Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Si ayer recogíamos la afirmación en titulares de que "no existe un perfil" entre los maltratadores en las agresiones sexuales, hoy no encontramos con otro en RTVE Play, con una pieza emitida en los Telediarios Fin de Semana hablando sobre las desigualdades en los sueldos entre hombres y mujeres. Se nos ofrece el siguiente resumen:
La discriminación salarial tiene un rostro, el de las mujeres. Hay varios motivos que lo provocan, entre ellos, la maternidad, que sigue generando importantes episodios de desigualdad.
Lo acreditan los datos: el salario medio de una mujer es de 2.163 euros al mes frente al del hombre que es de 2.593.
La brecha salarial se ha estacando en el 16,6% y, aunque ha habido avances, todavía hay cierto temor a denunciar estos casos de discriminación.*
Si nos decían que no había "perfil" en los agresores, en este caso sí tenemos un perfil colectivo de las víctimas: mujeres. La discriminación salarial es una forma más de violencia contra las mujeres, A diferencia de la violencia física, que es individual, la violencia salarial es social, responde a sus "lógicas del mercado" y hay que tratarla como lo que es: discriminación, violencia.
El hecho de que a igualdad de trabajo se reciba un salario menor es claramente una forma de abuso, por un lado, y de explotación por otro. ¿Están desvinculadas la violencia física y la violencia salarial? Indudablemente ambas parten de una consideración de inferioridad y de sumisión de la mujer a las condiciones que se le ofrecen.
Se nos dice que la "maternidad" genera "importantes episodios de desigualdad", pero ¿cómo es posible que a estas alturas no hayamos comprendido que la maternidad no es un obstáculo sino una condición necesaria para el desarrollo social? Es la negación del hecho más evidente. El estancamiento de nacimientos tiene sus propios efectos directos e indirectos no solo desde el punto de vista del crecimiento, sino desde el laboral.
Una sociedad que pretende ignorar el hecho de la maternidad no es una sociedad realista, sino construida sobre una ficción interesada. Una sociedad que extrapola la diferencia de la maternidad a otros campos para generar desigualdades es claramente una sociedad patriarcal, poco o nada moderna, por mucho que se considere como tal.
Un segundo aspecto es la normalización del problema como está ocurriendo gracias al retroceso social provocado por la vuelta de tradicionalismo extremo que suponen la ultraderecha religiosa, el trumpismo, etc.
El principio es el mismo: si Dios nos ha hecho diferentes, la sociedad debe estimular esa diferencia y lo que supone, Y lo que supone es que es el hombre quien trabaja y la mujer quien se queda en casa cuidando de marido e hijos. Ese es su trabajo, sancionado con todo tipo de bendiciones y orgullo. No hay "buena mujer"; hay "buena esposa". La división no es entre hombres y mujeres; esta se transforma en la división entre maridos y esposas.
Durante siglos las mujeres de ciertas clases no podían ejercer otra labor que la de esposas. ¿Ese es el nuevo objetivo? Es lo que ha ido creciendo en países avanzados en muchos aspectos, como los Estados Unidos. Nos lo dan las cifras de los estudios. Las mujeres, dicen, deben quedarse en casa y tener hijos, muchos hijos, para evitar "la gran sustitución", es decir, que las familias inmigrantes tengan más hijos y se acaben haciendo con el control del país. Para que eso salga adelante hay que recurrir a que la mujer se quede en casa y a la xenofobia y al racismo. El feminismo igualitario es un obstáculo y por eso se le considera "ideología" perniciosa. Las mujeres con salarios bajos son un objetivo de este nuevo "tradicionalismo" para desincentivar el trabajo de las mujeres. ¡Hasta el machismo acosador es bueno si hace que las mujeres se quedan en casa y tener hijos! El grado de retorcimiento y justificación puede llegar a ser enorme.
Pero la segunda parte de todo esto nos lleva a los titulares de ayer sobre el maltrato, sobre la violencia de género: estar en casa no es garantía de matrimonio feliz. La expansión de la violencia contra las mujeres es lo que los datos y hechos nos ofrecen y esta se vuelve entonces violencia doméstica o familiar. Acoso, bajos sueldos... fuera; dentro crece la violencia en la familia. No es buen panorama para las mujeres ni para la sociedad en su conjunto.
Tanto la dependencia como la independencia de las mujeres se vuelven contra ellas. Esa es la paradoja de un incongruente modelo patriarcal que se está expandiendo recortando a través de estereotipos, de prácticas sociales y debilidades los derechos y perspectivas de futuro.
Ayer insistíamos en que la inexistencia de perfiles en la agresión a las mujeres significaba que el problema es individual, pero profundamente social, es decir, derivado de un modelo subyacente que sigue definiendo a las mujeres como inferiores, aunque no se exprese en esas palabras. Estas van en una dirección mientras los hechos van en otra. Es de un modelo equivocado de donde salen los comportamientos equivocados.
Estamos viendo el preocupante aumento de las agresiones contra niñas en grupos escolares, pandillas de instituto, grupos, etc. Aumentan mientras disminuye la edad de los agresores, Son una clara muestra de que no estamos yendo en la dirección adecuada.
* "La discriminación salarial tiene un rostro, el de las mujeres" RTVE Play 22/02/2026 https://www.rtve.es/play/videos/telediario-fin-de-semana/discriminacion-salarial-tiene-rostro-mujeres/16949190/






No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.