Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Estamos
empezando a ver acciones y a escuchar palabras que están en el límite de un
sistema democrático. La radicalización llega y se nos avisa, pero no acabamos
de entender sus posibles efectos en el momento en que se dé un paso más.
Ayer
nos hablaban de condenas en juicios por palizas de corte homofóbico, algo que creíamos
superado, pero que llega de nuevo a los tribunales. Son frecuentes este tipo de
acciones tipificadas como "delitos
de odio", como han reconocido en la sentencia.
Si hay
un delito de odio claro es el que se convierte en terrorismo. Curiosamente es
el "odio" el que "blanquea" estas acciones cuando las
justifica en la mente del que las comete y de los que le apoyan. Ningún
terrorista se considera terrorista, sino un "justiciero", alguien que
busca una rectificación del mal camino que otros emprenden.
Se
empieza así, polarizados, y se termina cometiendo actos que son terroristas. Lo
que antes se vinculaba esencialmente con las divergencias nacionalistas, hoy
comienza a gestarse en torno a cuestiones de otro orden, como puedan ser la violencia
de género, la vicaria y los ataques de corte homófobo en cualquiera de sus
variantes. De nuevo, el terrorista se percibe como un "rectificador"
de conductas "indeseables" que van contra alguna ley divina o
ancestral, algo que debe ser defendido por la fuerza, redimido mediante la
violencia.
Nos
parecen sensatas las palabras de Juan Benito Valenciano en la conmemoración
anual de unos muy tristes hechos:
La radicalización "no comienza con un acto violento, comienza con la deshumanización del otro, con discursos que simplifican, que señalan, que excluyen, con relatos que justifican la violencia como atajo ideológico", ha advertido el presidente de la Fundación Víctimas del Terrorismo, Juan Benito Valenciano, en el acto presidido este lunes por el ministro del Interior Fernando Grande-Marlaska con motivo del Día Europeo en Memoria de las Víctimas del Terrorismo que cada año recuerdan los atentados yihadistas en Madrid en los que murieron 192 personas, los más graves ocurridos en el continente europeo.
La "memoria, la justicia
y la educación" como respuesta al terrorismo, esa es la lección
que han dado las víctimas, ha señalado Valenciano en el acto, celebrado en la
sede de la Fundación Francisco Giner de los Ríos, en Madrid, que ha comenzado
con una actuación musical de Sofía Comas y un minuto de
silencio en memoria de todas las víctimas del terrorismo ante un abarrotado
auditorio.
"El 11 de marzo es una herida en la memoria colectiva de nuestro país, aquel día el terror golpeó trenes llenos de vida cotidiana, estudiantes, trabajadores, madres, padres, sueños en marcha hacia un destino cualquiera y nos recordó con brutal claridad que el terrorismo no ataca solo infraestructuras, ataca la convivencia, la libertad, la dignidad humana", ha asegurado Valenciano al recordar el impacto que causaron los atentados.*
Creo que con sus palabras define verdaderamente dónde está el terrorismo y dónde está la solución, algo que no acabamos de entender y sobre todo de poner en marcha. La violencia social crece y es una lacra que encuentra justificadores.
Ayer comentábamos las acciones de 30 encapuchados empeñados en desbaratar el Día de la Mujer provocando acciones violentas en la Facultad de Ciencias Políticas de mi universidad. Lo que debería ser un espacio de diálogo se convierte en campo de batalla. De repente, el otro —como bien señala JB Valenciano— se "deshumaniza" y se convierte en objeto sobre el que descargar violencia y frustración, ira sin contención.
El ataque al feminismo, es decir, a la búsqueda de una igualdad de derechos y oportunidades, se hace en nombre de un estereotipo, el de la "feminidad", que no es que una percepción patriarcal que las mujeres deben "aceptar", un imposición o peor, una auto aceptación de un destino marcado desde fuera. La desobediencia genera violencia, que es la que vemos cada vez más presente.
Son muy preocupantes las justificaciones de la violencia que se detectan a través de las encuestas e informes entre los jóvenes. Ese radicalismo degenera en violencia y que sigue los modelos de otras radicalizaciones que se ajustan a otros modelos imitándolos.
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La violencia de género mata y es una forma de violencia que se adapta a estas formas de nuevo terrorismo. Los encapuchados de la Universidad ya van avanzando hacia un estado final al que algunos llegarán en más o menos tiempo. Sus objetivos pronto serán "deshumanizados" y se justificará el uso de la violencia.
La violencia de género ya no es algo que se produce en el ámbito privado, sino una guerra abierta contra ideas y quienes las representan. El tono con el que se ataca a las mujeres a través de las redes es otra forma de violencia cada vez más frecuente y agresiva.
Todo ello, de la red a la violencia directa, crece. Es el otro terrorismo al que no debemos ni acostumbrarnos ni taparlo con otras etiquetas. Es una deshumanización que justifica la violencia que se usa. Es odio en acción.
Más allá de la celebración está el recuerdo, si, pero también la prevención de otras formas que adopta la radicalización creciente. Violencia de género, homofobia... son manifestaciones de odio que aumenta su violencia que se manifiesta en privado, en redes o en las calles.
* "Las víctimas del terrorismo alertan sobre los "discursos que excluyen" con relatos que justifican la violencia como atajo ideológico"" RTVE.es 9/03/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260309/acto-europeo-memoria-victimas-terrorismo/16972498.shtml







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