Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Durante décadas se habló de la televisión como "la caja tonta", pero creo que los teléfonos móviles deberían asumir esta denominación. Méritos no les faltan. Hemos creado la máquina de la estupidez perfecta pasiva y activa. Es pasiva por lo que dejas de hacer con tu tiempo, la falta de un tiempo aprovechable, y es activa por la cantidad de estupidez que te llega y absorbes.
Viajar en transporte público te da una perspectiva diferente del sentido del tiempo aprovechable. Ves cómo el mundo se divide en tres grupos: los que viajan durmiendo, los que aprovechan ese tiempo leyendo con un libro (en papel o digital) en las manos y, el grupo mayoritario, los que pasan el pulgar por la pantalla del móvil. Hay otros pequeños grupos, como los que van de charla porque coinciden en el trayecto.
En ocasiones tienes la ocasión de ver lo que tienen en sus pantallas. La posición elevada te permite ver lo que ellos ven. Es variado, pero lo interesante —es lo que han señalado investigadores— es el tránsito, el movimiento continuo de una pantalla a otra, un movimiento constante que no encuentra nada en lo que detenerse, una exploración de la trivialidad.
Un viaje reciente me permitió ver ese paseo continuo: varias pantallas de perritos, un breve clip que se repetía de un pequeño orangután... La nada en imágenes breves que el dedo pulgar iba cambiando. Yo contaba el tiempo que se permanecía entre cambios: uno, dos, tres... El tiempo era entre siete y diez segundos. No era mucho.
Muchas veces me causa tristeza ver a tantos jóvenes perdiendo el tiempo, dejando cosas de interés, que pueden ser hasta divertidas, en beneficio de esta trivialidad embrutecedoras que no solo tienen efectos educativos, sino psicológicos, como nos avisan con frecuencia.
En 20minutos se vuelve a tomar la cuestión y los efectos:
Hace apenas unas semanas, Clara decidió poner remedio a la sensación de estar perdiendo cada rato libre entre notificaciones y scroll infinito. A sus 25 años, acaba de terminar el MIR y ha encontrado en el ganchillo una forma extraña de paz: "Cuando estoy haciendo ganchillo desconecto totalmente de todo, entro en un bucle en el que no paro, pero mi mente se va y el tiempo pasa volando", explica.
Lo que busca Clara es cada vez más común: jóvenes que han crecido entre pantallas, pero que ahora pagan por pintar un cuadro con vino, aprender crochet o sentarse a tejer en grupo para, literalmente, dejar el móvil a un lado. No reniegan de lo digital —de hecho, muchos llegan por TikTok o Instagram—, pero necesitan un espacio donde el resultado sea algo que se toca, se estrena o se cuelga en la pared.
En el distrito
barcelonés de Sarrià-Sant Gervasi, el estudio de pintura de Belén Almodóvar,
artista, bel.alma.art, lleva siete años abierto, pero hace dos y medio puso en
marcha una actividad que se ha convertido en plan de culto entre grupos de
veinteañeras y treintañeros: el Art and Wine. "La experiencia
es tomarse una copita de vino mientras estás con tus amigos pintando un cuadro,
con un poco de queso, almendras, buena música y mucha charla", resume
Belén.
En los últimos años, cuenta que llegan cada vez más grupos de gente joven "cansados de estar haciendo siempre lo mismo" y buscando "experiencias distintas". Lo que le repiten es casi siempre igual: quieren "hacer algo con las manos, algo relajante, algo que no sea una pantalla" y que, al final, les permita llevarse a casa un objeto hecho por ellas mismas.*
No nos interesa la forma —el ganchillo y el vino—, sino la sensación de pérdida, de vacío improductivo que provoca ese siniestro "agujero negro" en que se han convertido los teléfonos móviles, una siniestra constatación de que Marshall McLuhan tenía razón: el medio es el mensaje.
El hecho de que cada vez más gente necesite alejarse del móvil es el síntoma de una adicción programada que ha hecho millonaria a una industria en diversos niveles que van desde las redes sociales a las tecnológicas, pasando por eso que llaman "creadores de contenido", publicitas, comunicadores, etc.
El vacío, la soledad, el imperio de lo trivial, etc. van generando una especie de enfermedad que nos convierte en víctimas activas de un modelo social que se basa en esa anulación de la inteligencia individual y colectiva. Se ha creado la herramienta perfecta para promover la nada, el tiempo improductivo en lo personal que hace ricos a los que están detrás con múltiples negocios. Incluso, crea el negocio de alejarse de la adicción, como se nos cuenta en el artículo de 20minutos. Como se suele decir, no es un problema, sino una oportunidad.
Llevamos el tiempo suficiente con todo esto para saber que no son exageraciones sino una triste realidad que se ha convertido en un gran negocio que transforma nuestro mundo global. Cuando se intenta promover medidas, las fuerzas poderosas se activan tratando de evitarlas.
Tenemos una sociedad cada vez más inculta, más manipulable. Lo que podría usarse para promover la cultura, se usa para destruirla. España es especialmente sensible a esto y los efectos los vemos en escuelas, institutos y universidades cada día. Falla todo aquello que debería promover un uso inteligente de esa nueva caja tonta por la que se accede al universo trivial.
El problema es complejo en su doble dimensión de lo que se transmite y los efectos de la exposición exclusiva. Quieren nuestro tiempo, todo nuestro tiempo, en este sistema de "economía de la atención".
No sé si la solución está en sustituir una forma de atracción por otra. Creo que hay muchas alternativas con consecuencias distintas, que permitan vivir más allá del "no móvil". Una adicción se sustituye por otra menos exigente que nos aleje de la primera. Hay que avanzar en algo que nos sea constructivo en lo personal y en lo social, No es fácil desde el nivel al que hemos llegado.
Nos centramos en niños y jóvenes, pero la realidad nos muestra una vez más nuestra hipocresía. ¿Cuántas parejas vemos cada uno con su teléfono? ¿Cuántos padres dejan a los niños mientras atienden a sus móviles? No, no es "algo de niños", sino algo que "empieza en la infancia" y avanza con nosotros. Pero es más fácil convertirnos en "defensores de los niños" que enfrentarnos al negocio de adultos y ampararnos en su libertad y responsabilidad.
* Andrea Gabarro "Tejer y pintar para no hacer 'scroll': "El reto de mi generación es concentrarse en algo que no sea el móvil"" 20minutos 22/03/2026 https://www.20minutos.es/nacional/tejer-pintar-para-no-hacer-scroll-reto-mi-generacion-es-concentrarse-algo-que-no-sea-movil_6948256_0.html






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