lunes, 5 de enero de 2026

Los peligros del Nuevo Orden

 Joaquín Mª Aguirre Romero (UCM)

El ataque militar de Estados Unidos de Trump a Venezuela se complementa con otro tipo de agresiones y amenazas en el peor estilo gansteril, que es la cara que se está mostrando del país, con la concepción explícita de declararse "amo" del mundo.

Lo que haga o siga haciendo Donald Trump estará marcado por las reacciones que seamos capaces de articular. Para esto es básica nuestra comprensión de lo que ha hecho, de su alcance y, específicamente, qué supone para nosotros. Lo peligroso es pensar que es un "hecho más" de Trump, que ya vendrá otro presidente, que es cuestión de un poco de paciencia. Sería un tremendo error pensar de esta manera.

Lo que estamos viendo son valoraciones que van de la admiración por "la operación militar perfecta" dada por un ex almirante en los medios —en vivo y también por escrito— a las condenas firmes. En medio, toda una gama de valoraciones que tienen en cuenta en ocasiones lo ocurrido jugando con las palabras para encubrir lo ocurrido o que lo llevan a su propio terreno.

CNN
Trump puede amenazar al mundo y mandarlo callar porque se considera con la fuerza suficiente para repetir lo de Venezuela en cualquier lugar de lo que ya considera su feudo. Venezuela está a la sombra de Rusia y especialmente de forma económica con China. Trump ha señalado que Venezuela "no puede" vender sus recursos energéticos a los competidores de Estados Unidos. Este argumento se puede aplica a cualquier país que tenga contactos con los que él considera sus rivales internacionales, las súper potencias señaladas.

El nuevo orden que se ha generado convierte el mundo en un espacio de recursos de diverso tipo (tierras raras, petróleo, gas...) y en un mercado donde te obligan a comprar (el enfado de Trump cuando Europa decidió fabricar sus propias armas).

Supongamos que mañana se decide hacer un referéndum para la salida de España de la OTAN y la retirada de las bases norteamericanas de nuestro país. Quizás algunos recuerden el referéndum sobre la OTAN y el eslogan del PSOE de la ápoca "OTAN, de entrada, no", para luego hablar del "interés de España" y pedir el "sí".

Esto sería considerado como un acto "anti americano", nos convertiría en un "estado terrorista" y nos incluirían en, por usar la terminología de Trump, "un país de mierda". Con todas esta valoraciones, podrían entrar en La Moncloa —en otra "perfecta operación militar", según el ex almirante de turno— y llevarse a Pedro Sánchez (o al que esté) a los Estados Unidos para ser juzgado por unos tribunales bajo no se sabe qué acusaciones y por el beneficio de España, Europa y Occidente.

No haríamos más que ejercer nuestro derecho a la soberanía, algo que queda desestimado por la "lógica" norteamericana del "America First!", cuyo sentido entendemos ahora. Muchos comentaristas señalan que Trump está haciendo justo lo que dijo que no haría en sus campañas electorales. ¡Privilegios del poder y maravillas de las fake news! ¡Miente lo que sea necesario para conseguir lo que quieres! es el lema de la actual forma de hacer política, con Trump como ejemplo.

Ya ayer hablaban del "caso venezolano" como "combustible interno" en la política española, es decir, empezar a tomar partido unos y los otros pasar a defender lo contrario. Cometen un enorme error lo que juegan a esto, pues no es más que hacer lo que Estados Unidos quiere; debilidad, confrontación. Venezuela debería abrirnos los ojos. Decíamos desde el principio que los venezolanos no debían echar las campanas al vuelo por la "caída" de Nicolás Maduro, si puede llamarse así. Puede que acaben en una situación mucho peor, de pérdida de soberanía y de recursos, donde los sanadores empresarios norteamericanos desembarquen por una buena causa, la suya. Ayer tratamos esto con detalle. Cada hora que pasa, cada declaración, cada amenaza gansteril  lo confirma.


Es el momento de distanciarse de los Estados Unidos, algo provocado por su arrogante desprecio y sus amenazas. España, la Unión Europea, muchos otros países con sentido del derecho internacional y de los procedimientos, deben encontrar ahora un camino conjunto de coherencia y respecto a la legalidad. No se puede declarar uno paladín de las libertades y atacar los países —por muy dictadura que sea— advirtiendo que la "transición" (no sabemos a qué) nos vendrá dictada desde fuera.

Está claro que Donald Trump no tiene sentido democrático, cuyo primer principio es respetar la libertad de los otros y aceptar los procedimientos establecidos por los organismos internacionales. Pero esto es justo lo que no se respeta, sino que se impone el uso de la fuerza y se presume de ello como "advertencia" (léase "amenaza") para el resto. 

En varias ocasiones hemos traído a colación una vieja entrevista que le hicieron a Trump, cuando solo era un presuntuoso rico por parte de padre. Le preguntaban entonces sobre la película de Orson Welles, Ciudadano Kane.  Trump confesaba no entender para qué le sirve el poder a Kane si no se puede divorciar de su esposa, Creo que ya entonces tenía claro que el poder no es responsabilidad sino poder hacer lo que deseas. Cuanto más poderoso, es más fácil vencer los obstáculos al deseo, imponerlos a los demás. No ha cambiado nada ahora que tiene todo el poder. No hay nada nuevo en Trump, solo el aumento de su poder y la impunidad consiguiente.

Esto no es solo Donald Trump. Tras él están los intereses incontenibles de fuerzas económicas y religiosas que bendicen y consagran este nuevo orden violento y visionario y le predicen un gran futuro. Por eso es esencial que se vea firmeza.

Muchos medios siguen etiquetando de forma ambigua o timorata las acciones norteamericanas en Venezuela La forma de categorizar la realidad influye sobre la percepción. Si no vemos con claridad, pensamos sin ella. No se puede llamar más que imperialismo. Desde ahí se deben establecer los programas de acción porque todos somos víctimas potenciales, aunque no lo queramos reconocer.

Los aranceles sirvieron para probar los límites que los demás estaban dispuestos a asumir. Ahora llega la tanda político militar, la que se basa en el uso de la fuerza. El resultado de ambas es dibujar un nuevo mapa en el que ya no hay influencia, sino dependencia, donde ya no se comparte sino que se impone.

Cuanto más tardemos en darnos cuenta de esto, será más difícil de controlar. Constatamos que el trumpismo y su doctrina ya tienen en España, por Europa, sus fieles, los que esperan ser tratados con benevolencia y sacar tajada económica y electoral. Ser esclavos sonrientes siempre ha sido la aspiración de algunos.

Europa, España necesitan unidad y claridad de ideas. No hay salida en el nuevo orden. Mientras haya dependencia, Trump exigirá sumisión.

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