jueves, 8 de diciembre de 2016

Muerte de una luchadora

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El 19 de noviembre pasado, Egipto conocía la pérdida de una de sus jóvenes promesas en la lucha, la medallista de 16 años, Reem Magdy. Había fallecido en un accidente de automóvil en Ismailía, donde vivía y entrenaba con su padre, antiguo campeón de la misma especialidad. La joven había sido medalla de bronce en los campeonatos del mundo y cinco veces consecutivas había sido campeona de Egipto, medalla de oro en los campeonatos africanos. La noticia la daban otras publicaciones, como la deportiva KingFut, que recogían el accidente de tráfico.
La joven deportista, de forma brillante, se había abierto camino en un deporte duro enfrentándose, como señalaba tras su muerte una periodista, a las tradiciones conservadoras del Alto Egipto, de donde procedía. Pese a tener solo 16 años, Reem Magdy había ganado ya muchas batallas dentro y fuera del tapede de lucha. Todos lamentaban su muerte.
El diario estatal Ahram Online daba más detalles sobre el accidente:

Reem Magdy, who won a bronze medal in the Cadet Wrestling World Championships held in Georgia in September, has been hit by a car while crossing the Cairo-Ismailia road, 11 kilometers from the Suez Canal city of Ismailia, state agency MENA reported on Saturday.
Magdy, the 16-year-old daughter of an Egyptian wrestler, also won a golden medal in the Africa championship for junior wrestlers in July, MENA said. A funeral was held for Magdy later in the day.
Traffic accidents are common in Egypt, where roads are often poorly maintained and traffic regulations seldom enforced. The World Health Organisation says they account for nearly 12,000 deaths annually.*


Sorprende algo la forma didáctica de terminar la noticia. Más que "didáctica", parece incluso "fatalista", diluyendo esa muerte entre otras 12.000 que dice que se producen en Egipto según los datos oficiales. Una muerte más... Las carreteras no están cuidadas, nos dicen, y las normas de tráfico no se cumplen.
El día 23, el mismo diario, Ahram Online, daba una versión bastante diferente sin cambiar la foto:

A young Egyptian female wrestler died after jumping out of a moving car last week near Ismailia after being chided by her father, Egypt's interior ministry said on Wednesday.
Although reports had initially suggested that 16-year-old Reem Magdy was hit by a car while crossing the Cairo-Ismailia Road, her father later acknowledged that he had mistreated her, according to the ministry.
"On the day of the incident, the victim's father rebuked and beat her in front of her colleagues after a training session," the statement read.
“On her way home with her mother and sister, the father continued to scold her so the victim opened the car door and threw herself out, resulting in her death.”
"The victim's mother and sister acknowledged what the investigations have concluded, contradicting the claims of her father that her death was the result of a road accident. The father also eventually confessed to what he did."**


Ya no son los frecuentes accidentes de tráfico sino los también frecuentes casos de violencia familiar en la que la joven Reem ha encontrado la muerte. En la página de Facebook del padre alguien ha colgado un vídeo de homenaje, con música e imágenes de la vida de la hija muerta. Otro vídeo antiguo en la página nos muestra a la niña guidada por su padre, con no más de un año, haciendo abdominales apoyada sobre dos ladrillos. El padre la creó, el padre la destruyó, parece ser la enseñanza que se desprende de esta historia. De no ser por la denuncia de la madre, Reem seguiría enterrada ocultando su historia.


Traigo el caso ahora ante la publicación en Ahram Online de un detallado artículo sobre la cuestión de la violencia familiar en Egipto, firmado por Mariam Mecky, con el titular "Behind closed doors: Plight of women against domestic violence". El artículo comienza con unas frases que nos sitúan en medio del problema:

“One night my father beat me up, dragged me [across the floor] with people watching and no one did anything,” said Samia.
“My father has always been an abuser. When he was around, he would to beat me, insult me, constantly humiliate me and even [sexually abuse] me since I was a kid,” said Samia, who is in her twenties.**


La historia de la joven Samia no es una excepción. La primera parte del artículo refiere su historia, en la que resalta sobre todo la indiferencia general, ese "no one did anything" que se repite en muchas historias de las mujeres maltratadas en el ámbito familiar, esposas, hijas o hermanas. Esa mirada indiferente es la que representa la visión desde las reglas sociales y es la principal causante del problema, ya que evita que el hecho salga a la luz, que el agresor sea enjuiciado y que la víctima sea ayudada. Es el muro de silencio el que encubre desde la creencia en que la violencia forma parte del derecho del hombre sobre la mujer o de los padres sobre los hijos. Eso es el patriarcado en su nivel básico: la justificación de la violencia de la única autoridad posible, la del padre o esposo que representa la mano de Dios.
La violencia se acaba normalizando pues recibe el silencio, pero también la aprobación. Se antepone el honor de las familias, su buen nombre, a las personas. Ese buen nombre, además, es responsabilidad del varón, ya que la mujer pierde su condición familiar al entrar en la del marido.
La autora señala los terribles efectos de esa normalización de la violencia en las familias:

