viernes, 4 de mayo de 2018

El triste Día de la Libertad de Prensa en Egipto


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La celebración ayer del Día Internacional de la Libertad de Prensa en Egipto solo podía ser una celebración triste, pero necesaria. La Libertad de Prensa en aquellos países en los que se ve aplastada constantemente es siempre un triste recordatorio y una esperanza de que el futuro mejore. Esta segunda parte es la que los periodistas que aspiran a poder informar con libertad —no todos tienen esa aspiración, como se verá— no tienen tan clara, pues en la opinión de aquellos que se arriesgan, el régimen sigue avanzado en su aspiración de que haya una sola verdad y una sola voz, es decir, la reducción del periodismo a "propaganda" oficial.
El periodismo egipcio —como la sociedad— se encuentra dividido entre aquellos que prefieren vivir sin demasiadas críticas y aplaudiendo cuando toca y aquellos que se arriesgan a decir lo que piensan y ven realmente. Como hemos visto en muchas ocasiones, el periodismo egipcio tiene las dos caras: las de los que luchan por la libertad de prensa y la de aquellos que consideran que su trabajo es transmitir consignas y contribuir al afianzamiento del estado, los que prefieren vivir a la sombra del estado, de cuyas bellotas caídas se aprovechan.


El régimen ha seguido trazando la red administrativa e institucional con la que controlar los medios para hacer real el perímetro de vigilancia. Mediante este trazado —tres organismos— puede controlar la vida profesional de los periodistas y el estado de los medios. Es un sistema que el régimen está practicando con asiduidad: la creación de organismos de control para aparentar distanciamiento político. La realidad es muy otra: esos organismos son poblados por los afectos al régimen quienes reciben así poder sobre sus compañeros y se lo deben a los que les designan. Cuando un organismo manifiesta independencia, como ocurrió con el Sindicato de Periodistas durante las manifestaciones e informaciones sobre la cuestión de la entrega a Arabia Saudí de las islas de Tiran y Sanafir, inmediatamente es bloqueado y desmantelado para ser después repoblado con adeptos al régimen y sicarios voluntariosos.
Es en este sentido en el que se manifiestan las voces de profesionales recogidas en el final del artículo publicado ayer en Mada Masr, con el título "Under siege: To be a journalist in Egypt":

The syndicate is to blame for outdated media laws, Sabbagh argues. Similarly, Sayed asserts that the syndicate’s stance on defending blocked websites has been weak, adding that only some members of the board have intervened. The politicization of the profession and the state’s need to suppress criticism has contributed to the syndicate’s weakness, Sayed explains.
Badr sees the website blocks as part of a wider crackdown on freedoms in Egypt. This is why, he argues, authorities are blocking websites or jailing journalists, even though the Constitution forbids imprisonment as a penalty in publishing cases, unless defendants are accused of inciting violence, discrimination, or defamation of honor.
He adds that the current regime does not believe in the role of the media, and is convinced that all of society should mirror its discourse. “They cannot distinguish between the media and the security apparatus. They want the press to be turned into communiques, not dialogue, or criticism, or free thinking. Hence, the institutions who are running Egypt’s media now are security personnel who have nothing to do with the profession.”
These are, by far, the worst times for Egyptian journalism, Badr says, adding that there is no end in sight. Sabbagh says that the state is particularly cautious about street reporting. “We are living under a state that does not respect journalists, or their rights and personal safety. The syndicate should take some responsibility for this, she adds, so journalists are not just at the mercy of their institutions.*


Las opiniones recogidas reiteran la idea de que el régimen egipcio es un sistema de vigilancia y control social en donde el papel de los medios queda reducido a la mera apología del sistema. Lo único que se perfeccionan son las categorías en las cuales encuadrar la disidencia o la crítica. Aquí la imaginación administrativa sancionadora egipcia tiene pocos rivales.
La condena a la cantante Sherine por hacer un chiste diciendo que prefería beber agua mineral a las aguas del Nilo, categorizada como una "difamación" y "difusión de noticias falsas", es un listón que muchos regímenes autoritarios no llegarán a alcanzar. Un titular de Al-Masry Al-Youm diciendo que el gobierno estaba movilizando a la población en el último día de las elecciones, le ha costado el puesto al director, que fue llamado a declarar y multado. Posteriormente ha sido sustituido y la línea del periódico, el más importante de propiedad privada, ha cambiado de forma notable.


Hoy tenemos un interesante ejemplo: mientras el estatal Ahram Online recoge las críticas al ministro de Educación por hacer desaparecer las escuelas experimentales que escolarizaban parte de su currículum en inglés ("Egypt Ministry of Education's plan to scrap the popular experimental school system stirs controversy" Ahram Online 3/05/2018)***, Egypt Independent (la versión inglesa de Al-Masry Al-Youm) nos muestra una gozosa foto de alumnos felices con el titular "Egypt prepares for ‘education revolution’ launch in September" (Egypt Independent 2/05/2018). La información se limita a dar la versión oficial del ministro y saluda como una "revolución educativa" el que se deje de impartir el currículum en inglés. Curiosamente es lo mismo que han hecho en Irán, donde el gobierno, para evitar las influencias extranjeras sobre la mente de sus vigilados alumnos, ha retrasado el aprendizaje del idioma extranjero en el currículum escolar ("Iran, banning English teaching in primary schools" Euronews 9/01/2018)**. Primero el adoctrinamiento, luego el inglés para turistas.


Traemos el ejemplo educativo porque, como han señalado en el texto de muestra el entretejido de las libertades y su padecimiento colectivo. Las libertades constituyen un sistema en su conjunto. La educación es también un medio de transmisión de información que debe ser controlado. Los medios locales no son ya fiables, por lo que la gente acude a los internacionales a través de Internet y las parabólicas. Las dos formas de evitarlo es bloqueando los medios —hay más de 500 medios bloqueados en Egipto en estos momentos— y las restricciones educativas. El inglés es la lengua en la que se puede encontrar información no deseada.
La medida es absurda pero la coincidencia entre Irán y Egipto para eliminar el inglés de los primeros años no parece una casualidad, sino una respuesta a la globalización e internacionalización de los medios y su efecto sobre los jóvenes especialmente. Es otra barrera más, la lingüística, la que se quiere imponer para evitar que los "jóvenes" estén demasiado "expuestos" a la información exterior. Es una maniobra típicamente orwelliana como otra forma de aislamiento. Mientras la mayor parte de los países tratan de integrar los idiomas desde la escuela la "revolución educativa" egipcia va en dirección contraria, por lo que las manifestaciones de padres que ve cercadas las posibilidades de sus hijas e hijos están más que justificadas. Al menos los iraníes son claros y dicen combatir la "invasión cultural". Una vez satanizado "occidente" (democracia, feminismo, etc.), lo mejor es la "re-arabización", que algunos intelectuales piden con diversas excusas.
Egyptian Streets ha conmemorado el Día de la Libertad de Prensa haciendo recuento de lo ocurrido desde que en 2017 se iniciara la primera gran oleada de cierres de medios por parte del régimen. En la segunda mitad se centra en las amenazas actuales:

