Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Que
Nicolás Maduro es un dictador no lo duda casi nadie; que Venezuela no es un
régimen democrático, tampoco. Pero cuidado con echar las campanas al vuelo
demasiado rápido. No hay garantías de que los venezolanos hayan recuperado
mucho en esta "guerra relámpago" (un término con historia, que no se
ha utilizado, mientras que se usan otros muy ambiguos como "operación
quirúrgica" por los medios).
No sé
si la idea de convertirse en una colonia estadounidense es muy atractiva, pero
parece ser lo que viene. Quienes piensan que esas "cuantiosas inversiones
de las empresas petroleras norteamericanas" van devolver a Venezuela, como
ha dicho Donald Trump, "su antigua grandeza y esplendor", son libres
de hacerlo.
Por uno
de esos azares ordenando películas, decidí concluir la noche viendo una británica,
una comedia titulada en español como Un
golpe de gracia (The Mouse that
Roared 1959), dirigida por Jack Arnold. Nos cuenta la situación del país
más pequeño del mundo, Grand Fenwick, situado en el centro de Europa, apenas un
punto, que se ve en la ruina porque los norteamericanos han decidido imitar y
producir su única fuente de riqueza, un vino propio. La ruina económica les
lleva a realizar una acción contundente: declarar la guerra a los Estados
Unidos, lo que hacen enviando por correo una declaración que es tomada como una
broma de la prensa por los que la reciben.
El plan
no es luchar con su ejército armado con arcos y flechas, sino ser derrotados. Peter
Sellers interpreta a casi todos los personajes, de la Gran Duquesa al inexperto
al mando de la mínima tropa que desembarca en Nueva York. El primer ministro
tiene una teoría: los Estados Unidos son muy generosos cuando ganan una guerra
e inundan de alimentos y todo tipo de bienes a los países que derrotan. Para su
desgracia "ganan" la guerra. ¿Sigue vigente la "teoría" de
los del pequeño Ducado de Grand Fenwick? ¿Creen que serán inundados de bienes
por la ganadora "operación quirúrgica" trumpista? Puede que el tiempo
les responda cuando vean que salen más cosas que entran.
La idea
expresada con claridad de que será Trump (los Estados Unidos, si lo prefieren)
quien dirija los destinos de Venezuela hasta que considere que están en la
dirección adecuada, sea esta la que sea, pero con más probabilidades de que sea
la que beneficie a los Estados Unidos.
Muchos
venezolanos celebran lo que entienden como la caída de Maduro, lo que es
bastante natural. Pero aquí no ha "caído" nada; más bien "se han
llevado". El régimen sigue intacto, eso sí, muy debilitado en su
credibilidad.
Los que
piden que sea Edmundo González quien dirija los destinos de Venezuela como
presidente frustrado por el fraude electoral denunciado en su momento, se
pueden encontrar con la sorpresa que no serán las urnas sino Trump quien decida
quién rige los destinos de Venezuela. Hay que ser muy ingenuo si después de la
movida norteamericana, esta no saca provecho. ¿Creen que le importa algo la
"libertad" o la "democracia" venezolanas a alguien que las
pisotea en su propio país?
En
estos momentos, Trump ha amenazado directamente a todos los países latinoamericanos
que han denunciado la maniobra de Trump como contraria al orden internacional.
Ya ha "avisado" directamente a Cuba, México y Colombia. Que tengan
cuidado porque les pueden hacer lo mismo. Es el imperialismo colonial más burdo
de lo que llevamos de siglo, solo comparable a su par, Vladimir Putin, quien
decide dónde empieza y acaba Rusia. Trump decide donde los Estados Unidos
imponen sus "acciones quirúrgicas" Se puede quedar con aquello que le
apetece (Groenlandia, por ejemplo) con montar una historia sobre los intereses
de Estados Unidos, su seguridad, amenazas, etc.
Trump decide. Y decide sobre todo. En su primer mandato temían que pasara esto y le rodearon de personas filtro, que iban dimitiendo una tras otra porque se le enfrentaban. Aprendió para su segundo mandato, para el que se ha rodeado de autoritarios y excéntricos, como poner un "antivacunas" negacionista al frente de la Sanidad o auténticos sociópatas en Defensa, rebautizada como "Guerra". Y a ahora entendemos por qué.
