaza de presentar otra moción y dejar a los socialistas en la tesitura de apoyarla o no, ha sido decisivo. Para otros ha sido el cálculo de rentabilizar los errores del gobierno lo que ha lanzado a Ciudadanos a dejar caer a Rajoy y sacar al Partido Popular del poder. Para otros, la moción ha sido la forma de quitar a Rajoy del medio por parte de los nacionalistas, dejando fuera a los más reticentes a hablar con ellos. Hay interpretaciones para todos los gustos y no tienen porqué ser incompatibles.
Hay quienes dicen que Rajoy podía haberlo parado de dos formas: convocando elecciones antes de que se presentara la moción (con muy malos sondeos) o simplemente dimitiendo, lo que le dejaría en una posición insostenible en la Historia: el primer presidente que cesa en la democracia española por un escándalo de corrupción, una especie de Nixon a la española, poco más o menos. Es comprensible que Rajoy prefiera pasar a la Historia como el presidente al que tumbaron entre todos que como un villano. El elogio que le ha dedicado Angela Merkel es suficiente en estos momentos.


La moción de censura abre una serie de interrogantes. El primero es moral. Afecta al comportamiento y responsabilidad de los partidos al mantener una política errónea sobre la corrupción y su propia financiación, un modelo que se debe erradicar de la vida española de una vez por el bien de todos. Los partidos —todos— deberían empezar a solucionar ese efecto llamada a los sinvergüenzas y delincuentes. Podemos creer que a) todos los políticos son delincuentes, b) que la gente es honrada hasta que llega a los partidos y se pervierte o c) que la mala organización de los partidos atrae a este tipo de individuos que acaban tejiendo sus redes clientelares. Las dos últimas explicaciones piden soluciones a los partidos a un problema que convierte la política en un rifirrafe continuo que crispa a la sociedad, la divide y convierte las alianzas políticas en motivo de estigmatización. Son los temores al populismo callejero y de redes sociales, que piden sangre, los que eliminan cualquier viso de acuerdo sobre grandes temas.
Los ciudadanos tienen que tener claro que esto no es un mero asalto al poder, sino la ocasión de producir una purga en los partidos para poder liberarse de los males crecidos en estos años. La moción debería suponer un cambio en las mentalidades, una rectificación del camino. Todos queremos partidos limpios, actitudes claras, condenas reales y no palabrería, tarde y mal.
Los que ven la moción como una forma de acceso al poder hacen un flaco servicio a la democracia. Lo ocurrido en Italia es una muestra de lo que no debe ocurrir en España. No se pueden producir acuerdos contra natura porque es anteponer el poder de los políticos a los deseos de los ciudadanos. No es solo aritmética, son principios básicos para gestionar lo que es del pueblo y que los políticos y sus partidos solo gestionan. Los partidos tienen que cambiar. Eso es una exigencia común y constante
Una moción de censura de estas características necesita de una reflexión sobre los costes presentes y futuros. Presentes porque ya ha divido a la sociedad y futuros para evitar que se repita este proceso, que solo debilita la confianza en la clase política y arrastra hacia los radicalismos que son una amenaza por todas Europa.