The crackdown on press further exacerbated during Egypt’s presidential elections when the editor-in-chief of the privately-owned newspaper Masr al-Arabiya Adel Sabry was arrested, and he is still detained pending investigations. Additionally, the former editor-in-chief of Egypt’s largest privately-owned newspaper al-Masry al-Youm Mohamed Saleh was summoned for investigations and paying a fine after the main headline of the newspaper said that the state is attempting to gather voters in the elections. Saleh was sacked from his position and the newspaper now is headed by TV host Hamdy Rizk.
Egypt has long been criticized by local and international organizations for the lack of press freedom; however, president Abdel Fattah al-Sisi repeatedly attested that there is no crackdown on media and everyone is free to say whatever they want.
The number of detained journalists in Egypt reached 21, according to the latest report of AFTE. Recently, journalist Mahmoud Abou Zaid, also known as Shawkan, won the press freedom award of the United Nations Educational, Scientific and Cultural Organisation (UNESCO). Egypt’s Foreign Ministry criticized the UNESCO over the award and warned against ‘politicization’ of the organization. The Press Syndicate constantly called for the release of journalists behind the bars.
Tens of articles were banned and censored over the past year, with Reporters Without Borders labeling Egypt as an unsafe place for journalists. However, auhtorities refuse these claims.****


No es mala la observación de que las elecciones presidenciales han supuesto un importante recrudecimiento de las medidas contra la prensa, medios y periodistas, en el país. La reelección de Abdel Fatah al-Sisi abre una serie de incógnitas sobre el futuro del país ante la tradición egipcia de que nadie sale por su propio pie del poder, solo muertos (Nasser, Sadat) o derrocados (Mubarak, Morsi). Más allá de que nadie interfiriera en ese proceso que todo el mundo ha considerado como una farsa, quedan por delante una serie de episodios que los medios tendrán que transmitir al pueblo egipcio y que van a necesitar de una retórica eficaz y ausencia de críticas. Entre ellos se encuentran la creación de un partido oficial del régimen (como hizo Mubarak), la fabricación de una falsa oposición mediante la creación de una partido fantasmal (igual que hubo un candidato "opositor" en las presidenciales) y una remodelación de la Constitución para que el presidente al-Sisi pueda seguir al frente del poder. La concepción del liderazgo egipcio es excluyente y busca la unanimidad. Al-Sisi ya se presenta como "Egipto" y el "Estado". Los medios deberán seguir esa línea de propaganda que lo incluye como "enviado" para defender a Egipto (y al mundo) de los enemigos que quieren destruirlos. En este clima de miedo son esenciales los medios, ya que son quienes han de crear ese estado de ánimo. La campaña presidencial se ha hecho en medio de una propagandística campaña contra el terrorismo en el Sinaí. No hacían falta discursos electorales; la imágenes del ejército y de los terroristas muertos era la mejor propaganda.
Los medios plantean siempre el mismo dilema a los gobiernos autoritarios: los necesitan como medios de creación de imagen y los atacan cuando intentan ser más libres de lo que les dejan. Lo solución es la fabricación del "periodista funcionarial", aquellos que se inscriben en la nómina del poder para mantener su propio estatus y juran obediencia.


Los pocos artículos publicados sobre la celebración del Día Mundial de la Libertad de Prensa en Egipto marcan las líneas de los que serán la lucha por la información en los próximos años. En un mundo global e internacionalizado, la información fluye, por lo que se hace necesario hacer lo que el régimen egipcio está haciendo: bloquear y cerrar medios, promover operaciones de compra de los medios críticos, intimidar a los periodistas que no son afines, premiar a los que les halagan y, finalmente, separar al público de las fuentes no favorables de información (votación en el parlamento para expulsar a la BBC del país, lanzar campañas mediáticas contra "occidente" y sus medios principales, The New York Times, etc.)
No, la celebración del Día de la Libertad de Prensa, no podía ser gozosa en Egipto, solo un triste recuento de lo que se pierde cada día. Y en Egipto, estigmatizada la democracia como un factor de inestabilidad y violencia (así se valora la Revolución de 2011 frente al "no-coup" contra Morsi en 2013, visto como la restauración del orden por mandato del pueblo), no había mucho que celebrar. La propaganda y los cantos al poder han vuelto a ser los méritos. En un país donde el gobierno ha establecido que solo es "verdad" lo que el estado dice, es difícil que prosperen las libertades, es especial las que se refieren a la información y expresión. Las condenas por difundir "noticias falsas" se han multiplicado intimidando a los profesionales. El estado siempre tiene razón y al-Sisi les ha dicho que es la próxima guerra, su defensa. Eso incluye a los medios especialmente, que serán castigados al ser considerados traidores a la patria y vendidos a Qatar, Occidente, Turquía o a todos juntos, según toque.


