jueves, 31 de enero de 2013

El precedente tonto

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En este país de ciegos, en el que todo se mira con lupa, surgen a veces extraños razonamientos más allá de los razonable. Puesto que se trata de debatirlo todo, desde el modelo de Estado hasta la chapucera y bienintencionada restauración de un olvidado Cristo deteriorado en un pueblecito perdido, le toca ahora a esa figura excepcional y por ello siempre sujeta a revisión y discusión que son los indultos. Si los indultos no fueran discutibles, no serían indultos. Pero, dentro de esto, hay muchas consideraciones que se pueden y deben hacer. El indulto mejora la justicia, no la pisotea, introduce variables que la Justicia no ha tenido en cuenta, pero que están en la sociedad, por ejemplo, la diferente visión social que pudiera haber de un delito con el paso del tiempo. Y muchas otras, pero desde luego, no se puede indultar a nadie con un delito que la sociedad en su totalidad condena.
Me ha llamado la atención la defensa que el ministro Ruiz-Gallardón ha hecho del llamado "kamikaze" de la carretera ante los que le reclamaban y discutían. Cuando se ha visto interpelado por la oposición el ministro indultante les ha dicho:

“Ustedes marcaron la pauta. ¿Por qué no quieren que los demás hagan lo que ustedes hicieron?”. Se ha producido entonces un silencio absoluto para escuchar a qué se refería Alberto Ruiz-Gallardón. El titular de Justicia ha encontrado coincidencias entre este caso y otro ocurrido en septiembre de 2011 y que terminó con la concesión de un indulto por parte del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. “Dos delitos por seguridad vial, con penas de 12 y 13 años, conducción kamikaze con resultado de muerte, y en las dos alegaciones para solicitar el indulto se argumentó que tenían epilepsia”. El ministro ha confesado que tuvo “dudas”, pero el precedente en tiempos del Gobierno socialista, más la buena conducta del penado, plenamente “reintegrado social y laboralmente”, el hecho de que no conducía bajo los efectos del alcohol y la existencia de epilepsia, determinaron al ministro a conceder el indulto, según ha explicado.*


Debo reconocer que la reportera Anabel Díez —que aparece en el texto calificada correctamente como "corresponsal política", pues realmente se trata de otro "planeta"— ha logrado transmitirme, como en una epifanía, la esencia de la situación a través de ese "silencio absoluto" que nos introduce con su frase. Esa inserción del silencio, penetrando como un cuchillo en las mentes magras de sus señorías, seccionando sus cuerdas vocales, estimulando las neuronas responsables de la "memoria histórica" particular, paralizando sus músculos por la tensión, sí, todo ello ha logrado decirme más que toda la habitual palabrería. Ese "¿a qué se refiere este, a ver por dónde nos sale?" resonando en las cabezas de sus señorías, de una y otra bancada, es revelador. Teatral, pero revelador. Se hizo el silencio.


La descripción posterior de cómo el "titular de Justicia ha encontrado coincidencias entre este caso y otro ocurrido en septiembre de 2011" no remite de un salto a lo mejor de la películas sobre crímenes en serie. Ruiz-Gallardón no ha encontrado "pautas" en los delitos, sino en los indultos. Lo de la confesión de las "dudas", disipadas por el precedente socialista en los indultos a "kamikazes", nos remite a un tercer género, el de la comedia, al "burlador burlado", al "os he pillado". La mejor defensa es un buen ataque. Aunque la defensa sea una ofensa.
A nadie le ha gustado ni nadie ha entendido que uno de los delitos más absurdos e irresponsables que se cometen, el de la conducción en sentido contrario, con resultado de muerte de personas que circulaban como debían, se salde con un indulto tras solo diez meses de estancia en la cárcel. A nadie.


Los indultos no deben ser una enmienda de la justicia, sino la consideración de elementos que con posterioridad justifiquen la salida de la cárcel y el perdón de la pena. Se perdona la pena, no el delito. Invocando el precedente en el indulto, Ruiz-Gallardón ha creado una pauta para los indultos. La justificación de que el indulto se concede por "similitud" con el caso del indulto socialista puede ser una hábil maniobra por sorpresa para desarmar a la oposición que le interpela, pero no deja de ser un despropósito jurídico y ético, un mal precedente. Es una decisión que no hace avanzar la justicia sino que la degrada. Convierte la arbitrariedad en norma. Ni hubo justificación entonces ni la hay ahora. Ni fue bueno aquel, ni lo es este.
Si lo que ha hecho el Ministro está mal, está mal. El hecho de que el gobierno de Rodríguez Zapatero lo hiciera mal, no justifica que ahora se haga, y menos todavía si levanta las sospechas sobre las causas posibles del concedido indulto. Si la justificación para realizar actos, tomar decisiones, etc., es que el gobierno anterior hizo lo mismo, estamos todos apañados.

Es esa extraña doblez de los políticos que piden ser elegidos para no hacer lo que han hecho sus antecesores, pero luego se disculpan diciendo que se limitan a hacer lo que ellos hicieron antes. Según el momento, la defensa se basa en uno u otro argumento, con el mismo desparpajo, con la misma soltura.
El argumento del precedente en el indulto es malo. Nadie entiende este indulto. La epilepsia esgrimida para los indultos no fue impedimento para que se lanzaran con sus coches en dirección contraria mientras disfrutaban viendo el terror en los ojos de las personas que tenían a sus familias esperando en sus casas. Los "kamikazes" de la carretera son unos delincuentes muy especiales, con un componente de sadismo, desprecio y arrogancia que difícilmente se puede "corregir" con diez meses de cárcel. La única justificación es que les "divierte" hacerlo. Es un delito que repugna especialmente por lo que tiene de desprecio por la vida humana, no solo por la propia. Solo una enfermedad terminal podría justificar un indulto que los saque de la cárcel. Desde luego, no la epilepsia.


Invocando el recuerdo del precedente tonto del otro "kamikaze" indultado, del que acabó con otra vida en su juego absurdo y criminal, lo único que ha hecho el ministro es mostrar y demostrar que le importa más la política que la justicia, acallar a la oposición que actuar rectamente. Espero que todas aquellas personas tentadas a conducir en dirección contraria no saquen la conclusión de que la epilepsia es buena y ofrece impunidad.
La familia de la víctima, la vida cortada por la diversión del "kamikaze", la de un joven de veinticinco años, tiene razón. No es más que una burla. Desgraciadamente, para la injusticia siempre hay precedentes. Otro más.

* "Gallardón justifica el perdón al kamikaze por motivos de salud" El País 30/01/2012 http://politica.elpais.com/politica/2013/01/30/actualidad/1359545980_482200.html






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