Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los
medios comentan los portazos que se le están dando a Trump con la cuestión del
estrecho de Ormuz y todo aquello relacionado con él. Ormuz es el espacio del no.
Creo que es un buen indicador de los problemas de Trump, el pago a no haber
contado con los demás en los momentos anteriores.
Trump
habla de "gente entusiasmada" con participar mientras que otros, dice, "no se están portando bien". Afirma estar decepcionado con las respuestas de
gente como Starmer y se pregunta qué sentido tienen defender a ciertos países
si "ellos no nos defienden a nosotros". Todo esto tiene consecuencias
y se traducirán en seguras represalias de cualquier tipo por su parte, Nadie se
va de rositas con Trump. Pero el hecho de que necesite apoyos para el lío es ya
significativo y pronto les pasará factura en el interior al ver que han sido
mentiras la forma en que se ha promovido todo. ¿Han creído realmente las
mentiras presidenciales, sus bravuconadas, las exageraciones, los datos de
cuánto iba a durar la guerra y que ya estaba casi terminado todo? ¿Lo han
creído realmente?
Es lo
que podríamos llamar un momento
existencial. Es el momento que muchos estaban esperando
para darse el gustazo de dejar plantado a Trump. Un "¡tú te lo has
buscado!"; "no es la guerra de Europa".
Por
otro lado, la negativa a dejarse arrastrar a un conflicto mayor tiene una parte
positiva en la medida que nos muestra una mayor unión en Europa, algo sumamente
necesario. Pero también nos asegura un camino complejo por delante y un sentido de auto
defensa que debemos tener claro.
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| El País |
Puede
que algunos piensen que esto es una situación momentánea de los Estados Unidos
bajo esta presidencia, que luego las cosas serán distintas. Esto sería un
error, pues esto es un curso acelerado de dónde nos hemos metido. La idea de si
esto es tendencia futura y no solo un episodio circunstancial es una parte, pero es algo más. Una
epifanía de lo que puede ser un futuro de dependencia de los Estados Unidos y
puede haber cosas peores en lo que nos aguarda, cuyo sentido es
convertir a los Estados Unidos en una súper potencia que controle todos los
campos, del militar al energético pasando por el informativo. De no remediarse pronto, ese futuro es la de peones en un tablero.
Por lo
que estamos viendo, las acciones van todas aseguradas a conseguir la supremacía
a través de la dependencia. Desde la cima, se invade, conquista o estrangula el
desarrollo de otros países. Nadie tiene ya el derecho a crecer, a progresar ni a
conseguir la autonomía, palabra que evoca el peligro de no depender.
La
súper potencia no deja crecer, asfixia. El crecimiento solo es posible si
beneficia directamente a USA. Lo estamos viendo en casos como el de Ucrania,
donde se vende la defensa imponiendo condiciones y que ahora se le permite a
Rusia negociar con el petróleo, aunque suponga problemas para Ucrania y, por
ende, a Europa.
Lo
estamos viendo en Venezuela en la que el régimen instaurado tras el secuestro
de Nicolás Maduro se ha comprometido prácticamente a ser un feudo petrolífero
cuya función no solo es permitir el beneficio norteamericano sino evitar que el
crudo vaya a sus rivales comerciales, a los que trata de perjudicar para evitar
la competencia. Lo vemos en la asfixia de Cuba entre apagones.
Por eso
la negativa de los países europeos a ir a Ormuz, a participar en una guerra para la que
no se ha consultado es importante. Pone a Trump en una situación que no
esperaba y en la que veremos qué decisiones toma.
Veremos
quiénes son —si existen realmente— esos países "entusiasmados" en
formar parte de esta guerra trumpista, conversión a decisiones bélicas de la
política grandilocuente, soberbia y agresiva de Trump a la que ha arrastrado a
un país al que prometió paz, después una guerra que iba a ser relámpago y de la que ahora no
sabe cómo salir y pide ayuda, es cierto, que a su manera.
Ormuz
tiene mucho de espacio crítico, de frontera de la sinrazón, al que se nos
arrastra sin saber qué consecuencias puede tener para el mundo en lo militar o en lo económico. Trump nos ha arrojado a ello y nos pide mayor implicación,
algo a lo que Europa se resiste con razón.




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