Las detenciones de periodistas en Egipto se han producido no solo por "escribir". En estos meses ha habido detenciones por reproducir artículos de medios exteriores, que el régimen consideraba "fake news" y también han sido detenidos profesionales por entrevistar a personajes poco gratos para el régimen, limitándose a reproducir sus palabras, como en el caso de la entrevista al ahora detenido ex auditor general, Hisham Geneina, en el HuffPost Arabi. Citar algún medio que tenga vínculos con los enemigos ya es delito, de Al-Jazeera a medios turcos u hostiles al régimen de cualquier nacionalidad. Eso incluye ya a la BBC, cuyo procedimiento parlamentario de expulsión de Egipto forma parte del enterramiento y momificación de la opinión pública. A eso hay que sumar las maniobras de vigilancia sobre las redes sociales y la creación de redes controladas con la excusa de la protección de datos, lo que no deja de ser un sarcasmo en un país que desde hace décadas tiene por norma la vigilancia de sus ciudadanos o de los extranjeros molestos (caso de Giulio Regeni). Igualmente han sido expulsados periodistas de medios extranjeros a los que se ha puesto en el aeropuerto o se han cancelado sus visados. Tanto el caso de la periodista británica a la que se ha expulsado tras años de residir en Egipto durante la época electoral, como el de la presentadora libanesa a la que se fue a buscar a su casa para llevarla al aeropuerto dejando marido e hija tras unas pocas horas de finalizar su contrato profesional con una emisora egipcia. Días antes, comentábamos aquí la concesión del premio a los Derechos Humanos de la UNESCO al fotoperiodista Shawkan, condenado por fotografiar  la brutal actuación contra las sentadas islamistas pro-Morsi en 2013, con cerca de 1.000 muertos; el régimen le acusa de asesinato por tomar fotografías y le hace cómplice de las muertes, conspiración, etc. La relación negativa del régimen con la información, los medios y los profesionales sería interminable.
Hay muy buenos periodistas en Egipto —lo hemos dicho aquí en muchas ocasiones—, gente que cree en el valor de su profesión y en la necesidad de romper la capa informativa que el régimen está tejiendo sobre la realidad. Van quedando menos, entre silencios y retiradas discretas, entre detenciones y despidos. El miedo y la adulación son dos poderosas tentaciones. La historia decidirá.


* "Under siege: To be a journalist in Egypt" Mada Masr 3/05/2018 https://www.madamasr.com/en/2018/05/03/feature/politics/under-siege-to-be-a-journalist-in-egypt/
** "Iran, banning English teaching in primary schools" Euronews 9/01/2018 http://www.euronews.com/2018/01/09/iran-banning-english-teaching-in-primary-schools
*** "Egypt Ministry of Education's plan to scrap the popular experimental school system stirs controversy" Ahram Online 3/05/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/298826/Egypt/Politics-/Egypt-Ministry-of-Educations-plan-to-scrap-the-pop.aspx
**** "Egypt Celebrates Press Freedom Day With Hundreds Of Blocked Websites" Egiptian Streets 3/05/2018 https://egyptianstreets.com/2018/05/03/egypt-celebrates-press-freedom-day-with-hundreds-of-blocked-websites/ 



jueves, 3 de mayo de 2018

El cavernícola y la pluma sangrante


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La viñeta dedicada por mi estimada Doaa Eladl al día de la Libertad de Prensa —que se celebra hoy— nos presenta a un cavernícola arrastrando una pluma estilográfica que va dejando un rastro de tinta roja a modo de sangre de su presa. Como siempre, su agudeza periodística y su capacidad gráfica se unen para darnos esa chispa reveladora que se produce ante la buena imagen, la que nos explica en un golpe de vista una situación determinada.
La relación entre el cavernícola, la pluma y la caza es la existente en estos tiempos en los que la prensa y los periodistas son perseguidos, presionados y difamados incluso en los países democráticos. Que esto ocurra en países autoritarios entra dentro de lo normal, pues no aceptan ni la crítica ni la realidad que no les satisfaga. El escándalo se produce cuando países democráticos atacan a su prensa desprestigiándola y debilitando sus fundamentos. El escándalo se produce cuando el cavernícola es Donald Trump y la prensa la norteamericana. Se le ha reprochado en más de una ocasión desde distintas instituciones el negativo efecto del presidente de los Estados Unidos sobre otros dirigentes que aprovechan sus palabras y actitudes en contextos políticos menos protegidos por el derecho, con lo que sus consecuencias son mucho más duras que la palabrería de Trump. La prensa tiene la capacidad de defenderse en los Estados Unidos; no ocurre lo mismo en muchos lugares.
Ayer tratábamos aquí de la muerte de diez periodistas en Afganistán en una explosión provocada por un terrorista suicida del Estado Islámico camuflado de cámara que se metió entre ellos cuando cubrían la información de otro atentado. Otros días a tras, dedicábamos un par de entradas al caso del fotoperiodista egipcio, conocido como Shawkan, detenido en 2013 por el régimen y acusado de terrorista por estar cubriendo con su cámara la matanza siguiente al golpe de estado egipcio. En Afganistán, la prensa es castigada por los terroristas; en Egipto, por el poder. Distintos cavernícolas, la misma pluma.


La prensa se encuentra siempre en el punto de mira de la intransigencia y suele ser una de las primeras libertades que caen. La preocupación viene hoy en día de la facilidad con la que se restringen sus actuaciones en entornos como la propia Unión Europea, en donde han ido prosperando gobiernos que no ven con buenos ojos las críticas que les puedan llegar a través de los medios. Esa alergia a la prensa se manifiesta mediante leyes que recortan sus capacidades y la creación de barreras de cristal en unos casos de opacos ladrillos en otros.
El tercer elemento que ataca la libertad de prensa son las noticias falsas. Como toda libertad, debe estar al servicio de la verdad o de perseguir bienes para todos. Una libertad contra los demás no es libertad. Y la mentira de las noticias falsas es un arma de una guerra cuyas explosiones no se escuchan y sus heridos no sangran, pero sus efectos son demoledores.
La libertad de prensa e información tiene una función dentro de un complejo sistema político que busca el máximo conocimiento para la mayor autonomía de las personas. La prensa es hija de la Ilustración; se opone a lo revelado e inmutable y pone al ser humano en el centro de las decisiones. El periodismo muestra y explica, da sentido a lo que ocurre a nuestro alrededor al ofrecernos la información necesaria para completar los huecos de nuestro conocimiento. El ser arrojado al mundo compensa su desvalimiento ante las grandes corrientes de los acontecimientos gracias a  su conocimiento del entorno. La prensa no es un "poder", pues no es ese su fin; es un servicio vicario, una ampliación de nuestra necesidad de comprender el mundo en el que estamos inmersos. Si la Ciencia nos habla de las leyes del universo, de su composición, la prensa trata de explicarnos el presente incompleto, resolver nuestro estado carencial en el flujo de los acontecimientos.


