lunes, 20 de abril de 2015

La vigilancia radical

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario El Mundo trae nueva información sobre la situación de la comunidad musulmana en Cataluña. No vamos a entrar en la cuestión que parece interesar más a algunos: el papel del nacionalismo catalán en estas cuestiones. Más allá de cualquier tipo de circunstancia electoral —que parece que es lo único que importa— está el hecho que aquí hemos comentado en diversas circunstancias: el control de la población musulmana más allá de las fronteras por grupos radicales.
Si nosotros tememos el regreso de los yihadistas, ellos temen el regreso de las personas que hayan podido escapar del férreo control que han ido creando en sus países de origen. Lo que más temen los islamistas es que se les desafíe en sus feudos, ante su comunidad. Por eso se extienden a través de las redes que crean más allá de sus fronteras y tratan de evitar que de las estancias exteriores se pueda generar un sentimiento de rechazo o disidencia. No quieren fisuras.
Los islamistas necesitan del aislamiento para a) poder ejercer su presión eficazmente y b) evitar que se escapen de su influencia. De ahí que el movimiento sea doble en aquellos que están fuera de sus fronteras: aislarlos y adoctrinarlos. Las preguntas ahora por la radicalización suenan falsas cuando todo esto está advertido desde hace años. El Mundo nos cuenta:

Desde hace más de un lustro los servicios de Información y de Inteligencia han advertido sobre la fuerte implantación del islamismo radical en Cataluña. Los informes se han multiplicado durante años y se centraban en esta comunidad autónoma, junto a Ceuta y Melilla, como los focos más preocupantes de radicalismo incontrolado. Y esa implantación se ha hecho fuerte, tan fuerte como que hay zonas de la comunidad donde estos islamistas «tratan de aplicar sus leyes» e, incluso, «han constituido sus policías religiosas».
Así consta en informes policiales que obran en poder de este periódico. «Se han organizado en grupos que se dedican a señalar a otros miembros de su comunidad y a amonestarlos cuando no cumplen con la ley islámica, la sharia, los preceptos islámicos o cuando, sencillamente, no se comportan según la ideología que profesan». «Recurren a la intimidación y a la violencia cuando así lo consideran para imponer su orden y hacer respetar las directrices que dan sobre la vestimenta, el aspecto, la barba que deben mostrar los hombres, la educación que deben recibir los hijos de los demás... Son frecuentes sus amenazas y los actos de aislamiento hacia aquéllos que no les obedecen, llegando en ocasiones a protagonizar agresiones físicas».*


No es nada nuevo, como tampoco es la ceguera política que guía a nuestros políticos y los de los demás países que han dejado crecer la influencia islamista dentro de las comunidades. La incomprensión del fenómeno y la facilidad que les daba dejar en manos de esos "líderes" de las comunidades la comunicación con las administraciones. Eso bastó para que muchos aprovecharan su papel de mediadores para tener acceso a los miembros de la comunidad concediéndoles un privilegio que es esencial dentro de sus países: el valedor. Ha habido sorpresa cuando han detectado que el centro de alguna célula islamista era el más "integrado" de la comunidad, el más solícito con las autoridades y el aparentemente más servil y colaborador. Era la forma de mantener su estatus ante la comunidad. La "necesidad" de las administraciones de tener "interlocutores" y la fragmentación que padecen hace que los mensajes de advertencia de los cuerpos de seguridad caigan en el saco roto de la ineptitud política.


Lo hemos dicho en ocasiones: mucha gente que sale huyendo de la vigilancia que padecen en sus países se encuentran con los mismos vigilantes aquí, con el agravante de que se han convertido en los interlocutores de las administraciones, con lo que les queda poco margen de libertades. Hay que comprender que este tratamiento "colectivo" favorece a los islamistas, a su control de las comunidades exteriores y a su acción radicalizadora. Como se señala en el artículo, son canalizadores de las frustraciones para convencer de que los males provienen de los otros, de aquellos hacia los que les interesa derivan el odio.
Nuestra ceguera no es casual ni ingenua. Solo irresponsable. No se ha sabido o querido entender el conflicto amparándose en que es una cuestión "interna" que no nos iba a afectar. Es ese sentido egocéntrico de los intereses lo que ha descabezado a los países de personas que pudieran dar una respuesta a los movimientos radicales.


