viernes, 15 de marzo de 2013

Bipartidismo piscinero

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Atacados por una eficacia sin par en cuestiones de salud, el ABC recoge en sus páginas la advertencia de los fisioterapeutas: no imitemos a los famosos en sus saltos de trampolín, consejo útil donde los haya. Copiemos sus frases, sus peinados y cucamonas, pero —¡por favor!— no intentemos ni el doble tirabuzón ni el mortal y medio. Pero, ¿por qué —¡qué crueldad!— pretenden privarnos del placer de imitar en el salto al vacío a estas figuras gráciles que se dejan caer como si llevaran haciéndolo toda la vida? Hacen felices a Newton en la ida y a Arquímedes en la vuelta.
Me encuentro indeciso, como ante un escaparate deslumbrante, por las noticias que el diario me ofrece para continuar mi aventura intelectual por las noticias del bipartidismo piscinero que se ha instaurado entre las dos grandes cadenas —¡nunca mejor dicho!— con las que nos han atrapado el alma al duro banco de la galera patria. 
En ¡Mira quien salta! me ofrecen ver saltar a Jesús Vázquez, mientras que en la bancada opositora su generoso ofrecimiento es contemplar la gracia y salero de Jesulín de Ubrique abusando de las leyes de la gravedad. Pero, ¡cómo superar a Splash en su doble oferta, titulada por ABC como «Splash! vibra con el beso de Jesulín a Campanario y el salto de Serafín Zubiri». ¡Cómo resistirse a esta combinación de leyes físicas y emociones! ¡Ay, ese beso, ese beso!


Desconozco si las cadenas autonómicas han montado su piscina nacionalista reivindicando su "derecho a saltar"; lo ignoro. Puede que el bipartidismo arrase y se lleve por delante, salpicando, todo lo demás; que el salto conjunto de todos ellos provoque un tsunami de cuerpos y almas que ni siquiera "Lo imposible 2" pueda reproducir en pantalla y optar a los premios Oscar en sus variantes más distinguidas. ¡Cómo resistirse a la acción combinada de las dos gloriosas cadenas que cuidan de nuestra salud mental! ¡Ellas nos representan! ¡Saben lo que queremos!



¿Qué hemos hecho para merecer esto? Además de la clase política, de inútiles y defraudadores, de think tanks, de banqueros con el riñón cubierto, que hunden barcos y se salvan con flotadores de oro; de sindicatos que protestan los Primeros de Mayo ante los suyos, ahora nos toca soportar a estos kamikazes con marcha atrás, bombas humanas que salpican y hacen saltar por los aires nuestras defensas neuronales. Los que ven las televisiones lo hacen ya invadidos por el gas mostaza que sale de las pantallas. Las defensas de los sacos terreros se muestran ineficaces. Tosemos, nos llevamos la mano a la garganta y caemos sobre el fangoso suelo de nuestra trinchera casera. Nuestra última mirada antes de expirar se dirige a nuestras ilusiones de progreso, enredadas entre los alambres de espino, en su intento de huida.
Nadie escapa. El bipartidismo piscinero no admite disidencias. ¡A las barbacoas, a las barbacoas!, gritan los revolucionarios en el frente televisivo, manchados por el ketchup que sale de sus heridas. Los más letrados se preguntan si la velocidad de caída es igual para todas esas bombas humanas que saltan de los trampolines arrastrándonos hasta el fondo de la estupidez.


Si nos advierten los fisioterapeutas que no los imitemos, ¿por qué no lo hacen también los psicólogos, filósofos, juristas, cardiólogos, pedagogos...? ¿Qué conspiración es esta? Es el déficit nacional, sí. O, como dicen en Canarias, nos falta un agüita
¡Pena de tiburones!






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