Es esa clase la que ha creado el máximo problema de este país. Lo ha hecho para tapar su propia ineficacia en resolver el gran problema nacional: el destino de la próxima generación, la que ha padecido la crisis económica y ha sido sacrificada proletarizándola. Toda energía que no vaya en esa dirección por parte de todos será una forma de entender la política que nadie considerará adecuada.
Las maneras políticas son otra cuestión. Llevamos años señalándolo: la entrada de una forma de hacer política efectista, de cara a la galería, peleona, insultante y estigmatizadora no es la solución a nuestros problemas comunes. Se empeñan en que no convivamos. Puede que sea la que guste a los que están deseando salir a la calle. Pero no es allí donde se hace la política en una democracia real, sino en las instituciones precisamente para evitar el enfrentamiento.
La política, los partidos, deben hacer serio examen de conciencia. Los medios, en cambio, hablan ya de las luchas intestinas para acceder al poder. A la historia  le gustan mucho las ironías y puede que se produzcan algunas pronto.
Ver una moción de censura como una victoria de unos sobre otros, ya lo dijimos el otro día, es un catastrófico error, solo posible en irresponsables. Es un fracaso colectivo que implica a todos los partidos por su incapacidad de encontrar soluciones a los problemas que la sociedad les demanda. Los problemas no están para aprovecharlos, sino para remediarlos y eso les compete a todos.
Cuando algunos han considerado el gobierno de Pedro Sánchez inviable han tenido en cuenta que la moción que ha facilitado acceso al gobierno no puede ser un acuerdo de futuro, sino solo una destrucción del presente. No es posible mantener con acuerdos a los grupos que sí se han puesto de acuerdo, aunque por motivos diferentes, para sacar al Partido Popular. En ese sentido, no ha habido un programa real, que es la base de la moción constructiva, como han resaltado los medios.
En los próximos días y meses veremos cómo se escenifica esta nueva situación. Lo que sí está previsto es que el gobierno de Sánchez tiene las manos más atadas que el de Rajoy y que nadie va a hipotecar su futuro por él. Sobre el papel, la aritmética funciona, pero la aritmética política tiene muchas reglas no dichas o efímeras. Los cálculos que cada uno haya hecho tendrán que comprobarse en la realidad.



sábado, 2 de junio de 2018

Las fotos molestas


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las fotos son muy importantes en política; para algunos, todo. Con una buena foto se pasa a la historia. Antes se apostaba por las grandes frases, pero con lo indocumentada que está la gente últimamente, se la acaban atribuyendo a otros, creyendo que es un refrán o váyase usted a saber. ¡Hay tanto ignorante! Una buena foto, en cambio, acaba en los libros. Primero se pone la foto y luego le crece el texto alrededor.
Así debe pensar Donald Trump, que está como loco por hacerse con la foto con Kim Jong-Un y testimoniar ante el mundo que ha sido él el que ha acabado con el "problema" de Corea del Norte. 
Acostumbrado a los shows y no a la política, para Trump el mundo es un espectáculo. Mucho más allá que Ronald Reagan, que era actor (malo, pero actor) y se curtió como gobernador de California, Donald Trump es un showman egocéntrico que se ofrece a sí mismo como regalo a las audiencias. El espectáculo es él. Y las fotos el recordatorio para la historia.
Cuando fue a Oriente Medio, se hizo una foto con el rey Salman y con el presidente egipcio, Abdel Fattah al-Sisi. Con las manos puestas sobre una especie de globo terráqueo luminoso, voceó al mundo que ya estaba allí y que se resolverían todos los problemas como si fuera un predicador sureño en una sesión de "revival", levantando enfermos de sus camillas, devolviendo la luz a los ciegos y el oído a los sordos. Pero o no les pagó lo suficiente o Dios no estaba de su lado, algo comprensible. 
Tras su paso nada quedó arreglado sino en un embrollo mayor, que terminó de enredarse con la búsqueda de otra foto, el traslado de la embajada norteamericana a Jerusalén desde Tel-Aviv. La foto no salió bien y acabó mostrando las decenas de muertos palestinos que su inconsciente idea ha causado. El conflicto no solo no se arregló sino que ha llevado al borde de otra entifada. La foto sirvió de poco.


La Rusia de Putin parece empeñada en chafarle las fotos con las que pasar a la historia. Después de elevar el nivel de peligro en las relaciones con Corea del Norte, la siguiente foto era "arreglar" los estropicios. La foto era la cita con Kim Jong-un en la que el apretón mostrara al mundo que ya estaba a salvo después de su intervención. Sin embargo, una vez comprendido el modus operandi, la forma de controlar sus pretensiones de posado son fáciles. Los juegos de la cita o no cita han quedado reventados ante la sorprendente apertura del líder norcoreano de tercera generación. Ha decidido recibir a todo el mundo, como quien dice, antes que a Trump, que ha quedado en evidencia.
El diario El País nos da cuenta de la visita de Serguéi Lavrov y el estrechamiento de manos, otra foto adelantada. El encuentro tiene, además, un marcado acento antinorteamericano:

El jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov, ha invitado al líder norcoreano Kim Jong-un a viajar a Rusia. "Estaremos encantados de recibirle", ha dicho Lavrov a Kim este jueves durante su visita a Pyongyang, según un comunicado publicado por el Ministerio ruso de Asuntos Exteriores. Por su parte, Kim, quien ha destacado que se reúne con el canciller ruso por primera vez pero confía en que este encuentro sirva para estrechar más los lazos entre Moscú y Pyongyang, ha elogiado la política del presidente ruso, Vladímir Putin, para contrarrestar "la hegemonía de Estados Unidos".*


Con estas sencillas palabras, Kim Jong-un deja fuera de juego a Trump y sus pretensiones con la foto. Ya no se trata de Trump salvando al mundo del peligro norcoreano, sino de lo contrario, de los peligros del imperialismo norteamericano que debe ser contrarrestado por la unión de los demás.
Es lo mismo que Trump ha conseguido en Irán, es decir, tener en contra a todos y conseguir que Vladimir Putin se lleve el gato al agua. Hace mucho tiempo que Serguéi Lavrov le gana la partida a sus colegas norteamericanos, incluidos Hillary Clinton y John Kelly, no hablemos ya de los Secretarios de Estado de la época Trump, desbordados por su propio jefe, muchas veces sometidos al ridículo del desmentido o del cambio de planes. Lavrov, en cambio, es capaz de poner la misma cara desmintiendo que Rusia tenga algo que ver con lo que ocurra en Ucrania o para defender a Bachar al-Assad. 
El encuentro de Trump con el presidente de Corea del Norte, si es que produce finalmente, no va a ser el que le permita a Trump presentarse como el líder del mundo, sino en el que va a ser mostrado como un peligro mundial, un desestabilizador de la paz. De eso ya se está en cargando el propio Kim Jong-un:

"Valoro altamente que el presidente Putin contrarreste la hegemonía de Estados Unidos. Ustedes actúan con decisión y nosotros estamos siempre listos para intercambiar opiniones con Moscú respecto a la situación en la península coreana", ha dicho Kim al comenzar la reunión en Pyongyang. "Usted está visitando nuestro país en un momento muy significativo, cuando la situación en la península coreana está cambiando radicalmente y se dirige hacia unas negociaciones en consonancia con los intereses de los pueblos" de las dos Coreas, ha añadido, en referencia a las conversaciones que está manteniendo con el presidente surcoreano, Moon Jae-in.*

De esta forma, se desplaza la atención de Trump tanto hacia las dos Coreas como agentes de su propia relación y destino, como hacia la relación con Rusia, a la que se apoya explícitamente en sus actividades de frenado de las pretensiones hegemónicas norteamericanas. Trump está obligando a todos a acercarse a Rusia o, si se prefiere, Rusia aprovecha los distanciamientos que Trump provoca con sus ínfulas y malos modos amenazantes. Kim Jong-un conseguirá que sea él quien parezca controlar a Trump y no al contrario. El peligro para medio mundo son los Estados Unidos, un desestabilizador en estado puro con Trump en el poder. El caso de Irán es claro.
Europa queda en una situación compleja, con una guerra abierta con ambos —con Rusia por las sanciones y con Trump por las sanciones arancelarias—. Es preocupante (y revelador) que la unión de la ultraderecha y de los populistas de izquierda en Italia tenga como primer fruto el acuerdo del levantamiento de sanciones a Rusia tras la invasión de Ucrania y la anexión de Crimea.


Este último aspecto es el importante tras muchas otras jugadas rusas. La intervención de Rusia en Ucrania es el punto de partida de estrategia de división de la Unión Europea y lo que ha hecho acrecentarse sus apoyos a los movimientos antieuropeos, incluidos los apoyos a Trump como agente desestabilizador mundial, algo que se ha revelado como de importancia para los planes rusos de recogida de los daños causados por la catastrófica política norteamericana.
Las fotos de Donald Trump compondrán un álbum sombrío por el que será recordado cuando pase definitivamente. El mundo tardará años en recuperarse de sus errores y de una política que, centrada en Estados Unidos, tendrá unos efectos nefastos. Norteamérica no se aísla, está siendo aislada. La idea de crear o reavivar focos de tensión para después presentarse como gendarme del orden mundial tiene un límite y un destino desastrosos si se comete un error de cálculo.