Al igual que esos interlocutores que hoy descubrimos que son radicales y han utilizado su influencia para hacerse con el control de la comunidad, la política de los países occidentales ha mirado para otro lado en nombre de seguridades hipotéticas que, hoy se demuestra, son falsas. Se ha apoyado a gobiernos o grupos a los que se pensaba que se podía controlar para la seguridad propia. El resultado es que hoy nadie está seguro.
El descubrimiento de que los mayores focos de radicalismo están dentro de Cataluña es una demostración palpable de que la política seguida era justo la contraria: se creía manejar a la comunidad musulmana y eran los grupos de radicalismo islámico los que te manejaban a ti. Es la ingenuidad de los políticos que sobrevaloran su inteligencia y miden todo en términos de legislaturas y resultados electorales.
La información de El Mundo se cierra así:

Los analistas concluyen que «desde hace años, la comunidad musulmana catalana ha estado expuesta a la doctrina radical, difundida desde una red de mezquitas extendidas por las cuatro provincias. La progresiva aceptación de esta ideología extremista, unida al significativo aumento de la proporción de población musulmana, están provocando situaciones de imposición violenta de la ley islámica, tensión y conflictividad que, al ritmo actual, conducirán a la fractura social e incluso violenta».
Porque, ¿cuáles son los mensajes que reciben los musulmanes asentados en Cataluña desde los sectores radicales? Desde los llamamientos a la yihad hasta el antisemitismo, pasando por el odio a Occidente, la discriminación de la mujer, el desprecio de los cristianos, la aplicación de la sharia, la implantación de tribunales islámicos, la prohibición de acudir y colaborar con la Policía, evitar el sistema judicial infiel.**

En el mismo artículo se expresa la doctrina común: la primera generación se preocupa de su trabajo; la segunda es víctima de la radicalización. Esta segunda generación, la de los jóvenes, también es la que se les escapa. Dar la impresión que los jóvenes son todos radicales es desvirtuar parte del fenómeno. Para evitar que se les escapen es por lo que se acrecienta la presión sobre ellos.
Lo descrito es una forma de borrar la distancia existente entre sus lugares de origen y el espacio en el que se encuentran ahora. Se trata de eliminar la influencia "negativa" que tienen los países occidentales en cuanto a costumbres o democracia. Por eso se desplazan hasta aquí.
Captan y persiguen. Atraen a los que ven proclives y aíslan de la comunidad a los que ven peligrosos porque se resisten o puedan enfrentarse a ellos en el regreso a sus patrias. Las persecuciones a que se ven sometidos los islamistas en diferentes países en la actualidad, hace, además, que vengan a captar nuevos acólitos entre la comunidad exterior. Eso significa, de nuevo, que hay que cambiar la forma en que se enfrenta este problema y hacer más caso a los analistas e informes del que se está haciendo hasta el momento. Y además potenciar y proteger a aquellos que han tomado una decisión que les hace enfrentarse al islamismo. Pero la ceguera de las autoridades es infinita. Siguen pensando en términos de algo exterior a nosotros, algo que hace mucho tiempo no es cierto.


El proceso de reislamización de los diferentes países obliga a reconsiderar las políticas internacionales. El caso de Turquía es quizá el más evidente. Aspirante a la Unión Europea y miembro de la OTAN, se ha servido de este estatus para poder ir reduciendo las libertades dentro de sus fronteras y jugando un oscuro papel en la existencia del Estado Islámico. Las noticias de las persecuciones de Erdogan y su gobierno a la disidencia son cada vez más frecuentes. Sin embargo, el papel estratégico que se supone que debería jugar Turquía le protege de sanciones o recriminaciones oficiales. Como consecuencia, avanza hacia una sociedad más intransigente a la que se le ha puesto la etiqueta desfasada de "islamismo moderado", que es la que sirve para lavar la conciencia. Hace tiempo que Erdogan no es "moderado" y que sus políticas tampoco lo son.
El diario El Mundo incluye una entrevista con la novelista turca Elif Shafak con el expresivo título "La sociedad turca sufre amnesia colectiva". En la entrevista se percibe el mismo drama que en otros lugares: el deterioro de la convivencia y la reducción a sociedades intransigentes y autoritarias presididas por los islamistas.

