Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Pocos
dudan de que hayamos entrado en una fase mundial nueva. Ha habido paces y ha
habido guerras. Pero esto es otra cosa,
algo difícil de clasificar y que desafía al sentido común.
Los
titulares de todos los medios se hacen eco de las amenazas de Trump al mundo y
que se han cumplido ayer, un día fatídico que el presidente norteamericano ha
etiquetado como "Día de la Liberación". Es el mayor ataque al
comercio mundial y la construcción de orden cooperativo que ha permitido el
desarrollo global.
Armado
con la idea de que todo el mundo estafa a los Estados Unidos, una pobre víctima
de una conspiración parasitaria, Trump ha actuado como lo que es, un déspota
narcisista lleno de fobias y prejuicios.
La
escenografía en la Casa Blanca se había montando para recibir aplausos y
promesas, con insultos y humillaciones a los "castigados" por sus acciones parasitarias, en algunos casos
considerando su existencia ya como un agravio, tal como considera a la Unión
Europea, a la que ha calificado como "patética".
No creo
que nadie se extrañe de las acciones de Trump, incluso de su sentido de lo que
es la presidencia de los Estados Unidos, de sus límites o falta de ellos. Tiene
un lugar en la Historia, tal como lo tienen Adolf Hitler o Joseph Stalin, por
esa parte puede estar tranquilo. Lo que sigue sorprendiendo es su aceptación o,
si se prefiere, la aceptación de su descripción del mundo, como va creando un
mundo "aceptable" para millones de personas que le siguen y aplauden,
que le perciben como un nuevo mesías.
Pero
Trump se ha metido en un territorio peligroso por incontrolado en sus posibles
efectos. Sabemos ya que cualquier efecto negativo será presentado como un ataque y penalizado de nuevo en una
espiral incontrolada por su complejidad.
El punto
clave de sus acciones es la creencia en que la
fuerza da el control. Sin embargo, puede ser todo lo contrario,
encontrándose con efectos inesperados por la complejidad y tamaño de las
acciones emprendidas.
Este
énfasis en la fuerza es el que dirige sus acciones y va marcando su camino. En
este sentido, Trump es la antipolítica. Sí eres el más fuerte, debes imponer tu
visión y los demás deben acatarla. No hay mucho más Trump. La fuerza como
capacidad de imponer lo es todo; lo demás no tiene importancia.
Trump
echa por tierra la confianza en los Estados Unidos, un valor que ignora,
sustituida por el miedo, por el temor a las respuestas. Está por ver si sus
amenazas tienen el efecto intimidatorio que él piensa o si, por el contrario,
se desencadena algo que ya ha empezado, una oleada de antinorteamericanismo sin
precedentes.
Puede
que la reacción sea crear nuevos mercados que intercambien en condiciones de
igualdad y se alejen del desequilibrado con Estados Unidos. Esto desencadenará
nuevas presiones y continuará con el crecimiento de la espiral de rechazo, de
la que Trump responsabilizará al mundo.
Trump
avisa de un "tercer mandato" desde la Casa Blanca. ¿Nuevo asalto
armado al Capitolio si no le dejan? La esperanza en un cambio en la presidencia
no debe generar una idea de "resistencia", de aguante hasta el
momento en que se produzca un relevo y con él un cambio de política. Sería un
error muy grave.
El
mundo ha quedado tocado en sus relaciones por la coincidencia de ambos extremos
de Trump y Putin dos gobernantes en absoluto democráticos, ni interior ni
exteriormente. Trump está desmontando los Estados Unidos, lo que incluye un
elemento esencial, los medios de información, también las agencias sociales, las
de educación, desbaratando las políticas de igualdad y pretendiendo evitarlas
fuera. Lo de Rusia no es más que la vuelta a la fuerza de su imperialismo
bélico, también con un fomento del ultra nacionalismo, con su versión propia del
"destino manifiesto" norteamericano.
La imagen que me viene a la mente es la de un Trump "solo en casa", atrincherado en los Estados Unidos, tratando de evitar que los indeseables entren en su protegido territorio hasta que regresen sus padres de la malvada Europa. Esta vez no hay comicidad en el asunto. Quizá se le contagió algo por su breve aparición en "Solo en casa 2", que muchos pidieron fuera eliminada del filme.
Es de
esperar que estas acciones arancelarias, otra forma de guerra contra el mundo,
tengan muchos efectos de los que Trump no pueda echar la culpa a otros, aunque
lo intente.