martes, 17 de febrero de 2015

El terrorista imprevisto

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El hecho de que el terrorista danés fuera enviado a la cárcel, en donde se adoctrinó, y que no fuera vigilado posteriormente por las fuerzas de seguridad, que sin embargo lo tenían "fichado", demuestra lo absolutamente desatinados que estamos en la evaluación de los verdaderos riesgos.
El patrón de la ceguera se repite. Lo vemos una y otra vez en la incapacidad de evaluar el tipo de fuerza a la que se enfrentan los vigilantes. Es una especie de ceguera que tiene que ver con nuestras conceptualizaciones de a lo que nos enfrentamos. Mientras no nos demos cuenta que los sensores deben ser otros, difícilmente seremos capaces de detectar la amenazas. Ha sucedido en Estados Unidos, con los hermanos de Boston, ha sucedido en Francia y sucede ahora en Dinamarca. Es como esa prueba del gorila que pasa ante nosotros sin que le prestemos atención. Sencillamente esperamos que los hombrecillos que vienen del espacio sean "verdes" y si son de otro color no los vemos aunque sean rosa fucsia furioso.
Son las expectativas las que determinan la capacidad de ver; lo que esperamos ver nos produce la ceguera de lo que no esperamos ver. Hemos enviado a la cárcel a personas que se han formado allí. Hemos convertido en interlocutores a personas cuya finalidad era controlar a aquellos que esperábamos proteger, se han usado como confidentes a los mismos que después han atentado, etc., etc.


Si hubiera ocurrido una vez y en un país podríamos pensar que se trata de un problema local, pero el patrón de la ceguera se reproduce en todos aquellos que vigilan concienzudamente a quien no deben (incluido el móvil de Angela Merkel) mientras que son incapaces de detectar las ventas de armas en los escenarios más controlados. Los vigilantes son tiroteados sin que se den cuenta de la que se les viene encima hasta que es demasiado tarde.
Entendemos que siempre es difícil pararlo todo, pero que un hombre solo se pueda desplazar por una ciudad llena de cámaras y policías de un escenario a otro tan previsible como una sinagoga indica que algo falla en los servicios que deberían funcionar de otra manera. Protocolos y dispositivos funcionan cuando ya es demasiado tarde o lo suficientemente tarde como para que el terrorista invisible haya causado más estragos.
El País nos da el ya tópico perfil del terrorista imprevisto:

Omar Abdel Hamid El Hussein, el joven de 22 años al que diversos medios apuntan como el presunto responsable de los asesinatos del fin de semana en Copenhague, colgó en su perfil de Facebook antes del primer ataque un vídeo a favor del Estado Islámico, según el diario Ekstra Bladet. El Hussein, nacido en Dinamarca de familia palestina, también habría pronunciado soflamas antisemitas y hablado abiertamente durante su estancia en prisión de su deseo de viajar a Siria para participar en la yihad. Pese a que la policía no ha confirmado su identidad, los medios daneses dan cada vez más datos personales.
El Hussein, que compitió de forma profesional en lucha tailandesa, salió de la cárcel hace dos semanas tras cumplir parte de una condena por un ataque con cuchillo en un tren en otoño de 2013. Los tribunales lo dejaron libre porque, aunque la pena era de dos años, llevaba más de uno en la cárcel y el juicio de apelación estaba fijado para agosto de este año. Compañeros de clase consultados por France Presse le describen como alguien inteligente y con voluntad de servir, pero con un aspecto oscuro. “A veces tenía un comportamiento agresivo, pero el resto del tiempo era amable y tenía buenas notas”, señala a la agencia francesa Julie, una antigua camarada.*


