miércoles, 25 de febrero de 2026

Punch

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Lanzo la moneda: cara, Trump; cruz, Punch. Sale Punch y que no se entere Trump. Ya tiene bastante con Melania y su documental, como para que ahora pierda protagonismo por un macaco japonés al que rechazó su madre.

No me entiendan mal. Este texto no va de Punch abandonado por su madre, sino de las reacciones de la gente ante el abandono de Punch por su madre,  una sociedad que tiene alteradas sus jerarquías, que se mueve por eso que llaman "viral" como si fuera movida por el viento.

Punch ha conseguido... corrijo: los que quieren que nos conmovamos con Punch lo han conseguido, Unos hablan movidos por el drama del abandono; otros hablan de los que hablan de Punch y despotrican con el asunto hablando de manipulación, formas de distraer la atención creando cortinas de humo, etc.

Después te muestran que, como el mono se vende en IKEA, la empresa ha creado sus propias campañas publicitarias aclarando que donde unos te abandonan ellos te acogen. De repente, Punch mueve millones. Unos acusan al Zoo porque creen que todo es una maniobra para vender entradas, que está estudiado que esto de las crías rechazadas moviliza las emociones y lo aprovechan; dicen que a los niños les hace gracia y piden que les llevan a Zoo en cuestión o que les regalen un peluche de esos que han servido de refugio a Punch.

Nos tienen que recordar que en España está prohibido tener monos en casa porque la gente está empezando a llamar a las tiendas de animales a ver si tienen monos. Un señor que sale en la televisión dice que recibe decenas de llamadas preguntando por monos.

Punch ha movilizado a la opinión pública mundial, se ha convertido en cuestión de estado y en cuestión familiar. La gente sufre y habla sobre lo cruel que es mundo, incluido el de los macacos.

La cuestión lleva ante las cámaras a centenares de expertos en comportamiento de primates —¡los más próximos a nosotros, los humanos!— que aprovechan para darnos una disertación etológica y nos hablan de socialización, de rechazo, etc. Otros van más lejos:

La organización de defensa de animales PETA demandó este martes el traslado a un santuario del macaco japonés Punch, que se volvió viral por aferrarse a un peluche en el zoológico de la ciudad de Ichikawa, al afirmar que el animal sufre un trauma derivado del cautiverio y el aislamiento.

"Como todos los macacos, Punch debería crecer en un grupo familiar unido, aprendiendo habilidades sociales vitales y explorando un hábitat natural rico, y no buscando el consuelo de un juguete en un pozo de cemento", dijo Jason Baker, presidente de PETA Asia, según un comunicado compartido este martes por la organización de defensa de animales.*


La culpa, nos dicen, la tenemos los humanos que criamos en cautividad a los que deberían estar en la naturaleza, por lo que se alteran los comportamientos y se dan estos rechazos. En la naturaleza no pasan estas cosas, nos dice otro experto en simios, que le atraen más que los humanos, que convertimos todo en espectáculo y la liamos.

La verdad es que no hay medio que no trate este asunto capital y desplace de portadas y titulares destacados cualquier otra noticia, incluidas las de Trump, que tendrá que provocar una guerra más para poder recuperar protagonismo.

En Japón pasan últimamente cosas muy raras. La primera ministra, a la que le gusta que la llamen como a Margaret Thatcher, la "dama de hierro", esa que lleva un gran bolso para afirmar que trabaja más que nadie, debería tomar cartas en el asunto porque el caso Punch se puede ir de las manos, convertirse en metáfora política y que la madre mona acabe con un gran bolso. ¿Optaron los japoneses en las urnas por la mano dura y no por el blandengue peluche de consolación?

Este es ya un mundo de imágenes, imágenes de esas que no solo dan la vuelta al mundo, sino que lo ponen patas arriba con su poder simbólico, sea el que sea. No me quito de la mente esas personas llorando y llorando (ahora llorar también se ha vuelto un espectáculo y han surgido expertos en "llanto público" que nos lo explican) por lo de Punch.

Me imagino a muchos llorando por Punch durante una comida en medio de la dana; me los imagino llorando por Punch mientras nos muestran las imágenes de muerte y destrucción en Ucrania, en Gaza, en tantos sitios. No le ahorremos nuestras lágrimas, como pidió Goethe para su desgraciado Werther y sus cuitas.

Las cosas más extrañas se nos muestran explicadas por expertos en la materia. También los expertos pasan a ser extraños, gloria explicativa de un día. Nos dicen lo posible y lo imposible de hechos captados en un instante por gente armada de teléfonos que estaba allí. Luego llega el "trending" y todo se desborda.

Necesitamos del diccionario delante para leer a los clásicos ahora inaccesibles y necesitamos a los expertos en traumas infantiles de macacos japoneses para no desperdiciar la hermosa ocasión de llorar a coro.

Punch, ¡pobre Punch!, elevado a la efímera gloria de un día en el que se convierte en el centro emocional de la Humanidad, para regresar a la oscuridad poco después, dejando estelas de deseos de adopción insatisfecha.

Primeras planas, hueco en las televisiones, radios... con sonrisa irónica o sin ella, Punch está por todas partes mostrando nuestro funcionamiento social y mediático. Si ayer Donald Trump advertía de que no podía haber "dos estrellas en la misma casa", hoy sabe que caben tres, que siempre habrá un Punch que llegue a nuestras vidas, nos robe el corazón, movilice nuestro bolsillo y nos haga llorar. 


* "Los animalistas de PETA piden trasladar a un santuario al mono viral Punch: "Lo que algunos llaman adorable es un trauma"" 20minutos / EFE 24/02/2022 https://www.20minutos.es/gonzoo/peta-pide-trasladar-punch-mono-japones-viral-un-santuario-porque-sufre-un-trauma_6938143_0.html

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