lunes, 20 de octubre de 2014

El botín informativo o el paseo irresponsable

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La defensora del diario El País, Lola Galán, introduce en su sección la cuestión del reportaje que sus periodistas firmaron "colándose" en la zona del Hospital Carlos III. El artículo, con el título "Paseo clandestino por la quinta planta" ha sido fuertemente contestado por los lectores y creo que con razón. La Defensora recoge algunas de sus opiniones sobre este hecho:

“Colarse en el Carlos III no es periodismo”, señala en un mensaje Mercedes Munárriz. “Es difícil relacionar este ‘artículo’ con los conceptos ‘información’ o ‘investigación’. No se han informado de nada”. Laura Cruz me escribe: “Quiero expresar, como lectora, mi total rechazo a ese artículo, no sólo falto de ética periodística (yo también soy periodista y duele leer este tipo de ‘informaciones’), sino también irresponsable por parte de quien haya encargado que se hiciese”. Quejas parecidas remite Jenaro Álvarez: “No se puede criticar a las autoridades por improvisación o falta de celo en la aplicación de los protocolos de seguridad y al mismo tiempo violarlos deliberadamente con acciones como esta”. Nicolás Lupo no ve el interés de la información, “más allá del posible sensacionalismo de entrar en una planta que supuestamente está restringida, como si fueran dos niños que entran en una casa de campo abandonada”.
Otro lector, Paco Rubio, hace su propia reflexión sobre el artículo a la vista de la doble firma y del pie de página en el que figuran otros dos nombres más: “Se describe cómo, burlando al vigilante de seguridad, El PAÍS, o sea, una o varias personas: ¡No se sabe quiénes son!, merodean irresponsable y temerariamente por un lugar por el que no se puede andar, poniendo en peligro su salud y la de los demás”.*


Creo que los lectores tienen razón al expresar su indignación. Aquí hemos insistido en que la tercera pata de la crisis del ébola es la información y que si se habían dado fallos en los protocolos de políticos y encargados de la salud, también ha ocurrido en el plano informativo. Este reportaje es una muestra clara de ello. La información carece de sentido y no solo no tranquiliza sino que ha creado riesgos para los profesionales y para todas las personas que estuvieran en contacto con ellos. La imaginación en el periodismo hay que dejarla para otras cosas. Aquí no hay más noticia que la irresponsabilidad de los periodistas que se han metido donde no deben.

El reportaje criticado comenzaba así: "En un descuido del vigilante de seguridad queda franca la puerta del hospital Carlos III, el corazón del ébola estos días en España. Vía libre."** Fantasías a lo Tom Cruise.  No es colarse en la Casa Blanca o en la recepción real para burlar los servicios de seguridad. Las explicaciones dadas por quien les autorizó a entrar son absolutamente baladíes y llegan a ofender la inteligencia de los lectores por su simpleza y mal entendido sentido del periodismo:

Jorge A. Rodríguez, redactor-jefe de Noticias, asume su responsabilidad, ya que fue él quien tomó la decisión de entrar en la quinta planta, “a sabiendas de que era un lugar seguro, de la imposibilidad de contagio y sin tener contacto con nadie”, dice. Si la quinta planta era tan segura y carente de riesgos, ¿por qué damos por sentado que la situación de los pacientes que alberga exige vigilancia especial, inexistente el día de la visita?
En cuanto al por qué se entró en ese zona del Carlos III, Rodríguez explica: “Entramos en el hospital porque creemos que era nuestra obligación como periodistas, del mismo modo que hemos ido a los hospitales de Liberia o Sierra Leona (donde hemos entrevistado a enfermos), hemos entrado en escenarios de atentados, hemos subido a barcos susceptibles de ser secuestrados por piratas o vamos a lugares de riesgo (guerras, etcétera). Creemos que aportaba información y que era un asunto relevante y noticioso para los lectores. Queríamos mostrar que no había seguridad suficiente y que cualquier ciudadano podía entrar. El resultado es que al día siguiente fue reforzada la seguridad”.
Los periodistas vamos a las guerras o a los hospitales de Liberia y Sierra Leona para contar lo que ocurre allí. No vamos para decir que hemos ido, como parece ser el caso del Paseo por la quinta planta, una crónica en la que el objeto informativo es nuestra propia aventura, posible gracias a la falta de vigilancia que denunciamos. Y cuyo botín informativo apenas da para unas líneas en el texto publicado.*