Gender-based domestic violence has long been normalised for many in Egypt, though recently the issue has come under the spotlight amid calls on social media for a law criminalising such violence.
Lamya Lotfey, who works at the New Woman Foundation, said “I came across a case in Sharqiya governorate where a husband suspected his wife was cheating on him just because he heard her say on the phone that she would not go out that day, so he locked in their home and beat her to death.”
“Suspicion is treated as a cause for violence even if it might lead to murder. Honour killings are common [in Egypt], they are not rare as some claim,” said Lotfey, who has worked closely with survivors of gender-based domestic violence.
Lotfey says the problem is that society treats it as normal, blaming the woman, and if a woman decides to take legal action, a social stigma is attached to her. If she has children, they will also be stigmatised.
“People would say to her children, your mother imprisoned your father,” she said, adding that “if she has a daughter, any potential groom or his family would say she will put her husband in jail as her mother did.”
Lotfey asserts that the most prevalent and often unrecognised form of domestic violence is psychological violence, such as imprisoning women or girls at home, refusing to grant a woman a divorce or threatening to prevent a mother from seeing her kids if she leaves.***


La densa estructura social hace que cualquier tipo de incidencia tenga trascendencia en esa estigmatización. La mujer es responsable de "alterar" al varón y de destruir un orden familiar que gira alrededor del padre o esposo. El caso de Reem es el de la hija que es controlada desde su niñez por un padre convertido en otra variante de autoridad, el "entrenador". Todas las formas de autoridad se fusionan en su mano. Los golpes que recibía Reem y que la hicieron saltar del coche eran manifestaciones de esa autoridad violenta. Dicen los diarios que su padre comenzó a entrenarla a los cuatro años. Por lo que hemos visto en el vídeo, la mano paterna ya había decidido su futuro pocos meses después de su nacimiento, cuando la niña se dedicaba a algo tan anómalo en esa edad como hacer abdominales. Reem nunca fue dueña de su vida y los efectos de manifestar lo contrario y discutir con su padre se han visto pronto. Su padre, un hombre piadoso según se desprende de sus constantes invocaciones, era su dueño desde que pisó el mundo y cuando ella, con 16 años, discrepó, él lo resolvió de la manera que pensaba que tenía derecho a hacerlo, golpeándola. Lo hizo delante de todos porque no estaba haciendo más que lo que era su deber.


En el artículo de Ahram Online se recogen, bajo el epígrafe "Domestic violence not a crime", las formas con las que se juega legalmente para evitar entrar en un aspecto que no gusta tratar. Como en tantos otros casos, la sociedad egipcia prefiere el silencio a enfrentarse a los problemas reales. La consecuencia es estar considerado, según los indicadores internacionales, uno de los perores lugares para ser "mujer". Tanto el silencio como la inoperancia y, en muchas ocasiones, falta de voluntad de las autoridades para enfrentarse a violencia doméstica y de género. Recordemos que desde el parlamento egipcio algunos han pedio a las mujeres que "acepten" de buen grado las mutilaciones sexuales, la ablación, o se ha dicho que se realicen exámenes de virginidad a las estudiantes para ingresar en la Universidad como forma de evitar el matrimonio urfi, modalidad que se hace sin registro oficial y sin que la familia lo sepa, como vía de resistencia a los matrimonios acordados.
Mariam Mecky relata los aspectos legales que permiten esta violencia ante las interpretaciones "tradicionalistas" de las leyes:

Article 11 of the Egyptian constitution stipulates that “the state shall be committed to protecting women against all forms of violence and shall guarantee that women are empowered to reconcile their family responsibilities with their work commitments.”
However, domestic violence against women specifically is not criminalised under Egyptian law, though assaults leading to severe injury can be treated as a felony.
Articles 60 and 17 of the penal code, however, are commonly used to allow abusers to get away with their crimes, as both Nashaat and Lotfey explain.
Article 60 stipulates that “the provisions of the penal code shall not apply to any deed committed in good faith, pursuant to a right determined by virtue of Sharia Law.”
So if a man hits his daughter or his wife within “good faith” of disciplining her, he can be exonerated in accordance with this text.
Article 7 states that in felony counts, if the conditions of the crime for which public prosecution is initiated permit a show of clemency on the part of the judge, the penalty may be reduced.
Lotfey highlights that the Court of Cassation, Egypt's highest criminal court, ruled in 1965 that a husband has the right to “discipline” his wife in a way that does not cause permanent physical damage.
Lotfey also says that interpretations of some religious texts allegedly allowing husbands to physically discipline women are problematic.
Although Egyptian law does not strictly follow Sharia, the constitution states that the "principles" of Sharia Law are the main source of legislation.***

El padre de Reem Magdy puede librarse de una mayor condena con alegar que estaba actuando de buena fe y que la violencia que ejerció contra su hija hasta que esta "saltó" del coche era un acto de buena fe, una táctica de entrenador para entrenar con firmeza a su hija en un deporte duro. Habrá que ver cómo se plantea judicialmente el asunto, pero por todos los motivos señalados es posible que se libre.