Por eso el uso de los medios de información para la intoxicación constituye un atentado a nuestro propio estado de conocimiento. El error es admisible; la mentira no lo es. El error es un hecho natural; la mentira es, por el contrario, la creación de un estado de percepción anómalo, va contra su propia esencia.
Todos los indicadores internacionales muestran un ataque continuado contra la prensa y los periodistas. Hay regímenes que ya están caracterizados por la represión de la información. Se les persigue a través de uno de los mecanismos más perversos de la historia humana, la "verdad oficial". A los regímenes autoritarios o dictatoriales les disgusta profundamente ser acusados desde el exterior que no controlan. Para ello han tejido un sistema de defensa de una verdad oficial, creada por ellos mismos, incuestionable y de cuyos enunciados discrepar es un delito. La acusación es un auténtico sarcasmo: "expandir noticias falsas".
La arrogancia del cavernícola se hace inmensa. No desea que la pluma le describa, que indague en sus acciones, que difunda sus defectos. Hoy hasta el diablo tiene agente de comunicación dispuesto a hacerle la campaña mediática. El cavernícola quiere aparecer como un gentleman.


Afortunadamente, la prensa se ha hecho más solidaria y han surgido los movimientos de defensa para asegurarse que los periodistas que desaparecen o son condenados al silencio no caigan en el olvido. Campañas de defensa hacen que la opinión pública sea consciente de quiénes son los que no quieren más verdad que la suya.
Como contrapartida, estos tiempos exigen periodistas mejor formados, más conscientes de la importancia de su papel social y menos narcisistas, más comprometidos. En esta sociedad mediática es fácil llegar al éxito por el camino de la trivialidad. La tentación es muy grande para algunos que desean situarse ante las miradas y no ayudar a ver. Es el mal del periodismo pagado de sí mismo y que elude los conflictos para centrarse en el espectáculo.
La imagen de Doaa Eladl representa bien la escritura periodística mediante la pluma. Hoy esa pluma es un micrófono, una cámara, una videocámara, un ordenador, un teléfono, etc. todas las herramientas que se usan para convertir el mundo en texto. La pluma sangrante es la fusión retórica del periodista con las herramientas de su trabajo. Las herramientas son importantes, pero la sangre del periodismo es el periodista.  
El cavernícola, representación de toda la brutalidad que se opone a la palabra libre, gana muchas batallas, pero cada una de sus victorias son provisionales. Lo que una pluma no cuenta, lo cuenta otra.


miércoles, 2 de mayo de 2018

Diez entre los muertos eran periodistas


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Afganistán es uno de esos sitios en los que parece normal que ocurran estos atentados. Coches bombas, chalecos explosivos, ametrallamientos..., no hay forma de terrorismo  o guerra que este país no haya sufrido a manos de unos y de otros.
Es también uno de los lugares del mundo en donde informar se considera una actividad más peligrosa. No hay visión completa del Periodismo si nos olvidamos de todos aquellos que se dejan la vida para que podamos leer una líneas, ver unas fotografías. No siempre lo valoramos. Resuenan en la memoria las palabras despectivas de un Trump y de sus imitadores populistas que ven enemigos en la prensa libre que informa de sus desmanes. Esta vez los periodistas han sido víctimas de un ataque salvaje el día 30 de abril. Eran el objetivo de una trampa mortal destinada a acallar las voces que quedan en un país torturado a diario.
Leo la noticia hoy en Ahram Online, el medio estatal egipcio. La noticia viene con texto de la AFP y destaca la valiente respuesta de los medios afganos ante el ataque:

Afghan journalists were shaken but defiant Tuesday, vowing to continue reporting on the bloody conflict after the deadliest attack on the country's media since the fall of the Taliban in 2001.
Ten journalists were killed Monday, including Agence France-Presse chief photographer Shah Marai, in attacks that sparked outrage around the world and underscored the dangers faced by Afghan media.
The deadly assaults have rocked Afghanistan's tight-knit journalist community. Many of them are close friends as well as colleagues who look out for one another as they work in an increasingly hostile environment.
Hours after the double suicide blast in Kabul that killed nine journalists and 16 others, dozens of Afghan news editors and executives gathered at the site in a public display of defiance to militants.
The message was "if they destroy a line of journalists, there's going to be a longer line back at the scene within a few hours," Tolo News director Lotfullah Najafizada told AFP.
Tolo News cameraman Yar Mohammad Tokhi was among the journalists killed in the explosion that also wounded 49 people and was claimed by the Islamic State group.
Journalists from 1TV, Radio Free Europe and Mashal TV were also among the dead.
Police said a bomber had disguised himself as a journalist and blew himself up among the media covering the first blast near Afghanistan's intelligence agency.
Media outlets condemned the government's failure to provide security for journalists, particularly at the scene of attacks where secondary blasts are a constant concern.
"They (security forces) cordon off the area and journalists are left behind the line with the public," Najafizada said.*


El atentado fue una trampa pata atraer a los propios medios. Un atentando es noticia y los periodistas van a cubrirlo. La policía los agrupa y un falso cámara se hace estallar entre ellos. La trampa perfecta, la noticia mortal.
La situación de Afganistán es agónica desde hace mucho tiempo. Lo es más desde que se convirtió en objetivo prioritario del Estado Islámico, que es quien ha reivindicado el atentado. Los yihadistas del E.I., desplazados de Siria, han hecho de Afganistán uno de sus puntos calientes.
En enero, La Vanguardia informaba de este nuevo interés del Estado Islámico en la zona:

Mientras en el escenario sirio-iraquí se apagan con dificultad los últimos focos de resistencia militar del Estado Islámico (EI), el 2018 nace con nuevos frentes en los que los yihadistas se emplean a fondo para imponer a cualquier precio su interpretación del islam. Aunque su guerra es universal y por lo tanto no hay lugar a salvo de un atentado inspirado por la doctrina impulsada por Abu Bakr al Bagdadi, tres son las regiones que a comienzos de este año acaparan el impulso bélico yihadista que busca compensar sus derrotas y recrear donde le sea más propicio su ideal de califato universal. Estas son: el norte de África, con especial énfasis en el Sahel y Libia como plataforma centrífuga desde la que los yihadistas amenazan a Europa y propagan el terror hacia Mali, Chad y Níger. Egipto, con el Sinaí como objetivo de hostigamiento también hacia Israel. Y Afganistán, donde su guerra ya es una constante con la pretensión de llevar al precario Estado afgano al descalabro total como senda para hacerse con el control del país y refundar su califato.
El año pasado fue extraordinariamente sangriento para la muy insegura República Islámica de Afganistán, tanto que, de no ser por la guerra en Siria e Irak, su penosa situación habría acaparado día tras día los informativos mundiales. La actividad de los yihadistas del Estado Islámico es creciente, y su enfrentamiento se dirige con idéntica ferocidad contra todos los que no comparten su dogma, incluidos los talibanes.**


Sí el año 2017 fue "extraordinariamente sangriento", el actual lleva el mismo camino. A la crueldad de los talibanes que llevan sufriendo décadas, se suma ahora la del Estado Islámico. La estrategia de un grupo fundamentalista religioso, convencido de que Dios y la Historia están de su parte, es que cada muerte es un paso hacia la victoria final. Los conversos crecen con cada muerte realizada, un signo de poder. Que no les importe su propia vida es la confirmación de la fortaleza de su fe, que se convierte en ejemplar. Matar forma parte de su modus operandi. Matar periodistas es una estrategia muy eficaz pues introduce el miedo en quienes han de comunicar.
La respuesta de los medios afganos y del exterior con corresponsales entre los muertos ha sido dar un paso al frente, pero ¿por cuánto tiempo se puede mantener una actitud que les irá haciendo caer en un goteo de destrucción?


