Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Todo
esto se traduce muchas veces en una respuesta general: "no es mi
problema". Hay variantes, desde luego, pero responden a ese mismo
principio. "No es aquí", "vaya a..." o similares. Esto
contrasta con nuestras sonrisas oficiales, con nuestros discursos políticos
oficiales, que nos pintan un mundo feliz, un mundo de anuncio publicitario
dentro de la expansión comunicativa. Pero la realidad es que los problemas se
acumular en una sociedad que solo es vista como "mercado", donde se
aceptan las diferencias salariales crecientes, donde la inestabilidad es una
realidad indiscutible, donde se despide porque se quiere ganar más, donde los
precios aumentan por el mismo principio... y donde se le pide a la gente que
salga, se divierta y gaste como motor principal de esta economía extraña que paga
mal y quiere que gastemos bien, donde los bancos viven de nuestras hipotecas
para pagar a los especuladores, a los fondos buitre, etc.
Todo
esto crea un clima negativo de agresividad, de desinterés, un mundo donde
hacemos lo que nos dejan hacer, sea lo que esperábamos o no de la vida, que se
concentra en ese tiempo mágico llamado "fin de semana" durante el
cual se trata de perder la noción de lo que supone el resto de los días.
No dudo
que haya gente que sea feliz, pero son muchos más los que fingen serlo. No dudo
tampoco de que hay gente que trabaja bien y cumple con lo que le toca, le guste
o no lo que hace. Pero sí es cierto que cada vez se escucha más lo contrario y
se percibe lo mismo, el desinterés, la desgana, el aburrimiento con el trabajo
que se convierte muchas veces en rutinario.
Son
muchas las noticias sobre eso que englobamos bajo la etiqueta de
"chapuza". La chapuza, algo que creíamos desplazado de nuestro país
por un planteamiento moderno de eficacia, frente al hispánico "escurrir el
bulto", una expresión que define con claridad nuestra mentalidad. El
"bulto" lo escurren los políticos cuando no atienden los problemas
reales, cuando no cumplen con su misión social y se dedican a marearnos con sus
luchas absurdas. Lo escurren, por abajo, todos aquellos que dejan lo que
tendrían que hacer a los que no tienen más remedio que hacerlo, a los que no
tienen escapatoria. Aumentan las bajas por depresión al encontrarse en trabajos
que no aportan nada a las personas y que les exigen todo.
A veces
estas chapuzas, esta falta de eficacia, saltan a la prensa de forma escandalosa
y trágica. Los problemas de mantenimiento se reparten por todos los sectores.
Las disputas por quién debe limpiar el bosque acaban en incendios masivos
cuando llega la temporada.
En un lugar
céntrico de Madrid han estado semanas basuras que nadie recogía porque no se
pondrían de acuerdo sobre a quién le tocaba hacerlo. Los madrileños hemos estado
pasando por encima de ellos sin que nadie pensara en la suciedad, la sanidad o
la estética. Un día desaparecieron.
Los
accidentes de trenes han llevado el problema del mantenimiento de las vías
hasta los titulares. Los muertos siempre son una urgencia porque llevan el foco
sobre algo de lo que nadie se ocupa. A todo el mundo le gusta inaugurar, pero
no el mantenimiento, labor callada pero necesaria. Las lluvias y danas han
dejado igual rastro de chapuzas por falta de mantenimiento, en algunos casos ni
siquiera se ha ejecutado el gasto asignado.
De
nuevo tenemos un escandaloso caso, con seis muertos, esta vez en Santander:
La alcaldesa de Santander, Gema Igual, ha anunciado que el Ayuntamiento abrirá un expediente sancionador al agente de Policía Local que recibió un aviso del 112 sobre el mal estado de la pasarela de El Bocal el día antes del accidente y aun así no hizo nada al respecto.
El martes, un día antes de que cediera este puente provocando la muerte de seis jóvenes, un vecino llamó al 112 para advertir de que la pasarela estaba inestable.
La sala del 112 llamó a la Policía Local y el agente que recibió el aviso "no hizo su trabajo", no avisó a sus compañeros y no mandó a nadie para comprobar el estado de la infraestructura, según ha detallado la alcaldesa.*
Es triste que casos así tengan que ocurrir por la falta de interés. Supongo que el agente de Policía sancionado quedará marcado por el accidente y sus consecuencias, seis jóvenes muertos, más que por lo que sea la sanción en sí. ¿No sirve de nada que los vecinos llamen advirtiendo del mal estado? ¿Tanto costaba responder a la llamada yendo a revisar el estado de la pasarela?
Podemos rasgarnos las vestiduras señalando que no funcionó, como nos dicen en el texto, "la cadena de respuesta". Pero no quedarían vestiduras por rasgar ante los casos en los que escuchamos lo mismo en diferentes versiones, de los maquinistas que avisaron del mal estado de las vías a esta modesta pasarela santanderina denunciada por los vecinos e ignorada por los que debían vigilarla para evitar lo que ha ocurrido.
Las autoridades se contentan con sancionar al que aparece como primer responsable, pero en muchos casos podríamos ascender por la escala de mando en busca de responsabilidades.
Esto es algo más que una persona que no atiende. Hay muchos otros casos al final de los cuales encontramos, desidia, reducciones de personal, falta de inversión, etc. Todo en una palabra, "chapuza", que es todo aquello que no cumple con lo esencial, con lo que debe, lo que se hace de cualquier manera o, sencillamente, no se hace.
Hoy las chapuzas cuestan vidas en pasarelas, trenes, carreteras, edificios... Son baldosas que se mueven o rotas, aceras levantadas por las raíces de los árboles, campos que arden porque nadie los limpia...
Esta vez se han dado prisa en sancionar al agente que no actúo. Sería bueno seguir hacia arriba en esa cadena que no funcionó, preguntarse por qué son los vecinos los que tienen que llamar para avisar de que la pasarela estaba cayéndose. ¿Nadie debía revisarla periódicamente?
* "El Ayuntamiento de Santander abre un expediente al policía local que desoyó la denuncia sobre la pasarela que cedió" RTVE.es 6/03/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260306/ayuntamiento-santander-expediente-policia-desoyo-denuncia-pasarela/16968251.shtml





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