viernes, 14 de septiembre de 2018

Decisiones, hechos y futuro o el color de la tinta

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La realidad es compleja por mucho que nos guste simplificarla o explicarla de forma lineal, como una serie encadenada de causas y efectos. La verdad es que tratamos de controlar la incertidumbre con nuestra pretensión de explicación. No sabemos bien los efectos de lo que ocurre ni sabemos a ciencia cierta cuáles han sido sus causas reales, por más que demos explicaciones coherentes a posteriori. Lo importante es poder creer que comprendemos bien lo que ocurre, es decir, tener menos miedo a lo que nos descoloca, lo imprevisto, lo azaroso.
En su libro Deshaciendo errores (2016), una biografía conjunta de los científicos que revolucionaron nuestra idea pretenciosa de cómo tomamos decisiones que nos parecen racionales, Michael Lewis habla sobre sus formas de trabajo, sobre cómo surgieron sus ideas:

Todo lo que no le parecía notablemente importante, Amos lo descartaba, y así lo que salvaba adquiría el interés de los objetos que han se han librado de una despiadada matanza selectiva. Un improbable superviviente fue una hoja de papel con unas cuantas líneas mal mecanografiadas, extraídas de conversaciones que mantuvo con Danny en la primavera de 1972, poco antes de que terminara su estancia en Eugene. Por alguna razón, Amos la guardó:

La gente predice inventando historias.
La gente predice muy poco y lo explica todo.
La gente vive en la incertidumbre, le guste o no.
La gente cree que puede predecir el futuro si se esfuerza lo suficiente.
La gente acepta cualquier explicación que se ajuste a los hechos.
La advertencia estaba escrita en la pared, pero con tinta invisible.

La gente suele esforzarse mucho para obtener información que ya tiene y evitar los conocimientos nuevos.
El hombre es un artefacto determinista metido en un universo probabilístico.
En este partido se esperan sorpresas.
Todo lo que ya ha ocurrido tiene que haber sido inevitable.
(Cap. 7. Las reglas de la predicción)*


"Dani" es psicólogo Daniel Kahneman, quien sería Premio Nobel de Economía por los artículos publicados sobre los sesgos de la mente en la toma de decisiones. Teniendo en cuenta que la Economía, como muchos otros campos de la vida, son decisiones que tomamos especulando sobre los resultados, los dos investigadores se enfrentaron al reto de desmontar los errores de sobre la racionalidad electiva del "homo economicus", abstracción que representa un equilibrio y forma de evaluar que poco tiene que ver con la realidad. Los economistas, politólogos, sociólogos, historiadores, etc. les deben mucho, aunque no siempre se tomen en cuenta sus descubrimientos del funcionamiento de la mente humana. Sus errores confirman los puntos de vista expresados en la lista.
Las líneas que Amos Tversky guardó de las conversaciones con Kahneman son una escueta síntesis de algunas de las ideas que muestran una visión del ser humano muy distinta a la que sale desde los enfoques tradicionales, basados en la racionalidad y la experiencia.

Daniel Kahneman, Premio Nobel de Economía 2002

La idea es que "predecimos" el futuro desde sesgos psíquicos, una serie de condicionamientos que fueron estableciendo mediante experimentos, y que nos llevan a tomar decisiones. La siguiente fase es cómo explicamos lo ocurrido respecto a nuestras predicciones. Y cómo lo ajustamos para hacerlo inevitable y claro. Todo está escrito en la pared, como decía Tversky, pero con tinta invisible. Cuando las cosas ocurren, la tinta se hace visible, señalaba con ironía.
The Guardian nos trae un artículo de Rachael Revesz que me ha traído al recuerdo lo anteriormente expuesto. El titular del artículo es "The strange thing is that both Susan Sarandon and Debra Messing are right about Trump" dando cuenta de un enfrentamiento de las dos conocidas actrices y activistas anti Trump. ¿De dónde proviene la "extrañeza" de Revesz, la autora? Una pregunta que se nos lanza en el encabezamiento del artículo nos lo explica:

Would women have been so angry and ready to run for office had Hillary Clinton been elected? Would we have seen Cynthia Nixon running for New York governor and victories such as that of 28-year-old Alexandria Ocasio-Cortez? We need both hope and anger to move forward?**


La disputa proviene del apoyo previo que Sarandon prestó a Bernie Sanders, el oponente demócrata de Hillary Clinton en las primarias del partido. El sistema de primarias tiene un problema en el tiempo. Comienzas destrozando al rival de tu partido para después tenerle que apoyar después si te ha vencido. Sanders recogió en las primarias el mayor radicalismo de las filas demócratas, especialmente de los jóvenes, frente a una Hillary a la que se presentaba como un miembro del establishment, con lazos económicos fuera de la política, recogiendo las críticas que los Clinton habían recibido por las actividades de su fundación y un sinfín de detalles, como el abandono de la Secretaría de Estado con Obama para prepararse su candidatura y no verse demasiado involucrada por los actos de la persona que tuvo el detalle de llamarla al cargo siendo su rival en las primarias.


