Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Conforme
pasan los días y hay nuevos acontecimientos, los medios comienzan a tratar algo
que parecía impensable y aquí hemos tratado en diversas ocasiones: la
posibilidad de que a Donald Trump no le apetezca dejar la Casa Blanca, como está
establecido, ante la imposibilidad de encadenar tres mandatos.
Se usa
en muchas ocasiones para referirse a un presidente norteamericano la expresión
"el inquilino de la Casa Blanca". Por lo que parece, ya empieza a
pensarse en que el "inquilino" se sienta "propietario".
Lo
tratan con detalle en 20minutos en el artículo titulado "¿Puede ser
destituido Trump como presidente de EEUU? Estas son las opciones y los posibles
escenarios"* En el texto se contemplan diversas posibilidades, desde que JD
Vance se presente con Trump como vicepresidente y luego renuncie a que,
sencillamente, se atrinchere y decida convertir la Casa Blanca en El Álamo, que no
haya quien le saque, posibilidad no desdeñable. De hecho, el artículo se cierra
recordando el asalto al Capitolio por gente armada, a lo que hay que añadir que
lo primero que hizo en este segundo mandato fue indultarlos y darles
tratamiento de patriotas.
Trump
ha puesto el mundo patas arriba y lo de quedarse en la Casa Blanca ya no parece
tan descabellado como podría parecerlo hace solo unas fechas. Si ayer
hablábamos de las advertencias de psiquiatras del mundo sobre su personalidad
narcisista ya en 2017, a día de hoy las preocupaciones van sobre lo que esto
supone para la toma de decisiones y, en particular, en cómo se enfrentará a su
salida del cargo, si es que esto es posible en su mente.
Las
teorías que Trump ha manejado para explicar por qué se encuentra al frente del
país tendrán que encajar con las excusas para no abandonarlo. Si miramos las
explicaciones podemos vislumbrar lo que puede ocurrir. Alguien que ve su mandato
como un designio divino, que se ve a sí mismo como un "enviado", un
"mesías" que está ahí para llevar a los Estados Unidos a liderar el
mundo, necesariamente tiene que percibir su salida de la presidencia como un
"problema", como algo que está por encima de los designios humanos.
Trump
se está cargando de tareas que el mundo "necesita". Si no lo hace él,
no lo hará nadie, por lo que se considera absolutamente necesario para que se
cumpla su destino y el del mundo, ambos fusionados.
Trump, que nunca fue un ejemplo de humildad cristiana, ha actuado en nombre de Dios,
que le salvó enviando un ángel. Durante estos años ha vendido biblias y ha
invocado a Dios como su asesor presidencial favorito.
El
llamado "sionismo cristiano", como tuvimos ocasión de explicar aquí hace
unos días, considera que no se han completado las "profecías" y que
es necesario ayudar a cumplirlas. Por supuesto, el "nuevo pueblo
elegido" es el norteamericano, algo que encandila a una parte importante
de su electorado, que asume ese destino marcado desde el inicio de los tiempos.
Todo
esto se traduce ahora en la cuestión de si los seres humanos podemos
"oponernos" a los mandatos divinos. Eso incluye el desalojo de la
Casa Blanca. Como ya expresó (y ahora se entiende mejor) que solo se le puede
ganar con trampas, si gana, es que Dios lo quiere y si pierde (en cualquier
sentido) es un engañoso triunfo, un fraude.
Pero
queda la cuestión de cómo puede perder si no se puede presentar. Y es ahí donde
radica la cuestión, el problema real. Necesitará construir un entramado para
justificar y explicar que el país, el mundo, necesita que él siga al frente.
Veremos cómo lo hace. Pero no debemos dejar esto de lado por improbable.
*
"¿Puede ser destituido Trump como presidente de EEUU? Estas son las
opciones y los posibles escenarios" 20minutos 18/01/2026
https://www.20minutos.es/internacional/puede-ser-destituido-donald-trump-como-presidente-eeuu-estas-son-opciones-posibles-escenarios_6922640_0.html




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