Nadie va a cambiar a Trump si antes no cambiamos nosotros antes. Eso debemos entenderlo con claridad, de la misma manera que los venezolanos deben ser conscientes de lo que implica su nueva dependencia. Los únicos cambios posibles en Trump vendrían desde dentro de los Estados Unidos a los que está llevando a un fondo moral oscuro, a la negación de su propia esencia y discursos tradicionales. Estados Unidos ha empujado a muchos países al amparo de dictaduras como forma de intentar garantizar su integridad ante las amenazas norteamericanas. Los lazos con la Rusia de Putin son los resultados.
Son
muchos los riesgos que asume Venezuela, como también son muchos los que asumen
los países críticos en la zona. Trump ha ido dando muestras de poder y de lo
que supone resistirse o discrepar. Rápidamente se monta una historia para
consumo interno. Eso vale para cualquier país o para convertir en
"comunista" al elegido alcalde de Nueva York.
George
Clooney y su esposa han decidido nacionalizarse franceses, como otros se
hicieron canadienses en su primer mandato; Angelina Jolie visita los masacrados
campamentos de refugiados en Gaza. Son pequeños gestos, pero que contribuyen
internamente a erosionar la imagen todopoderosa de Trump, que cree que Dios
apoya sus decisiones porque forman parte de un plan. Nos hemos tomado esto a
broma, pero sabemos que hay mucha gente, millones, que creen que fue un ángel
el que le libró de un atentado que le raspo una oreja. Él también lo cree.
La
cuestión venezolana no es solo el ataque a una dictadura; es el ataque a una soberanía,
su pisoteo. Los que celebran su caída tienen pleno derecho a hacerlo; pero son
las formas e intenciones lo que acabarán siendo importantes. Las intenciones se
van viendo a poco: controlar el país hasta hacerse con el petróleo (ese que
dice que le robaron) y dejar colocadas a las personas adecuadas en la
administración para garantizar el control del país. Puede que Venezuela haya
perdido un dictador, pero no está claro todavía lo que ha ganado o lo que puede
haber perdido además.
Solo
tenemos algo claro, pero muy significativo: el odio que le tiene a María Corina
Machado, la que le "robó" el Nobel de la Paz y a la que ha
desprestigiado y desplazado del presente y futuro de Venezuela. Es un signo claro de cómo se guará para "controlar" el futuro de Venezuela estableciendo quién es apto y quién no. Lo que opinen los venezolanos le trae al fresco.
La
imagen patética de Nicolás Maduro deseando "feliz año" a los
presentes mientras entra en el centro de detención con las manos esposadas será
una de las imágenes que marcarán este incierto año 2026.
La
cuestión no será solo la caída de un régimen, el chavista, sino lo que ha de
sustituirle. A la alegría de muchos, le sigue la incertidumbre por el futuro.
No creo que la teoría de "Un golpe de gracia" sobre la generosidad de
Estados Unidos para con los vencidos. Entonces era una invención
propagandística, un camuflaje, y hoy es descaradamente improbable, pero no por
ello deja de ser propaganda,
Esto va más allá de "derechas e izquierdas". Lo que está en juego es otra cosa, como creo que veremos en diversos lugares del mundo (especialmente de América, pero también de Europa) que Trump considere "suyos". Lo único que Trump acepta es la sumisión al poder norteamericano y a sus visiones del nuevo orden.
No hay
que aceptar, como están haciendo muchos, el discurso justificativo
norteamericano y más bien preguntarnos en qué hemos fallado al ser incapaces de
reconducir a Venezuela hacia otro tipo de salidas diferentes.
El orden mundial ha cambiado. Trump lo ha convertido en una jungla donde él, los Estados Unidos, son el principal depredador. Los demás somos piezas de un menú dilatado, un menú del que irá seleccionando las piezas que interesan a sus interese económicos, geoestratégicos y militares. Tras él toda una fauna de grandes empresas, de las tecnológicas a las armamentísticas, pasando por las energéticas. Trump les asegura las ganancias y les allana el terreno. Todo esto se vende con una mezcla de patrioterismo y eficiencia con unos toques de providencia divina.
Como siempre y de corazón, mis mejores deseos para el pueblo venezolano. Se acercan tiempos de dudas que solo los hechos, no las palabras, podrán resolver.










No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.