martes, 17 de marzo de 2026

Ormuz

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los medios comentan los portazos que se le están dando a Trump con la cuestión del estrecho de Ormuz y todo aquello relacionado con él. Ormuz es el espacio del no. Creo que es un buen indicador de los problemas de Trump, el pago a no haber contado con los demás en los momentos anteriores.

Trump habla de "gente entusiasmada" con participar mientras que otros, dice, "no se están portando bien". Afirma estar decepcionado con las respuestas de gente como Starmer y se pregunta qué sentido tienen defender a ciertos países si "ellos no nos defienden a nosotros". Todo esto tiene consecuencias y se traducirán en seguras represalias de cualquier tipo por su parte, Nadie se va de rositas con Trump. Pero el hecho de que necesite apoyos para el lío es ya significativo y pronto les pasará factura en el interior al ver que han sido mentiras la forma en que se ha promovido todo. ¿Han creído realmente las mentiras presidenciales, sus bravuconadas, las exageraciones, los datos de cuánto iba a durar la guerra y que ya estaba casi terminado todo? ¿Lo han creído realmente?

Es lo que podríamos llamar un momento existencial. Es el momento que muchos estaban esperando para darse el gustazo de dejar plantado a Trump. Un "¡tú te lo has buscado!"; "no es la guerra de Europa".

Por otro lado, la negativa a dejarse arrastrar a un conflicto mayor tiene una parte positiva en la medida que nos muestra una mayor unión en Europa, algo sumamente necesario. Pero también nos asegura un camino complejo por delante y un sentido de auto defensa que debemos tener claro.

El País

Puede que algunos piensen que esto es una situación momentánea de los Estados Unidos bajo esta presidencia, que luego las cosas serán distintas. Esto sería un error, pues esto es un curso acelerado de dónde nos hemos metido. La idea de si esto es tendencia futura y no solo un episodio circunstancial es una parte, pero es algo más. Una epifanía de lo que puede ser un futuro de dependencia de los Estados Unidos y puede haber cosas peores en lo que nos aguarda, cuyo sentido es convertir a los Estados Unidos en una súper potencia que controle todos los campos, del militar al energético pasando por el informativo. De no remediarse pronto, ese futuro es la de peones en un tablero.

Por lo que estamos viendo, las acciones van todas aseguradas a conseguir la supremacía a través de la dependencia. Desde la cima, se invade, conquista o estrangula el desarrollo de otros países. Nadie tiene ya el derecho a crecer, a progresar ni a conseguir la autonomía, palabra que evoca el peligro de no depender.

La súper potencia no deja crecer, asfixia. El crecimiento solo es posible si beneficia directamente a USA. Lo estamos viendo en casos como el de Ucrania, donde se vende la defensa imponiendo condiciones y que ahora se le permite a Rusia negociar con el petróleo, aunque suponga problemas para Ucrania y, por ende, a Europa.

Lo estamos viendo en Venezuela en la que el régimen instaurado tras el secuestro de Nicolás Maduro se ha comprometido prácticamente a ser un feudo petrolífero cuya función no solo es permitir el beneficio norteamericano sino evitar que el crudo vaya a sus rivales comerciales, a los que trata de perjudicar para evitar la competencia. Lo vemos en la asfixia de Cuba entre apagones.

Por eso la negativa de los países europeos a ir a Ormuz, a participar en una guerra para la que no se ha consultado es importante. Pone a Trump en una situación que no esperaba y en la que veremos qué decisiones toma.

Veremos quiénes son —si existen realmente— esos países "entusiasmados" en formar parte de esta guerra trumpista, conversión a decisiones bélicas de la política grandilocuente, soberbia y agresiva de Trump a la que ha arrastrado a un país al que prometió paz, después una guerra que iba a ser relámpago y de la que ahora no sabe cómo salir y pide ayuda, es cierto, que a su manera.

Ormuz tiene mucho de espacio crítico, de frontera de la sinrazón, al que se nos arrastra sin saber qué consecuencias puede tener para el mundo en lo militar o en lo económico. Trump nos ha arrojado a ello y nos pide mayor implicación, algo a lo que Europa se resiste con razón.

 

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