Estados Unidos, Trump va a quedar fuera de muchas fotos porque una vez que se ha entendido el protagonismo de Trump, frustrarlo en lo personal es fácil. Es lo que hizo Enmanuel Macron cuando le hizo el truco de dorarle la píldora para después soltar un discurso anti intervencionista en las cámaras norteamericanas. Macron fue astuto. Y le robó la foto. 
RT, el canal de Putin, recoge, con cierta sorna en el titular, la voz de Trump "No me gustó el encuentro de Lavrov con Kim Jong-un" (Rusia Today 1/06/2018). Pues de eso se trataba.


* "Lavrov se reúne con Kim Jong-un en Pyongyang y le invita a viajar a Rusia" El País 1/06/2018  https://elpais.com/internacional/2018/05/31/actualidad/1527760684_917946.html



viernes, 1 de junio de 2018

La puerta chica


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Se están escenificando en estos momentos los últimos actos previos a la votación de la moción de censura contra el gobierno del Partido Popular. No es una sorpresa, sino el fin previsto a una mala gestión de una línea que se tenía que haber resuelto hace mucho tiempo para evitar llegar a esta situación. Una moción de censura no es algo que se limite a mero juego parlamentario, no es una simple ejecución de una aritmética. Es mucho más.
Se da en un espacio, el parlamentario, pero también en un tiempo, el momento histórico en el que se presenta. El gobierno y su cabeza han incurrido en una serie de errores garrafales desde hace años, desde que la corrupción saltó al escenario de las principales preocupaciones ciudadanas. Desde hace años repetimos que la incapacidad de encontrar una solución política a lo que era un caso político en todos los ámbitos tenía unos efectos perniciosos sobre la vida política haciéndola girar sobre el entrecruzamiento con otras líneas más complejas.
Mientras haya mayorías absolutas, se viven periodos de tranquilidad en los banquillos de autonomías o en los del parlamento nacional. Actúan como defensa frente a los reproches. En el caso de la debilidad por el reparto de votos en las elecciones últimas, solo era cuestión de tiempo.
La lógica es implacable: si no se resuelven los problemas, se pierden votos; si se pierden votos, los problemas te devoran. No es otra cosa lo que le ha pasado a un ciego Partido Popular. La ceguera es un terrible mal político. Lleva a estrategias erróneas, a escoger mal el remedio para los problemas, que se acumulan.
Y el remedio del Partido Popular, aquella estrategia, del "cómo van a votar juntos X y Z" o de "cómo le van perdonar sus votantes que se apoye en Z" ha dejado de funcionar. Hoy han votado sin pudor o sin escrúpulos los que pareciera que no lo harían juntos nunca.


Eso es lo que abre la segunda parte de la cuestión: los costes o resultados de todo esto. Para el partido que sale del gobierno por la puerta infame de la censura, ningún momento es bueno. Pero eso no significa que esto no tenga costes para todos. Una moción de censura puede llevarte al poder, pero no significa más que un fracaso del sistema en su conjunto. Por más que sea constitucional es una forma que implica la incapacidad de resolver una crisis.
La unión de los votos necesarios plantea a muchos las hipotecas de futuro ante una situación del país sometida al desafío secesionista entre otros retos. Si la estrategia señalada anteriormente, "cómo va a votar juntos", ha fallado al Partido Popular, muchos se preguntan por lo solícito del nacionalismo para aportar su granito de arena a la caída de Mariano Rajoy.


