Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Lejos de
aclararse, el panorama de la guerra en Oriente Medio se complica. Lo hace por
la extraña conjunción de cabezas al frente de los atacantes, los Estados Unidos
de Donald Trump y el Israel de Benjamín Netanyahu. No puede entenderse esta
guerra sin pensar en las peculiares psicologías de ambos dirigentes. No se
trata tanto de quién arrastra a quién, sino de esa confluencia en la que la superpotencia
no cumple con sus funciones y
responsabilidades como tal, por un lado, y su "protegida" se lanza a
un plan imposible, por otro.
El
mundo se vio sorprendido por las promesas de guerra rápida y los resultados de
lo que se ha visto convertido en una guerra religiosa, que lo es desde el
momento en que el expansionismo se disfraza con la promesa de conseguir la
"tierra prometida". Basta con recordar otras guerras en las que el
móvil ha sido una promesa divina o el destino histórico y cuando se mezcla con la
"raza" y el "territorio".
El
problema de esta guerra es que no hay nada que negociar por mucho que se le
intenten aplicar las fórmulas al uso. Israel busca el exterminio e Irán confía
en el martirio como fuerza de enganche. No, nadie puede ceder cuando lo que hay
detrás es un mandato divino. No traicionas a tu Dios haciendo concesiones a los
herejes y pecadores; no cedes lo que Dios te prometió.
Los
Estados Unidos miran hacia Irán para no mirar hacia Palestina. Justifican sus
intervenciones en amenazas que nadie ha probado, dejando las manos libres a
Israel en sus fronteras para sus planes coloniales expansionistas.
Todo esto
ha quedado de manifiesto una vez más con las imágenes que nos muestran la
"alegría" descarada, la celebración (con brindis incluido) de la pena
de muerte a los palestinos que atenten contra Israel o su "idea" de
lo que debe ser el "estado israelí". Las imágenes valen más que todas
las explicaciones que puedan dar contra las leyes internacionales, el racismo o
cualquier otro principio.
En 20minutos podemos leer sobre esto:
El pleno de la Knéset (Parlamento israelí) ha aprobado este lunes la reforma legal que establece la pena de muerte por ahorcamiento para los culpables de asesinato terrorista. La medida solo aplica a palestinos, ya que excluye a cualquier ciudadano de Israel, lo que ha sido criticado por organizaciones de derechos humanos por su carácter discriminatorio.
El texto, aprobado con 62 votos a favor y 48 en contra, obliga -salvo excepciones sin definir- a los tribunales militares israelíes a imponer dicha pena a los palestinos residentes en Cisjordania ocupada. Mientras, los israelíes, incluso los colonos, son juzgados en tribunales civiles y se les da la posibilidad de aplicar en su lugar la cadena perpetua.
El texto formalmente prevé que se aplique a toda la ciudadanía, pero en uno de sus artículos especifica que solo se aplicará a quienes "causen intencionadamente la muerte de una persona con el objeto de negar la existencia del Estado de Israel", una definición que excluye en la práctica a cualquier individuo de creencias sionistas, incluso aunque haya perpetrado actos similares. Además limita la discreción judicial, permite las ejecuciones secretas por ahorcamiento e impone un régimen de casi total aislamiento a los condenados a muerte.*
Pero esta descripción legal, no es comparable al júbilo mostrado en el parlamento ante la aprobación de esta ley miserable y racista. ¿Cree Israel que por pasar por la aprobación de su parlamento se lava lo que realmente contiene, su racismo vengativo y consagración de la desigualdad? ¿Qué se puede esperar cuando la resistencia es terrorismo y el castigo obra de Dios?
Cuando se ven estas muestras de júbilo incontrolado por la aprobación de las penas de muerte se comprenden muchas cosas y se temen otras, como la imposibilidad de una paz, de algún tipo de arreglo, de solución que no pase por el exterminio del contrario, percibido como sobrante sobre la faz de la tierra.
A Occidente se le ha puesto en la tesitura de tener que elegir entre un régimen condenable, cruel, dogmático y violento, como es el iraní, y otro que, bajo el amparo de las democracias occidentales, ha ido desviándose hacia otros derroteros encubriéndose su deriva por la mala conciencia concentrada en el exterminio judío previo a la II Guerra Mundial. Tememos decir lo que ocurre en el Israel de Netanyahu para que no se nos llame, como ellos hacen a menudo a quien les critica, "antisemitas", en una especie de chantaje histórico y emocional. Pero Israel ha llegado a unos límites impensables para muchos, lo que ha obligado a hablar de "genocidio" en Palestina y de crímenes de guerra.
Es duro para Occidente contemplar cómo el "hijo israelí" crece luciendo esas risas por la aprobación de unas condenas a muerte por ahorcamiento reservadas para los palestinos, unos molestos impedimentos que niegan el derecho divino de Israel a desplazarlos o masacrarlos si se resisten, convertidos en terroristas por resistirse al negarse su existencia y derechos reales.
Las risas y brindis por unas condenas a muerte son otras formas de reflejar hasta dónde se ha llegado y lo imposible por estas vías de llegar a acuerdos satisfactorios. ¿Con quién si el otro no existe, si se le ignora y desprecia? ¿Con quién, si se considera al que se opone como una "amenaza existencial" que debe ser destruida?
Las distinciones entre radicales en el gobierno israelí y el resto no son más que máscaras ante la opinión publica dentro y fuera. Las imágenes del parlamento israelí nos explican muchas cosas, a la vez que nos entristecen y aterran.
* "Israel legaliza la pena de muerte por horca para palestinos de Cisjordania condenados por asesinato terrorista" 20minutos / Agencias 30/03/2026 https://www.20minutos.es/internacional/israel-legaliza-pena-muerte-por-horca-para-palestinos-cisjordania-condenados-por-asesinato-terrorista_6952755_0.html






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