Tiene razón la Defensora Lola Galán y el último de los párrafos deja en evidencia la puerilidad irresponsable del reportaje calificándolo como "botín informativo". Si era un lugar seguro, ¿qué sentido tenía entrar? Y si no lo era, ¿no era una irresponsabilidad? En efecto, uno no va a las guerras a decir que ha ido. Lo único que han conseguido es añadir una preocupación más a los profesionales que ya tenían bastantes, tener que aumentar los recursos para evitar que algo que no se le ocurre a nadie —entrar en un lugar de aislamiento—, pero que desde ese momento puede ser lugar de paseo por irresponsables.

Su "obligación" como periodistas no era entrar en el Carlos III. Su obligación era otra muy distinta. Precisamente la contraria a lo que han hecho. Si abogábamos por una información capaz de hacer entender las dimensiones reales del problema, evitando sensacionalismos y distorsiones que pudieran causar pánicos y desinformaciones, el "paseo" consiguió justo lo contrario.
La conclusión de Lola Galán no puede ser más clara:
Ante una crisis como la del ébola, que ha provocado gran alarma social y ha desatado una psicosis generalizada, nuestra obligación es ofrecer a los lectores una información veraz, completa y de alta calidad.

Existe un subgénero periodístico que apuesta por violar normas y leyes para conseguir información cuyo conocimiento público justifica tal conducta a ojos de quienes lo practican. Algunos lo llaman periodismo encubierto y ha dado grandes periodistas, como el alemán Günter Wallraff, que fue su adalid entre 1970 y 1990. Pero el modelo, además de discutible, pierde su razón de ser cuando todo lo que se persigue es un titular. Creo que entrar en la quinta planta del Carlos III ha sido un error.*

Creo que ni siquiera se puede llamar a esto "periodismo encubierto". Aquí no se disfrazaron de "turco", como Wallraff; sencillamente actuaron como irresponsables en un momento en el que se pide colaboración ciudadana (es decir, cívica) a todos las instancias, incluidos los medios de comunicación dando información responsable.


La crisis del ébola, ya lo dijimos, nos obliga a aprender rápidamente. También los medios y sus profesionales deberían tener claros los límites en situaciones como esta. De no hacerlo quedarán en evidencia. Los límites de la información no son los límites de los periodistas. Aquí se han violado alegremente los que nos recuerdan que los periodistas no se pueden defender de ciertas cosas argumentando que lo son, incluido un posible contagio.
Los hospitales están llenos de carteles en los que se dice que no hay que entrar. Y no lo hacemos aunque no haya un vigilante armado en cada puerta o zona. No hay ningún secreto que desvelar tras la puerta y una zona de aislamiento para casos de ébola no es el castillo de Barbazul. La seguridad se reforzó, sí, pero para prevenirse de buscadores de gloria periodística. En realidad, es lo único que le ha quedado claro a todo el mundo.
Esperemos que hayan entendido el razonamiento claro de la Defensora y la indignación de los lectores. ¡Sí, pobre botín informativo! No es el único caso que debería hacernos pensar sobre cómo se ha informado. Ha habido titulares, sin necesidad de colarse en hospitales, dignos de ser ingresados sus autores. Aprendamos.
La buena noticia es que la paciente infectada ha superado los test realizados, según abrían las noticias de la mañana. Nos alegramos por ello.


* "Paseo ‘clandestino’ con polémica" El País 19/10/2014 http://elpais.com/elpais/2014/10/18/opinion/1413659438_770358.html
** "Nadie vigila la quinta planta del hospital Carlos III" El País 9/10/2014 http://politica.elpais.com/politica/2014/10/09/actualidad/1412886024_598202.html




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