Es interesante ver en los diarios de hoy cierta coincidencia en ver esta moción de censura como un desastre inoportuno y fatalista. Inoportuno porque crea de desunión en un momento de necesidad de unidad y fatalista porque Mariano Rajoy se lo ha ganado a pulso arrastrando hacia los que ya no podían dejar pasar ni la ocasión ni el compromiso.
Es difícil encontrar otro político como Mariano Rajoy, al que aquí hemos calificado como "tautológico". La situación se agravaba con una primera línea de defensa que nunca ha buscado construir sino destruir los ataques a la inacción tautológica de su presidente. Eso dejó de funcionar cuando se puso la sentencia sobre la mesa y el momento en que hablaron los jueces dejó absurdas las excusas.
Las críticas desde fuera del parlamento no van solo a un presidente ausente de la sala en la que se está hablando de su futuro y del futuro del país y, de hecho, del futuro el partido que preside. Van a todos, a cada uno en su papel.
Los dos grandes partidos de la transición española son víctimas de la ceguera, no han entendido que la pérdida de sus votos, que el surgimiento de grupos políticos a su sombra que les desbordaban, se producía por su incapacidad de resolver sus problemas sin que tuvieran que intervenir los jueces. La lentitud de los casos, la aparición de "nuevos viejos casos" (la detención de Zaplana), etc. han convertido el acto de gobernar en un calvario y el de ser oposición en un combate de artes marciales.
Poca política queda... o quizá toda, ya que no es fácil considerar política lo que llevamos un tiempo viendo. No se puede estar mucho tiempo tirando del hilo se que se rompa. Y se ha roto.
Leer y escuchar a los comentaristas sobre lo que se está escenificando es interesante y no dejan de sorprender la contundencia de los reproches a unos y a otros. Escribe Javier Ayuso en El País:

Los socialistas han recuperado en apenas diez días todo lo que habían perdido en los últimos años: han retomado la iniciativa para manejar la agenda política en nuestro país. Ha sido una buena operación de Pedro Sánchez cuando las encuestas le situaban en una clara posición de debilidad. Un movimiento muy positivo, no solo para el PSOE, sino para los intereses generales de los españoles que han visto cómo se pone fin a un gobierno manchado por la corrupción.
Hasta ahí, todo bien. Sin embargo, no está tan claro que un gobierno débil sometido a los vaivenes de unos socios peligrosos (Podemos, ERC, PdCat, PNV, Bildu...), vaya a contribuir a estabilizar o regenerar nada. ¿No hubiera sido mejor negociar una fecha para convocar elecciones generales, más pronto que tarde, para que sean los españoles los que decidan quién quiere que lidere el proceso de estabilización y regeneración institucional?
Llevamos dos años empantanados en una legislatura que no ha sido capaz de sacar adelante leyes (salvo los presupuestos, salvados a golpe de talonario), ni solucionar los graves problemas que tiene España; sobre todo, el de Cataluña, cuya gestión ha sido nefasta. Es la hora de que voten los ciudadanos y sienten las bases de un nuevo gobierno capaz de hacer esa política de diálogo y de consenso que anunció ayer Sánchez.
El problema es que todos los partidos, sin excepción, están poniendo sus intereses particulares por encima de los generales. Y tan poco deseable es mantener un gobierno sin credibilidad ni legitimidad como el del PP, como prolongar por mucho tiempo un ejecutivo débil que solo pueda navegar al pairo queriendo contentar a todos los socios que le han permitido llegar a La Moncloa. Pedro Sánchez tiene ante sí la enorme responsabilidad de hacer compatibles sus intereses partidistas con los de los españoles.*


