miércoles, 27 de marzo de 2024

La contraprogramación política

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

A nadie se le escapa la importancia de la comunicación en la política. La crisis abierta ayer en RTVE hace avanzar un poco más el concepto, lo lleva a extremos que no conocíamos. Ayer se producía una crítica reunión del consejo de administración que se cerraba con dos destituciones, la del director de contenido de ente público y el de su presidenta provisional.

La propia RTVE se ha limitado a pasar por encima como si se tratara de un hecho puramente administrativo, pero este no había terminado y ya teníamos en la prensa los datos que nos explicaban lo sucedido. En 20minutos pudimos leer los primeros puntos y hoy terminan de dar las consecuencias de lo ocurrido:

En las últimas semanas comenzó a negociarse el fichaje por RTVE de David Broncano y su programa La Resistencia (actualmente en Movistar Plus+, pero con el contrato a punto de caducar). El fichaje era un empeño de José Pablo López, con la idea de competir contra El Hormiguero (muy crítico con el Gobierno) con un programa de corte supuestamente progresista o contrario a las ideas consideradas de derechas, contra las que el espacio ha bromeado y hecho sátira a menudo.

Si bien Elena Sánchez no era contraria al fichaje de Broncano, sí lo fue a la desproporcionada exigencia que el presentador y las productoras responsables de La Resistencia, El Terrat y Encofrados Encofrasa, que pedían un contrato blindado de tres años, con un coste total de 42 millones de euros, vigente de septiembre de 2024 a julio de 2027, independientemente de la audiencia que hiciera el programa.*


Si todo esto es cierto, si es cierto que desde RTVE, un ente público, se intenta contraprogramar a aquellos programas que puedan ser críticos con las políticas del gobierno, para restarles audiencia —en este caso, contra El Hormiguero— habríamos dado un paso más en el dibujo de un panorama cada vez más totalitario en donde los espectadores/votantes/ciudadanos solo seríamos carne de urna, leves fragmentos que se busca construir como una "opinión" favorable por cualquier medio. Según esto, RTVE solo sería una herramienta actractora a cualquier precio para conseguir alejar a los espectadores de las "malas influencias" de aquellos programas que fueran críticos con las políticas gubernamentales, incluidos sus figuras.

La política habría conseguido hacerse con aquellos programas capaces de distraer y, de paso, reforzar con un programa crítico con la oposición. Resaltamos que no se trataba solo de ideologizar, cosa que ha ocurrido con frecuencia, sino de contraprogramar, es decir, de tratar de reducir la competencia de un programa poco afín para reducir su efecto sobre la opinión.

Los intentos anteriores de hacer una televisión de "calidad", más centrada en la cultura y en la independencia de sus profesionales, en su libertad para trabajar y fijarse objetivos diferentes a los políticos y comerciales, han fracasado en beneficio de este panorama que hoy se nos dibuja, pero que lleva esbozado bastante tiempo.

El Mundo

La televisión pública es un plato lo suficientemente sabroso para los políticos, que no renuncian a su manipulación en diversos sentidos. Pero creo que no se había llegado tan lejos ni de forma tan evidente.

Ya sea por lo que supone de contenidos, de contraprogramación o de vulneración de los sistemas de contratación previos, con una condiciones insólitas, esto constituye un gran escándalo que nos debería afectar a todos, una muestra de cómo solo somos piezas en un tablero a manos de la política y los políticos, que absorben una cantidad enorme de atención gracias a todo tipo de argucias.

La política hoy es el centro de atención mediático. Los políticos ya no hablan entre ellos (solo se insultan), sino que se dirigen a nosotros las veinticuatro horas del día. Su actuar es una escenificación dirigida a esas audiencias que se les escapan ya, aburridas, saturadas por sus mensajes repetitivos y burdos. El activismo político hoy es acción comunicativa, escenificación. Por ello, lanzarse a controlar el único medio que queda como masivo y controlable es un intento de salvarse en el tormentoso mar de la desafección política.

La resistencia es un producto de influencia, un centro de atracción para intentar llegar  a las masas que se resisten a escuchar, que huyen de los noticiarios, absorbidos por la clase política. Se trata de llegar a la audiencia, a los votantes, a través de medios indirectos, influyendo, no disertando. Por eso se busca a estos personajes que, como Broncano, tienen sus seguidores fieles, por un lado, y enfrentarlos a la misma hora con un programa similar, El hormiguero, de ahí la contraprogramación.

La renuncia de RTVE a ejercer como una televisión pública y común, con efectos culturales es una de las claves de este país dejado en manos de una forma irresponsable de hacer política, una forma que desatiende los vacíos culturales e incluso los provoca en su provecho.

Lo que hace tiempo vemos en la televisión pública no es casual, incluso ha provocado la rebelión de muchos de sus profesionales hartos ya de ser instrumentos de partidos y aspectos comerciales. El reciente y absurdo concurso sobre quién ha sido el "español más importante" es un muestra de zafiedad, de absurdo, de justo lo que no debe ser una televisión pública. En los informativos, igualmente, los buenos profesionales que tiene la casa se ven muchas veces convertidos en meros transmisores de trivialidad, imponiendo esta como el criterio determinante.


Las televisiones públicas no se pueden regir con los mismos criterios que las comerciales, es algo que debería ser evidente y que sin embargo no se aplica. Informar con honestidad y formar con inteligencia deberían ser los criterios, pero es justo lo que no se cumple. El control político, directo o indirecto, lo impide. Cada vez es más obvio que la política lo quiere todo, máxime cuando las cosas están muy ajustadas, como ahora ocurre y unos puñados de votos deciden todo. Se mira al segundo el tiempo que se dedica a los "líderes", que programan sus actuaciones para ser escuchados en los momentos más adecuados a sus fines; se debate sobre ellos mañana y noche, sobre lo que han dicho o han dejado de decir. Pero, una vez que la gente se harta, se recurre a las formas indirectas de influencia, las de aquellos programas no políticos en los que la gente se refugia huyendo de la presión. Esto es especialmente importante en los sectores jóvenes que cada año entran por edad en el voto. Los intentos de bajar el voto hasta los 16 años no son casuales, sino el resultado de un cálculo preciso que pueda servir en las urnas.

Lo ocurrido ayer es un escándalo político de primer orden. Es una afrenta a la ciudadanía en su conjunto, a la que se considera una masa manipulable, sin respeto alguno. Es una afrenta a la propia institución, que se rebaja en su consideración, en su papel social y cultural. Es un desprecio a sus propios profesionales, obligados a competir en zafiedades y banalidad para "prosperar" en la casa y ser valorados.

La crisis no se ha saldado de forma salomónica, con dos ceses, sino que no ha hecho más que empezar. Ahora a los políticos les queda convencernos de que esto no es cosa suya, que son diferencias de criterio sobre cómo llevar el ente público para su mejor desarrollo.

* Isra Álvarez "Las claves del Consejo que hizo saltar por los aires la dirección de RTVE, con el fichaje de Broncano como detonante" 20minutos 27/03/2024 https://www.20minutos.es/television/las-claves-consejo-que-hizo-saltar-por-los-aires-direccion-rtve-con-fichaje-broncano-como-detonante-5230844/


El Debate


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