Elif Shafak, experta en relaciones internacionales y ciencias políticas, ha impartido clases en diversas universidades y acude a multitud de foros mundiales relacionados particularmente con los derechos de la mujer. Es muy crítica con la política del Gobierno turco en esta materia, en especial con algunas declaraciones que no contribuyen en absoluto a detener la rampante violencia doméstica y el feminicidio, así como con su injerencia en asuntos particulares de cada familia.
"Hay que tener tres hijos, o mejor cinco, porque queremos ser una nación más grande. Les dicen a las mujeres cómo deben vestirse, que no deben reírse en público. En esto, como en la falta de separación de poderes o de una verdadera libertad de prensa, Turquía va hacia atrás. La diversidad de medios de comunicación se ha reducido drásticamente en los últimos 10 años. Existe mucha autocensura porque todo escritor o periodista sabe que aquí las palabras pueden meterte en problemas. Y, claro, no hablamos de ella porque da mucha vergüenza".***


El islamismo es totalitario en sentido pleno. No deja margen de la vida sin regulación ni observación. La vida al completo queda sujeta a las normas islámicas y convierte al resto de la comunidad en vigilante. Entre lo que se describe de las comunidades vigiladas de Cataluña y la vigilancia turca no hay grandes diferencias o, si se prefiere, las diferencias son cuestión de tiempo y velocidad. Erdogan cambia de los libros de texto —ya lo tratamos aquí— todo aquellos que contradiga los principios que le interesan. Poco a poco, se va retrocediendo hacia tiempos pasados. La Ciencia y el conocimiento son sustituidos y se transmiten desde las escuelas y prédicas, cuyos mensajes tienden a coincidir cada vez más. "Turquía va hacia atrás", dice rotunda Elif Shafak. No es la única que lo dice.

Ahora se trata de saber si a esta comunidad cada vez mayor de exiliados liberales, demócratas, que van dejando estos países que retroceden, personas que tienen que abandonarlos por presiones y amenazas, les hacemos un sitio real y no los tratamos como curiosidades o como problemas diplomáticos con países con los que decimos tener buenas "relaciones".

Se ha tratado mejor a los radicales que a los exiliados y perseguidos. La joven lesbiana camerunesa ha estado 23 días en tierra de nadie en el aeropuerto de Barajas porque no se le concedía un asilo ante el riesgo de encarcelamiento o muerte***. Ha tenido que saltar la noticia a la prensa para que los políticos de casi todos los colores corrieran a la sala de inadmitidos para conseguir una solución. Felizmente ya le han encontrado inmediatamente una que le permita salir de esa situación. El mensaje negativo que se envía a quienes tienen el valor de luchar por sus derechos, esta vez se ha evitado.
Necesitamos visiones más claras de los fenómenos de la radicalización, estrategias más inteligentes que las llevadas hasta ahora porque esto no es un problema circunstancial, sino el comienzo de una etapa oscura que requerirá grandes dosis de comprensión.
Lo que ocurre en Cataluña es un reflejo de lo que ocurre en muchos otros lugares en los que la intransigencia está creciendo a pasos forzados y la persecución a quienes se les oponen dejando víctimas silenciosas e invisibles en muchos lugares. Si Turquía, dice Elif Shafak, sufre "amnesia colectiva", otros sufren ceguera selectiva.


* "'Policías' del islam en Cataluña" El Mundo 20/04/2015 http://www.elmundo.es/cataluna/2015/04/20/5533f490e2704e32678b457a.html
** "'La sociedad turca sufre amnesia colectiva'" El Mundo 19/04/2015  http://www.elmundo.es/cultura/2015/04/19/5532c7b6268e3e4e0c8b4575.html
*** "La joven lesbiana de Camerún, retenida 23 días en Barajas, logra una autorización de estancia por motivos humanitarios" El Mundo 15/04/2015 http://www.elmundo.es/madrid/2015/04/15/552eaca5e2704e702d8b456d.html





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