El gobierno de Sánchez se percibe como un despropósito por la heterogeneidad y lo efímero de sus apoyos ante cualquier decisión. En realidad no es una moción por el caso Gürtel, sino la ocasión del nacionalismo y los populistas de desprenderse del Partido Popular. Como tendrá ocasión de comprobar pronto Sánchez no tienen nada que celebrar. El acuerdo es válido para destruir, por razones diferentes, pero de imposible coincidencia de futuro, salvo que Sánchez enloquezca o los nacionalistas y populistas vayan a Lourdes. El objetivo pues —determinado por la aritmética— no es construir sino destruir, acabar con una situación que ha sido imposible sostener. La responsabilidad es de Mariano Rajoy, sin duda.
No se puede separar el partido del gobierno ni el pasado del presente. No se puede. Eso todo el mundo lo tiene claro y se ha traducido en la pérdida de apoyos en las urnas.
Mientras el sistema casi bipartidista funcionó, los votantes estaban obligados a tragarse muchos sapos de sus partidos. La separación clara de dos opciones ideológicas (más los nacionalistas de distinto pelaje) impedía que se perdieran muchos votos. Era el sí o sí porque el cambio ideológico no era posible so pena de una esquizofrenia electoral. Eso ha cambiado con la aparición de alternativas. Es ya posible penalizar a unos votando a otros sin alejarse demasiado de la ideología general del votante. El Partido Popular ha sido castigado —como lo fue el PSOE por Podemos— por los votos a Ciudadanos. Las nuevas formaciones han surgido del descontento, han crecido con la frustración de los "viejos partidos". Es lo que ocurre cuando no se resuelven los problemas acumulados ni se saca la basura de la alfombra.
Los únicos que van a celebrar esta moción son aquellos que ven en un gobierno estable el freno a sus pretensiones, los secesionistas y los presuntos antisistema. No deja de ser sorprendente que lo primero que ha pedido Sánchez sea "lealtad" al Partido Popular y a Ciudadanos. Pero es otra línea del guión improvisado de esta comedia llena de gags trágicos.
Rafael Latorre escribe en El Mundo:

El drama del candidato Sánchez está escrito en la Constitución. La moción de censura tiene un carácter constructivo, como repetían los tertulianos en la víspera como cacatúas. Si consistiera en demoler todo habría sido más fácil porque Sánchez sólo habría tenido que desgranar los despropósitos del PP y no habría tenido que eludir la pregunta letal de si podía garantizar que lo que viene es mejor para España que lo que su moción dejará atrás.**


Evidentemente la respuesta es no, no hay garantías. Esto no es una cuestión maniquea ni una película de superhéroes. Es más bien un hecho histórico negativo pues implica el fracaso de los mecanismos ordinarios y la llegada de los extraordinarios. El máximo responsable es aquel cuya cabeza se pedía y que encerrado en sus tautologías no ha sabido dar respuestas a lo que era un clamor social: la lucha contra la corrupción en hecho y gestos. La política de que hablen los jueces es válida hasta que los jueces hablan. Tampoco ha funcionado el listado de éxitos en otros campos ni el de apelación a la historia señalando que el PSOE estropea y el PP arregla. Todo eso se ha acabado ya.
En este momento, la cámara está en pie aplaudiéndolo. Es el primer presidente, como señala el comentarista, que accede por la vía de la moción de censura, incluso el primer presidente que no es diputado. Unos se abrazan, otros circunspectos. Los que se abrazan lo hacen porque han obtenido un presidente; otros simplemente porque ya no está Rajoy.


Rajoy sale por la puerta chica; Sánchez entra por ella para llegar al gobierno. No hay mucho que celebrar. Rajoy no dice nada, como tantas veces.
Se abre ahora la lucha interna en cada partido. En el PP, buscando líder que les saque de la ignominia de la moción de censura; en el PSOE, entre aquellos que consideran a Sánchez un peligroso irresponsable. En Podemos apuestan por el 2020 para testarse con el PSOE. Los más felices, por partida doble, los secesionistas; han contribuido a hacer caer un gobierno y tienen en su mano presionar a uno más débil al que han votado. No tienen nada que perder, mucho que ganar una vez sentado el precedente.
Habrá quien duerma feliz, habrá quien lo haga preocupado y otros finalmente muy enfadados. Eso es lo bueno de la democracia. Puedes elegir tu estado de ánimo. Es una experiencia nueva en nuestra democracia y cuando pasen aplausos, besos y lágrimas deberían reflexionar sobre cómo hemos llegado hasta aquí. 


* "Ni un Gobierno ni otro es deseable" El País 1/06/2018 https://elpais.com/elpais/2018/05/31/opinion/1527782734_315207.html
** "Pedro Sánchez, un presidente muy a su pesar" El Mundo 1/06/2018 http://www.elmundo.es/espana/2018/05/31/5b104cf2468aeb28128b45e0.html