Las preguntas de Rachael Revesz son interesantes porque plantean que no siempre de  lo "malo" sale lo peor. La idea de Sarandon es que si Hillary Clinton hubiera ganado la presidencia, el movimiento airado de mujeres que ha surgido desde el día siguiente de su toma de posesión no se habría producido o habría sido mucho más débil. Esto ha tenido una respuesta contundente por parte de Debra Messing, diciéndole con malas maneras que cierre la boca.
La respuesta de Rachael Revesz en su artículo es razonable. Es el propio Trump el que ha acelerado el proceso de despertar de las reclamaciones de igualdad, de hartazgo ante el acoso a través del #metoo y demás muestras de que se había llegado al límite. El argumento de Revesz tiene su lógica: Sarandon no ha querido decir que "Trump sea bueno" sino que su perversión ha acelerado la reacción en contra, que no es lo mismo.
La llegada de Donald Trump ha supuesto un límite, una toma de conciencia clara de muchas personas en los campos en los que se han dado cuenta del efecto destructor del presidente. Señala Revesz:

We should be celebrating good news, because progress is so hard-won. More than 40,000 women in the US have expressed interest in running for office since the 2016 election, according to Emily’s List, a political action committee focused on enlisting pro-choice female candidates for office, compared to less than 1,000 women in the last election cycle.
There are so many women running and winning, in fact, that Dave Wasserman, house editor of the Cook Political Report, said 2018 might come to be remembered as the “Year of the Angry College-Educated Female”.
Would women have been so angry and ready to run for office had Hillary Clinton been elected? Would we have seen Cynthia Nixon running for New York governor and victories such as that of 28-year-old Alexandria Ocasio-Cortez? Anger is a specific and necessary force to bring about social change – it’s the kind of thing that causes Stephen Bannon to worry.
Anger is the lifeblood of the women’s marches, and the MeToo and TimesUp movements, and it’s what often encourages victims of abuse to speak out. It’s also the kind of emotion that prompts well-known actors to lose their calm on social media just because another woman looks for a silver lining in a terrible situation.**


En un sentido, Sarandon tiene razón, pero ¿qué significa "tener razón" en algo que no puede ser probado, sino simplemente expresado o razonado? En el fondo, Sarandon está creando una explicación racional para su falta de apoyo para con Hillary Clinton, mientras que Messing sigue quemada con la actitud de falta de apoyo a Clinton, de la que se responsabiliza a la campaña de Sanders contra ella. Pero nadie puede probar estar en lo cierto. La única certeza es que a amabas les guía una frustración, a una el no haber ganado Clinton y a la otra que no haya ganado Sanders, por lo que las especulaciones quedan marcadas por esa sensación.
Cada una de ellas ha creado su propia historia y la ha reajustado a lo ocurrido posteriormente. La idea de Sarandon parte de unos datos, la avalancha de mujeres que se han lanzado a presentarse a elecciones, una reacción enérgica ante la pérdida de una mujer, Clinton, en la carrera de la Casa Blanca.


El único hecho es la realidad de las presentaciones  a cargos políticos. Y después, por supuesto, la maldades de Trump. Las opiniones de las dos mujeres son "ciertas" aunque sean enfrentadas, porque no son excluyentes. Ambas parten de un hecho interpretado de forma sesgada por sus propios filtros y proyectando hacia el presente lo que entonces era futuro.
La autora del artículo, Rachael Sevesz señala:

But we need both Sarandon’s hope and Messing’s anger to progress. One is pretty useless without the other. If you are angry about Trump ripping families apart at the US border, then presumably you are hopeful that can change in the future. If you are hopeful for change, then you probably don’t like what’s happening in the first place.