En esta guerra, la prensa es un objetivo prioritario. Se trata de aislar a los que deciden informar de lo que ocurre en el país. Para los yihadistas no hay más medios que los que repiten sus consignas. Atacar a la prensa es aterrorizar a sus lectores, que reciben de primera mano la muerte de los informadores.
La información del artículo de La Vanguardia crea una enorme preocupación por lo que supone para el país y la imposible salida de la situación en que se encuentra:

La crisis que está creando el EI trae malos presagios que no pueden disimular ni el Gobierno de Ashraf Gani Ahmadzai ni Resolute Support, la actual misión de la OTAN liderada por Estados Unidos de asistencia a las fuerzas de seguridad afganas. Hasta el Ministerio de Asuntos Exteriores español en sus “recomendaciones de viaje sin efecto vinculante alguno” subraya cómo se ha agudizado el deterioro de la seguridad en los últimos meses “en todo el país, incluido Kabul”, y no enmascara la progresiva actividad del Estado Islámico en aquel país, en el que el 13 de abril del 2017 Estados Unidos trató inútilmente de disuadir a los yihadistas lanzando sobre la provincia de Nangarhar “la madre de todas las bombas”, la mayor bomba no nuclear conocida.
Ron Aledo, analista de la CIA, asesor de la policía en Afganistán y actualmente colaborador del observatorio Security, Intelligence & Defense (Sefindef), confirma el quebranto de la situación. “Vamos a peor”, afirma, y añade que ahora el presidente Trump no busca la derrota de los talibanes sino presionarlos para que negocien la paz y combatan a los yihadistas. La tesis de Washington es que no es posible derrotar a los talibanes, que al fin y al cabo nunca fueron enemigos directos de Estados Unidos y limitaron su ambición a Afganistán, pues sostienen que fue Al Qaeda y no los talibanes los que globalizaron inicialmente la guerra yihadista. Por eso, explica Aledo, los talibanes están siendo atacados por el Gobierno afgano y por Resolute Support a la vez que por el Estado Islámico. Con tanta presión, se presume un pacto talibán con el Gobierno afgano que permita a las tropas internacionales lideradas por EE.UU. marcharse de Afganistán en un plazo de dos años. Eso, si el EI no se acaba imponiendo.**

Si esta situación se produce, lo que le depara el futuro a Afganistán es elegir entre los talibanes y el estado Islámico. Es el efecto del miedo. La política seguida por los talibanes ha sido la del "día después". Se ha basado en hacer ver que los Estados Unidos y demás aliados de la OTAN no iban a estar siempre allí, mientras que ellos sí. Con esa idea en mente, los talibanes han conseguido irse imponiendo en zonas y, sobre todo, en las mentes de los que han llegado a esa conclusión inducida.

Eso ha hecho (lo hemos tratado aquí en alguna ocasión) que las personas más activas en la colaboración con las fuerzas norteamericanas hayan pedido asilo en Estados Unidos. Una vez que se retiran aquellos a quienes públicamente han ayudado, saben que son objetivos directos de los talibanes. Es la forma de sembrar el miedo.
Si la idea de Trump es forzar al gobierno afgano a que pacte una paz con el gobierno para que se enfrenten conjuntamente al Estado Islámico, las condiciones de los estudiantes, teólogos y terroristas serán las que todos temen. Nadie da un paso atrás en el mundo islamista; sería una  "traición" a sus ideas, que no son otras que hacer cumplir los "planes de Dios" en la tierra. Las personas que han vivido con miedo empezarán a temer ahora lo que costará esa falsa paz.
La otra noticia estrella en los medios afganos es la concesión de asilo en Estados Unidos de la primera mujer afgana piloto militar:

The US government has positively responded to the application of Nilofar Rahmani and has granted her asylum due to the fears of persecution she faced in Afghanistan, it has been reported.
Rahmani, Afghanistan’s first fixed-wing air force pilot, had applied for the asylum after reaching in United States in 2015.
She was informed regarding the decision of the government to grant asylum on Monday, according to The Wall Street Journal.
Kimberly Motley, Rahmani’s lawyer, told the paper her client received death threats from insurgents and members of her extended family, as well as condemnation from Afghan government officials. She first came to the United States in 2015 for training.
Motley further added that Rahmani’s family has relocated several times due to death threats. “If she were to return to Afghanistan, she would be in fear of her safety,” Motley said.
Rahmani was awarded the International Women of courage Award by the US Department of State in 2015.
In regards to her decision to seek asylum in US, the Afghan Ministry of Defense spokesman Mohammad Radmanish told the WSJ that Rahmani “has the right to live where she wants.”***


La decisión no se puede reprochar. La presión de todos debe ser difícil de mantener por mucho tiempo. Las amenazas de muerte de los enemigos son lógicas, pero aquí entran otros factores, la propia familia que la considera que les deshonra, y el gobierno afgano, que la utiliza como una muestra de modernidad.
Las mujeres afganas saben que son la primera moneda de cambio en la negociación con los talibanes. Ellas son el objetivo prioritario, pues suponen un desafío a su visión del mundo. Una mujer piloto, cuando debería estar encerrada en casa o bajo un burka, es un desafío y un mal ejemplo.
El miedo a que el poder negocie con los talibanes no es nuevo. Se viene arrastrando en todo este tiempo y lo viven con doble intensidad las mujeres, que se saben víctimas seguras de la negociación. Ser mujer en Afganistán no ha sido nunca fácil, pero el camino que han avanzado no se les perdona. La retirada de tropas de allí será dejarlas expuestas a la muerte. La decisión tomada por Nilofar Rahmani no debe extrañar. Es una muerte segura la suya. Son casos emblemáticos, como el de Malala Yusafai. No quieren "malos ejemplos". La Afghan Online Press titula "‘No More Hope’: Kabul Carnage Lays Bare Plight Of Afghan Journalism" y recoge los temores de uno de los periodistas muerto en el atentado:

Two years before his death, Shah Marai, the chief Kabul-based photographer for the French news agency Agence France-Presse, pondered the hopelessness that he said had descended on his native country of Afghanistan.
“The signs of war have all but disappeared,” Marai wrote in the 2016 blog post. “But there is no more hope.”
“I don’t dare to take my children for a walk. I have five and they spend their time cooped up inside the house. Every morning as I go to the office and every evening when I return home, all I think of are cars that can be booby-trapped, or of suicide bombers coming out of a crowd,” he wrote.
Marai was one of at least nine journalists killed in Afghanistan on April 30, in what has turned into the deadliest single day for reporters in the war-torn country since the 2001 U.S. invasion. The killings bring the death toll among reporters working in the country since 1994 to at least 44, according to the Committee to Protect Journalists.
“This latest attack on journalists in Afghanistan is a reminder of the extreme dangers to media workers in that country and of the extremely brutal tactics used there by enemies of the free press,” Steven Butler, the committee’s Asia program coordinator, said in a statement. “The attack amounts to an assault on Afghan democracy as the nation prepares for parliamentary elections scheduled for October.”
“Today’s bombing killed more journalists than any other single attack since the fall of the Taliban government in December 2001,” the journalism watchdog Reporters Without Borders said.****


Son estas vivencias las que nos dan la auténtica visión de lo que supone ejercer el periodismo en las condiciones más extremas; es vivir con el miedo a todo lo que te rodea sabiendo que no puedes apartar porque tu trabajo es mirar, estar allí donde está la información, y después —si sobrevives— contarlo. Son diez muertos finalmente por contar a otros la muerte en un atentado. La suya la tendrán que recoger otros compañeros. Dura profesión esta que te hace recoger la muerte de tus compañeros como información:

Local media watchdog, Afghan Journalist Safety Committee (AJSC), while confirming the media-related fatalities, strongly condemned the attack.
Two female journalists, including Maharram Durrani from Radio Free Europe were also among the dead. French news agency AFP has confirmed the death of its chief photographer in Kabul, Shah Marai. Two male staffers from RFE were also killed.
A leading Afghan television station, ‘1 TV News,’ has also confirmed the killing of two staffers in Monday’s attack.*****



En la página de la agencia de noticias afganas, una siniestra encuesta invita a participar a los lectores: "Will ISIS (DAESH) replace the Taliban as the main opposition to the government?" No hay mucha esperanza; solo la de sustituir un monstruo por otro. El sufrimiento solo puede aumentar para un pueblo torturado, hundido desde hace décadas.
Steve Butler, coordinador del CPJ’s Asia Programme (Comité para la Protección de los Periodistas) ha dicho: "We salute the incredible bravery of these journalists, while noting the cynicism and cruelty of a suicide bomber pretending to be a media worker to target the press."******


Diez periodistas muertos. La foto de Omar Sobhani, para Reuters, que reproduce La Vanguardia es enormemente dramática, tomada allí mismo. Muestra la desolación del atentado mientras un periodista es ayudado a levantarse de entre los muertos y heridos. Una cámara permanece en pie a la derecha de la imagen. La cámara sigue en pie mientras los muertos y heridos yacen en el suelo envueltos en el polvo levantado por la explosión. La cámara permanece esperando que alguien se haga cargo de ella y pueda seguir informando. Los periodistas son seres humanos, víctimas como los otros inocentes caídos, pero para los terroristas son una pieza bien cotizada en su infernal caza.
Descansen en paz los que han hecho de la información su vida y su muerte.


* "Afghan media defiant after deadly day for journalists" Ahram Online 1/05/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/2/9/298682/World/International/Afghan-media-defiant-after-deadly-day-for-journali.aspx
** "El Estado Islámico, hacia el 'califato' en Afganistán" La Vanguardia 08/01/2018 http://www.lavanguardia.com/internacional/20180108/434156183632/estado-islamico-califato-afganistan.html
*** "Afghanistan’s first fixed-wing air force pilot granted asylum in US" Khaama Press 2/05/2018 https://www.khaama.com/afghanistans-first-fixed-wing-air-force-pilot-granted-asylum-in-us-05047/
**** "‘No More Hope’: Kabul Carnage Lays Bare Plight Of Afghan Journalism" Afghan Online Press 30/04/2018 http://www.aopnews.com/taliban/kabul-suicide-blasts-kill-26-people-including-9-journalists/
***** "Kabul Suicide Blasts Kill 26 People, Including 9 Journalists" Afghan Online Press 30/04/2018
http://www.aopnews.com/taliban/kabul-suicide-blasts-kill-26-people-including-9-journalists/
****** "Glowing tributes paid to slain Afghan journalists" Pajhwok Afghan News 2/05/2018 https://www.pajhwok.com/en/2018/05/02/glowing-tributes-paid-slain-afghan-journalists






martes, 1 de mayo de 2018

La metedura de Catalá o la política de la confusión


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El ministro Catalá se ha equivocado o, si lo prefieren, ha metido la pata. Su misión clara era reavivar la confianza en las instituciones y lo que ha hecho ha sido empantanarlas creando un conflicto nuevo. Ha hablado de más y de lo que no debía, cuando precisamente lo que necesitaban las instituciones judiciales era demostrar que podían resolver un caso evidente con tacto e inteligencia. Si había "un juez con un problema" ahora tenemos un problema con todos los jueces, tras haber declarado que se sentían atacados. El ministro Catalá no llegó a saber separar el problema del "problema". Catalá ha echado más leña al fuego en vez de coger el extintor, que habría sido mostrar la confianza en las instituciones por encima de las personas. Todos se lo habrían agradecido.
Los motivos eran muy evidentes. Ya señalamos que en estos momentos los jueces son blanco de ataques por motivos más allá de "La manada". Catalá ha cometido el error estratégico que algunos querían que cometiera. Parece mentira que los políticos sean tan ingenuos en algunos momentos.
Una de las artes de la manipulación es saber entremezclar las cosas para que unas sean vistas a la luz de otras. No han tardado mucho en darse cuenta de adónde llevaban las palabras de Rafael Catalá. El editorial de El Mundo señala:

Las palabras pronunciadas ayer por Rafael Catalá poniendo en duda la capacidad del magistrado Ricardo González, autor del voto particular del juicio a La Manada, constituyen un insólito ejercicio de irresponsabilidad y una flagrante intromisión en las funciones del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Todo ello erosiona gravemente la credibilidad del Estado de derecho justo cuando el sistema judicial está siendo objeto de un despiadado e injustificado ataque por parte del independentismo. Resulta inaudito que un ministro de Justicia ponga en duda la actuación de un magistrado a cuenta de su actuación en un caso sub iúdice. Se trata de una reacción impropia de un Gobierno respetuoso con la separación de poderes que, entre otras consecuencias, inflama el descrédito general de la Justicia azuzado en la calle. Catalá está obligado a rectificar sus declaraciones o, en caso contrario, concretar de manera fehaciente el "problema singular" que achaca al juez señalado. Lo que resulta inadmisible es que el titular de Justicia se permita deslizar la idea de que un magistrado está incapacitado para impartir justicia.*


La conexión entre ambos casos es denunciada con claridad en El Mundo. Por su parte, el diario El País no establece la conexión de ambos casos como un ataque a la judicatura en estos momentos y se centra exclusivamente en la injerencia de Catalá y la poca fortuna de sus palabras:

[...] Catalá ha caído en la frivolidad, en la irresponsabilidad y en la burla a la separación de poderes, intentando apuntarse un tanto en lugar de cumplir con el escrupuloso respeto a los jueces. El Gobierno es responsable de gobernar para que las leyes que los jueces aplican respondan al sentido de la justicia que le hemos de exigir. Lo demás, sobra.**


No sabemos la intención de Catalá, pero sí los efectos, que son mucho más importantes desde el punto de vista político. Desde el principio del caso de la sentencia hemos insistido en la necesidad de separar la acción de un juez de la judicatura misma señalando que la vía del recurso debería devolver la confianza en lo que ha sido un caso que ha indignado con razón a la sociedad española, que no entiende que se considere los actos en los términos señalado en la sentencia y, mucho menos, en el voto particular.
Ahora algunos tratan de canalizar la ira en varios sentidos. El más preocupante es el que trata de descalificar a la justicia española en relación con el "procés". Todo esto era absolutamente previsible y es sorprendente cómo Rafael Catalá ha podido caer en una trampa tan burda, de principiante.
Los efectos han sido inmediatos. La Vanguardia, entre otros, da cuenta del despido de la encargada de prensa de los Mossos:

La jefatura de los Mossos d’Esquadra comunicó el viernes el cese al frente del departamento de comunicación de la policía catalana de Patricia Plaja por un mensaje tras el veredicto de la sentencia de La Manada.
La periodista colgó en su cuenta personal de Twitter un tuit en el que pedía ir más allá de la sentencia, y advertía que lo que fallaba era “el poder judicial, una vez más”. El tuit, que apenas tuvo repercusión porque no sumó ni una decena de interacciones entre me gustas y retuits, ya no aparece en la red social de Plaja.
Desde la jefatura de los Mossos, un portavoz explicó que los mandos “hemos perdido la confianza en Plaja por haber puesto en duda el poder judicial español”. Plaja era “un cargo de confianza que no puede opinar en un momento en el que se están rehaciendo las relaciones entre Mossos y Poder Judicial”, han señalado fuentes de Interior de la Generalitat.***


El tuit es solo una pequeña muestra de la conexión para tratar de descalificar a la justicia española en el momento en que está interviene en el "procés". Patricia Plaja se ha dedicado a encender mechas con su tuit. Pese al corto alcance señalado por La Vanguardia —sorprendente en una jefa de prensa de una institución—, lo importante es que es una muestra del uso de la conexión.

El tuit, como puede apreciarse, desdice al titular de La Vanguardia. No es sobre La manada por mucho que se ampare en los "#noesno" y "#Lamanada". Es un caso claro de aprovechamiento para llevar a la opinión en un camino determinado: contra el "poder judicial", "una vez más".
Más claro es el editorial de La Vanguardia, que sí hace un "delicado" encaje de bolillos para juntar ambos conflictos. El texto es una cuidadosa forma de entretejer ambos casos, esta vez, poniendo especial énfasis en las "protestas ciudadanas". Tras destacar las rápidas respuestas de las asociaciones de jueces, el editorialista entra en su interpretación de la cuestión:

Todo ello pone de manifiesto la existencia de un pulso entre poderes, en este caso entre el ejecutivo y el judicial. Sorprenden las declaraciones del ministro, que hasta ahora se había caracterizado por mantener las distancias, ­como miembro del Gobierno, respecto a las decisiones judiciales. Si ante el gran clamor social suscitado, era un intento de descargar responsabilidades políticas por la polémica sentencia de Pamplona en los autores de esta, lo único que ha logrado es abrir una crisis con el poder judicial. Otra prueba evidente de este choque es la pugna entre el ministro Cristóbal Montoro y el juez Pablo Llarena respecto a la existencia de pruebas que acrediten una supuesta malversación de fondos públicos por la Generalitat para organizar el referéndum del 1-O. Una pugna en la que el perdedor puede salir malparado.
Es una situación preocupante. El Estado de derecho tiene entre sus fundamentos la separación de poderes, y las intromisiones de unos en las competencias y atribuciones de otros no benefician a ninguno de ellos. En este país, desgraciadamente, en los últimos tiempos se han judicializado temas políticos y se han politizado temas judiciales. Repetimos, no es bueno que la justicia sea el centro de atención política, pues ello puede distraer su trabajo, y no es bueno que la política derive a los tribunales asuntos que deben solucionarse por la vía de la negociación y el diálogo.
La justicia española se halla en el punto de mira de la sociedad, que muchas veces ve con sorpresa –e incluso estupor e indignación– sentencias judiciales que crean una brecha de desconfianza entre el poder judicial y la ciudadanía. Respetar las resoluciones de los tribunales, aunque no se compartan, no es óbice para que el ciudadano pueda expresar su crítica constructiva y razonada, deseable incluso en el marco de una sociedad libre. La justicia no puede arreglar todos los problemas de la sociedad, pero cuando esta no entiende las razones por las que los tribunales toman determinadas decisiones estamos ante un grave problema. El ciudadano quiere y necesita creer que quien imparte justicia lo hace de modo imparcial, por encima de presiones y creencias personales, y que por tanto puede confiar en él.
La pugna entre el poder ejecutivo y el judicial es ciertamente preocupante y obliga a una profunda reflexión a todos los actores implicados. El choque institucional entre el Gobierno y los jueces debilita el Estado de derecho y aleja al ciudadano de las instituciones.****


