jueves, 23 de mayo de 2013

La gran evasión (de impuestos)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La persecución del fraude fiscal obedece a principios pragmáticos más que ideológicos. Se persigue porque hace falta dinero. Se persigue después de haber dado facilidades durante años para el fraude. Las cifras que se nos dan ahora de los contactos de las grandes empresas con los paraísos fiscales escandalizan porque toca escandalizarse. Son las mismas cifras de ayer, pero toca cambiar la cara y mostrar asombro e indignación.
El editorial de hoy del diario El País señala:

El Consejo Europeo lanzó una señal política contra esas prácticas. Más aún, impulsó un paquete de cinco medidas, para las que fijó calendario preciso. Tiempo habrá de señalar las limitaciones que la dinámica común imponga a dichos acuerdos, sus posibles retrasos y los obstáculos imprevistos a su desarrollo. Porque seguro que habrá de todo ello en la cosecha final. Es hábito inveterado de la UE señalar horizontes ambiciosos y alcanzar desarrollos siempre por debajo de ellos, amén de tardíos. Sobre todo en una materia, la fiscalidad, que convencionalmente requiere de la unanimidad de los 27, aunque el Tratado de Lisboa ofrezca alternativas indirectas para lograr decisiones también en este ámbito.*


Los motivos escépticos del diario oscilan entre la ineficacia comunitaria y el desinterés de algunos. Y es que, efectivamente, algunos viven de esto y, lo que es peor, no es una práctica externa sino de aquellos a los que se ha favorecido durante décadas y que han perdido cualquier sentido de responsabilidad social o nacional. La claudicación política ha sido grande ante estos que han conseguido hacer de la ignorancia fiscal un signo del éxito. Los mecanismos de la globalización les permitían repartirse por el planeta y, en lo fiscal, vivir en tierras de nadie. Los beneficios son cosa mía.



La voluntad política de acabar con estas "prácticas" está condicionada por la presencia de este entramado de grandes empresas y fortunas derivadas que se han introducido en los nidos del poder político y legislativo, que han dictado políticas económicas y fiscales a su medida para crecer hasta hacerse intocables. A mayor tamaño, más poder y menos condicionamientos.
Durante décadas se ha debilitado lo político en beneficio de unos principios que fomentaban no ya el individualismo —eso es terminología del siglo XIX— sino unas formas tecnocráticas, anónimas, con movimientos de grandes cantidades de capital que se mueve por el mundo a través del sistema financiero, que invierte allí donde se le dan más facilidades y se les retiran más obstáculos, plegando el mundo a sus deseos. Tanto las formas financieras como las empresariales, cuando llegan a ciertos niveles de poder, pasan a estar por encima del bien y del mal.


Finaliza El País su editorial:

Otras medidas —acerca del fraude en el IVA, las transferencias de beneficios entre compañías matrices y sus filiales y el lavado de dinero— completan el paquete. Si se aplica con presteza, muchas cosas cambiarán en Europa. A mejor.*

Lo penoso del asunto es la concepción de que el estado natural del sistema es el fraude, que hay que tomar medidas porque las leyes se burlan diariamente ante la impotencia y la pasividad de las instituciones, que han de tomar nuevas medidas para que lo que se tenía que cumplir se cumpla. La honradez es solo un ítem evaluable. 
La pregunta ahora es si las medidas son suficientes y, sobre todo, si serán respaldadas más allá de su enunciación. ¿Hay voluntad de que se cumplan? Probablemente sí. Pero la cuestión es extensible a aquellos cuya voluntad de fraude está en el centro de su forma de concebir los negocios y, por extensión, el mundo.
The Economist ilustra a través de un sencillo gráfico la relación entre el beneficio de las empresas y su tributación.

THE pressure on tax-avoiders is mounting. In the latest episode Tim Cook, Apple’s boss, was called before a Senate subcommittee to explain why the tech giant had paid no tax on $74 billion of its profits over the past four years—though it has done nothing illegal. This comes at a time when America's corporate profits are at a record high, thanks to the swift sacking of workers at the start of the recession, lower interest expenses, and the fact that cheap labour in emerging markets has eroded union power, allowing firms to move production offshore and defy demands for pay rises. Meanwhile corporation tax, which makes up 10% of the taxman’s total haul (down from about a third in the 1950s) has plummeted. An increase in businesses structuring themselves as partnerships and "S" corporations, which subject profits to individual rather than corporate income tax, is in part to blame. But tax havens are also culprits, as they lower their tax levels to lure in bigger firms.*


Que Estados Unidos esté comprometido con estas formas de fraude es esencial. Pero es más importante la pregunta que se les hace a esos gigantes empresariales, como se le hace al responsable de Apple: ¿por qué no han tributado en los últimos cuatro años? Apple se defiende diciendo que no es la única y que el sistema no lo ha diseñado ella. Y eso es cierto, para mal de todos. 
Solo enfrentándose a esa pregunta sobre su falta de compromiso —eso son los impuestos, un compromiso con la comunidad— ante los representantes de aquellos que asumen las cargas, que padecen las consecuencias de las evasiones —recortes, despidos, bajadas de sueldos, aumentos de impuestos, etc.— podrá crearse un cierto estado de conciencia. Habrá muchos que piensen que "conciencia" es una palabra reñida con este mundo egoísta e insolidario, depredador e irresponsable que anida en la cima de las grandes empresas. Puede ser cierto, pero hay que intentarlo. Por si acaso les cuesta, las campañas de denuncia se multiplican por todo el mundo.

* "Contra la evasión fiscal" El País 23/05/2013 http://elpais.com/elpais/2013/05/22/opinion/1369250677_765664.html
** "Taxing for some" The Economist 22/05/2013 http://www.economist.com/blogs/graphicdetail/2013/05/daily-chart-14




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