La cuestión que se plantea entre ambas es irresoluble en los términos en los que se presenta. Evidentemente no se puede considerar "bueno" el mandato de Trump, pero ¿qué significa "bueno" en este contexto? ¿Puede un acto "malo" traer buenas consecuencias? Continuamente. Lo que no podemos comprobar es si una victoria de Hillary Clinton habría tenido mejores o peores consecuencias. Solo podemos contabilizar los actos de Trump y las reacciones positivas que ha habido en miles de mujeres para enfrentarse.
No siempre nos recargamos con energía positivas, sino que muchos de nuestros actos son respuestas ante actos negativos, como lo ocurrido con Trump. El debate se plantea porque no puede considerarse la elección de Trump cono positiva por más que haya servido para movilizar a las mujeres hacia cargos políticos y muchas de ellas estén presente tras las próximas elecciones en puestos a los que "quizá" no se habrían presentado tantas de no haber causado Donald Trump tanta irritación con cada medida.
Lo mismo podría decirse de las reacciones de los jóvenes ante el control de armas. De no haber manifestado Trump su apoyo al lobby de las armas y querer armar y entrenar a los profesores o que los "good guys" lleven armas a los institutos, probablemente la reacción juvenil —que aquí hemos tratado— no habría sido tan rotunda.
Hay una vieja historia china que cuenta cómo a un hombre le van pasando cosas que unos consideran positivas y el no quiere valorar, lo mismo ocurre cuando le hablan de las desgracias. Cada acción que "parece" buena tiene consecuencias malas y cada acción que parece "mala" acaba reportando beneficios. Al menos algunos, lo que no implica que no debamos aspirar a lo que creemos mejor. El hombre del relato ha aprendido que las cosas suceden y que lo bueno o lo malo es la valoración que le damos sin saber qué ocurrirá después. esto debería servir para moderar el optimismo y también ¿por qué no?, el pesimismo.
La llegada de Barack Obama a la presidencia no supuso un cambio en la mentalidad de los Estados Unidos por tener un presidente negro. Lo que se mostró después es que "trajo" la ola de racismo que ahora vemos alrededor de Trump, los supremacistas y los neonazis que ahora pululan. ¿Podríamos decir que fue Obama el que trajo a Trump? Bueno, en cierto sentido sí, aunque no se le puede responsabilizar a él de esto ni a los que le votaron.


Si volvemos a nuestros psicólogos de la teoría de la decisión del inicio. Vemos que las cosas ocurren, que nosotros tomamos decisiones con unas expectativas que nos gusta considerar como viables, pero que poseemos un enorme grado de incertidumbre ante el futuro. Los que predijeron el triunfo de Trump acertaron, pero lo que se ha producido después es un complejo entramado de influencias que son muy difíciles de determinar. Las situaciones de gran complejidad se producen en la vida de forma constante. Son nuestras mentes las que las simplifican pues nos gusta tener explicación para todo. Por eso dicen con acierto los psicólogos citados que antes de que algo se produzca todo es oscuridad, pero que una vez ocurrido se nos aparece como inevitable y encontramos todo tipo de explicaciones coherentes.
Lo realmente importante, como señala, Sevesz es confiar en algo complicado: en el futuro. Pero no un "futuro" que es incierto y un presente que provoca lo inesperado, sino una combinación de esperanza e irritación, con expresa bien la autora. Hacen falta las dos cosas para no perder el rumbo en los mares revueltos e imprevisibles de la realidad. La esperanza nos lleva adelante; la irritación saca la fuerza de lo que ya ha ocurrido y no queremos que se produzca.
Lo importante es lo que puede ser cambiado, aunque no sepamos a ciencia cierta los resultados. Es ahí donde la esperanza nos hace ver la mejoría. Luego la realidad, como conjunto de relaciones que solo acertamos a intuir, nos dará unos resultados u otros. El mundo no es sencillo y la capacidad de autoengaño es infinita, pero probablemente irrenunciable. Sueños cuando toque soñar; trabajo cuando despertemos. Discutir sobre lo que ya es pasado no tiene arreglo y discutir demasiado sobre nuestra forma de interpretarlo no tiene mucho sentido.


Bien está lo que bien acaba, dice Shakespeare. Lo malo es que solo la obra teatral termina. La vida es un "continuará" sin fin, con giros inesperados una temporada tras otra. Incómodos en la butaca, descubrimos que lo que esperábamos que ocurriera no ocurre y que aquel personaje tan simpático acaba siendo el villano de la siguiente escena.
No es nada fácil predecir el futuro ni interpretar o dar sentido al pasado. Uno y otro se basan en la dificultad de conocer y manejar la información necesaria para establecer una explicación ajustada. Tampoco sabemos hasta qué punto una respuesta es satisfactoria para todo lo que ocurre ni si todo se mueve por la misma motivación. Los hechos están ahí: Clinton perdió; Trump ganó. La mujeres se han revuelto contra él y ahora se presentan por miles a cargos públicos con grandes posibilidades de ganar. Pensamos que eso traerá un futuro mejor. Eso esperamos y así lo deseamos.
Los que deben asegurarse ambas es que sus enfrentamientos no vuelvan a ser un ingrediente más en el caldero del futuro, como lo fue en el pasado. No sea que de nuevo Trump y los suyos se aprovechen de ello. 
Eso también está escrito con tinta invisible en los muros del futuro.


* LEWIS, Michael (2016) Deshaciendo errores. Ed. Debate.
** Sevesz, Rachael "The strange thing is that both Susan Sarandon and Debra Messing are right about Trump" The Independent 13/09/2018 https://www.independent.co.uk/voices/susan-surandon-debra-messing-trump-women-people-color-midterms-2018-a8536191.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.