A los ojos de su "antigua camarada", tenía un comportamiento agresivo pero cuando no lo era, era muy amable, que es como decir que Jack el destripador era violento en algunas ocasiones pero que, cuando no lo era, era muy amable. Todos los terroristas, descuartizadores, asesinos en serie, etc. sorprenden a sus vecinos con su amabilidad. La descripción de France-Presse es de risa: "alguien inteligente y con voluntad de servir, pero con un aspecto oscuro".
El agravante en estos casos es que no hace falta ir a Siria, como había dicho el terrorista, sino basta con decirlo o manifestarlo. La excusa dada esta vez es que "como no viajó...", estableciendo una especie de reduccionismo mecanicista absurdo, una especie de "tache lo que proceda" con los viajes a Siria. Para entrar disparando en un café no hace falta ir a Siria, demostración de lo ramplón de los planteamientos. Ahora bien, nuestros jueces, servicios de seguridad, etc. se suelen cubrir de gloria cuando excarcelan a gente que luego hace de las suyas, desde matar a sus parejas o matar a los que asistan a un coloquio, entrar en una redacción disparando, etc. Se han ignorado informes negativos la mitad de las veces y no se entiende por qué.


Sé que es fácil decirlo. Reconozco la dificultad de detectar estos terroristas de conversión rápida, pero si quienes tienen que hacerlo no lo hacen y demuestran poca eficacia (entiendo por eficacia detenerlo antes de que mate a la gente y no después), seguirán animándose.
Los terroristas suicidas, como su propio nombre indica, se dan por muertos desde el momento en que actúan. Saben que les cogerán en un momento u otro, por lo que siguen avanzando de objetivo en objetivo hasta que caen. No hay demasiado mérito en su detección, pues la exposición es mayor en cada atentado. El danés hizo dos, pero podía haber seguido atentando hasta que le mataran, con lo cual encima se le hace feliz y se anima a los demás a hacerlo.
Creo que la que se viene encima exige sistemas de detección totalmente diferentes a los que hasta ahora se han seguido, basados en haber estado en Siria o no. Se han demostrado ineficaces y lo seguirán siendo. Cuando sé que solo se vigila a los que van a Siria, dejo liberados de marca a los que no han ido.

Debemos asumir los riesgos, que irán aumentando conforme se les presione en origen. Por eso hay que cambiar las mentalidades y las formas de actuación. Con sus crímenes intentan intimidar a los países que participan en las operaciones militares contra ellos. Nos enteramos de que hay rehenes secuestrados durante meses cuando ellos deciden ejecutarlos; reproducimos sus vídeos y los sacamos en primera página de nuestros periódicos y programas, promoviendo así la escalada de protagonismo criminal, como los 21 egipcios coptos masacrados en una playa o el piloto jordano quemado vivo. No hay, pues, política de comunicación en un mundo de propaganda. Así nos va. Sorprende la cuidada realización del vídeo de la matanza de los coptos en la playa. Están destinados a nosotros; son para nuestros ojos.
La batalla de la información hace que cada vez que se producen asesinatos en Occidente los países islámicos lo perciban como un crecimiento de la islamofobia, que es aprovechado por los terroristas y afines; y que cada vez que se produce un atentado o muerte criminal en los países árabes se diga que "occidente tiene un doble rasero". Es increíble que se puedan cometer tantos errores en tan poco tiempo. En vez de ir a venderles armas, a lo que hay que ir es dar solidaridad, entendiendo que lo que aquí padecemos es la punta del iceberg de lo que pueden padecer allí. Mientras no lo entendamos chocaremos con una creciente animadversión que será el semillero de futuros terroristas e ideólogos del terror.


Titula El País que "El sospechoso colgó vídeos del Estado Islámico y lanzó soflamas antisemitas". ¿"Sospechoso"? No sé qué le quedó por hacer para que alguien le considerara un peligro. ¡Tanta novela negra nórdica para esto!
No hay más ciego que el que no quiere ver, dice el refrán. También está cegado el que mira para otro lado y la punta del dedo que debería señalar la luna acaba dejándote tuerto. No son terroristas invisibles, sino imprevistos. No es mérito de ellos, sino ineficacia nuestra.



* "El sospechoso colgó vídeos del Estado Islámico y lanzó soflamas antisemitas" El País 16/02/2015 http://internacional.elpais.com/internacional/2015/02/16/actualidad/1424078008_195049.html






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