El sistema jurídico egipcio tiene esos "agujeros interpretativos" por los que los jueces o abogados pueden interpretar la realidad a conveniencia según sean los casos. Se puede aplicar la máxima dureza a un novelista porque un lector dice haber sentido palpitaciones mientras leía unas páginas y condenarlo a dos años de cárcel por ir contra la moral o se puede aplicar la máxima benevolencia a un padre que mata a su hija al golpearla "por su  bien".
Son muchos los grupos y personas que tratan de cambiar estas situaciones. Pero es difícil cambiar nada en una sociedad que se basa en la mirada de unos a otros para comprobar quién es más piadoso. Detrás de las puertas cerradas, como titula Mariam Mecky su artículo, ocurren muchas cosas que la sociedad sabe pero prefiere ignorar. Las personas que tratan de ayudar a las víctimas, de presionar a las autoridades saben que tienen un camino muy duro por delante. Necesitan mucha confianza y apoyo. Pero actuar en la sociedad egipcia puede tener un precio caro.
Especialmente en aquellos casos relacionados con las mujeres, los tradicionalistas ven una amenaza a su control. Por ello desprestigian a las personas que se ocupan de los derechos de las mujeres. Es muy egipcio que se legisle hacia el exterior, pero no se cumpla. La evidencia mayor la tenemos, por ejemplo, en la cuestión de las ablaciones, legalmente prohibidas desde 2009, pero practicadas cada día por miles. Solo si ha causado la muerte de la niña el asunto se hace visible. Solo ha habido un caso con condena en todos estos años y el padre y el médico llegaron finalmente a un acuerdo de indemnización que les liberaba a ambos. Una vez más, se trata de no ver la realidad que se tiene por delante.


En muchos países se produce la violencia contra las mujeres. Lo que es determinante es su voluntad de afrontar el problema, legislando y haciendo cumplir las leyes, estableciendo forma de ayuda, permitiendo la acción social, etc. No siempre ocurre así en Egipto por lo señalado anteriormente. Los grupos de activistas sociales tratan de ayudar y una parte de su ayuda es sacar a la luz los casos, denunciarlos y exigir que se cumplan las leyes. Este activismo se paga muchas veces con altos precios, incluso la cárcel. Cuando empiezan a ser demasiado incómodos, siempre hay formas de frenarlos, como el caso de la financiación "exterior" de las ONG, que las convierte en terroristas  sospechosas de "recibir  fondos de potencias extranjeras para sembrar el caos en Egipto". Son varios casos de activistas detenidas, ONG clausuradas y sus fondos congelados. De ahí la polémica sobre la nueva ley de ONG (la comentamos el otro día) y los terribles efectos de retroceso que puede tener en la sociedad egipcia dejar sin capacidad económica a los grupos que tratan de paliar la situación de las mujeres. Es una lucha dura, como decimos, pero esencial para la transformación de Egipto y la posibilidad de hacerlo una sociedad habitable en el futuro que hoy se les niega a muchos, ante lo que deciden partir.
Reem Magdy ya no podrá hacerlo, ni dar más días de felicidad deportiva a su país. Su padre cortó su vida arrojándola del coche. Dice que no lo denunció por no afectar al buen nombre de la familia.

Adel Mahmoud, Reem’s uncle, confirmed that his brother did not disclose the details of his daughter’s fall out of the car for fear of tarnishing his image before the public. He didn’t want to be jailed and he was worried about the family’s future.***


Loables preocupaciones, pero un poco tarde. La periodista que citábamos al inicio y que señalaba el carácter único y luchador de Reem, deseaba que pronto se encontrara a quien la había atropellado. Ya saben quién es. Esperemos que se mantengan los mismos deseos de justicia al saber que ha sido su padre. Ahpra hay por delante una prueba de fuego para la sociedad y la justicia egipcias.
Egipto necesita muchas Reem, luchadoras, pero no es fácil. Los mayores desafíos suelen estar en casa.

* "Egyptian young female wrestler Killed in road accident" Ahram Online 19/12/ 2016 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/6/56/250337/Sports/Omni-Sports/Egyptian-young-female-wrestler-and-world-champion-.aspx
** "Egyptian teen wrestler jumped out of car, died after physical abuse from father: Interior ministry"
*** "Behind closed doors: Plight of women against domestic violence" Ahram Online 6/12/2016 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/250820/Egypt/Politics-/-Behind-closed-doors-Plight-of-women-against-domes.aspx
**** "Murdered by father: Truth behind death of Egyptian wrestling champ" Al Arabiya 23/12/2016 http://english.alarabiya.net/en/sports/2016/11/23/Murdered-by-her-father-The-truth-behind-death-of-Egyptian-wrestling-champion.html


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