Como puede apreciarse, la lectura paralela de lo ocurrido se centra en la parte final en la que se habla de "por encima de presiones y creencias personales". El editorial de La Vanguardia resulta interesante juego retórico en donde te van llevando poco a poco de un lugar a otro, de La Manada a Cataluña, de "jueces presionados" a "jueces con prejuicios", ambos alejados de esas manifestaciones populares que se quieren identificar.  El enemigo  —"La justicia española se halla en el punto de mira de la sociedad"****— está claro para una sociedad que siente "sorpresa", "estupor" e "indignación". El editorial consigue un doble objeto: mientras que otros piden la cabeza de Rafael Catalá, La Vanguardia pide la cabeza de todos —Catalá, los jueces, la Justicia— en una maniobra envolvente de confusión de quien lee, que ya no sabe porqué se protesta, si por la actuación de los jueces en el caso de la Manada o en el "procés". No se habla de la "Justicia" sino de la "Justicia española" en otro intento de juego de distancias.
Hay un párrafo en el que concentra todo el peso de la argumentación y adquiere la forma de "advertencia":  «En este país, desgraciadamente, en los últimos tiempos se han judicializado temas políticos y se han politizado temas judiciales. Repetimos, no es bueno que la justicia sea el centro de atención política, pues ello puede distraer su trabajo, y no es bueno que la política derive a los tribunales asuntos que deben solucionarse por la vía de la negociación y el diálogo.»*** Las tesis nos suenan. Cada cual que lo lea como quiera.


El amplio despliegue mediático internacional concedido al caso de La Manada es usado como una cuña para mostrar la idea principal desarrollada por el separatismo desde el inicio (o antes) del "procés": España es un estado fascista, dictatorial, patriarcal frente a la moderna y democrática Cataluña, la víctima de su opresión. El resultado: España es "La manada" y Cataluña, la víctima indefensa, arrinconada y violada con la complicidad de los jueces. Los jueces son los "mismos". Así funciona el mecanismo de asociación mental, de conexión de hechos, para dirigir hacia una percepción distinta.
No sorprende el amplísimo grupo de sitios de noticias desde Cataluña, publicadas en inglés, que se centran en los jueces que llevan el proceso por el referéndum ilegal y la proclamación de la república instantánea catalana. El tuit de Patricia Plaja es un acto reflejo, una manifestación rápida que hace establecer las conexiones.
En abril, el diario El País publicaba el amplio respaldo dado por las asociaciones internacionales a los jueces españoles por los ataques producidos desde el "procés":

Los jueces españoles que están desarrollando un papel clave en esta fase crítica del proceso independentista en Cataluña, con ataques y presiones cada vez más evidentes, no están solos. Colegas agrupados en las principales asociaciones internacionales han expresado en los últimos días en comunicados oficiales su respaldo a su actuación y su condena por ese tipo de coacciones incompatibles con un Estado democrático. El pronunciamiento más relevante y contundente lo expresó la Unión Internacional de Magistrados (UIM), profesional y apolítica, fundada en 1953 y en la que están representadas asociaciones de jueces de 73 países en cinco continentes. El comunicado de la UIM empieza por destacar que su comité presidencial fue informado de los "actos de vandalismo y violencia perpetrados en diferentes tribunales de la región de Cataluña y también cerca de la casa de un magistrado del Tribunal Supremo" y recuerda que el pilar esencial de la independencia judicial en un Estado de derecho debe poder desempeñarse "sin presiones indebidas o sin cualquier coacción o amenaza, explícita o implícita".****


Ahora los interesados en el descrédito internacional de la justicia española tienen nuevas municiones para que los apoyos sean más tibios, menos manifiestos. Por más que ocurran muchas cosas en escenarios separados, los que quieren crear conexiones y utilizarlas para sus fines, lo hacen. La indignación contra la sentencia se ha convertido en una lucha contra el sistema judicial, el mismo que juzga el "procés", en una especie de inhabilitación popular. Se trata de debilitar el respaldo, por un lado, pero por otro para forzar la teoría de lo político del caso, la mantenida por el secesionismo. No es otra que la que aparece en el editorial de La Vanguardia. "Jueces presionados" o "incompetentes" es su teoría.
La gente que salió a la calle para respaldar la acción de la justicia y su derecho a no ser españoles de segunda o catalanes obligados es la más perjudicada. Su confianza en la justicia va a ser atacada por las maniobras de manipulación de los dos casos conjuntamente. Así se les aísla más.
Rafael Catalá se ha equivocado. En vez de cargar contra un juez y reabrir la veda, lo que tendría que haber hecho es manifestar su confianza en la Justicia, en los recursos, y restablecer la conexión con la sociedad. No se trataba de respaldar la sentencia, algo que nadie ha hecho por su contenido; pero las formas son esenciales en una democracia y más entre instituciones. El que quiera ser un ciudadano más, que deje el puesto. Ser ministro de Justicia impone unos límites y unas responsabilidades. Por eso todos piden su dimisión. Desacreditando o dudando del juez, si se prefiere, se tiraba piedras a su propio tejado.
La política de la confusión interesa a muchos. 



* Editorial "La temeridad de Catalá erosiona el Poder Judicial" El Mundo 1/05/2018 http://www.elmundo.es/opinion/2018/05/01/5ae74f0f468aebd52f8b4602.html
** Editorial "Injerencia inadmisible" El País 1/05/2018 https://elpais.com/elpais/2018/04/30/opinion/1525100465_655177.html
*** "Mossos cesa a su jefa de comunicación por un tuit personal sobre la sentencia de ‘La Manada’" La Vanguardia 28/04/2018 act. 29/04 http://www.lavanguardia.com/politica/20180428/443100433002/mossos-cesa-jefa-prensa-patricia-plaja.html
**** Editorial "Un conflicto por resolver" La Vanguardia 30/04/2018 http://www.lavanguardia.com/opinion/20180430/443161824647/un-conflicto-por-resolver.html
***** "Respaldo internacional a los jueces ante los ataques en Cataluña" El País 2/04/2018 https://politica.elpais.com/politica/2018/04/01/actualidad/1522581900_940032.html